El egoísmo positivo

Autor: Dr. Renny Yagosesky

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19-05-2008

Muchas relaciones y escuelas nos han dicho que el egoísmo es un defecto, causante de numerosas formas de sufrimiento. Sin embargo, aquellos que se olvidan de sí mismo, quizás deben conocer y practicar lo que ahora se conoce como “el egoísmo positivo”.

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El egoísmo ha sido considerado desde siempre como un defecto, casi un pecado, causante de conflictos y de sufrimiento. De hecho, pocos se sentirían orgullosos de admitir públicamente cualquier tendencia egoísta, pues la educación formal y en especial la educación religiosa, nos insta a ayudar al otro, a desarrollar solidaridad, empatía y sentido de sacrificio. Coincido plenamente con esta necesidad de apoyar a otros, y creo como los budistas de la llamada "Gran Vía, que más que salvarnos solos, debemos aprender a salvarnos todos.

Sin embargo, para poder cargar el peso de otros, es menester aprender a cargar primero nuestro propio peso.

Conozco a muchas personas bien intencionadas, que se han empeñado desde hace mucho en iluminar la casa de los vecinos, sin haber logrado hasta ahora iluminar su propio patrio, sea por descuido, inexperiencia, flojera o incapacidad.

Estas personas, que son muy buenas a la hora de opinar sobre otros y ayudarlos, requieren su propia revisión, su propia introspección, lo cual suele ser ignorado por ellos. Les toca ayudarse a sí mismos y fortalecerse, antes de continuar el camino del liderazgo o del servicio. Esto sólo es posible, desde la honestidad personal, desde la búsqueda de congruencia, que es la que podría llevarlos a tomarse el tiempo para reacomodarse, en un proceso que bien podríamos denominar como el “egoísmo positivo”.

Defino como “egoísmo positivo” como una capacidad que nos permite participar de los diversos contextos de vinculación social, como pareja, familia, empresa y sociedad, sin perder nuestra identidad, sin despersonalizarnos, y sin ceder a la alienación cultural que se deriva de la presión social de inclusión y de la necesidad personal de aceptación y aprobación”. En ese sentido se relaciona con la autoestima pues es una manifestación de valoración y respeto por nuestras necesidades, valores, objetivos e inclinaciones.

Por contraste, el egoísmo negativo es aquel que tiene como rasgo esencial la primacía de lo propio y la indiferencia o subestimación de las necesidades de los demás. La conducta egoísta, desde la perspectiva tradicional es excluyente y arrogante, mientras que desde la visión del egoísmo positivo, todas las personas importan, pero se les quita el poder para dirigir, acaparar o interferir en nuestra vida.

El egoísta positivo elige sus prioridades, y ante la presión externa, establece límites de afinidad, espacio y tiempo. Esto significa que acepta abrir las puertas de su mundo, a todo lo que pueda alinearse o acoplarse en su camino, en vez de modificar sus planes cada vez que alguien lo promueva o lo solicite. Señala quien entra, hasta cuándo y hasta dónde.

El egoísta positivo no es intransigente, no está cerrado al mundo ni a lo nuevo. Tampoco se niega a revisar sus convicciones, que son, de hecho, perfectibles y modificables. Sólo es una persona de visión clara y conducta firme y expresión asertiva. Sabe que sólo a Dios y a él, les corresponde elegir cómo quiere o debe vivir. Y aunque está abierto a escuchar opiniones, no acepta que le sean impuestas.

El egoísta positivo valora la generosidad, pero antes de llevar tu carga, te dirá como puedes llevarla tú mismo, pues piensa que cada persona tiene una responsabilidad que afrontar, y que recostarse de otros, únicamente es válido desde la enfermedad incapacitante, la pobreza extrema, o la digna postura de haber intentado antes el uso de los propios recursos.

Es posible que este tipo de persona, o más bien este tipo de conducta nos incomode, pues su discurso nos empuja a crecer y a desarrolar autonomía. frases como: “Ese es tu problema”, “debiste pensarlo antes”, “enfrenta tus consecuencias”, o “yo te lo dije”, pueden estar vacías de tacto pero están también llenas de dramática verdad. Y como dice el refrán: “la verdad duele”.

Resulta muy fácil criticar a los egoístas positivos, pero si damos una mirada sin prejuicios, veremos que es larga a lista de personas que se sienten autorizados a echarnos sus problemas encima, a entrometerse en nuestras vidas, a dirigirnos, a “sugerirnos” lo que nos convendría, y a sancionarnos si nos empeñamos en actuar de manera independiente, auténtica o diferente.

Muchos amigos, parejas, suegras, compañeros de trabajo o de estudio, vecinos y hasta desconocidos, se atreven a hacer preguntas indiscretas, pedir favores insensatos, o imponernos su visión de las cosas sin que lo hayamos solicitado, y, según afirman “por nuestro propio bien”. Es entonces cuando se requiere un poco de egoísmo positivo”, que los detenga y los ayude a ubicarse” detrás de la raya amarilla”.

Reflexione sobre esto, y si concluye que es usted una de esas persona que se ha lanzado hacia afuera que vive para el mundo y que se ha olvidado de usted, y de sus prioridades, bien puede rescatarse con un poco de la medicina que prescribe “el egoísmo positivo”. Gracias por leerme. www.laexcelencia.com.

Dr. Renny Yagosesky

PHD en Psicología Cognitiva.

MSc. en Ciencias de la Conducta.

Lic. en Comunicación Social.

Conferencista.

Escritor.

www.laexcelencia.com

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