La enseñanza de los valores en la escuela desde una perspectiva globalizadora

Autor: Luis Moreno Cruz

Formación y capacitación

22-11-2010

Actualmente nos podemos percatar de que nuestra sociedad está siendo impactada por la globalización y está sufriendo cambios en el aspecto económico, político, social, cultural, sin dejar de lado el aspecto educativo que en el presente ensayo es de vital importancia. La globalización es un concepto que pretende describir la realidad inmediata como una sociedad planetaria, más allá de fronteras, barreras arancelarias, diferencias étnicas, credos religiosos, ideologías políticas y condiciones socio-económicas o culturales. Surge como consecuencia de la internacionalización cada vez más acentuada de los procesos económicos, en los conflictos sociales, en los fenómenos político-culturales, y no puede quedarse atrás el papel de la escuela en relación a la enseñanza de los valores.

La globalización ofrece ventajas y desventajas, no todas las personas son beneficiadas o perjudicadas, simplemente este fenómeno puede impulsar o retener el desarrollo. Las condiciones están dadas, lo único que queda es el proceso de actualización constante, así pues, la escuela pública debe “adaptarse” al fenómeno de la globalización, es decir buscar las estrategias necesarias para adecuarse a las transformaciones sociales y culturales, por lo tanto, los facilitadores de cualquier institución educativa nos vemos obligados a cambiar, actualizarnos y mantenernos informados cada día más para desenvolvernos en un proceso educativo que se encuentra en cambios constantes.

Recordemos que la escuela tiene años reproduciendo una educación tradicional, pero hoy se topa con juicios que cuestionan su proceder, con nuevas corrientes pedagógicas que tratan de hacerla más democrática, insertando cambios y avances tecnológicos que día a día se van incorporando a la práctica docente, en fin, se enfrenta con una lista interminable de nuevos factores.

La forma de enseñar de los profesores debe estar apegada a las exigencias reales de la sociedad, de integrar en sus planeaciones los elementos que le permitan actualizar el conocimiento de acuerdo al contexto en el que se encuentren para dar más atractivo a sus clases, que generen más interés, y sobre todo que intente hacer de la educación convencional una educación sistémica, recordemos que todo proceso educativo busca que el alumno desarrolle su personalidad libremente, por tal motivo se empeña en la transmisión de conocimientos, valores, actitudes y aptitudes que contribuyan a la transformación de cada individuo a ser cada vez mejor, en nuestro medio pocos dudarán que los valores constituyen una de las metas fundamentales de la enseñanza escolar.

La globalización es un hecho sin precedentes, en un corto tiempo las naciones se verán obligadas a elegir entre dos alternativas, es decir, o nos adaptamos a las nuevas realidades y determinaciones que dicten las naciones poderosas o nos atrevemos a inventar un nuevo mundo, más justo o por lo menos equitativo, por lo tanto la educación jugará un papel fundamental en este esfuerzo, en esa búsqueda por encaminar el entendimiento entre los hombres preservar los recursos naturales, definir la orientación de las riquezas, la ciencia y la investigación tecnológica, de no ser así corremos el riesgo de acelerar y no mejorar los actuales procesos de degradación de la naturaleza humana y del planeta.

No es nada sencillo, este futuro mas que otra cosa requiere de imaginación, disposición para reinventar sobre un mundo que ha abusado de la mentira y la desigualdad, de no ser así será muy difícil sostener la estabilidad de los pueblos y de los ecosistemas, no debemos olvidar que el futuro de la tecnología por igual contempla mejores recursos para la manipulación y destrucción masiva, justamente de aquí es de donde parte mi posición, deque si no logramos establecer una base de convivencia, respeto y derecho a la educación dudo mucho que se concrete ese mundo idealizado y funcionalista a la que aspiramos.

Una de las mayores urgencias de nuestra sociedad es la formación ética de niños y jóvenes, la renovación moral de aquellos que van a ser los protagonistas y los responsables de la andadura de la humanidad y los destinos del mundo en el siglo XXI.

Ahora bien, la transmisión de los valores ya no puede hacerse, como antaño, por vía informativa, apoyada en el criterio de autoridad del educador. Actualmente los jóvenes sólo aceptan aquello que ellos mismos descubren y comprueban. Cualquier enseñanza que no les llegue mediante una pedagogía de la experiencia la sienten como un atentado a su libertad y, por consiguiente, la rechazan de inmediato.

