Necesidad del currículo por competencias en educación

Autor: Ramón R. Abarca Fernández

Formación y capacitación

15-12-2010

Intenta superar el divorcio entre la realidad socio/profesional y la educación superior, mediante un currículum por competencias, que promueva una formación integral
Acentúa la necesidad de emplear, con precisión, los cuatro pilares fundamentales de la educación: aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir; centra el aprendizaje en el estudiante, diversificando sus posibilidades; reconociendo su práctica como recurso que consolida lo que sabe y aplica; aprendiendo a autodirigirse y organizar su aprendizaje en los diferentes contextos y culturas a fin de realizarse de manera activa/reflexiva.

La estructura curricular, conjunto organizado de módulos de formación, transversales y específicos, da lugar a la certificación de una o más opciones de Formación Profesional Integral; pues manifiesta las competencias establecidas en el perfil de la carrera, al integrar conceptos, habilidades y actitudes requeridos para aplicar efectivamente una unidad de competencias, desarrollando experiencias y tareas complejas propias del campo profesional.

La evaluación se funda en estándares que: describen el nivel de logro de competencia; incluyen criterios de actividades bien ejecutadas; son personales; configuran juicios de: competente o aún no competente; se ciñen al proceso que reconoce competencias adquiridas; orientan aprendizajes posteriores y sustentan la certificación de la competencia.

Necesidad del Currículo por competencias

El diseño de un currículum es la expresión de un deseo de cambiar y mejorar el mundo a través de la educación. Escudero, 1999

1. Hipótesis

Dado el divorcio existente entre la realidad socio/profesional y la educación superior, es posible que un currículum educativo, por competencias, propicie una formación integral.

2. Objetivo

Promover la formación integral del estudiante a través del currículo por competencias

3. Descripción del trabajo

3.1. Nociones previas

La “formación integral” es una expresión presente en todos los principios que rigen los proyectos educativos, las misiones y los propósitos de cualquier entidad educativa. La temática tiene actualidad dadas las circunstancias de los países, del mundo y de la educación.

“La formación integral implica una perspectiva de aprendizaje intencionada, tendiente al fortalecimiento de una persona responsable, ética, crítica, participativa, creativa, solidaria y con capacidad de reconocer e interactuar con su entorno para que construya su identidad cultural; busque promover el crecimiento humano a través de un proceso que supone una visión multidimensional de la persona, y tiende a desarrollar aspectos como la inteligencia emocional, intelectual, social, material, ética-valoral” [1] y pensamiento complejo.

La formación del estudiante universitario constituye el centro de atención y preocupación de las universidades. Este proceso incluye: la formación de conocimientos y habilidades que permitan al joven insertarse en el complejo mundo de la ciencia y la tecnología, y la formación de un profesional con proyectos de vida sustentados en valores y articulados con el proyecto social, que exprese solidaridad, justicia social y mejoramiento humano [2].

3.2. ¿Interpretación no precisa?

En los documentos de algunas entidades académicas aparece la expresión: “formación integral” como la nueva manera de preparación del estudiante para su ejercicio como ciudadano y profesional. En tales entidades, se adopta, institucionalmente, el concepto de «formación universitaria integral como principio orientador del proceso de formación». Pero, lo aplican? Interpretan con precisión y nitidez el planteamiento del Informe J. Delors: “aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir?

3.3. El enfoque académico por competencias

Es la forma revolucionaria de afrontar el proceso del aprendizaje universitario. Si estamos acostumbrados a pensar la formación universitaria en términos de listados de materias, cualquier idea que trastoque esa lógica, parece un “salto en el vacío” muy difícil de visualizar.

Ante una orientación basada en el conocimiento (concebido en abstracto, como un conjunto indeterminado de saberes disciplinares ubicados en un espacio “científico” generalmente borroso), las competencias constituyen una aproximación al ejercicio profesional (concebido como el conjunto de acciones o funciones a desarrollar por un buen profesional).

Como han señalado Tudela y otros (2004) “el concepto de competencia pone el acento en los resultados del aprendizaje, en lo que el estudiante es capaz de hacer al término del proceso educativo y en los procedimientos que le permitirán continuar aprendiendo de forma autónoma a lo largo de la vida” [3].

La formación basada en competencias constituye un amplio y extenso movimiento (competency-base education and training) que se proyecta sobre numerosos campos profesionales. Y como la formación profesional está muy ligada a la acreditación, el enfoque de las competencias se ha bifurcado en dos grandes ramas: la formación basada en competencias y la evaluación de las competencias poseídas (competency-testing movement) utilizada como requisito previo a la acreditación o como condición de acceso al ejercicio profesional [4]

3.3.1. Perfil de egreso

El perfil profesional, más demandado por las empresas actuales, se caracteriza por la elevada cualificación, pluralidad, multidisciplinariedad y la orientación a las personas con cualidades personales fundamentales como la responsabilidad, trabajo en equipo, iniciativa, adaptación a los cambios, dinamismo, afán de aprendizaje, flexibilidad, polivalencia, habilidades sociales, creatividad y capacidad de liderazgo [5]

El enfoque por competencias refuerza la orientación hacia la práctica o desempeño (performance) y lo hace tomando como punto de referencia el perfil profesional.

El perfil profesional desplaza, inevitablemente, el contenido como punto de referencia del aprendizaje o formación deseado, lo que tiene repercusiones importantes, pues el principal criterio para diseñar los planes es el conjunto de competencias que se pretende lograr, a partir de las cuales se decidirá la metodología de aprendizaje más adecuada para adquirirlas y la selección de los contenidos necesarios [6].

La relación entre perfiles profesionales y desenvolvimiento curricular basado en competencias, vincula los siguientes componentes:

a. Todos los pasos necesarios para realizar una tarea, desde el principio hasta el final;
b. El conocimiento técnico necesario para realizar esos pasos en forma exacta;
c. Informaciones matemáticas, contextuales o científicas para comprender y/o realizar las tareas;
d. Conocimiento de las normas de seguridad;
e. Uso de herramientas, maquinaria e instrumentos específicos; y
f. Actitudes específicas.

Las competencias sirven para definir el sentido y los contenidos de la formación de manera práctica y referida al ejercicio profesional [7].

Según Dell Hathaway Hymes (1927-2009) el desarrollo de la competencia es el conocimiento que se adecua a todo un sistema social y cultural que le exige utilizarlo apropiadamente. Vigotsky propone que el desarrollo cognitivo resulta del impacto que tiene la cultura sobre la persona en la realización de las funciones psicológicas. Por ello, la competencia puede entenderse como capacidad de realización, situada y afectada por y en el contexto social.

Descargar Original

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Ramón R. Abarca Fernández - rabarcafarrobaucsm.edu.pe

Profesor Emérito de la Universidad Católica de Santa María.

www.ucsm.edu.pe/rabarcaf

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