Adicción a la preocupación como superarla

Autor: Ana Varik

Motivación e incentivación

13-04-2010

Carol Había iniciado terapia conmigo, porque ella se sentía deprimida. Estuvo enferma, con síndrome de fatiga crónica durante mucho tiempo y creía que su depresión se debía a esto. Durante su tratamiento, se dio cuenta de que su depresión, era provocada por su pensamiento negativo, Carol se sentía angustiada todo el tiempo. Lo que ella expresaba en sus conversaciones era sobre su preocupación constante, pensaba que algo malo le podía pasar.

Se preguntaba: “¿Qué pasa si no me siento bien?” “¿Qué pasa si mi marido se enferma?” “¿Y si me quedo sin dinero?” (Carol y su marido tenían un negocio muy exitoso y no había ningún indicio de que no seguiría siendo así). “¿Qué pasa si mi hijo se mete en las drogas?” “¿Qué pasa si mis hijos no ingresan en buenas universidades?” “¿Qué pasa si alguien irrumpe en mi casa?”.

Su preocupación no sólo le causaba depresión, sino que también contribuyó a su enfermedad, era la causa. Su pensamiento causó tanta tensión en su cuerpo, que su sistema inmunológico no podía mantenerla sana. Aunque Carol sabía que su preocupación era el motivo de su depresión y posiblemente el de su enfermedad, ella no podía detener ese sentimiento.

Era adicta a esto. Estaba en su inconsciente esa sensación de control, que la preocupación tenía sobre ella.

Yo entendía muy bien por lo que ella estaba pasando, porque tuve una familia que se preocupaba demasiado. Mi abuela, toda su vida tuvo ese sentimiento de preocupación. Ella vivió con nosotros en mi infancia y no recuerdo haberla visto nunca, sin esa mirada en su rostro. Lo mismo le ocurrió a mi madre, quien tenía la misma preocupación. Por supuesto, me recordaron a ella, quien también se había convertido en una persona angustiada.

Sin embargo, a diferencia de mi madre y de mi abuela, que se preocuparon a diario hasta el día en que dejaron este mundo, yo había decidido que no quería vivir de esa manera. Pero el tiempo me jugó una mala pasada, cuando un día mi esposo y yo nos dirigíamos a la playa, empecé a preocuparme por mi casa, que esta se incendiara y que mis hijos se murieran. Me sentía tan molesta por tener esa sensación, que tuvimos que dar la vuelta y regresar. Entonces supe que tenía que hacer algo al respecto.

Como había empezado a examinar las causas de la preocupación, entendí que las personas que pasan por lo mismo, creen que si mantienen ese sentimiento nada malo les ocurrirá. Mi madre vivió toda su vida preocupada y ninguna de las cosas malas que pensaba, pasaron. Ella llegó a la conclusión de que nada malo le sucedió, porque vivía preocupada. Creía realmente, que podía controlar las cosas con su preocupación. Mi padre, sin embargo, nunca se preocupó por las cosas, y nada malo le sucedió. Mi madre, sin embargo, pensaba que nada malo le sucedió a mi padre, a causa de su preocupación.

Ella creyó hasta el día de su muerte (quien murió por problemas cardiacos, que quizás fue ocasionado por ese sentimiento constante) que si dejaba de inquietarse, todo se vendría abajo. Mi padre actualmente tiene 92 años, y vive sin sentir angustia.

No es fácil dejar de sentirlo, cuando tú pasaste gran parte de la vida padeciendo esa angustia permanente. Para que mi mente dejara todo esto atrás, tenía que reconocer que la creencia de la preocupación, tenía el control sobre los resultados en mi vida, que no era una gran ilusión. Yo necesitaba ver, que no sólo ese sentimiento era una pérdida de tiempo, sino que podía tener graves consecuencias negativas en mi salud, en mi bienestar.

Una vez que lo comprendí, lo pude notar en mi estómago y en mis dientes, que los apretaba cada vez que tenía esa sensación.

Carol está en el proceso de aprendizaje. Ella sabe que su preocupación, la hace sentir muy ansiosa y deprimida, pero en el momento que ella aprende a transformar su energía, no se siente tan cansada como cuando sentía esa ansiedad. Cuando logra tranquilizarse puede proyectar hacia el futuro, haciéndola sentir mucho mejor. La clave para Carol es detener esa angustia, en aceptar que la preocupación no la debe controlar a ella.

Renunciar al control de ese sentimiento que nos daña, no es fácil, sobre todo para las personas que viven preocupadas. Sin embargo, hay una paradoja interesante en relación a la preocupación. He descubierto que cuando estoy en el presente, tengo una mejor oportunidad para tomar decisiones que me produzcan un gran bienestar, y tener la posibilidad de un futuro. La preocupación nos impide tomar el control de nuestras emociones obstaculizando el presente.

La preocupación en la práctica, termina quitándonos el control de nuestras vidas, pero debemos transformar este sentimiento.

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Ana Varik - dondexitosarrobagmail.com

Se especializo en coaching y motivación personal. Madrid. España.

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