Evolución histórica de la teoría valor- trabajo
Los estudios sobre la teoría valor -trabajo tienen sus orígenes desde el
siglo XIX con el desarrollo de la economía política burguesa. A pesar
del tiempo el tema ocupa hoy un espacio de gran importancia debido al
desarrollo de la economía del conocimiento y con ella el papel que
desempeña el capital humano. El presente capitulo tiene como objetivo
analizar con un enfoque marxista- leninista los fundamentos teóricos
metodológicos sobre los cuales se sustenta el capital humano en el siglo
XXI.
Para la realización de un estudio Marxista–Leninista sobre los
fundamentos teóricos metodológicos del capital humano, es necesario
profundizar en los orígenes teóricos de la teoría valor-trabajo como
fuente donde se sustenta el proceso de creación de valor.
El Mercantilismo
Los primeros intentos teóricos de explicar los fenómenos que se estaban
gestando en el proceso de descomposición de las relaciones de producción
feudal y gestación de las relaciones de producción capitalista, fueron
explicado por la corriente de pensamiento conocida como el mercantilismo
Esta corriente de tipo mercantilista donde el capitalismo nace a partir
de un proceso histórico de acumulación originaria de capital se
manifiesta como sigue: (Ver figura # 1 “Proceso de surgimiento de las
relaciones de producción capitalista”)
Figura # 1: “Proceso de surgimiento de las relaciones de producción
capitalista”
Fuente: Elaboración propia a partir de: Castaño, Héctor Curso de
Pensamiento Económico Universal: “ La Economía Política Burguesa
Clásica”. Clases Televisivas “Universidad para Todos”. La Habana 2005.
Con esto surge una primera Modalidad Libre del Capital, el Capital
Comercial, que su premisa histórica es el desarrollo del modo de
producción capitalista, comprar barato para vender caro, entonces,
cabria preguntarnos en este estudio qué entender desde el punto de vista
teórico por mercantilismo
Fuente: Elaboración propia a partir de: Castaño, Héctor Curso de
Pensamiento Económico Universal: “ La Economía Política Burguesa
Clásica”. Clases Televisivas “Universidad para Todos”. La Habana 2005.
Coincidiendo con Castaño H. (2005), el mercantilismo era un reflejo de
la unión donde la burguesía se encontraba en plena gestación. Se plantea
que era un fenómeno de la superficie y una política para atesorar dinero
y grandes monarquías.
Marx llegó a la conclusión de que el mercantilismo era la primera teoría
burguesa, o el primer intento de comprender el capitalismo, en el
período de su formación. En el trabajo “ Contribución a la crítica de la
economía política”, Carlos Marx indica que el mercantilismo relevó de
una manera ingenua lo que era la esencia secreta de la producción
capitalista, es decir la subordinación al valor de cambio.
Apareció en la época de la acumulación originaria, es decir, en el
período de la disgregación del feudalismo. El Mercantilismo es la
ideología de la clase gobernante, de la época de la formación del modo
burgués de producción, cuando el capital comercial influye poderosamente
sobre la disgregación del viejo modo de producción.
Economía Política Burguesa Clásica
La economía política burguesa clásica fue la primera corriente del
pensamiento económico que surge, y para entenderla hay que ver su
condicionamiento histórico y con ella la teoría de su fundador Willam
Petty , quien nos expone sobre la teoría del valor y en específico sobre
la renta, el precio de la tierra y el interés.
Sobre el mercantilismo Willam Petty no estaba de acuerdo, él decía que
la riqueza se obtiene del trabajo planteando así la determinación de la
renta, esta pudiera expresarse como:
Figura # 2: “ Determinación de la Renta según Petty”
Fuente: Elaboración propia a partir de: Castaño, Héctor Curso de
Pensamiento Económico Universal: “ La Economía Política Burguesa
Clásica”. Clases Televisivas “Universidad para Todos”. La Habana 2005.
La Teoría Económica de los Fisiócratas
Sus dos teóricos más destacados fueron Quesnay y Turgot los cuales
continuaron el mismo fructífero principio en el terreno del pensamiento
económico con el que se distinguió el siglo XVII.
La teoría económica de los fisiócratas es un nuevo ascenso en el
desarrollo de la ciencia llamada Economía Política. Esta teoría refleja
un determinado grado en el desarrollo del capitalismo.
Ante los fisiócratas se desplegaba un cuadro de la economía bastante
característico para el período de descomposición del feudalismo y de
surgimiento de las relaciones capitalistas.
La lógica de la teoría fisiocrática es exaltar la propiedad privada de
la tierra y la esencia de esta doctrina reside en que la riqueza del
país radica en la producción agrícola. Concretamente, según la opinión
de los fisiócratas, la gran hacienda agrícola del granjero es capaz de
asegurar la obtención de un “excedente económico” o como la denominaba
además Quesnay, un “producto neto”.
La Doctrina de Adams Smith
Más tarde dos grandes economistas de la escuela burguesa clásica de
todos los tiempos le dieron seguimiento a esta corriente, Smith y
Ricardo .
Adam Smith consideraba que el trabajo era la unidad de medida exacta
para cuantificar el valor, pero no el factor determinante de los
precios. Smith fue el primer economista que formuló una teoría
sistemática del valor; considerando que la sociedad obtiene, mediante su
trabajo, todas las cosas que necesita para vivir. Ello lo llevó a
investigar qué condiciones eran las más favorable para el mayor
rendimiento del trabajo social, conclusión: “el máximo mejoramiento en
el poder
productivo del trabajo, y la mayor parte de la perecía, destreza y
discernimiento con que se le dirige y aplica dondequiera, parecen haber
sido efectos de la división del trabajo”, ésta acaba por abarcar todo el
campo de la actividad económica.
“Cuando la división del trabajo ha sido completamente establecida, cada
hombre satisface sólo una muy pequeña parte de sus necesidades con lo
que él mismo produce trabajando. Llena la mayor parte de ellas mediante
el cambio del excedente del producto de su trabajo sobre lo que reclama
su propio consumo, por tantas partes del producto del trabajo de otros
hombres como puede”. (Zamora, F. 1959).
Smith escribe que la palabra valor tiene significados diferentes:
expresa a veces la utilidad de algún objeto particular, y en ocasiones,
el poder de comprar otros bienes que la posesión de ese objeto confiere,
valor de uso y valor de cambio
Las magnitudes de valor de uso y de valor de cambio de un mismo bien no
sólo no se corresponden, sino que a veces son opuestas.
Smith al descubrir las normas “naturales” que regulan el cambio nos dice
que es el valor de cambio el que le interesa y no porque ignore que lo
tienen los bienes cambiables, dada su calidad de cosas útiles, sino
porque como quiere exclusivamente investigar el cambio, el valor que
sobre todo le importa es el que hay en los bienes gracias al poder que
confieren a su poseedor de adquirir otros con ellos, o sea, el valor de
cambio.
