La vocación en la educación

Autor: Melania Noguera Carrillo

Formación y capacitación

03-12-2012

Ser profesor o profesora no es un acto de transmisión de conocimiento, implica más bien motivar a los y las estudiantes a aprender a aprender, acompañarlos en su proceso de aprendizaje para la vida, para una buena vida, y exhortarlos a ser partícipe de su propia formación. Este es el elemento fundamental de la vocación como valor imprescindible en los profesionales de la enseñanza.

La vocación debe ser el hilo conductor e ineludible de la acción docente, vocación es la fuente que impulsa a crear habilidades y actitudes para ser un mejor educador o educadora, de lo contrario el ejercicio docente chocará con las preferencias excluyentes como la posición social y económica, el prestigio, así como las desventajas del sistema socioeconómico prevaleciente (recursos limitados para educación), dando lugar a la frustración e insatisfacción docente.

La vocación son nuestros sueños, nuestras ilusiones, lo que nos inspira, lo que nos apasiona, es la expresión de nuestros valores. Por eso, los profesionales con verdadera vocación por la educación logran abrir caminos en la búsqueda de nuevos paradigmas educativos que brinden a la sociedad un cambio significativo que motive e induzca al placer de guiar y crear condiciones para el aprendizaje, y compartir estas experiencias para su retroalimentación y perfeccionamiento.

Por tanto, los y las docentes necesitamos reconquistar el placer del aprendizaje, recuperar esa chispa que nos mueve a descubrir, crear, inventar, pensar, compartir, investigar, gozar del hacer y del ser.

Muchos docentes en la actualidad han caído en el letargo del conformismo, han perdido el sentido de la innovación, la creatividad y el entusiasmo, lo que hace del aula un lugar aburrido, a veces hostil, quizás por la falta de reconocimiento a su labor y a la poca motivación como sujeto social.

Pero, ¿cómo lograr mantener esa vocación por la educación?

Responder esta interrogante conlleva al docente a formularse nuevos retos de lucha consigo mismo, a interiorizar que sin la disposición al cambio personal no habrá lugar a un trabajo de cooperación y solidaridad que genere nuevos aportes pedagógicos que contribuyan a mantener vivo el apasionamiento por la educación, tal como se manifiesta en el siguiente pensamiento:

"Esta Generación de conocimiento se construye sobre principio de colaboración, cooperación y solidaridad con el otro y la otra, no de competencia y depredación." (Gutiérrez, 2006, p, 34).

Educadores y educadoras por vocación son aquellos y aquellas que siembran para sí y para los demás. Aunque surge como una expresión especial de la educación rural, donde el docente junto con sus educandos siembran para cosechar, es una forma de expresar que el educador por vocación es capaz de transformarse y de motivar a transformar.

Referirme a la vocación, me hace encontrar sentido a las palabras de Gonzáles: “La información está, pues, directamente ligada a nuestros conceptos de mente y conciencia” (González, 200, p.208), en donde la conciencia es parte de la energía del docente, pues hace de la docencia una profesión enriquecedora y noble, ya que parte de la formación del futuro de los seres humanos está en sus manos, y es misión de él o de ella promover espacios para amar y respetar todo lo que está en su entorno.

Así como es parte de sus responsabilidades promover valores que induzcan a la vida en armonía (personal, familiar, comunitaria y con la naturaleza), para el logro de una coherencia coexistencial. De lo contrario, el rol fundamental del educador/educadora se limitará a jugar un papel alienante y enajenante, que pondrá en peligro la formación y el desarrollo social y convivencial de sus educandos.

Dada la visión errónea que la humanidad ha tenido del mundo, los procesos educativos se han visto influidos en la práctica con la transmisión del conocimiento de manera mecánica, careciendo de espacios dinámicos que conduzcan a la construcción del mismo de una forma creativa y limitando a los aprendices a escuchar sin participar, a imitar y no crear, cercenándoles el pensar y analizar.

Esquema que se reproduce en el ámbito laboral de la docencia, cuando aún subsisten profesionales, en carácter de jefes y autoridades, que limitan al docente en el logro y avance de su perfeccionamiento profesional, creando frustraciones que truncan su creatividad y entusiasmo como maestro o maestra.

Somos promotores y promotoras de la educación

A través de la historia, educadores y educadoras han jugado un papel importante en el desarrollo de la humanidad, aspecto positivo por un lado, pero negativo cuando la forma tradicional del aprendizaje se ha basado en la repetición.

Esta limitación formativa no ha permitido condiciones de desarrollo con igual eficacia entre los diferentes grupos sociales, imposibilitando un equilibrio entre las personas y su entorno, y promoviendo una lucha destructiva de la naturaleza.

Lo anterior se traduce en el principal desafío de las y los educadores: comenzar a generar espacios para aprender a compartir, a conversar, a pensar y trabajar en equipo, a propósito de ello, Assmann nos afirma que “los esfuerzos individuales aislados no crean aprendizajes colectivos”. (Assmann, 2002: 89).

Nos conviene crear nuevos modelos mentales que conlleven a ver un mundo de posibilidades donde podamos aprender de manera colectiva, lo que a su vez ayudará a integrar a la humanidad y su entorno como un todo.

