El espíritu del hombre es el sostén de su alma: ¿Cómo podría recibir ayuda de lo externo?.
Uno mismo comete el mal y es uno mismo quien sufre las consecuencias;
un o mismo es quien deja de llevarlo acabo, y así es uno mismo el que se
purifica. Lo puro y lo impuro procede de uno mismo: nadie puede
purificar a otro.
Dhammpada
Se ha escrito en abundancia con respecto al afecto en el desarrollo de la personalidad, más cuando ya hemos alcanzado una edad adulta, cuando se dio inicio a la interrelación con la pareja seleccionada, a la formación del hogar, a nuestras relaciones y comportamiento en el hogar y es por eso, que la literatura psicológica analiza especialmente nuestro alimento, aprendizaje de las cargas afectivas que nos brindaron los miembros de nuestro hogar familiar , en nuestra infancia y en aquel entorno donde nos desenvolvimos.
Por supuesto, no nos debe extrañar, que si se brindó, dio poco afecto cuando más se necesitaba, si no se supo administrar, las consecuencias son negativas en la edad adulta, dándole paso a secuelas que deterioran la personalidad y la estabilidad emocional en pro de lograr la tan anhelada felicidad y que de no haberse tomado las medidas correctivas se pueden proyectar modelos negativos, manteniendo la misma cadena en nuestros herederos. Todo lo contrario, si se proporciono adecuadamente, sin originar dependencia, es decir, no tan excesivamente, los resultados son menos dañinos.
Invitamos al lector a que se detenga un momento y evalúe, en este aquí y ahora por ejemplo, ¿Cuál es su comportamiento con respecto al amor?¿ De qué manera alimenta afectuosamente a sus hijos, pareja, sin originarle dependencia? ¿Siente necesidad de afecto? ¿Se siente solo?¿Es su pareja lo más importante?¿ ¿Considera que ha caído en vacíos existenciales?
¿ Se ha sorprendido en la manera de cómo brinda su afecto
a las personas que selecciona y forman parte de su vida?
¿Cómo ha reaccionado ante la pérdida de un gran amor? ¿Cómo lo haría
ante una posible pérdida afectiva?. Entre otras…
Lucía Sutil (1993), no comenta, sobre la importancia de este tópico,
lo relevante, importante que ha sido para nosotros nuestra infancia,
dado que dependiendo del cuidado de esta nos comportamos, nos indica,
que el hambre de apego conlleva ese sentimiento que nos conduce a pensar
en esa relación- por ejemplo- es una cuestión de vida o muerte. Un
pensamiento no demasiado sorprendente, ya que en su primer momento de
nuestra infancia necesitábamos a otra persona que cuidara de nosotros,
porque si no sucedía así, moriríamos. Esto se halla escrito en lo más
profundo de nuestras neuronas.
Ahora ya estamos equipados a todos los niveles para ser autosuficientes.
Podemos autosastifacer nuestras necesidades básicas: comida, bebida, sexo, abrigo, etc., pero la pérdida- o simplemente la creencia de que vamos a perder- a alguien a quien nos encontrábamos atados sentimentalmente, puede ponernos en contacto con la médula de nuestros miedos de antaño, los cuales nos dicen que nuestra vida misma esta siendo amenazada ¿ Le ha sucedido esto? ¿Esta preparado para enfrentarlo?
Sutil agrega, que existe evidencia experimental en el llamado afecto de hospitalismo que se produce en niños que han sido separados de sus padres- muy común en nuestro entorno- y que se alojan en instituciones impersonales en las cuales no hay caricias, ni contactos físicos amorosos. Después de llorar y gritar inicialmente, los niños caen en un estado de desesperación y de abandono que, al cabo de un cierto tiempo, se transforma en una pérdida progresiva de sus sensaciones corporales, hasta un punto final que puede ser la muerte.
Así, señala Sutil, hemos aprendido que hay una necesidad tan básica para la supervivencia de un niño como puedan serlos los cuidados físicos: la necesidad de una cercanía afectiva, de hallarse en contacto piel con piel. Dependiendo de cómo se cubra esta necesidad básica para el niño, nosotros experimentamos un distinto grado de confianza en nuestra habilidad si perderemos la conexión con esa persona cercana tan importante. Desde luego, no necesitamos padecer de una ausencia de caricias tan traumática y tan severa como la que sufren los niños en los hospitales para experimentar el sentimiento de que nuestra vida depende de una relación. Sin embargo, uno debe estar atento cómo estos hechos nos han afectado en nuestra personalidad, por vacíos de afectos.
Se señala también, estar atento, cómo estos hechos ha afectado nuestra personalidad. Para ello, hay que estar vigilante con respecto a la realidad presente de nuestros sentimientos, emociones y más si estos vienen débiles por nuestra necesidad, ausencia de afecto desde la infancia.
No se deprima, ni se deje atrapar por la soledad, por no sentirse amado, afectado en su personalidad, tome en cuenta, que las circuntancias no pueden ser muy especificas para que sintamos la necesidad de apegarnos al hecho humano universal de necesitar todo aquello que deteriore muestra personalidad y no nos permita ser feliz.
Leo Buscaglia nos dice: No sientas que se te exige pasar todas y cada una de tus horas de vigilia en compañía de tus seres amados. Hazte a un lado de vez en cuando y también déjales un espacio separado. No tengas miedo de dar, jamás podrías dar demasiado, si lo haces de buena gana: No se asfixien mutuamente. Nadie puede crecer a las sombras….