Esta conciencia de sí mismo no se limita a lo interior de la persona, entendiendo lo interior como el mundo del espíritu o de los sentimientos.
Concretamente, téngase presente que en el Diccionario de Filosofía de Fernando Corripio se describe el pudor como:“honestidad, modestia y recato, una vergüenza honesta y el honor de la mujer”. Algunos de sus sinónimos son recato, decoro, castidad, púdico(a). Y los antónimos: impudor, liviandad, indecencia, lascivia, perfidia.
.....El pudor se describe como la tendencia a ocultar aquello que está relacionado con la función sexual y cuya vista lo despierta abiertamente. El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española 4 menciona, como primera acepción: “honestidad, modestia y recato” y, en su segunda acepción, dice que proviene de putor, esto es mal olor, hedor.
Felipe Pou nos indica al respecto, que «Las formas que reviste el pudor varían de una cultura a otra. Sin embargo, en todas partes constituye la intuición de una dignidad espiritual propia del hombre. Nace con el despertar de la conciencia personal. Educar en el pudor a los niños y adolescentes es despertar en ellos el respeto de la persona humana» . Porque comportarse dignamente es algo que se aprende –nadie nace enseñado y ser digno tiene que ver con algo tan sencillo como que lo indigno es feo y vergonzoso y debe ser ocultado mientras que lo digno que es bello y atrayente.
Roxana Kreimer nos cita, que para el historiador de la moda Nicola Squicciarino, en Occidente el pudor aparece como el "angustioso" recuerdo de nuestra parte animal, instintiva y no racional. La concepción cristiana del cuerpo como una "cárcel del alma" es coronada en la afirmación de Hegel de que "el hombre que toma conciencia de su destino superior, es decir, de su esencia espiritual, oculta las partes de su cuerpo que sirven solamente para desempeñar las funciones animales". Durkheim también define al pudor como la lucha contra la animalidad, pero con el matiz que supone la afirmación de que su origen también se vincula con los "peligrosos" efluvios sexuales femeninos.
Felipe Pou aporta sobre el tema, que el hombre es, en primer lugar, persona, hijo de Dios. El hombre es digno antes que útil o productivo, o rentable o bello o apetecible. El hombre es respetable por sí mismo. Este sí mismo de cada persona es lo que significa su intimidad personal, su propia existencia. Cuanta más rica es la personalidad más amplia y profunda es la intimidad de una persona y, por tanto, más profunda y más fuerte es la conciencia de su propio valor y la necesidad de su protección, manejar ademadamente el pudor.
La percepción de uno mismo abarca no sólo el espíritu, sino también el propio cuerpo porque se es consciente que la persona no reside en la mente, sino que el espíritu se une al cuerpo de tal forma que éste adquiere un nuevo modo de ser, tan nuevo, que no cabe hablar de continuidad entre el cuerpo animal y el cuerpo del hombre.
El pudor, la protección de la intimidad personal, se nos aparece como el acto por el cual la persona se hace presente en su propio cuerpo despojándole de todos los matices animales para presentarlo a los demás como una persona, es decir, digna.
La manera quizá más grave de desposeer a las personas de su dignidad
es violar su intimidad, es decir, forzarles a manifestar lo más íntimo
de su persona contra su voluntad, es tanto como exponerlas a la
vergüenza pública y privarlas de seguir siendo dueñas y señoras de
aquello que es solo suyo: lo íntimo
Comenta Pou Ampuero, además, que Existe un pudor del cuerpo que rechaza
los exhibicionismos del cuerpo humano propios de cierta publicidad y que
inspira una manera de vivir que permite resistir a las tendencias de la
moda y a la presión de las ideologías dominantes. Porque el cuerpo puede
y debe llegar a ser una imagen visible de nuestra persona, un signo de
nuestro misterio personal. Medio en broma, medio en serio se dice que
una persona a los treinta años ya es responsable de su cara... y también
de su cuerpo.
La esencia del pudor se encuentra en la personalización del propio cuerpo. El impúdico presenta su propio cuerpo como un simple objeto que llama la atención de manera inmediata y que no manifiesta la persona que encarna. Tanto es así que se puede llegar a pensar que la persona que no cuida su propia intimidad, no tiene una intimidad personal que salvar.
Si reflexionamos sobre la mirada ante la cual se despierta o se pierde el pudor podemos descubrir que con solo el mirar de un modo o de otro la persona se pierde o se gana como tal persona y se puede convertir en una cosa. «El que mira a una mujer deseándola, ha cometido ya adulterio con ella en su corazón» (Mt. 5,28). Así pues, el cuidado de la intimidad no está solo en el cuerpo, sino que reside en toda la persona –cuerpo y espíritu y es a la integridad personal donde se debe dedicar la atención necesaria para aprender a cuidar la intimidad personal.
Se han dado algunos consejos para mejorar en la virtud del pudor, no obstante exponemos los sugeridos por Pou:
a) Controlar el exceso de curiosidad: la curiosidad que va más allá de la caridad y del interés por los demás no es buena ni a nadie beneficia. Hay que evitar el chismorreo, la maledicencia, el comentar por comentar los sucesos ajenos, el entrometerse en los asuntos ajenos, prestarse a escuchar conversaciones y noticias que no nos interesan, ver fotografías ajenas, etc...
b) Dominar los propios sentimientos: la persona y sus sentimientos no son una fuerza alocada que actúa espontáneamente. El corazón siente, pero la razón decide y se ama con la voluntad que también es humana y natural. Lo antinatural –por inhumano es actuar sin razonamiento, por impulsos emocionales.
c) Comportarse de manera sosegada: el comportamiento personal debe ser calmado, mesurado, medido, modesto. Tomarse tiempo para decidir y para actuar. Tiempo para uno mismo, para reflexionar. Tiempo para los demás, para comprenderlos, para conocerlos.
d) Mantener la dignidad en el vestido: no se debe vestir de cualquier manera, sino de la manera adecuada para cada ocasión. Lo más importante no es ir vestido a la moda, sino ir dignamente vestido y a la moda. Hay que saber compaginar las dos cosas. Pero lo principal es la dignidad y lo secundario las modas pasajeras.
e) Respetar la intimidad propia y la ajena: para educar la virtud del pudor se deben promover unos hábitos relacionados con el respeto a la propia intimidad y a la intimidad de los demás. Por ejemplo: llamar a la puerta antes de entrar en el cuarto; preguntar cosas delicadas a solas con los padres; no andar por la casa a medio vestir; no contar a los extraños sucesos de la vida familiar; regresar a casa a una hora discreta; seleccionar las diversiones y los espectáculos, el cine, los programas de televisión, las lecturas; adoptar posturas que no incomoden a los demás; ser delicados en el trato social; acomodarse a la sensibilidad y limitaciones de los demás en cualquier ocasión.
El Dr. Mora es Ingeniero - Administrador, Profesor Titular en el Área de estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo (Venezuela)
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