También observó Smith que “todo hombre es rico o pobre según el grado en
que tienen con qué disfrutar de lo necesario, así como de las
comodidades y entretenimientos de la vida humana”. Sin embargo, encontró
que después que la división del trabajo se ha generalizado, el hombre se
procura con su esfuerzo personal solamente una muy pequeña parte de los
medios que requieren tales satisfacciones; que la mayor parte de ellos
la obtienen del trabajo de otros; y que, por tanto, es rico o pobre de
acuerdo con la cantidad de trabajo que le permite comprar o comandar”
“El trabajo es- insiste- por lo tanto, la medida real del valor de
cambio de todas las mercancías”, lo que se compra con dinero o con
bienes se compra con trabajo, tanto como lo que se adquiere mediante la
fatiga de nuestro propio cuerpo; ese dinero o esos bienes nos ahorran
esta fatiga; contienen el valor de cierta cantidad de trabajo que
cambiamos contra lo que se supone que en el momento contienen el valor
de una cantidad igual”. “Todas las riquezas del mundo se compraron
originalmente, no por plata u oro, sino por trabajo, y el valor que
tienen para quienes las poseen y desean cambiarlas por nuevos productos,
es precisamente igual a la cantidad de trabajo que gracias a ellas,
pueden comprar o comandar”
Es decir, el valor de un bien, para su productor inmediato, mide, según
Smith la cantidad de trabajo que le cuesta producirlo; y si necesita
cambiarlo, lo hará contra un bien cuya producción le exigiría el gasto
de una cantidad de trabajo igual: aprecia el valor de este segundo bien,
calculando el trabajo que se ahorra al obtenerlo mediante la cesión del
que ya posee. Mientras menos trabajo cueste adquirirlos, menos trabajo
puede comprar o comandar; en consecuencia, no son medidas fidedignas del
valor de otras mercancías, puesto que su propio valor continuante varía.
Por lo contrario para Smith sí es un metro invariable, porque afirma
“Para el trabajador, puede decirse que las mismas cantidades de trabajo
tienen el mismo valor en todo tiempo y lugar.
Teniendo en cuenta la exposición de Smith anteriormente se ha llegado a
la siguiente conclusión:
1) El valor de las mercancías lo mide el dueño de ellas por el trabajo
que le cuesta producirlas o porque el que le ahorran cuando obtienen en
cambio otras cuya producción directa le exigiría trabajo.
2) El trabajador estima que una cantidad dada de trabajo vale siempre lo
mismo, puesto que siempre le cuesta lo mismo, ya que lo obliga a
sacrificar las mismas porciones de ocio, libertad y felicidad.
3) De lo anterior se deduce que atribuirá a las mercancías el valor que
para él tienen el trabajo que le cuestan, o el que se ahorra cuando las
cambia por otras, valor que será siempre el mismo para las mismas
cantidades de trabajo.
4) Si en lo fundamental iguales cantidades de trabajo tienen igual
valor, como en aquél hay diferencias de calidad, deben hacerse
compensaciones cuantitativas que los nivelen, al comparar los trabajos
con que se han producido obras diferentes; y así se hace efectivamente
en el mercado, en donde al equiparar los productos se estima en más la
mercancía creada con una hora de trabajo difícil o calificado, que el
bien producido durante el mismo tiempo de otro fácil o simple.(Zamora,
F. 1959)
Para Smith, hay una homogeneidad original en la capacidad de trabajo de
todos los hombres, que subsiste bajo la superficie de la diferenciación
posterior.
“la única medida, tanto universal como segura del valor; o el único
patrón por medio del cual en todo tiempo y lugar podemos comparar los
valores de mercancías diferentes”.
Sostiene Smith: “El valor de una mercancía cualquiera, para la persona
que la posee y no se propone usarla o consumirla por sí misma, sino
cambiarla por otras mercancías, es igual a la cantidad de trabajo que le
permite comprar, o de la cual permite disponer” (Adam Smith. “La riqueza
de las naciones”, la economía política clásica, página 31).
La Teoría Económica de David Ricardo
Durante los 25 años posteriores al fallecimiento de Smith, David Ricardo
desarrolló la teoría del valor trabajo en sus “Principios de Economía
Política y de la Imposición” (1817) en la que afirmaba que todos los
costos de producción son, de hecho, costos laborales que se pagan, bien
de una forma directa o bien acumulándose al capital (por ejemplo,
maquinaria adquirida gracias al esfuerzo de los trabajadores). Por ello
se defendía que los precios dependían de la cantidad de trabajo
incorporado en los bienes o servicios. Sin embargo, el posible fallo de
la teoría es que si dos bienes se producen utilizando la misma cantidad
de factor trabajo, pero uno de ellos utiliza más factor capital e
incluirlo en el precio si quiere obtener la misma tasa de beneficios o
ganancias que la del productor del bien intensivo en trabajo.
Ricardo, quien sigue y mejora la teoría del valor de Smith, reconoce que
el término tiene doble acepción que éste le dio, declara “que la
utilidad no es la medida del valor de cambio, aunque es absolutamente
esencial para él”. “Si una mercancía- agrega- careciera por completo de
utilidad (en otras palabras, si de ningún modo contribuyera a nuestra
satisfacción) estaría destituida de valor de cambio, por escasa que
pudiera ser la cantidad de trabajo necesaria para producirla”. Pero al
igual que Smith, renuncia a estudiar el valor de uso porque a su juicio
– como lo dejó asentado en las últimas líneas de sus Principles of
Political Economy- “el valor de uso no puede ser medido por ningún
patrón conocido; las distintas lo estiman de diferente manera. Cita,
pues, con aprobación, algunos párrafos de The Wealth of Nations;
corrobora que como ahí se lee: “ el precio de todas las cosas, lo que en
realidad cuestan al hombre que desea adquirirlas, es la fatiga e
incomodidad de obtenerlas”; y concluye: “ si la cantidad de trabajo
realizada en las mercancías regula su valor de cambio, cada incremento
de la cantidad de trabajo debe aumentar el valor de la mercancía en que
se ha empleado, así como cada reducción debe disminuirlo”.(Smith, A.
1776).
Para Ricardo es el trabajo, tanto presente como pasado, el que determina
el valor de las mercancías y permite compararlas cuantitativamente en el
cambio y subrayó la diferencia que hay entre la cantidad de trabajo que
cuesta producir una mercancía, y la del que ella se puede comprar o
comandar, aunque tampoco logró resolver el problema que plantea esa
diferencia, hizo de la ley del valor- trabajo. Percibió en mayor grado
que Smith la distinción entre el valor absoluto, medido por la cantidad
de trabajo gastado en producir el bien, y el valor relativo, o sea, la
proporción en que dicho bien se cambia con las otras mercancías. Aunque
se ocupó tan poco como Smith en definir el trabajo origen del valor, da
la impresión de que se aproximó mucho más a la concepción de una
naturaleza social de este trabajo, no tan sólo por su un tanto nebulosa
idea de la escala permanente de trabajos distintos, socialmente
establecida, sino también por el hecho de que supone divididos en clases
aun a los hombres primitivos, que se reparten los nuevos valores creados
en proporciones.
