Tenemos hacer el ridículo por nosotros mismos, pero encontramos ridículos a los demás, por qué nos dejamos llevar por ese afán de criticar, destruir en vez de construir, manifestaciones amables, felices, alegres, contentos de que otros también lo estén, por qué no detenernos en aquello que nos perjudica en nuestro crecimiento, en lo que nos origina desarmonía, en resaltar cualidades de las personas, colaborar en ayudar para que otros despierten y se identifiquen con su misión, por que no aprendemos y enseñamos, contaminamos a otros a sonreír.
La solución en su avance, recuérdelo, no consiste ni en rechazar esa ridiculez con que muchas veces actuamos ni en soportarla, sino en verla como un aspecto normal de la debilidad humana, que se puede evitar y encontrar graciosa, como lo señálale doctor Paul Chauchard. Nos presentamos como espectáculo y riámonos con ellos, las relaciones se armonizarán. De esta manera el humor representa un papel benéfico en el plano social. No hay que olvidar, que el rasgo humorístico vale más que la sátira frustrante.
El doctor Chauchard (Voluntad actividad 1973) nos invita, que meditemos en la demanda de las siguientes preguntas: ¿Por qué por ejemplo, el tímido tiene miedo a los demás? Al sentirse débil le atribuye muchas malas intenciones con respecto a él. No tiene razón porque los demás no se interesan lo suficientemente por él para expresar semejantes sentimientos. Pero, ¿no radica aquí precisamente una de las causas de la intimidación? ¿Por qué los otros tienen miedo a abordarme? ¿Por qué no sonrío como los demás? ¿Por qué me identifico con la soledad? ¿Por qué me encuentran frío, irónico, hostil? Será, porque simplemente aislado en mi mismo, no manifiesto lo que pienso.
El tímido que posiblemente no es su caso, tiene que cambiar, aprender a sonreír, no debe curarse como lo indica el Dr. Chauchard, aprendiendo únicamente a poner remedio a su azoramiento morboso ante los demás.
Vendría a ser falsamente normal, un ser que desinteresaría de los demás, porque ha cultivado la virtud de sonreír y no podría tener con ellos sino contactos artificiales, banales o interesados, que nada tendrían que ver con las auténticas relaciones interpersonales.
Justamente dejamos de ser tímidos cuando podemos manifestar nuestra simpatía, cuando no somos intimidantes, No olvidemos que tendremos a acoger a los demás y es preciso que los demás aprendan a acogernos a nosotros tales como somos. Recuerde que existen grados entre la indiferencia y la amistad. Estamos hechos cita el Dr. Chauchard de tal suerte que no es imposible estar en situación de equilibrio, de salud, si con respecto a los demás somos indiferentes, envidiosos, criticones, irrespetuosos, pedantes, hostiles si hasta le tenemos odio.
El equilibrio exige amar al prójimo como a nosotros mismos. Amar al prójimo es ante todo abrirse a él, acogerle, manifestarle interés y simpatía.
Debemos proponernos cultivar la virtud de sonreír, aprender hacerlo. Se nos recuerda una vez más que la sonrisa es la clave de la simpatía. Todo encuentro humano debe empezar por ella. Debemos crear en nosotros el deseo de sonreír cuando nos encontramos con los demás, y no hacerlo en forma maquinal.
Tenga presente, que nuestro mundo que se dice civilizado no lo será mientras no sea un mundo abierto, en el que cada uno se interese verdaderamente por los demás, en sí mismos, y ello recíprocamente.
La sonrisa que los demás requieren y que nosotros necesitamos, es una sonrisa interior, una verdadera sonrisa, la comunión momentánea de una simpatía, de la alegría de un encuentro. Para sonreír a los demás es necesario que seamos sonrisa.
Usted podrá lograr esa sonrisa si se propone ser feliz, crecer, descubrir y trabajar en sus imperfecciones, compartir, tomar en cuenta, por ejemplo, lo que destaca Leo Buscaglia: cuidarse de los enojos insignificante, dado a que crecen hasta convertirse en destructivos monstruos. Elimínelos de inmediato. No se involucre en agravios mezquinos, del ego e infantiles. Solo servirán para degradar sus relaciones e impedir la intimidad.
Despójese del falso orgullo, que por lo común es negativo y crea barreras e impide, además. La intimidad, muchas veces conlleva a la separación de las personas y origina sufrimiento.
Tenga presente una vez más, que la sonrisa permite reconocer la calidad huma de la otra persona así como sus vibraciones positivas.
Harold Lyon nos dice: Lo que nos protege no es nuestra fiera sino nuestra humanidad, nuestra capacidad de amar a los demás y Aceptar el amor que otros desean prodigarnos. Lo que nos mantiene abrigados por la noche no es nuestra dureza, sino la ternura, que hace que los demás deseen mantenerse abrigados.
No olvide cultivar y manifestar la sonrisa, haga uso de ello y compártala siempre, ya verá como los resultados de ello, le ayudan a ser feliz.
Gracias por leer, estar, compartir y sonreír.
El Dr. Mora es Ingeniero - Administrador, Profesor Titular en el Área de estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo (Venezuela)
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