Capacitar en comportamientos no violentos

Autor: Lic. María Carmen Buelga Otero

Formación y capacitación

04-11-2009

No hay que temerle a la palabra violencia, sino a las acciones que se derivan de ella.

Las organizaciones constituyen formas de agrupación humana imprescindibles para alcanzar los objetivos personales y la satisfacción de las necesidades más vitales de las personas. Estas organizaciones están compuestas por individuos con una gran diversidad cultural, social, familiar, educacional y económica.

Cabe señalar que las diferencias que aporta esta diversidad, los singularizan, pero al mismo tiempo generan situaciones de prejuicio y temor, ocasionando ambientes de violencia social, familiar y laboral.

En el ámbito laboral, entendemos que las empresas son las organizaciones que constituyen uno de los núcleos de desarrollo de la persona y de la sociedad, al mismo tiempo que están insertas en los acontecimientos de la época.

Finalizando la primera década del Siglo XXI, la misma nos depara, empresas atravesadas por crisis financieras, con grandes cambios culturales, sociales, tecnológicos y económicos que exigen a sus integrantes nuevos conocimientos, competencias y habilidades para su permanencia o empleabilidad. Situación que influye en los estados emocionales y los comportamientos de muchos trabajadores, afectando las relaciones humanas dentro de la organización.

Podemos decir que las relaciones interpersonales y más en los ámbitos de trabajo, siempre estuvieron atravesadas por los conflictos. Conflictos que muchas veces llegaron a la violencia, lo que llevo a alertar sobre este fenómeno en libros y artículos e incluso en muchos países a la promulgación de leyes sancionando las diferentes formas, sean físicas o psicológicas, de ejercer violencia sobre una/o o muchas/os trabajadoras/es.

La violencia es una problemática multidimensional y se la puede detectar en todos los sectores sociales y laborales. Por ello, debe ser una preocupación, no sólo de la sociedad, sino de las organizaciones que se ven afectadas por los comportamientos violentos, yendo en detrimento de la cultura y los valores empresariales.

Nuestra intención de llevar a las organizaciones la propuesta de realizar capacitaciones para generar comportamientos no violentos, se basa en estudios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) donde advierte, en primer lugar, sobre los costos económicos que en muchos casos pueden causar pérdidas millonarias a la empresa, debido al ausentismo y las licencias médicas, a las que hay que sumar el desprestigio empresarial por permitir prácticas de esta naturaleza.

La literatura organizacional se centró en los análisis de los comportamientos que afectaban el ámbito de trabajo, como ausentismo, robo y acoso sexual.

Pero en la década del 90, del siglo pasado, se empezó a observar y analizar los comportamientos personales que ocasionaban abusos de índole psicológica con efectos nocivos para las organizaciones. Debemos decir, que las organizaciones no consideraban estos comportamientos abusivos como violentos, simplemente se las definía como trasgresiones a las reglas de urbanidad, las que consistían en no cumplir con las normas formales o informales del respeto mutuo. Ejemplos: Empleados o jefes que ante sus propios errores deslindaban responsabilidades culpando a otro u otros compañeros o diseminando rumores negativos sobre otros colaboradores o la misma compañía. También, el gerente que le exigen a un colaborador realizar tareas por encima de su responsabilidad o del puesto que ocupa; realizar favoritismo o abusar de su poder para atemorizar y en algunos casos apropiarse del trabajo de otro.

Es importante señalar que la evidencia empírica dice que el 60 por ciento de los que se comportan de esta manera son los que disponen de poder en la organización. Tanto es así que el poder actúa a modo de barrera protectora para jefes que hacen abuso del mismo.

Podemos decir, ante el crecimiento de ésta clase de conductas, las empresas, mayoritariamente construyen diversas excusas; que la globalización y el incremento de las interacciones mediadas por el desarrollo tecnológico, provee un intercambio a alta velocidad debido a herramientas como el e-mail o el celular, generando nuevos modos de contacto donde el intercambio y la simplificación de la palabra, no requieren de las normas llamadas de cortesía.

Observamos que las empresas se están volviendo más informales en sus estructuras, se están aplanando. Esta situación genera un clima informal, sumado a un ambiente social mucho más relajado, podríamos considerar que esta situación es un factor a promover conductas menos respetuosas.