Pero ni Smith ni Ricardo definieron las determinaciones particulares del
trabajo que hace equiparables las mercancías y, en consecuencia, les
confiere valor de cambio. Ellos precisaron la naturaleza de la relación
existente entre el valor absoluto y el valor relativo o de cambio.
Descubrieron las que hay entre el valor fundado en el trabajo, y el
costo de producción, descubriendo que implica el de las que existen
entre el primero y la tasa general de beneficio, que sirve para explicar
el segundo.
La teoría del valor, tal como lo expusieron Smith y Ricardo, aun cuando
reconocía, como se ha visto, la existencia del beneficio, no acertaba a
explicar satisfactoriamente su procedencia, Los economistas post-ricardianos,
en vez de continuar y ahondar el análisis iniciado por los clásicos,
consideraron que la única manera de resolver la dificultad era abandonar
cada vez más esa teoría, y así lo hicieron.
El contenido de clase de la economía había sido ya advertido de una
manera elocuente y duramente atacado por Henry C. Carey, economista
norteamericano, quien acusaba a Ricardo de haber edificado su teoría
sobre bases que, según el, ponían en peligro la paz social al ser
tomadas por agitadores y comunistas:
"El sistema de Ricardo es el sistema de la discordia...Busca fomentar la
hostilidad entre las clases y las naciones... Su libro es el verdadero
manual del demagogo que aspira al poder, por medio de la distribución de
la tierra de la guerra y el saqueo"( Carey H. C.1848).
Esta última teoría es la que aún hoy se conoce en Economía Política como
aquella que sustentaron los fundadores científicos de esta rama del
conocimiento social dando nacimiento a la Economía Clásica o Escuela
Clásica de Economía.
Desde William Petty hasta David Ricardo, el análisis económico tomó un
rumbo sólidamente cimentando en la consideración del valor por el
trabajo y el valor de cambio como su expresión objetiva. Los más grandes
sistemas de Economía aparecen, como es sabido, hacia esta época. Adam
Smith (“ La Riqueza de las Naciones”), con quien la economía se eleva al
estatus de ciencia, y David Ricardo (“ Principios de Economía Política y
Tributación”), quien la hace alcanzar el más alto nivel de profundidad
analítica en la primera mitad del siglo XIX.
En la economía política clásica de la teoría del valor es comprendida
como una instancia de autorregulación de lo social que garantiza la
reproducción global del sistema.
En esta misma línea plantea Ricardo: “El valor de una cosa, o sea, la
cantidad relativa de trabajo que se necesita para su producción y no de
la mayor o menor retribución que se pague por ese trabajo”. (Ricardo D.
1817).
Surgimiento de la Economía Política pequeño burguesa
Los economistas pequeño burgueses suelen prestarle atención al valor de
uso; recordemos a Proudhom y a Sismondi.6 Casi se presenta al valor de
cambio como “culpable” y al valor de uso como “Inocente”. La crítica de
los clásicos a estos ideólogos pequeño burgueses tiene mucha vigencia:
asumir un enfoque moralista ante el sistema capitalista o hacia el
“socialismo real” que hemos conocido, no resuelve el problema. Hay que
encontrar las fuerzas sociales que llevan en sí mismas al carácter
transformador de la sociedad.
Para Sismondi la Economía Política es ante todo una ciencia moral que
persigue el bienestar material de los hombres en cuanto depende el
Estado. Sismondi casi no desarrolló la teoría del valor por el trabajo.
El mismo confiesa que su función es divulgar la tesis de Smith. No
obstante, apreció hasta cierto punto, las contradicciones entre el valor
de uso y el valor de cambio.
Sismondi comprendió hasta cierto punto el carácter contradictorio del
uso capitalista de las máquinas: las máquinas no eran perjudiciales al
obrero en general.¿ Son perjudiciales o no las máquinas al obrero en
general se preguntaba Sismondi y respondía: las máquinas son ustedes
sólo cuando la producción está en concordancia con el consumo.
1.1.7 La Economía Política burguesa vulgar
No habría de pasar mucho tiempo sin que, junto a estos poderosos
pensadores, aparecieran los vulgarizadores, quienes prestamente
trivializaron muchas de sus concepciones más importantes, y en sus manos
la economía política adquiriera una exposición didáctica y manualística.
Say considerado el padre de la Economía Política vulgar es el más
destacado de los economistas de esta economía política burguesa vulgar
fue Jean Baptiste Say7, quien rechaza la teoría del valor- trabajo
porque para él el trabajo no es la única fuente creadora de utilidad y
por tanto, de valor. También lo son el capital y la naturaleza. Las
relaciones entre el capital y el trabajo se reducen a un intercambio de
servicios, el capitalista le presta un servicio al capitalista al
trabajar para éste. La correlación de estos “servicios productivos”
prestados por el capital, la tierra y el trabajo, su oferta y su demanda
son determinantes para el precio de las mercancías. En realidad no es el
capital quien directamente recibe el interés, tampoco es le tierra quien
recibe directamente la renta. Y esto no puede dejar de admitirlo Say,
son el propietario del capital y el propietario de la tierra, quienes,
bajo determinadas relaciones de producción, pueden apropiarse de la
ganancia y de la renta. La propiedad permite- en este caso- la
apropiación de un ingreso, pero no lo crea.
1.1.8 La Corriente Sincrética de la Economía Política Burguesa
El más destacado de esta corriente fue John Stuart Mill8, que no hizo
otra cosa que seguir los pasos de Ricardo inclusive a lo que se refiere
a la teoría del valor, la verdad es que se separó de ella en cuestiones
de fundamental importancia y abrió la puerta a la aceptación de las
críticas que se dirigieron a Ricardo, impulsando en esta forma las
tendencias que marchaban en un sentido opuesto a la teoría valor
trabajo. Rechaza el concepto de valor real o valor absoluto sobre el que
se ha basado Ricardo, aceptando que el valor es un término relativo,
según se expresa en la siguiente conclusión: “ Valor es un término
relativo. El valor de una cosa, o de cosas en general, por las cuales se
cambia. Los valores de todas las cosas no pueden, por consiguiente,
subir o bajar simultáneamente. No puede haber un alza o una baja general
de valores. Todo aumento de valor supone una baja y toda baja un
aumento” (Molina, E. 1991).
En resumen, aunque la teoría de Mill, no es una teoría completamente de
oferta y demanda, ya que aun no confiere demasiada influencia a la
utilidad y lo coloca en el camino de aquellas concepciones que adoptan
la utilidad y la demanda como determinantes de valor.
