No pudo entrar en IBM porque FRACASO en un test de CI. ¡Mal sabía el
CI con quien se había metido! Hoy deja en ridículo al CI, enseñando a
ejecutivos de todo el mundo a explorar la INTELIGENCIA EMOCIONAL de todo
el personal de la organización. El dinamarqués Claus Moller es el
campeón de la cultura de 'VESTIR LA CAMISETA' de la empresa. Es el
primer nórdico que entra en nuestra galería de gurús, acompañado de su
inseparable ‘caricaturista’ Svante Ahlsén.
En tanto yo me batía con una carne de canguro, Claus Moller, mi
anfitrión, no paraba de devorar el típico 'smorrebrod' (no intente
pronunciarlo) dinamarqués, que literalmente (y visualmente aún más)
significa 'sandwich abierto'. Es una variedad de manjar en pescado,
carne, ensaladas, queso y pan en una especie de 'marketing mix' para
todas las combinaciones del apetito.
Como él mismo me confesó, "no tiene ningún problema con la buena comida
y está siempre en lucha con su peso" (en buen romance, el hombre tiene
buen diente) pero, goloso como es, 'libera' el conducto rápidamente,
como un niño pequeño. Verdaderamente, muere por un buen helado seguido
del sabor de un cigarro Davidoff, que saca de una caja controlada
juiciosamente por su mujer.
Entre bocados, me confesó que siente nostalgias de su refugio en
Cotignac, en Provence, en el sur de Francia, "suficientemente lejos de
la costa, del turismo y de la polución de la Riviera", en donde vive el
40% del año. Habla un francés del género de la comedia "Alô, Alô". Pero
sirve perfectamente para saborear lo que llama "cultura policromática"
del sur mediterráneo. Refugio donde él cultiva aceitunas y viñas. Me
garantiza que tiene una buena cosecha que embotella con unas etiquetas
especiales diseñadas por su inseparable caricaturista, Svante Ahlsén.
Svante: transformar la gracia de Claus en dibujo
Fue hace 18 años que Svante Ahlsén (www.illustrator-sla.se), un
diseñador sueco se cruzó con las historias y anécdotas de Claus Moller.
"Yo trabajaba en una agencia de publicidad para el cliente Ericsson y
alguien me dijo que prestara a atención a un tipo que tenía mucha gracia
en la capacitación que daba, pero cuyas transparencias eran una
desgracia. Aquello quedaría mejor con algunos muñecos, dijo esa
persona", nos dice el caricaturista. Y así Svante llegó a hablar con
Claus y de ahí nunca más se separaron - son centenas de dibujos del
sueco que ilustran las ideas y los flagrantes de la vida personal y
profesional que el gurú dinamarqués usa.
La primera caricatura que Svante hizo para ilustrar los ejemplos de
Claus fue un queso lleno de agujeros, una cosa absolutamente trivial. "A
medida que lo oía, iba dibujando. Quería simbolizar los tipos que miran
un queso y sólo ven agujeros y más agujeros –los puntos negativos- y
pierden de vista el sabor y el perfume. ¡Qué desperdicio!", comenta
nuestro interlocutor, redibujando el famoso personaje en una hoja de
papel perdida en una de las mesas.
Desde ese entonces, los dos han trabajado en conjunto y, últimamente
con la masificación del correo electrónico, pasaron a colaborar
'digitalmente'.
El humor como un arma en la capacitación
Ya a la hora del helado, hizo que se me llenase de agua la boca, al
referirse a una de sus ‘pequeñas’ extravagancias: la sede de Time
Manager International (TMI, en la Web en www.tmiworld.com), de la que es
fundador y presidente. El complejo, donde también vive siempre que está
en Dinamarca, está instalado en una antigua área habitacional de los
caseros de un castillo en Hillerod, a unas decenas de kilómetros de
Copenhague. En medio de una risotada, Claus explica la modestia: "Nunca
quise comprar el castillo. No es mucha la gente que puede ver un
castillo desde la ventana de su casa todos los días". Como pueden
imaginar, mi ‘dolor de codos’ fue aumentando a lo largo de la comida, a
pesar de esforzarme por controlar este pecado capital mío, recordando la
anécdota de salón que Claus contara sobre el genio de la lámpara que
daba al envidiado el doble de lo que el envidioso le pedía. Pero, no lo
voy a repetir aquí para no ruborizar a los lectores más sensibles.
