Cuando transitamos por este planeta Tierra en los escenarios en donde estamos ubicados, específicamente en el país que hemos seleccionado para ubicarnos, lo hacemos con metas establecidas que nos obligan a prepararnos a fin de alcanzarlas.
Debemos ya conocernos, establecer todo aquello que queremos lograr y emprender las acciones que nos los permita alcanzarlo. Debemos ya habernos identificado con el sentido de nuestra vida, del por qué estamos, cuál es la misión que nos corresponde cumplir, con nuestra línea de servicio.
Considerar que una de las más interesantes aventuras que se nos
presentan en la vida es como se dice encontrarle sentido. Si, es
correcto, la Vida tiene sentido, pero nos corresponde a cada uno
encontrarle el sentido individual que nos permitirá aprovechar al máximo
nuestra travesía por este mundo.
Se trata de encontrar las respuestas particulares a las preguntas ¿De
qué se trata la vida?, y ¿Qué vine a hacer aquí?. Se trata de respuestas
particulares porque necesitamos respuestas que nos sirvan a nosotros.
Es decir, a cada ser humano le toca encontrar sus propias respuestas, a cada cual le toca descubrir su propia verdad. Lo que es útil para uno puede no tener sentido para otro, y lo que es significativo para este último puede carecer de valor para el primero.
En un escrito sobre este tópico, nos recuerda Jorge Rivero, que en un
estudio realizado en la prestigiosa universidad de Harvard se entrevistó
a todos los alumnos de dicha universidad.
Entre diversas preguntas que se les formulo, una trataba sobre las metas
en su vida: ¿Qué querían conseguir en el futuro?. Sólo un 3% de los
alumnos escribió lo que pensaba hacer con su vida. Veinte años después
se les entrevistó de nuevo a todos. Por sorprendente que parezca, aquel
3% de los alumnos que había establecido sus metas por escrito valía
económicamente más que el 97% restante.
Y no solo eso, sino que estaban más sanos, alegres y satisfechos, y tenían mejor disposición ante la vida que el resto de los ex alumnos entrevistados.
Entonces el primer paso es definir hacia dónde vas, lo que deseas, tus sueños y todo aquello que anhelas.
Por absurdo que parezca, muchas personas van por la vida con la cabeza gacha y por si fuera poco con los ojos cerrados, rumiando una vida que para ellos es solo una agobiante rutina, con la única variante de las fiestas del fin de semana, y de esa forma terminan por apagar el entusiasmo, el fuego y la pasión con la que se debe vivir cualquier vida. Cuando les pregunto por ejemplo, ¿Por qué motivo trabajas? Me contestan: Porque necesito dinero para pagar mis deudas, pagar la renta, el teléfono, la luz, el agua, comer, etc.
En este mundo que ofrece miles de oportunidades, es increíble que más del 95% de las personas se levantan cada mañana para ir a trabajar, para tener con qué comer y poder así seguir viviendo, para luego levantarse al día siguiente, ir de nuevo a su trabajo y continuar con ese círculo vicioso. Como hacerles entender que uno puede crear su propio paraíso aquí y ahora.
Definidamente, nos corresponde a cada uno de nosotros definir nuestras metas, metas realizables, que genere armonía, satisfacción, logros, no dependencias, sufrimientos, ni causen adicciones, problemas.
Debemos estar plenamente identificados con el hecho, que somos transitorios, que no sabemos el tiempo que realmente se nos ha concedido de permanecer en esta dimensión de formas perecederas.
Debemos saber usar ese potencial divino que se nos ha legado, ser auténticos, manejar adecuadamente nuestras emociones, sentimientos, no que estos lo hagan, debemos saber a donde que queremos llegar mientras se nos permite estar.
Nos agrega en su análisis Rivero, que cuando todo esta en orden, cuando descubres tu misión en la vida, cuando tus sueños los tienes bien definidos, La energía fluye a raudales, y todas las piezas van encajando en el rompecabezas de tu vida.
Como Walt Disney solía decir: «Si tienes un sueño, y crees en él,...¡corres el riesgo de que se haga realidad!»
Todos tus sueños materiales, profesionales, familiares e espirituales debes visualizarlos como si tuvieras todo el dinero del mundo para alcanzarlos, como si tuvieras todo el tiempo, como si tuvieras todo el apoyo, como si el talento necesario para lograr esos sueños ya estuviera contigo.
Esos sueños son la fuerza que motiva todas tus acciones; son la razón por la cual te levantas en la mañana y te vas a trabajar; son el combustible que mantiene ágil tu andar, te dan la energía y la disciplina para desarrollar los nuevos hábitos que necesitas adquirir para vivir la vida que Dios quiere que vivas. Un paraíso aquí y ahora.