La Escuela Subjetiva y la Economía Subjetivista
Alrededor de 1870 se produjo un gran viraje en el estudio de la economía
política. Fue el paso de una orientación objetivista a una orientación
subjetivista en el estudio económico.
Los económicos posteriores a 1870 partieron del sujeto económico y a la
existencia de necesidades a satisfacer y de bienes en cantidad limitada
e insuficiente para satisfacerlas.
El valor y todas las categorías con él relacionadas y que en él
encuentran sus fundamentos explicativos, fueron reducidos a
consideraciones de naturaleza "subjetiva", "estimaciones",
"valoraciones", "apreciaciones", etc. de índole personal y psicológica.
Se inició de este modo un intento denodado por construir una "Teoría
subjetiva del valor" coherente y armónica, y junto con ella surgió todo
el repertorio de nociones que hasta en la actualidad se usan:
"necesidades", "deseos", "utilidad", etc. En suma la reconstrucción de
la teoría económica sobre el valor de uso, reducido a su vez a utilidad
marginal como su contenido determinante.
La utilidad como principio explicativo del valor
a) La existencia de la utilidad.( Pasenti A, 1987).
Para poder llevar adelante la obra de reconstrucción teórica de la
Economía Política, la nueva corriente basando el problema del valor de
las mercancías en el valor de uso, topó con la antigua noción de
utilidad a la que debió darle no sólo sus contornos específicos de
operatividad analítica, sino establecer con exactitud a qué se alude
conceptualmente con ella en rigor.
Los fundadores de la nueva concepción comenzaron construyéndola a partir
de la aceptación sin dudas de la existencia de "la" utilidad como si
fuera un hecho común de la experiencia cotidiana, que aparece en razón
de que determinada cantidad de mercancía se convierte en una condición
para satisfacer una necesidad que de otro modo quedaría insatisfecha.
Se reconoce así la existencia de una relación general entre bienes y
satisfacción de necesidades que es precisamente a lo que se denomina
Utilidad. Pero inmediatamente debe advertirse que: 1) la propiedad
satisfactoria de los bienes no es intrínseca a ellos. Se debe al
carácter de las necesidades humanas que es la que hace que ellos se
vuelvan aptos (útiles) para cubrirlas; de manera que la aptitud,
facultad, o capacidad de los bienes para satisfacer necesidades no
descansa en su materialidad corpórea; 2) la utilidad es de carácter
subjetiva y personal. Ello es así en tanto lo que se debe tener en
cuenta es no sólo la necesidad sino su grado o intensidad que se
satisfará con cada dosis o unidad que cada demandante individualmente
consume, y 3) Unida a la utilidad, para que los bienes tengan valor,
debe sumársele un determinante externo: su escasez.
b) El problema de la medición de la utilidad
Esta concepción subjetiva del valor estableció que el valor de cualquier
bien o lo que es lo mismo el valor de cualquiera de sus unidades, está
dado por el valor de la utilidad, pero no la de su versión antigua de
carácter total, sino por el valor de la última unidad medida ésta por su
utilidad marginal.
Aparece entonces la cuestión de cómo medirla exactamente, ya que medir
es cuantificar y al vincular la utilidad con la intensidad de la
necesidad a cubrir por cada demandante convierte la relación general
bien-necesidad-consumo en un proceso o fenómeno puramente interno al
individuo o también de carácter psíquico, transformando en problema lo
que en tal momento debiera ser su solución y demostración inapelable.
¿Cómo cuantificar aún con el concepto de margen un proceso de índole
psíquica? puesto que en definitiva se demanda un bien determinado por la
satisfacción o utilidad que se experimenta al consumirlo, finalmente hay
una reducción de la utilidad a satisfacción de las diferentes
intensidades de las necesidades y de aquí su transformación de relación
económica en fenómeno psicológico.
Pero, mientras que el valor siempre represente una significación
positiva hay que reconocer que aquello que afecta a nuestras necesidades
puede hacerlo de manera positiva o negativa. Incluso, un mismo objeto
puede tener una significación objetiva tanto positiva para unos hombres
como negativa para otros, en relación con las necesidades, intereses y
condiciones de los mismos.
Se puede entonces afirmar que mientras todo valor es significativo, no
todo lo significativo es valor. La significación incluye a los
antivalores, que poseen una significación social negativa. La
significación, por tanto, es más amplia que el valor.
Pero con adeptos, críticos y difundidores, la teoría del valor había
adquirido un decidido sesgo de índole objetiva y era este el aire que se
respiraba en la ciencia económica de modo predominante.
A tal punto que, a partir de los análisis efectuados por los clásicos (y
en particular por D. Ricardo), comenzaron a surgir corrientes económicas
opuestas, no ya solamente desde una posición académica, sino que
apuntaban a subvertir el estado de cosas económico-sociales establecido
por la burguesía. Se trata del surgimiento del ala socialista en
economía como expresión de la nueva clase que comenzará a disputarle la
escena política y el poder del Estado a la burguesía y sus socios
terratenientes.
En particular estos últimos habrían de enfrentarse no sólo con los
enfoques de los maestros sino con la otra ala desprendida de ellos y que
Marx denominara economía vulgar, cuyos exponentes habían dado muestra
del carácter tendencioso y puramente ideológico de sus doctrinas
económicas tal el caso de J.B.Say por ejemplo.
Esta corriente tendenciosa se reforzará en el transcurso de los
conflictos sociales que culminarán en 1848 con las revoluciones que
sacudieron Europa y en las cuales las masas proletarias tomarían una
participación activa. Nasau William Senior y J.R. Mc. Culloch en
Inglaterra y Frederic Bastiat en Francia, se convertirían en los
exponentes de este camino de disolución de la economía política que de
ciencia se transforma en ideología apologética.
La teoría subjetiva o el enfoque subjetivo de los problemas económicos
no había conseguido, durante esta época, dar la batalla y elaborar una
respuesta total, coherente y de suficiente fuerza explicativa como para
sustituir a la que habían construido los clásicos.
El ataque frontal y en toda la línea se llevará a cabo a partir de 1870
aproximadamente y el carácter fundamental que tendrá y aún tiene hoy es
el responder a los clásicos y a su teoría objetiva del valor como
también a sus grandes teorías económicas. Pero también apuntaban de modo
indirecto pero insoslayable a la derivación marxiana de esas teorías: a
la concepción del valor basada en el trabajo, a la de la explotación del
trabajo por el capital y el plusvalor como apropiación gratuita por
parte de la burguesía. Brevemente, la finalidad última y esencial era
responder al desafío lanzado por Marx quien impugnaba la sociedad
liberal y el sistema de propiedad privada de los medios sociales de
producción basado en el trabajo asalariado.