La broma, además, es una de las "armas" mejor usadas por este gurú
europeo.
Coleccionarlas es uno de sus ‘hobbies’. Claus es una verdadera 'base de
datos' de anécdotas tomadas de hechos flagrantes de la vida familiar (de
los que no se escapa su mujer, Viveca, sueca, su hija My Line, una
coreana adoptada, ni su perro 'Nelson', un pequeño schnauzer con un
prominente bigote), de los lugares de trabajo y sobre diferencias
culturales. [Hago aquí un paréntesis, sólo para aguzarles la curiosidad
y dejar una casi adivinanza: el lector reiría de buena gana si
percibiese la diferencia cultural entre italianos, rusos e ingleses, sin
tener que leer Geert Hofstede y su Culturas & Organizaciones
...simplemente a partir de cómo reaccionan las respectivas mujeres en el
recato de la alcoba].
Claus usa las bromas con naturalidad, e incluso las más picantes pueden
ser contadas delante de un consejo de administración sesudo. Son
famosas, también, sus historias sobre la ex-Unión Soviética, donde fue
el primero en ir a hablar de gestión al Politburó y a los cuadros de
algunas grandes empresas estatales.
En el estrado, en la capacitación, junta a esta colección de anécdotas
de management un lenguaje corporal que atrapa a la audiencia. De los
gestos, a la modulación de la voz y a las posiciones en que se coloca,
asistimos a un teatro de formación. Su propia gordura no lo inhibe. Por
el contrario, la usa como motivo de gracia. "El papel del humor y la
actitud de actor delante del público es fundamental en la formación.
Creo que es esencial desarrollar una educación basada en entretenimiento
o vice-versa", afirma Moller.
Sus historias de gestión ganan aún más fuerza visual porque están
acompañadas por los ya centenares de personajes de Svante Ahlsén. Este
apetito por lo gracioso no ofusca los momentos más serios y, a veces,
incluso dramáticos, en los que revela, por ejemplo, como surgió el
concepto de "pro-actividad" en medio de la tragedia mayor que fue el
Holocausto provocado por los nazis.
La historia trágica del "pro-activo"
Es un término hoy corriente en el dialecto de la gestión. No hay gerente
'actualizado' que no use el "pro-activo", una buena docena de veces.
Pero la mayoría de nosotros no imagina siquiera como surgió el concepto.
Su cuna es trágica, y Claus Moller cuenta la historia con la seriedad
adecuada que genera un silencio que podría cortarse con cuchillo.
Fue Viktor Frankl, un psiquiátra y neurólogo judio, que generó el
término. El era un judío austríaco famoso conocido por haber acuñado en
los años 30 el término "existencialismo".
Fue apresado por los nazis y encarcelado durante tres años en Auschwitz,
Dachau y otros campos de concentración. Fue en aquel contexto trágico
que idealizó la actitud "pro-activa". Toda su familia fue diezmada en
los campos. Pero, su actitud básica no cambió. Denominó como "la última
de las libertades humanas a aquella que es imposible liquidar". "Nuestro
mayor poder personal es nuestra libertad de elegir la respuesta. No es
lo que nos sucede lo que nos quebranta, es nuestra respuesta a eso lo
que lo consigue!", decía él. Fue su actitud positiva de fuerza interior
lo que lo mantuvo en pie y le permitió aguantar el sufrimiento extremo.
En libertad, teorizó el asunto: la pro-actividad es, básicamente, la
responsabilidad de saber elegir la respuesta y de evitar tener la
reacción 'pavloviana' de odio inconsecuente o de la servidumbre. Viktor
Frankl escribiría, después de la derrota nazi y del final del
Holocausto, una obra que lo haría aún más famoso – "La Búsqueda de
Sentido por el Hombre", que sería traducida a 23 idiomas desde 1946, y
que vendería más de 9 millones de copias. Fundó en Viena, su ciudad
natal, una escuela de psicoterapia y creó el Viktor Frankl Institut,
falleció en 1997.