Necesitamos una escuela diferente, que tome en cuenta que parte del aprendizaje es sentirse bien, promover autonomía, aprender para la vida y durante toda la vida sin evadir los cambios climáticos, economía, globalización y salud.

El hombre [la humanidad] ha buscado siempre la totalidad mental, física, social e individual”, afirma Bohm (Bohm, 2002, p.21).

Por tanto, cada docente debe empezar a luchar por su libertad, por su deseo de ser sujeto activo del cambio social, del fascinante viaje que implica la transformación de los individuos en seres sociales.

Nuevos paradigmas en la educación

La transformación de contenidos es un elemento innovador clave en el proceso de la educación, actualmente las metodologías, tecnologías y paradigmas nuevos demandan formas diferentes de organizar y demostrar los contenidos.

Por tanto, la reorganización de estos contenidos debe hacerse de modo distinto a lo tradicional, poniendo en práctica nuevas formas de participación que involucre a todos los actores del proceso educativo y conduzcan a un desarrollo social deseado.

Capra (1998) considera sumamente necesaria la integración física, psicológica y espiritual de los sujetos como elemento primordial para lograr un equilibrio entre ellos mismos, y éstos con su medio.

Al respecto es importante mencionar que parte de este plan es promover la buena alimentación para garantizar una buena salud física y fomentar las buenas relaciones de comunicación con los demás para el logro de una buena salud mental y espiritual. Estos son aspectos significativos que todo educador y toda educadora debe integrar en su quehacer docente como una nueva forma de aprendizaje, de manera se pueda contar con personas saludables para el progreso y beneficio de la humanidad.

A manera personal, mi pasión por la educación es lograr incidir en la formación con cambios, cambios que impliquen innovaciones educativas y nuevas formas de aprendizaje, más dinámicas y placenteras.

Necesitamos cambios educativos con la participación activa y creativa de todos y todas, donde se generen conocimientos que unan todas las partes fragmentadas del individuo y su entorno, así como lo menciona Bohm (2002): “…crear un movimiento que fluya para terminar con la fragmentación y partiendo de la experiencia para llegar al pensamiento lógico”.

¿Cómo mantener esa motivación, sin olvidar que el educador o educadora es también humano/a?

Quiero iniciar con un pensamiento de Arturo Guillaumin: “Hay que articular el intelecto, la pasión, las emociones, para acercarnos a nuestra verdadera naturaleza: la del homo-sapiens-demens” (Gutiérrez, 2006:61).

Sin embargo, no puedo dejar de reflexionar que pese a que cada maestro y maestra es una persona pensante con sentimientos, conocimientos, emociones, ilusiones y tristezas, se les ha negado su inclusión social autónoma acorde al entorno educativo en que se desenvuelven.

Por eso me voy a permitir retomar una aseveración que alude sobre la capacidad increíble que tiene el cerebro humano para crear mecanismos de resiliencia ante estas situaciones: “cuando el entorno cambia, el cerebro se modela respondiendo a estos cambios. Es imposible mermarlo: por el contrario, cuanto más se usa, más eficaz se vuelve (Capra, 1998: 158)”.

Por eso, la negatividad de las condiciones sociales básicas para vivir prevalecientes en los modelos económicos de América Latina, se vuelven un gran desafío para los educadores y educadoras para mantener esa motivación por la vocación docente. Situación que les obliga a trabajar y luchar arduamente para cambiar sus pensamientos, su percepción por la vida y la forma de aprender en contra de todo un sistema tradicional y resistente al cambio.

Su motivación será transformar el propio yo, abrirse al cambio, buscar la propia transformación personal y lograr ese salto de conciencia, manteniendo firme la fascinación por la educación, lograr ser la persona que vive y disfruta de lo que hace, pues cuando el hombre o mujer vive de hacer lo que le gusta es tan feliz que logra llegar a los demás.

El pintor Gordon Onslow Ford expresó una vez: “la mente es creativa por naturaleza, cuanto más se sondean las profundidades de la mente, más abundante es su creatividad” (Capra, 1992: 161).

Tal afirmación me hace comprender que aún habemos hombres y mujeres trabajando para lograr cambios que implican innovaciones educativas, más dinámicas y placenteras.

Para finalizar quiero expresar que la vocación por la docencia nos da el interés para la búsqueda de la respuesta a la pregunta que nos hace Assmann “¿Cómo se pueden valorar las vivencias profundas del placer de estar aprendiendo?” (Assmann, 2002: 89).

Referencias bibliográficas

  • Assmann (2002) Placer y Ternura en la Educación. Editorial NARCEAS. A. Madrid.
  • Capra (1998) El punto Crucial. Ciencia, Sociedad y Cultura naciente Editorial troquel S.A.
  • Gutiérrez, Francisco (2006). Doctorado en Educación con Énfasis en Mediación Pedagógica.
  • Bohm, David (2002). La Totalidad y el Orden Implicado. Editorial Kairós.
  • González De Alba, Luis (2002). El Burro de Sancho y El Gato de Shödinger. Editorial Paidó.

Melania Noguera Carrillo - melanianni@yahoo.com

Nicaragüense, Máster en Educación Rural y Desarrollo, Docente de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en la ciudad de León, como Especialista en la Enseñanza del Inglés como segunda lengua. Actualmente es estudiante de Doctorado en Educación con mención en Mediación Pedagógica.

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