Anteriormente hemos expuestos varios criterios sobre la teoría del
valor, pero el valor debe ir acompañado del capital. Smith para hablar
de capital se basa en el siguiente concepto, divide los capitales en
fijos y circulantes: pertenecen a la primera categoría los que para
procurarle un ingreso a su propietario, no tienen que salir del poder de
éste. Ejemplos: herramientas y máquinas; edificios de todo género
empleados en la actividad productora, o dados en arrendamiento; mejoras
hechas a la tierra, tales como pozos, sistemas de riego o de
avenamiento, abonos, etc. Son capitales circulantes los que sólo rinden
lucro a su propietario cuando pasan a otras manos. Ejemplos: las
existencias de productos alimenticios que poseen los comerciantes en
víveres; las materias primas; los productos acabados que fabricante o el
mercader ofrecen en venta; y el dinero mismo. (Zamora, F. 1959).
Análisis de la teoría valor –trabajo de Federico Engels y Carlos Marx
Para Marx la noción del trabajo está fuertemente legada, a la esencia
humana, pues se alude a una esencia del ser humano (el trabajo como
actividad vital creativa) que se encuentra perdida y que es necesario
recuperar para conjurar la alineación.
A juicio de Engels, la causa principal de la desaparición de la escuela
de Ricardo- según él, última rama de la economía propiamente clásica-
fue su ineptitud para explicar el valor del trabajo. Si el valor del
trabajo es la medida de todos los valores, no podemos expresar el “
valor del trabajo” sino en trabajo.
Sin embargo Marx considera que las diversas mercancías son como
corporizaciones- como cristales, dice: de la energía psicofísica
indiferenciada que se gasta en todo trabajo humano, caso omiso hecho de
la forma particular que asuma durante la producción, de cada bien
concreto. Solamente así podemos compararlas como magnitudes de la misma
especie. “Todo lo que ahora nos dicen esos objetos- escribe nuestro
autor- es que hay en ellos trabajo humano acumulado. Como cristales de
esta substancia común a todos ellos, son valores”. El análisis nos
conduce a esta conclusión: las mercancías son valores de cambio, pueden
intercambiarse en ciertas proporciones, porque son valores, y lo son,
porque se han corporizado en ellas cantidades de energía psicofísica, de
fuerza humana de trabajo.
Según lo que antecede, un valor de uso, una cosa útil, tienen valor
porque encierra materializada cierta cantidad de energía
psicofisiológica de la que gasta cualquier hombre cuando trabaja o para
hablar como Marx, porque es una corporización de “trabajo abstracto”.
¿Pero cómo medir su valor? Por la cantidad de substancia “creadora de
valor” que contiene, o dicho de otro modo, por la cantidad de trabajo
abstracto que almacena.¿ Y cómo se mide ese trabajo? Por el tiempo de su
duración; y ese tiempo a su vez, se miden en horas, días, etc. Nada más
erróneo según Marx: el trabajo que crea el valor es una “substancia
social”, no la emanación de energía psicofísica de cada individuo tomado
aisladamente. Para concebirlo con exactitud tenemos que partir de las
siguientes bases: (Zamora, F. 1959).
a) La sociedad produce con el trabajo de todos los miembros
económicamente activos, la totalidad de los bienes que necesita.
b) Para producir la totalidad de los bienes que la sociedad requiere, la
masa de energía psicofísica colectiva se aplica mediante el empleo de
métodos especiales, instrumentos y máquinas, cuyo grado medio de
perfección, dependen del desarrollo general de la técnica productiva en
dicha sociedad. Mientras más desarrollada esté, mayor será el número de
las ramas industriales mecanizadas y más intensa su mecanización.
c) Este trabajo abstracto social, materializado en los bienes, es el que
los convierte en valore, y cada bien tendrá un valor cuya magnitud
estará determinada por la cantidad de dicho trabajo corporizada en él.
d) La fuerza de trabajo de la sociedad entera no cuenta, pues, sino como
una fuerza única, aun cuando se componga de innumerables fuerzas
individuales.
e) La fuerza de trabajo de cada uno de los individuos económicamente
activos existentes en el seno de la sociedad, es una unidad de la fuerza
de trabajo social y, como creadora de valor, es igual a cualesquiera
otras de las que integran esta última; en la medida- advierte Marx- en
que “ posee el carácter de una fuerza social media y funciona como tal,
es decir, emplea en la producción de una mercancía el tiempo de trabajo
socialmente necesario”
f) Debe considerarse como tiempo de trabajo socialmente necesario, el
tiempo que tarda funcionando en la producción de no importa qué
mercancía, la unidad de fuerza de trabajo social que actúa “con el grado
medio de habilidad e intensidad y en las condiciones normales de
producción” Toda problemática del valor constituye una consecuencia
teórica, con las reconocidas especificidades cuantitativas del caso, del
fetichismo y el trabajo abstracto, los que a su vez desempeñan un papel
central en la explicación de Marx, en tanto núcleo cualitativo en la
teoría del valor.
El valor expresa aquella relación social entre seres humanos que se
encuentra cosificada. La relación social de valor aparece, en la
realidad y en la conciencia, como propiedades y una característica
inherente a las cosas mismas.
Por ello, las críticas neoclásicas solo bordean tangencialmente el
problema de fondo que plantea la teoría del valor sin poder dar cuenta
de su núcleo fundamental.
Criticando la perspectiva cuantitavista, Marx polemiza con Ricardo, y a
través de él con toda la economía política en la que se basó Engels,
diciendo: “ Y esta falsa concepción del dinero en Ricardo obedece a que
él solo se fija en la determinación cuantitativa del valor de cambio, o
sea en el hecho de que equivale a una determinación cualitativa, a
saber, la circunstancia de que el trabajo individual, por medio de la
enajenación (alineación), tiene que representarse necesariamente como un
trabajo social abstracto, como un trabajo social (Marx, C.1973).
Marx (1867) abordó estos elementos relacionados con el valor, haciendo
énfasis en el proceso de la valorización9, que no es más que el mismo
proceso de creación de valor prolongado a partir de un punto
determinado, o sea, a partir del momento en que en el proceso de
producción se recupera el capital invertido por el capitalista en la
contratación de fuerza de trabajo y se comienza a crear por ésta un
valor superior al anticipado por el capitalista, que es a lo que se
denomina plusvalor o plusvalía.
A partir del análisis de la teoría valor trabajo, la autora coincide con
Sánchez, cuando plantea que el momento de negociar conocimientos para el
desarrollo de un nuevo producto y más aun la posibilidad de un producto
nuevo y la realización del mercado futuro. (Sánchez; R. 2005).
La teoría del valor ha continuado siendo un objetivo para los
economistas teóricos en la contemporaneidad, tanto marxistas como no
marxistas. Este es el caso de Zamora (1959)10, que hace reflexiones
tomando dos puntos de análisis: los criterios de Marx y los de los
clásicos burgueses anteriores y posteriores a éste. En la figura 4, se
representa una comparación sobre la concepción del valor desde la
perspectiva marxista y la de los no marxistas.