Pero, esta pintura es apenas la mitad del personaje de 57 años que
tenemos delante. La otra mitad tiene que ver con el 'producto' con que
este dinamarqués se hizo famoso en el reino de la gestión. Y el
'producto' tiene también una historia hilarante.
Un fracaso que fue la suerte del artista
El camino de Claus en dirección a la consultoría y a la formación, fue
el fruto del azar más ridículo. Siendo aún un joven licenciado, resolvió
intentar entrar en IBM, pero allí debió confrontarse con dos barreras en
la selección: la necesidad de hacer unos tests de CI (cociente
intelectual) y de, si entraba, cortarse la barba (¿Por qué? ¡Porque ese
revestimiento capilar podría ser una habilidosa forma de intentar
esconder alguna cosa!, al entender de los, entonces, guardianes de las
buenas maneras de IBM).
Por suerte, no tuve que cortarse la barba, pues fracasó rotundamente en
el test de CI, una proeza que ya lo perseguía desde los bancos del
colegio, en los que aún de pantalones cortos tuvo que tragarse la
chacota de su profesor de matemática y de algunos colegas
'superdotados'.
Con esta etiqueta de 'burro', tuvo que echar manos a otra profesión bien
distinta del tan envidiado lugar de empleado de multinacional. Y la
‘acidez’ que le provocaba la historia del CI, lo llevó a tener una
trayectoria divergente en relación con la tradicional visión del papel
de lo 'racional' (confundido con la inteligencia lógico-matemática) en
el éxito de la vida profesional.
La evolución del pensamiento académico sobre la inteligencia en las
últimas décadas vino en auxilio de Moller, y aquí vale la pena hacer un
corto recorrido a pie por unas referencias más ‘pesadas’, perdóneme el
lector que se aburre con la conversación más científica.
Lo que sucedió es que asistimos a un cambio de paradigma sobre el
entendimiento de lo que es ‘pensar’ y ‘sentir’ y se descubrió,
súbitamente, que estaba absolutamente equivocado poner un Muro de Berlín
entre esas dos palabras.
"Fíjese bien, ya a fines de los años 60, el Nobel Herbert Simon (ver La
gestión no es el arte de optimizar) defendía que la emoción debía ser
incorporada en la teoría general del pensamiento. Más tarde, Howard
Gardner haría una lista con, por lo menos, siete formas de inteligencia,
en que la tal inteligencia lógico-matemática es una entre las demás, e
inclusive, no es la que más influye en el éxito de nuestra vida. En el
centro de nuestra ‘performance’ personal está la buena gestión de
nuestra inteligencia emocional", dice Moller, que junta los resultados
del sondeo de la vida, de la evolución de su propio grupo de liceo:
"¿Sabe lo que sucedió con los ‘superdotados’? Terminaron en empleos
grises e, infelizmente, uno de ellos se suicidó".
Los estudios realizados en los años 90 revelaron que "el CI sólo
garantiza el 20% de los factores que influyen en el éxito, el resto
tiene que ver con otro cociente, el emocional".
El renacimiento del Capital Humano
"Un portugués daría el último golpe en esta revuelta contra la dictadura
del CI. Nos cuenta Moller: "Fue 'vuestro' António Damásio que en sus
investigaciones recientes descubrió que una persona afectada en la
amígdala cerebral se vuelve racionalista furioso incapaz de una decisión
basada en la intuición o en la experiencia acumulada. Su libro,
sugestivamente titulado "El Error de Descartes", indica que las
emociones desempeñan un papel esencial - deletreo e-s-e-n-c-i-a-l – en
la toma de decisión racional, en la percepción, en el aprendizaje y en
un espectro amplio de funciones cognitivas".
