Muchas relaciones y escuelas nos han dicho que el egoísmo es un defecto, causante de numerosas formas de sufrimiento. Sin embargo, aquellos que se olvidan de sí mismo, quizás deben conocer y practicar lo que ahora se conoce como “el egoísmo positivo”.
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El egoísmo ha sido considerado desde siempre como un defecto, casi un
pecado, causante de conflictos y de sufrimiento. De hecho, pocos se
sentirían orgullosos de admitir públicamente cualquier tendencia
egoísta, pues la educación formal y en especial la educación religiosa,
nos insta a ayudar al otro, a desarrollar solidaridad, empatía y sentido
de sacrificio. Coincido plenamente con esta necesidad de apoyar a otros,
y creo como los budistas de la llamada "Gran Vía, que más que salvarnos
solos, debemos aprender a salvarnos todos.
Sin embargo, para poder cargar el peso de otros, es menester aprender a
cargar primero nuestro propio peso.
Conozco a muchas personas bien intencionadas, que se han empeñado
desde hace mucho en iluminar la casa de los vecinos, sin haber logrado
hasta ahora iluminar su propio patrio, sea por descuido, inexperiencia,
flojera o incapacidad.
Estas personas, que son muy buenas a la hora de opinar sobre otros y
ayudarlos, requieren su propia revisión, su propia introspección, lo
cual suele ser ignorado por ellos. Les toca ayudarse a sí mismos y
fortalecerse, antes de continuar el camino del liderazgo o del servicio.
Esto sólo es posible, desde la honestidad personal, desde la búsqueda de
congruencia, que es la que podría llevarlos a tomarse el tiempo para
reacomodarse, en un proceso que bien podríamos denominar como el
“egoísmo positivo”.
Defino como “egoísmo positivo” como una capacidad que nos permite
participar de los diversos contextos de vinculación social, como pareja,
familia, empresa y sociedad, sin perder nuestra identidad, sin
despersonalizarnos, y sin ceder a la alienación cultural que se deriva
de la presión social de inclusión y de la necesidad personal de
aceptación y aprobación”. En ese sentido se relaciona con la autoestima
pues es una manifestación de valoración y respeto por nuestras
necesidades, valores, objetivos e inclinaciones.
Por contraste, el egoísmo negativo es aquel que tiene como rasgo
esencial la primacía de lo propio y la indiferencia o subestimación de
las necesidades de los demás. La conducta egoísta, desde la perspectiva
tradicional es excluyente y arrogante, mientras que desde la visión del
egoísmo positivo, todas las personas importan, pero se les quita el
poder para dirigir, acaparar o interferir en nuestra vida.
El egoísta positivo elige sus prioridades, y ante la presión externa,
establece límites de afinidad, espacio y tiempo. Esto significa que
acepta abrir las puertas de su mundo, a todo lo que pueda alinearse o
acoplarse en su camino, en vez de modificar sus planes cada vez que
alguien lo promueva o lo solicite. Señala quien entra, hasta cuándo y
hasta dónde.
El egoísta positivo no es intransigente, no está cerrado al mundo ni a
lo nuevo. Tampoco se niega a revisar sus convicciones, que son, de
hecho, perfectibles y modificables. Sólo es una persona de visión clara
y conducta firme y expresión asertiva. Sabe que sólo a Dios y a él, les
corresponde elegir cómo quiere o debe vivir. Y aunque está abierto a
escuchar opiniones, no acepta que le sean impuestas.
El egoísta positivo valora la generosidad, pero antes de llevar tu
carga, te dirá como puedes llevarla tú mismo, pues piensa que cada
persona tiene una responsabilidad que afrontar, y que recostarse de
otros, únicamente es válido desde la enfermedad incapacitante, la
pobreza extrema, o la digna postura de haber intentado antes el uso de
los propios recursos.
Es posible que este tipo de persona, o más bien este tipo de conducta
nos incomode, pues su discurso nos empuja a crecer y a desarrolar
autonomía. frases como: “Ese es tu problema”, “debiste pensarlo antes”,
“enfrenta tus consecuencias”, o “yo te lo dije”, pueden estar vacías de
tacto pero están también llenas de dramática verdad. Y como dice el
refrán: “la verdad duele”.
Resulta muy fácil criticar a los egoístas positivos, pero si damos una
mirada sin prejuicios, veremos que es larga a lista de personas que se
sienten autorizados a echarnos sus problemas encima, a entrometerse en
nuestras vidas, a dirigirnos, a “sugerirnos” lo que nos convendría, y a
sancionarnos si nos empeñamos en actuar de manera independiente,
auténtica o diferente.
Muchos amigos, parejas, suegras, compañeros de trabajo o de estudio,
vecinos y hasta desconocidos, se atreven a hacer preguntas indiscretas,
pedir favores insensatos, o imponernos su visión de las cosas sin que lo
hayamos solicitado, y, según afirman “por nuestro propio bien”. Es
entonces cuando se requiere un poco de egoísmo positivo”, que los
detenga y los ayude a ubicarse” detrás de la raya amarilla”.
Reflexione sobre esto, y si concluye que es usted una de esas persona
que se ha lanzado hacia afuera que vive para el mundo y que se ha
olvidado de usted, y de sus prioridades, bien puede rescatarse con un
poco de la medicina que prescribe “el egoísmo positivo”. Gracias por
leerme. www.laexcelencia.com.