Es cierto que todo se convierte en mercancía en el capitalismo, los
valores espirituales también, esto es criticable, pero responde a la
lógica interna del capitalismo, por tanto, sólo es superable con la
revolución social, e incluso, después de iniciada la revolución social,
la contradicción “ quien vence a quien” se sigue manifestando mediante
la ley del valor en ese plano. En nuestra propia sociedad cubana que nos
honra vivir, sucede.
Cada sociedad tienen su propio sistema de leyes y el valor de uso se
somete también a ese sistema de leyes. El valor de uso de la fuerza de
trabajo no es el mismo en regímenes sociales diferentes. Y ello es
válido también para los medios de producción y los medios de consumo.
Con el mismo derecho que tuvo Marx para plantear que el valor de uso de
la fuerza de trabajo en el capitalismo es crear plusvalía, se puede
plantear también que el valor de uso de los medios de producción es
funcionar como capital constante; mientras que el consumo de valores de
uso de la clase obrera es consumo improductivo para los obreros, pero
consumo productivo para la clase capitalista. La forma más respetuosa y
científica de conservarse fiel al legado de Marx o de todo lo mejor de
la cultura universal, es continuar desarrollando la ciencia y la cultura
universal.
Para una primera aproximación al tema de la economía del conocimiento
desde una perspectiva de la teoría valor trabajo marxista se hace
necesario realizar dos aclaraciones metodológicas.
En primer lugar; para Marx el valor de las mercancías está determinado
por el trabajo abstracto (indistinto, indiferenciado) y la magnitud del
valor por la cantidad de trabajo socialmente necesario para la
producción de una determinada mercancía. El trabajo humano creador de
valor puede ser trabajo simple que es el empleo de esa fuerza de trabajo
que todo hombre común y
corriente, por término medio posee en su organismo corpóreo, sin
necesidad de una especial educación y trabajo complejo “que no es más
que el trabajo simple potenciado o mejor dicho, multiplicado por donde
una pequeña cantidad de trabajo complejo, puede equivaler a una cantidad
grande de trabajo simple11. Desde nuestro punto de vista, el
conocimiento, como resultado del proceso científico es trabajo complejo,
o sea en palabras de Marx trabajo simple potenciado que se incorpora al
proceso de producción, de servicios y al propio conocimiento,
incorporando un elevado nivel de productividad y por consiguiente de
competitividad a las producciones. Este conocimiento incorporado puede y
de hecho genera innovación al producto y también genera nuevas
tecnologías y nuevos conocimientos. Resulta que el trabajo
intelectual,como trabajo complejo es creador de valor. En segundo lugar;
el trabajo es la sustancia del valor, pero el trabajo en si mismo no
tiene valor, el trabajo crea valor (Sánchez ,R.2005).
En forma de resumen podemos decir que el valor expresa, en la
connotación a que nos referimos primero, un rendimiento de carácter
psicológico, la sola estimación que cada individuo hace de las cosas y
mediante la cual las clasifica según la importancia que les atribuye. Si
el valor fuera simplemente una apreciación personal de la utilidad
comparativa de los bienes, si no se objetivara de algún modo, no saldría
jamás del fuego interno de cada sujeto, ni sería materia de
comparaciones y medidas; ni muchos menos adquiriría una existencia
social que se impone al individuo y que no depende ni de su mente ni de
su voluntad. Precisamente porque el valor tiene esa objetividad social,
puede servir como base de las relaciones entre los productores, a las
cuales se debe que las actividades económicas particulares se ajusten y
armonicen, como antes se vio, en el proceso económico general.
2- Relación entre el proceso de creación de valor y el Capital Humano
La existencia humana surge de su propia naturaleza contradictoria, en la
que se expresa la determinada correlación existente en cada momento
entre los deseos de los hombres y sus realizaciones, las aspiraciones de
su vida y sus correspondientes materializaciones, los fines que orientan
su conducta y el grado de plasmación y satisfacción de los mismos, sus
intereses personales y las condiciones que le ofrecen los demás hombres
y la sociedad para su ejecución.
Lo nuevo de la llamada “sociedad del conocimiento” consiste en que
aceleró la velocidad de su difusión y su alcance global a través de
cultura, clases y geografía hasta llegar a una expansión y dominio
global nunca antes visto.
Bajo estas nuevas condiciones, las teorías económicas convencionales que
imperaban en el siglo XIX y XX, que incluye a los clásicos, a los
neoclásicos y a los keynesianos, no se ajustan a las demandas y
exigencias del alcance y dinámica en la producción de los conocimientos.
El recurso económico básico, ya no es el capital, ni son los recursos
naturales de la tierra, es el conocimiento. En este contexto las
tradicionales ventajas comparativas en el comercio internacional, son
sustituidas por las ventajas comparativas, reservando un uso exclusivo
del conocimiento como factor de la competencia.
El rol de los recursos humanos en la Economía Mundial se hace cada vez
más intenso, las personas forman parte de las riquezas de las naciones y
esto se debe a que midiendo lo que el capital humano crea a la
producción, se observa un aporte significativo de la capacidad humana a
la misma. En ese sentido el objetivo del presente capítulo Analizar
desde el punto de vista marxista leninista la relación que existe entre
el proceso de creación del valor y el capital humano.
Antes que los neoclásicos hablaron de Capital Humano. El concepto
Capital Humano, pasó a referirse como adjetivo calificativo de una
acción y para reafirmar lo dicho tenemos que “ Capital” procede del
latín “ CAPUT”, que significa cabeza humana, su psiquis y sus valores
fundamentales, aunque deberíamos añadir otros aspectos no menos
importantes físicos y biológicos. Es todo instrumento o bien material
destinado a la producción de nuevas riquezas. Es el resultado de la
acción del hombre sobre la naturaleza y no debe confundirse con los
bienes que se producen para el consumo directo del individuo, que
constituyen capital.
Hoy en día las empresas y los países consideran el capital humano como
una inversión y deben enfrentar varios cambios en su dinámica que
influyen en su accionar. Por eso es que la nueva cultura organizacional
demanda que las personas estén predispuestas al cambio, que cada factor
que participe en el proceso de producción debe trabajar donde se realiza
el tratamiento de recurso humano como capital humano. La inversión en
las personas es buscar la mejor manera de sacar sus atributos y
capacidades buscando la productividad basada en la creación, difusión y
utilización del saber. La teoría de capital intelectual visualiza a los
empleados como activos que deben ser valorizados de la misma manera que
las facilidades físicas, las computadoras y los inventarios. Según
Shultz12, toda organización que incorpore está nueva visión de los
recursos humanos podrá beneficiarse de dos maneras:
1- Una inversión apropiada en capital intelectual produce un incremento
estable en la productividad.
