Escuela de padres: ¿moda o necesidad?

Autor: Balbina García

Otros conceptos de RR.HH.

30-07-2008

Las Escuelas de Padres están orientadas a ayudarnos a que podamos transmitir a nuestros hijos aquellos valores propios y conocimientos necesarios sin perder de vista el respeto a nuestros hijos como individuos, en este artículo se verá la forma de actuar y asumir nuestras responsabilidades con ellos ya que existen pautas que cualquiera que deba relacionarse con niños y adolescentes debería conocer con el fin de no cometer errores graves.

“Es un hecho que las personas de éxito son aquellas que poseen, además de valores y conocimientos, una gran capacidad para entender sus sentimientos”.

Una cosa es cierta: cuando somos jóvenes, nunca nos planteamos el hecho de ser padres. Pensamos en nuestra carrera profesional y cómo nos desarrollaremos en el futuro en términos de salario, nivel interno, coche de empresa, plaza de parking y, cómo no, el título que aparecerá en nuestra tarjeta de visita.

¡Seremos los mejores! Aprendemos a planificar, organizar, gestionar recursos -humanos y materiales- y a ser políticamente correctos en nuestra organización y, desde luego, un par de idiomas mejor que sólo uno.

Sin embargo, tarde o temprano, nos planteamos la idea de formar una familia, con toda la mutiplicidad de modelos que hoy en día la sociedad nos permite. Si optamos por afrontar el reto, nada de lo que aprendimos en nuestro desarrollo profesional y que, supuestamente nos madura, es válido. Los hijos llegan y no tienen manual de uso y, sobre todo, la garantía no nos permite devolverlos a fábrica.

Los hijos son un regalo en nuestras vidas, pero un regalo que implica una gran responsabilidad. Aunque nacemos con nuestro propio carácter, lo cierto es que, el entorno familiar y la forma de educar, marca muchos aspectos de nuestra conducta.

Y, más allá de la conducta social, también es cierto que, las habilidades y competencias que adquirimos cuando somos niños nos pueden ayudar en todos los entornos futuros en los que nos moveremos, sean éstos la escuela, la universidad, la empresa o la familia.

Hasta el momento, nos hemos centrado en proporcionar a nuestros hijos ‘dos paquetes para que lleven en su mochila de viaje’: los valores que constituyen nuestra propia forma de entender la vida y los conocimientos que le ayudarán a moverse en la sociedad en el futuro.

Ahora bien, hay otro paquete que, hasta hace muy poco, no le hemos dado importancia: los sentimientos. Está demostrado que tener una inteligencia emocional desarrollada es necesario. Es un hecho que las personas de éxito son aquellas que poseen, además de valores y conocimientos, una gran capacidad para entender sus sentimientos y el de los demás. Son personas que poseen una desarrollada inteligencia emocional. Y, lo más curioso del asunto es que, no es hasta la edad adulta cuando nos encontramos con la necesidad de controlar esos sentimientos.

Obviamente, debemos empezar a enseñar a nuestros hijos –y quizás aprender con anterioridad nosotros mismos- unas pautas de comportamiento que, por un lado, fortalezcan la autoestima –esencial en el desarrollo emocional del individuo- y, por otro, desarrollen la capacidad de relacionarse, como animales sociales que somos.

Además, cada día aparecen conductas sociales de los más jóvenes que son ciertamente preocupantes: agresividad verbal, drogas, sexo descontrolado y en edades muy tempranas, violencia gratuita, bulling, etc. Esto demuestra que algo hacemos mal. Estas desviaciones conductuales no deben esperar a ser modificadas una vez que surgen sino que, simplemente, deben ser prevenidas. Debemos actuar desde muy temprano para evitarlas.

Con estos dos objetivos presentes, se inician las llamadas Escuelas de Padres. Están orientadas a ayudarnos a que podamos transmitir a nuestros hijos aquellos valores propios y conocimientos necesarios sin perder de vista el respeto a nuestros hijos como individuos, desarrollando conductas que refuercen su inteligencia emocional. En definitiva, preparándoles mejor a su desarrollo personal fuera del protegido entorno familiar.

Existen varias corrientes de psicología infantil, múltiples libros, revistas, artículos y material de consulta. Pero la información es tanta y, a veces contradictoria, que nos encontramos perdidos y acabamos usando el sentido común que, en la mayoría de las veces, resulta acertado aunque desconcertante. Y, además, la falta de tiempo ocasionada por los compromisos profesionales y sociales no ayuda en esta labor de averiguar cómo debemos actuar ante rabietas, peticiones desproporcionadas, no comer, no ir a dormir, no querer ir a la escuela, etc. Comportamientos que deben ser corregidos en su momento.

Las Escuelas de Padres nos ayudan en este aprendizaje guiado entre tanta información. Nos proporcionan pautas simples en las que el sentido común siempre está presente pero sin desconcertar a quien lo aplica. Cualquiera que deba relacionarse con niños y adolescentes debería conocer estas pautas con el fin de no cometer errores graves. Porque errores vamos a cometerlos y eso es lo primero que tendremos que asumir: nuestra propia capacidad de pedir disculpas a nuestros hijos cuando nos equivoquemos para que ellos vean que, realmente, equivocarse es humano.

Balbina García

Licenciada en Ciencias Políticas y Sociología con un Master en Organización y Planificación de Recursos Humanos. Actualmente es Directora del Master de Recursos Humanos y profesora de los seminarios de Fiscalidad y Jurídica en IDE-CESEM Escuela de Negocios.

comunicacionarrobaide-cesem.com

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