Este recurso lo empujó hacia la corriente de los teóricos de la
"inteligencia emocional" y a localizar el centro nervioso de la
consultoría y de la formación de la TMI en esta gallina de huevos de
oro, olvidada hasta hace algunos años.
El paraguas que cubre todo esto es el renacimiento del discurso sobre el
'capital humano', en el que el capital "emocional", o sea, el valor del
empeño de las personas, surge a la cabeza, lo que llevó a Moller a crear
una nueva 'buzzword' de difícil traducción directa, el 'employeeship'.
Podríamos simplemente resumirla como el arte de poner al colectivo de la
empresa a 'vestir a camiseta' y de que cada uno sepa sacar provecho de
eso en términos profesionales y personales a lo largo de la vida.
"Sabe dónde reside la real ventaja competitiva de cada uno de nosotros?
¿Sabe cuál es la inteligencia que nos garantiza el éxito? Aquella que
nos lleva a hacer cuatro cosas realmente 'inteligentes' en términos
personales: conocer bien sus puntos fuertes, tener conciencia de los
débiles, saber capitalizar los fuertes y compensar los débiles. Este
método puede, también, aplicarse en términos organizativos", finaliza
así Moller, sin mezclar mucha literatura de gestión, en esta velada
después de la cena.
Claus en directo
Jorge Nascimento Rodrigues:- Usted se hizo famoso por haber estado
detrás del joven CEO Jan Carlzon, cuando la SAS (compañía aérea nórdica)
se destacó en los años 80. Fue allí que se le ocurrió la idea de la
‘pirámide invertida’.
Claus Moller:- Fue, de hecho, un modelo que se me ocurrió en el
transcurso del trabajo en SAS, en contraposición a la estructura
jerárquica clásica. A veces las empresas largan incluso el slogan 'El
cliente es rey, el cliente en 1º lugar' y hasta se dicen una serie de
pavadas en las reuniones de empresa. Pero, en realidad, nada funciona en
relación con eso y es el propio "top-management" el que no da el
ejemplo. La primera idea fue lanzar, dentro de SAS, la noción de cliente
interno, de que cada uno es como una empresa que tiene clientes y
proveedores. Después hubo que poner a todo el mundo a servir al personal
de primera línea, aquel que lidia directamente con el famoso cliente. En
la organización jerárquica los de arriba aplastan a los de abajo y sólo
miran para arriba. Pusimos esto al revés... sin que las personas se
rompieran la cabeza (risas).
J.N.R:- Además, coleccionó una serie de historias sobre ese viraje en la
SAS, algunas de ellas pasadas directamente con él en la escena. La del
'catering' que llegó atrasado, inmortalizada en caricatura por Svante,
es probablemente la más sabrosa...
C.M.:- El proyecto en SAS comenzó por la cuestión de la puntualidad. El
mal crónico de la compañía aérea era el hecho de que los vuelos nunca
partían a horario. Yo mismo intervine en la primera operación en
Copenhague en la que se decidió partir a horario, sucediese lo que
sucediese (salvo por razones de seguridad o meteorológicas). A la hora,
di la orden de partida... aunque el 'catering' con la comida no había
llegado. ¡El hombre quedó parado en la pista viendo el avión en el aire!
Asumí, dentro del avión, la responsabilidad de avisar a los pasajeros.
Les dije: "Tengo tres noticias para darles. La primera, es que por
primera vez en horario (aquí todo el avión aplaudió). La segunda es que
no hay comida... el 'catering' se atrasó (aquí hubo un cierto desorden).
Pero, la tercera, es que ... el bar está abierto todo el vuelo (el avión
irrumpió en una ovación). Y así fue que llegamos a Londres donde me
ocupé de que todos tuvieran para comer...los que todavía conseguían
estar derechos.
J.N.R:- Una de sus 'buzzords' más apreciadas es "employeeship". ¿Cuál es
la diferencia con el "entrepreneurship", el incentivo a la afirmación de
emprendedores dentro ("intrapreneurs", como se dice en el dialecto de
gestión) o fuera de la empresa?
