“El jueves tengo tal cosa, el viernes tengo tal otra y el sábado tengo aquella otra” me decía por mail un médico de un centro de salud, anunciando y justificando su ausencia en esos días de la semana siguiente. Mi respuesta fue: “Uno decide lo que tiene en función de lo que ya tiene”.
Este incidente “normal” (¿por qué será tan normal?) en todo grupo de
trabajo me hizo reflexionar sobre ciertas actitudes que adoptamos con el
total convencimiento de que es atinada solamente por cumplir con ciertas
formalidades. Lo peligroso es que solemos creer que lo administrativo
(lo formal) es todo lo que hay que tener en cuenta a la hora de decidir
nuestras acciones.
Lo que este médico ya tiene es su trabajo en el centro médico y este
centro médico, a su vez, tiene a sus pacientes. Esto es claro y
aliviador. No tenemos que descubrir lo que ya tenemos. A lo sumo tenemos
que refrescar nuestra memoria que suele, de tanto en tanato, tendernos
alguna trampa.
Lo curioso es que en un encuentro grupal de unos días anteriores se
conversó mucho sobre el amor al lugar de trabajo y al trabajo que cada
uno efectúa en él. Hablamos del amor como el producto de amar, cuidar,
preservar, nutrir.
Me permito aprovechar un párrafo de un texto que tengo sobre mi
escritorio (sincronicidad pura) del Lic. Miguel Espeche (Coordinador
General del Programa de Salud Barrial del Htal. Pirovano) referido a “Es
lo que hay”. “Mentes simplistas o codiciosas dirían que es una frase
complaciente y claudicante, algo así como la expresión de una
resignación malsana y quedada. Para mí, sin embargo, es un signo de
coraje, de aceptación de lo obvio, algo esencial para la asunción de
responsabilidades y el despliegue de capacidades”.
El directivo de una empresa Pyme, unos días antes me hablaba del desgano
de su gente, del poco compromiso que tenían por la empresa. Estábamos
conversando sobre la necesidad de efectuar algún trabajo orientado a
mejorar la performance de la empresa sobre todo en el trato con sus
principales clientes. Era necesario reforzar la gestión en algunas
cuentas.
Cuando llegó el turno de negociar los honorarios, muy seriamente me
dijo: “te ofrezco tanto para que hagas esto y esto”. Cerró el telón y me
quedé como espectador de la representación de un monólogo. Sin darse
cuenta, este directivo no estaba demostrando mucho amor por su empresa
ni mucho interés en mi presencia y mucho menos en mi aporte a su
empresa.
Ante mi sorpresa y algún comentario risueño (apelar al humor es mi
manera de enfrentar momentos complicados, sobre todo los que cachetean a
mi ego) le sugerí que pensáramos alguna ecuación que nos uniera.
“Necesito sentirme parte” le dije. “Te invito a que pensemos juntos cómo
puedo ayudar a tu empresa”.
A los pocos días nos volvimos a encontrar ya que le estaba entregando el
informe final de un trabajo anterior. Justificando la mala situación
financiera y la necesidad de luchar por la supervivencia de la empresa,
él había decidido tomar al toro por las astas y salir al campo de
batalla. Creo que utilizo textualmente su frase. Esto significaba:
Conti, fuiste.
Mi sorpresa volvió a ser enorme. Otra vez me quedaba afuera y lo que era
peor las luces del teatro se habían apagado. No tuve otro remedio que
levantarme, darle la mano y buscar el refugio del Microcentro.
Más allá de que esta situación me enojó, mientras caminaba por Florida
entre turistas rebozantes de bolsas como si nuestro País estuviera en
liquidación, me acordé de la situación de desmotivación (depresión) que
se vive en la empresa y la encontré totalmente justificada. Este
directivo no recuerda que su gente es gente y que requiere cuidado.
Tratarla como mercadería no es muy considerado de su parte.
Jaime Barylko dice sobre el amor: “El amor no es agua de lluvia; es agua
de pozo, y se excava transpirando. Hay que conservar los pozos, porque
el tiempo tiene la manía de taparlos despacito. Es un trabajo el amor.”
Este directivo, al igual que el médico y yo mismo, solemos pregonar amor
con cierta liviandad, aunque a la hora de amar terminamos sacando el
cuerpo y sin darnos cuenta cuando pretendemos nutrirnos de él, el pozo
se ha secado.
Está bueno pensar un poco sobre cómo amamos a lo que decimos amar.