2- La inversión en el capital intelectual se relaciona con la calidad de
vida de todos los ciudadanos, y esto incluye la calidad de vida en el
trabajo, que en gran medida es una función de la calidad de vida en la
sociedad.
El Capital Intelectual está compuesto por el Capital Humano entre otros,
pero es este es el factor clave para el desarrollo de los mismos. El
capital humano es el conocimiento útil para la empresa que poseen las
personas y equipos de la misma, así como su capacidad para regenerarlo;
es decir, su capacidad de aprender. Este es la base de la generación de
los otros tipos de Capital Intelectual.
Tabla 1. Evolución teórica sobre las definiciones de Capital Humano
Si existe o no un concepto nuevo de capital humano a partir de la era
del conocimiento es una polémica, ya que se considera que a medida que
entramos más en el desarrollo del conocimiento y la tecnología, el
concepto de capital humano se va haciendo mucho más amplio y complejo,
ya sea porque puede convertirse en un concepto vinculado al poder y
cuando hablamos de poder nos referimos al poder como capacidad de
dominación. Es la necesidad de sentir la dominación del otro aunque sea
mísera y diminuta en vez de sentir la capacidad de poder asociado a los
inmensamente mayores logros colectivos. La principal característica es
que uno de los conceptos implican “logros exclusivamente personales”
sean grandes o pequeños mientras que los otros son resultados claramente
compartidos. La novedad que queda cada vez más a la luz al avanzar en el
mundo los nuevos paradigmas de la sociedad del conocimiento, es que el
éxito se logra en un proceso sistemático de aportes colectivos. La
humanidad logra conocer en base al imprescindible aporte de las millones
de neuronas de todos los hombres desde las cavernas hasta hoy.
Sobre el Capital también se han dado otras definiciones de carácter
jurídico y contable, por su naturaleza, el capital es un bien económico:
- Bien indirecto, porque no está destinado directamente a ser consumido
(no obstante, como bien mismo puede ser directamente consumible).
- Bien intermediario, porque interviene en la producción de otros
bienes, “ todo capital es un instrumento de producción”
- Bien duradero, porque es conservación o simplemente con la intención
de obtener de él una renta futura.
- Bien transformable, a veces, incluso, físicamente, y siempre
económicamente. Se dice que es transformable, en este último sentido,
cuando aun sin sufrir ninguna alteración física asegura la obtención de
un servicio o de una renta futuros a cambio de un servicio inmediato.
Duradero o no, el bien de consumo es un bien no sólo inmediatamente
consumible, sino también inmediatamente consumido dentro del límite de
los servicios inmediatos que proporciona. Un bien de consumo duradero,
puesto en reserva, se convierte en capital, en un sentido amplio. Un
bien capital, en efecto, implica la existencia de un período de tiempo
inherente al proceso de producción de bienes físicos, al cual está a
veces asociado, o a un proceso de producción de bienes físicos, al cual
es indisociable.
Dentro de las riquezas del hombre está su cultura con la que el hombre
añade valor. Aquello que la persona aporta al realizar cualquier
actividad profesional añade mejoras, mayor aprecio y atención, que
redunda en un beneficio para cualquier otra persona, usuario y/o propia
organización según sus modos de pensar, creer y hacer cosas en el
sistema, basado en sus valores, creencias, principios de actuación que
sustentan la cultura de la organización. Describen el modo en que nos
proponemos a operar día a día teniendo como referencia clara en lo que
creemos, no lo que cree la organización.
El hombre necesita de sus propias energías físicas y mentales para
utilizar sus riquezas, matizada por muchos otros factores que aparecen
en la imagen, pero sobre todo mediante su actividad, su acción, sus
relaciones sociales y/o de producción.
Según los economistas de la teoría marxista en alguna enunciación a la
teoría valor-trabajo, que los seres humanos son generadores de valor o
riqueza. Lo que no se había conocido hasta después de la época de los 90
que las personas podían invertir en sí mismas y que cuan grande puede
ser este generador de capital.
Cuando convertimos a los seres humanos en riquezas estamos aumentando la
vía de inversión, aunque muchos todavía piensan que haciendo esto el
hombre se convierte en sujeto de apropiación o componente material.
Todo esto ha derivado un nuevo concepto de riqueza. Ya no es suficiente
la obtención de utilidades (patrimonialismo), la sola productividad
(eficacia) o la competitividad (diferenciación), sino que es imperativo
la generación de valor. Hay, más que nunca, la problemática del valor
condiciona la riqueza misma. Ya no se entiende valor desde una sola
perspectiva sino que implica la interacción de diferentes intereses .
La socialización de conocimientos, debería ser una característica de la
revolución actual de la Informática y las Comunicaciones en el mundo, y
que aplicado en la empresa llevaría efectivamente a nuevos principios y
métodos de dirección revolucionarios, pero se sabe que no es así. En
nuestra sociedad, es un camino imprescindible a recorrer. De ello habló
Marx, o mejor intuyó todas las posibilidades, cuando denominó la
necesaria transmisión de habilidades y conocimientos de un trabajador a
otro.
Es necesario que el conocimiento tenga aplicación, se revierta en la
creatividad, innovación, iniciativas, acciones relacionadas con las
decisiones globales de la Organización, con el Comportamiento y Cambio
Organizacional, con la Información y la Comunicación; conocimiento no es
actuación automática, como comprensión no es actuación.
(Belamic Alhama R.2005) nos dice acerca del “ Capital Humano” que no
puede ser nunca sólo conocimientos o recursos intelectuales y la
valoración de éstos a precio de mercado, sería como simplificar la
personalidad del individuo a lo mensurable.
El Capital Humano constituye actualmente uno de los factores
determinantes para la obtención de valor agregado. Este valor se
potencia cuando el conocimiento se coloca en función del logro de los
objetivos de la organización. El Capital Humano depende en gran medida
de la capacidad de las organizaciones para desarrollar y aprovechar el
conocimiento.
“El conocimiento tiene un gran valor, porque los seres humanos crean a
partir de él, nuevas ideas, visiones e interpretaciones que aplican
directamente al uso de la información y la toma de decisiones”( Vendrell.
s/f)
La teoría del capital humano distingue dos formas posibles de formación:
La formación general, adquirida en el sistema educativo, formativo. Su
transferibilidad y su compra al trabajador explica el que esté
financiada por este último, ya que puede hacerla valer sobre el conjunto
de mercado de trabajo.
Por su parte, la firma no está, en modo alguno, impedida en sufragar los
costes de formación de un empresa dispuesta a mejorar la renumeración,
lo que podría incitar a abandonar la firma. Para evitar esto, la
financiación de la actividad toma la forma de una renumeración más
fiable (que su productividad marginal).
