Los problemas de casa los llevamos al trabajo, los problemas del
trabajo los llevamos a casa, debido a la incapacidad, la angustia y el
terror de creer no ser nadie en la vida, de saber que existen miles de
personas que pueden ocupar nuestro lugar en el trabajo, del miedo que
provoca pensar que el otro es mejor, de creer que nuestra infelicidad se
debe al otro, de suponer que si nuestros hijos no hacen lo que nosotros
deseamos todo está mal, de sentirnos inmersos en una estructura
aspiracional que nunca logramos alcanzar. Estamos secuestrados por
nuestras propias emociones. Situación que nos lleva a competir con
deslealtad sin interesarnos jamás en los otros. La sociedad prospera en
tanto sus propuestas se introyectan, el divorcio es funcional, ya no
existe estructura de contención para permanecer en pareja. En el proceso
todos perdemos, incluso la organización, la empresa, pues nunca logramos
integrarnos en equipo para ganar: Nos organizamos para perder todos pues
este hecho apacigua el dolor y la angustia. Cuando todo mundo pierde uno
se percibe menos ineficiente. En el íntimo “ser mexicano”, descubrimos
que somos jugadores solitarios, nunca de equipo.
La idea es actuar como atletas de alto rendimiento y producir la
sinergia de estos campeones olímpicos que saben perfectamente que en la
lucha diaria por la vida, por alcanzar la meta, la batalla mas
encarnizada es aquella que se establece con uno mismo. Ejemplos de ello
existen muhísimos. El atleta de alto rendimiento sublima en el deporte y
obtiene una disciplina férrea que no les es agotadora, por el contrario
le es placentera. ¿Cuantos kilómetros es necesario correr a la semana
pra particpar en un marathon? Arriba de 200 kilómetros. ¿Cuantas horas
de entrenamiento requiere un gimnasta, un nadador, un esgrimista? Muchas
al día. Y nosotros, seres mortales comunes y corrientes, ¿cuantas horas
involucramos para ser eficientes? Quien sabe vencerse asimismo estará
listo para organizarse en equipo, es entonces cuando la magia de la
sinergia aparece.
Sucede como cuando Napoleón, teniendo de testigo a las grandes pirámides
egipcias, gritó a sus soldados: ¡Valientes franceses, cientos de años de
historia humana son testigos de nuestro triunfo! Así sucede cuando la
victoria alcanzada en la lucha contra nuestros demonios: La humanidad
entera se expresa a través nuestro. En este caso, el espíritu que
encarna el deportista de alto rendimiento podrá expresarse en nuestro
íntimo devenir.
En un proyecto de cinco años de duración patrocinado por la Fundación W.
T. Grant, un grupo de investigadores descubrió los componentes activos
esenciales para el éxito de programas eficaces para la integración de
equipos de trabajo. Este grupo de investigadores llegó a la conclusión
de que, independientemente del problema concreto que se pretenda
solucionar, el desarrollo de habilidades como autoconocimiento,
autoestima y comunicación (competencias que permiten inteligencia
emocional), son habilidades claves que deben desarrollarse para que el
individuo sea capaz de enfrentarse a las diferentes situaciones que se
le presenten a lo largo de su vida, ya sea en la esfera del trabajo o en
la individual.
En tal sentido, Harvard descubrió que es mucho más importante el
coeficiente emocional que el coeficiente intelectual. Las personas que
poseían inteligencia emocional destacaron sobre personas de coeficiente
intelectual arriba del promedio.
“Un profesional con alto Coeficiente Emocional es una persona que
percibe más fácil, mas hábil y rápidamente que los demás, los conflictos
en gestación que tienen que resolverse, los puntos vulnerables de los
equipos, las organizaciones a que hay que prestar atención, las
distancias que se deben salvar o los vacíos que deben llenar, las
conexiones ocultas que significan oportunidad y las oscuras y
misteriosas interacciones que prometen ser de oro y rentables.” (Robert
k. Cooper).
Tener relaciones laborales adecuadas que nos conduzcan a la plenitud,
implica desarrollar en un proceso de aprendizaje, una serie de
competencias que faciliten afrontar exitosamente las exigencias y
desafíos de la vida productiva sea en la iniciativa privada o en la
administración pública.
Las competencias permiten a las personas transformar conocimientos,
actitudes y valores en habilidades. Una habilidad es saber que hacer y
cómo hacerlo en un momento oportuno.
Consideramos fundamental propiciar la reflexión y el desarrollo de
habilidades para lograr la integración de equipos de trabajo eficientes
para decsubrir de manera autogestiva la importancia que tiene la
incorporación de éstas habilidades en la compleja tarea de hacer que lo
diferente trabaje en un solo sentido.
Manejo de emociones
Todas las emociones son, en esencia, impulsos que nos llevan a actuar,
programas de reacción automática con los que nos ha dotado la evolución.
Cada emoción predispone al cuerpo a un tipo diferente de respuesta.
La mente emocional es mucho más veloz que la mente racional y se pone en
funcionamiento sin detenerse ni un instante a considerar lo que está
haciendo. Su rapidez hace imposible la reflexión analítica deliberada
que constituye el rasgo característico de la mente pensante.
El término Inteligencia Emocional se refiere a la capacidad humana de
sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales en uno mismo
y en los demás. Inteligencia emocional no es ahogar las emociones, sino
dirigirlas y equilibrarlas, pues el intento de acallar las emociones
conduce al embotamiento y la apatía, mientras que su expresión
desenfrenada, por el contrario, puede terminar en situaciones extremas.
La vida emocional constituye un ámbito que incluye un determinado
conjunto de habilidades que puede dominarse con mayor o menor pericia.
El grado de dominio que alcance una persona sobre estas habilidades
resulta decisivo para determinar el motivo por el cual ciertos
individuos prosperan en la vida mientras que otros, con un nivel
intelectual similar, acaban en un callejón sin salida.
Científicamente está comprobado que las personas que obstaculizan
procesos de trabajo, que se muestran boicotedoras, miedosas, rebeldes,
sumisas, negativas, descalificadoras, sufren ansiedad, enojo y
depresión.
Es necesario decir que las habilidades emocionales desempeñan un papel
más decisivo que los factores económicos y familiares a la hora de
determinar sí un individuo llegará a arruinar su vida por estas
dificultades o si, por el contrario, podría sobreponerse a ellas.
Una aptitud clave para dominar los impulsos consiste en conocer la
diferencia entre los sentimientos y las acciones y en aprender a adoptar
mejores decisiones emocionales, controlando el impulso de actuar e
identificando las distintas alternativas de acción y sus posibles
consecuencias. Muchas de estas habilidades son marcadamente
interpersonales: la capacidad de interpretar adecuadamente los signos
emocionales y sociales, la de escuchar, de resistirse a las influencias
negativas, de asumir la perspectiva de los demás y de comprender la
conducta que resulte más apropiada a una determinada situación.
[1] HERRAN, Gascón, A de la. Autoconocimiento y formación: Más allá de
la educación en valores. Tendencias Pedagógicas, Madrid 2003.
[2] Op. Cit.
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