C.M.:- Hay una diferencia enorme. El emprendedorismo – pese a que usted
esté escribiendo para una revista para emprendedores - no es para todos,
sólo para un puñado de líderes que tiene la iniciativa, la visión y el
sueño para arrancar. Pero los emprendedores sólo garantizan la
sustentabilidad de su proyecto si tienen gente normal motivada y
empeñosa, que se pone la camiseta del equipo - es aquí que entra mi "employeeship".
Este es para todos - cuadros y no cuadros. Incluso, cuando se habla de "intrapreneurs"
en grandes organizaciones, eso es fruto de un estado temporario. Pasada
la euforia, la energía se pierde. El empleado que se pone la camiseta
puede ser líder, emprendedor o no. La literatura de gestión gasta mucha
tinta con el gerente, y poca con el simple personal.
J.N.R:- Pero, eso de 'ponerse la camiseta' es complicado, depende de
muchos factores (clima interno de la empresa, remuneración, satisfacción
de nuestras ambiciones, actitud de los jefes y patrones, etc., etc.).
¿No es un poco utópico, a pesar de que Claus quiera transformar eso en
una cosa trivial?
C.M.:- ¿Y no es simple? ¡Basta con que usted traslade a la vida
profesional la forma en como recibe a sus invitados el sábado a la noche
en su caso, aunque el presupuesto sea chico! ¿Por qué la 'excelencia'
que metemos en todo para agradar genuinamente a nuestros invitados, la
dejamos fuera de la empresa? ¿Por qué el corazón queda colgado en el
perchero? [¡Y, a veces incluso nos olvidamos de agarrarlo para llevarlo
a casa!] (risas).
Si pensamos que nuestro objetivo es servir al cliente y a la jerarquía,
¿eso no nos da una fuerza especial? ¿No tendremos mejores condiciones
para afirmarnos? Al fin de cuentas, los principios esenciales del
Management no son más que los que administran las buenas relaciones
entre las personas en la vida común. Si yo violo estos principios en la
vida personal, pago la factura. La idea es que en las empresas es lo
mismo. ¡Mi punto de vista es que, donde sea que se esté, sea cual sea
nuestra función, se debe ser un BUEN PROFESIONAL!
J.N.R:- ¿Pero, esa preocupación suya acerca del personal no es una
variante del tan hablado "empowerment" del personal de las
organizaciones?
C.M.:- Ese "empowerment" americano de moda es, apenas, una parte del "employeeship"
del que hablo. El término es traicionero. Nosotros no podemos forzar a
las personas a ejercer el poder. Mi querido, la responsabilidad personal
no es algo que se ‘inyecte’ como una droga. Es algo que usted asume
íntimamente y con empeño o no. Es, por eso, que nosotros actuamos en ese
lado 'soft' de la cuestión - toda la metodología de la TMI apunta a
llevar a las organizaciones a actuar emocionalmente de otro modo. Me
canso de reir cuando una empresa me aborda y me pide que vaya a dar un
‘seminario para motivar al personal'. La motivación depende de cada uno
- lo que puedo hacer es dar las herramientas para que cada uno se
auto-motive.
Como el "empowerment", sufre del mismo vicio de razonamiento, en general
se transforma en algunas 'islas' en que la empresa está democratizada,
pero en que el resto continua funcionando a la moda antigua - guerra
civil entre departamentos, clima de intriga y crítica, maldiciones y
chicana política interna, miedo de los de arriba y, sobre todo, apatía.
La apatía es una enfermedad mortal - ¿usted sabe que, según nuestros
sondeos, dentro de las empresas, cerca del 80% del personal y de los
cuadros se manifiesta completamente indiferente en relación al
funcionamiento de la empresa?.
Jorge Nascimento Rodrigues. Ilustraciones: Paulo Buchinho.
janelanaweb. Publicado en castellano por Mujeres de Empresa bajo el título: Clauss Moller conversa sobre capital humano 11. Julio. 01 y distribuído bajo una Licencia Creative Commons.
http://www.mujeresdeempresa.com/management/management010702.shtml
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