La formación específica: Adquirida en el seno de una unidad de
productividad o de servicio, permite desarrollar al trabajador de su
productividad dentro de la empresa, pero nada, o bien poco, fuera de
ésta. En este caso, la financiación se asegura al mismo tiempo por la
firma y por el trabajador. Durante el período de formación, el salario
recibido por el trabajador es inferior al que hubiera podido recibir
fuera de la empresa. Esta experiencia se valora por su contribución a la
formación específica, pero permanece superior a su productividad en
valor, libre de los costes económicos de la formación.
Los economistas se han dedicado a tratar de entender al capital, y
algunos de ellos se han acercado al notar el importante papel que al
respecto tienen las decisiones que toman sus sueños. Este carácter
“subjetivo” lo pone más cerca de un concepto de la psicología que de la
economía convencional. Lo importante, sin embargo, es reconocer su
carácter de “ahorro de tiempo” futuro.
La cultura y los conocimientos se acumulan, se filtran, se procesan, se
seleccionan, y cada generación anterior. El “paquete” heredado y
transmitido de una generación a la siguiente es el “capital humano”
(Blas, P. s/f)
Si cada generación tuviera que descubrir, comenzando en cero, todos los
conocimientos que le son útiles, nunca llegaría a ser más que un pequeño
grupo de simios lampiños. Los animales aprenden por el limitado
conocimiento que pueden empíricamente obtener durante su corta vida y lo
poco que es factible que aprenden de la emulación de la conducta
observada en otros miembros de su especie.
Esta dimensión desconocida del capital está apenas siendo integrada a la
teoría económica. Muchos instruyen que en la educación se encuentran una
“inversión” parecida a invertir en un buen negocio con demasiado linismo
tal vez, hay quienes creen que a mayor educación, mayor progreso y
bienestar, lo que aisladamente no es cierto.
La aplicación de la teoría económica a la estructura del capital humano
puede iluminar la discusión que en materia educativa debe hacerse. El
insigne Alfred Marshall, en sus Principios de Economía, enunció: “El
Capital más valioso de todos es el que se ha invertido en los seres
humanos”
La inversión en el individuo, meno animal del género humano, es la que
lo hace verdaderamente una persona. La diferencia de ingreso que
persigue el dueño de un animal y su uso, y el salario de un trabajador
que labora con las manos y simplemente aplica su “fuerza de trabajo” a
abrir una zanja, o mover sacos de azúcar en el puerto, no es muy grande,
si acaso existe. Lo que explica por qué un electricista con experiencia
gana más que uno sin ella, y lo que explica por qué un neurocirujano
gana mucho más que un bachiller industrial, o una secretaria, o un joven
mal educado, no es simplemente” la productividad marginal del trabajo (Schultz,
T.W 1960).
Lo que hace que la brecha de ingresos se haga más grande entre el que
simplemente hace “ trabajo”, y el que posee “ capital humano” y lo
combina con su trabajo, y por supuesto con el capital físico, es el
rendimiento del capital humano invertido”. Ahí es donde se encuentran
las justificaciones a “invertir” en educación y en experiencia.
Si los bienes relacionados con los conocimientos útiles son valiosos
para las personas, y si éstas dispuestas a prescindir de algo valioso
para obtenerlos o adquirirlos, sin duda el mercado genera que compiten
entre sí para obtener tales bienes, y en la medida en que haya muchas
otras compitiendo por ofrecerlos, en esa medida el sistema de
información será más eficiente, pues los precios contendrán los juicios
de valor- la información sobre la utilidad y escasez relativa alrededor
de las circunstancias que rodean a cada participante del proceso- demás
información y conocimientos útiles dispersos.
En todo caso, no es el hecho de si son bienes valiosos y deseables lo
que está en juicio, ni si la gente está dispuesta a pagar por ellos- a
invertir en el capital humano- sino el sistema para su asignación. No es
el valor económico del conocimiento útil lo que se disputa, sino la
forma en que la sociedad decide sobre este. A estas alturas del siglo
XXI y del avance de las ciencias sociales, hoy es fácil concluir que los
bienes económicos se asignen mejor en el sistema económico, y no en el
sistema político. Nadie niega que el sistema burocrático pueda
funcionar, lo que se ha demostrado es que no es tan eficaz tan
economizador- como lo es el mercado.
Fue Adam-Smith, hace ya más de 200 años, quien escribió: “ El gobernante
que intentase dirigir a los particulares en cuanto a la forma de emplear
sus capitales incluyendo la dimensión desconocida del capital humano con
el perdón del Sr. Smith, no sólo echaría sobre sí la responsabilidad más
innecesaria, sino que se arrogaría una autoridad que no es prudente
confiar ni siquiera a Consejo o Senado alguno; autoridad que en ningún
lugar sería tan peligrosa como en las manos de un hombre con la locura y
presunción bastante para imaginarse capaz de ejercerla.
El Capital Humano tiene similares alcances. Su extensión sobre una
comunidad es amplia, pues los conocimientos útiles son generados por
personas, son demandados por todas las personas, utilizados por todas
las personas, valoradas por todos, e igualmente transmitidos e
intercambiados. El Capital humano es la cultura, la civilización, los
conocimientos útiles que están en un flux permanente, siendo canalizados
por todos en búsqueda de la prosperidad. La persona que posee capital
humano se ha convertido en un buen capital, pero no es capital en sí. No
obstante, lo que sucede en el mercado de capital humano afecta a todas
las personas, sin excepción.
Quien tiene el poder para intervenirlo, tiene poder sobre toda la gente
y su prosperidad, pero de forma más extensa, no hay hogar, familia, que
por muchas generaciones, no sea afectada por lo que ocurre en el mercado
del capital humano.
El conocimiento entendido como aquel trabajo complejo que se cristaliza
en un determinado producto tangible no tiene valor, ni tampoco precio,
como no lo tiene el trabajo. Por eso al hacer referencia a lo que hoy
denominamos economía del conocimiento, sería más exacto expresar que el
conocimiento crea valor y lo incorpora al producto, pero ese
conocimiento, en si mismo no tiene valor. La discusión por consiguiente
se concentra cuando el producto que se vende es conocimiento.
Resulta que en el momento de negociar conocimientos, la producción que
se vende como mercancía es el conocimiento, aquí el conocimiento aparece
como producto final (patentes), De esta forma, la venta del
producto-conocimiento, es una mercancía y ese producto tiene un valor y
también un precio que es resultado del trabajo complejo. Estudiar el
estado del arte a partir de la evolución de las principales escuelas de
pensamiento económico nos ha permitido analizar a través de los
principales acontecimientos ocurridos en los diferentes períodos
enmarcados, el desarrollo de la teoría valor- trabajo, obteniéndose
resultados que aportan un nivel de desarrollo desde el punto de vista
conceptual, docente y metodológico en la ciencias económicas a tener en
cuenta y sintetizar e inducir y deducir criterios de prestigiosos
especialistas siendo presentados de forma lógica y coherente a través
del recorrido por la historia.
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