Desde el conocimientos de esta problemática, al establecer relaciones interpersonales en el lugar de trabajo, sin aceptar y respectar la diversidad y los derechos del compañero/a o colaborador/a, estamos ante comportamientos violentos. Siendo estos dañinos para el personal al no sentir satisfacción laboral, ocasionando una pérdida de lealtad y compromiso, y, para la organización es un problema dado que ve alterados y erosionados los postulados de sus valores.

Veamos el término violencia y cual es su significado. En el diccionarios de la Real Academia Española leemos:

v Cualidad de violento; acción y efecto de violentar o violentarse.
v Acción violenta o contra el natural modo de proceder.
v Acción de violar a una mujer.

Nos parece de interés agregar que la especificación connotativa del diccionario Webster`s del Nuevo Mundo, expresa que violencia es:

v Fuerza física usada para dañar, lastimar o destruir, acción extremadamente ruda.

v Fuerza o energía poderosa, intensa, generalmente devastadora o explosiva.

En estas definiciones se hace referencia a las marcas, secuelas o daño físico o psicológico que deja la violencia. Es importante para una mayor comprensión separar la palabra violencia del término agresividad el que muchas veces se confunde. La agresividad es una tendencia natural (el ser humano como el animal por naturaleza son agresivos) y la misma sirve para la autodefensa y la supervivencia.

En cambio la violencia es esencialmente humana y depende de pautas sociales y culturales, está ligada al poder, ampara absurdas justificaciones para su ejercicio, como es proteger, disciplinar, educar, dando entidad al comportamiento violento como un hecho natural.

Claro que nada justifica un comportamiento violento, por ello, debe ser erradicado de todos los ámbitos y en especial de las empresas.

Si las empresas invierten en capacitar a sus colaboradores para que adquieran mayores conocimientos, desarrollen sus habilidades para ser más eficientes y eficaces en sus puestos de trabajo, también deberían hacerlo en la erradicación de comportamientos violentos.

La propuesta que realizamos es partir del análisis y la reflexión de los integrantes de la empresa. La misma se hace en forma transversal, diagnosticando en forma participativa, consensuando cuales son, a que llamamos comportamientos violentos y si estos están naturalizados e invisibilizados en la organización.

No podemos negar que más allá del tamaño de la organización o su condición de nacional, multinacional o global las empresas está atravesadas por comportamientos violentos de muchos de sus empleados y lo que es más grave, gerentes y directivos también tienen este tipo de actitudes.

Hay en toda empresa una responsabilidad primaria hacia sus trabajadores. Nadie puede imaginar que no se cumpla con las Leyes Laborales del lugar donde realiza sus actividades, pero no son pocas las que naturalizan comportamientos violentos y que a su vez generan modelos organizacionales que se repiten a lo largo de la vida empresarial.

La empresa al asumir la necesidad de capacitar en “comportamientos no violentos” contribuye a construir relaciones interpersonales positivas. A desarrollar habilidades sustanciales en la mayoría de los integrantes, construyendo equidad entre diferentes puntos de vista y aportando desde la comunicación, fundamentos conducentes a la creación de soluciones consensuadas.

La capacitación nos lleva a reflexionar sobre cada uno de nosotros y de los otros, como de nuestra sociedad, la que está estructurada bajo una actitud fuertemente negativa. Esto ocasiona que dediquemos más tiempo a las críticas negativas que a apreciaciones positivas. Vivimos tan acostumbrados a que nos marquen las cosas negativas, como a señalarlas en los otros, por ello, descreemos si alguien dice algo positivo.

Ahora, cuando participamos en una jornada de capacitación para la erradicación de la violencia, empezamos a reflexionar sobre la fuerza de las palabras, los gestos y las actitudes personales en nuestras relaciones laborales y su vinculación con los comportamientos violentos.

Al formarse los integrantes en técnicas instrumentales, permite el entendimiento de relaciones laborales sin violencia y ayuda en el manejo positivo con la organización. Aporta información para instruir en comportamientos sin violencia y así logramos producir modificaciones que optimizan las relaciones interpersonales y fortalecen el aspecto socio-organizacional.

Para concluir, los conflictos son parte de la cotidianeidad del trabajo, pero no los comportamientos violentos, por ello deben ser erradicados de la empresa.

Lic. María Carmen Buelga Otero

Capacitadora – Personal Management.

buelgaoteroarrobaarnet.com.ar

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