El camino de la educación ética de niños y jóvenes no es, pues, “enseñarles” valores ni mostrarles las normas morales que precisan para alcanzar su madurez humana. Los educadores debemos ser guías para ayudarles a que ellos mismos descubran en qué consiste una vida fecunda y valiosa y cuáles son las leyes de su desarrollo como personas; que sean capaces de discernir qué actitudes los van a orientar hacia su plenitud y cuáles, por el contrario, los acabarán agostando.

Para una tarea de tal envergadura y responsabilidad, debemos, ante todo, determinar con precisión qué es lo fundamental para alcanzar el pleno desarrollo de la persona humana y qué aspectos hay que tratar a fondo para educar de forma sólida y a lo largo del proceso educativo.

Ahora comprendemos la gran importancia pedagógica de cultivar en niños y jóvenes la enseñanza de valores para tener una mejor sociedad ante los retos que plantea la globalización. Hay que ejercitar con los niños y jóvenes el saber en cada momento en qué nivel se están moviendo y percibir los distintos modos de realidad que integra cada acción humana. Esto les dará luz para comprender el valor y rango de sus acciones y les supondrá un extraordinario enriquecimiento de su personalidad.

Los valores no hacen referencia sólo a cualidades de preferibilidad, bondad, atractivo, sino a esas ideas que marcan al hombre una orientación fecunda para su vida. Todo lo que contribuye a realizar la vocación del hombre y cumplir su misión en la vida encierra un valor. Vistos así, los valores son fuentes de posibilidades para actuar con pleno sentido.

Cuando un hombre asume los valores y los realiza en su vida, los convierte en virtudes. Éstas son, pues, los valores asumidos por nosotros, y suponen una forma de conducta que capacita para fundar verdaderas relaciones de encuentro. Lo contrario son los vicios, que dificultan o imposibilitan la creación de encuentros. De ahí que el ser humano, para desarrollarse como tal y llegar a ser persona en plenitud, debe ejercitar las virtudes y evitar los vicios.

Al fundar relaciones de encuentro, experimentamos los frutos de éste: nos da energía, alegría, entusiasmo, felicidad, paz y amparo. Con ello, nuestra existencia humana se colma de sentido y descubrimos que crear encuentros –modos elevados de unidad- constituye el valor supremo, es decir el ideal de la vida, el que inspira e ilumina todos los demás y los sostiene como una clave de bóveda.

El ideal de nuestra vida no es una mera idea; es una idea motriz, que nos impulsa a vivir con intensidad. Encarna el valor más alto que deseamos lograr, el que ensambla a todos los demás, los ordena y les da sentido. Por eso, dinamiza nuestra actividad. Los valores apelan al hombre, piden ser realizados, siempre con vistas al ideal auténtico, el que se ajusta al ser del hombre, que es el ideal de la unidad.

El niño tiene en sí mismo la capacidad de pensar, y a nosotros nos corresponde enseñarle a “pensar bien”, ayudarle a ajustar su mente a cada tipo de realidades y acontecimientos. Orientarle para que aprenda a distinguir, con tanto rigor como naturalidad, 1) unas realidades de otras -objetos o ámbitos-, 2) el distinto rango de los planos de realidad correspondientes a los meros objetos y a los ámbitos, 3) las actitudes adecuadas a cada modo de realidad; 4) las diferentes formas de unión que puede crear con los objetos –unión de mera vecindad física- y con los ámbitos –unión de entreveramiento propia de las experiencias reversibles-. Con ello aprende a reflexionar, a no quedarse en la primera impresión u opinión y mirar las realidades en su mutua vinculación.

Mediante la reflexión descubre los procesos básicos del desarrollo humano y conoce qué actitudes lo agostan como persona y cuáles, por el contrario, lo llevan a plenitud. Este descubrimiento le facilita elementos de juicio suficientes para elaborar sus propios juicios de forma coherente y bien fundamentada antes de formarse una opinión, adoptar una actitud y tomar una decisión. Esto significa que, de forma totalmente natural y espontánea, aprende a jerarquizar los valores con la fuerza que le brinda el ideal que le mueve y le atrae.

No es necesario que una obra contenga valores o criterios morales para que sea éticamente provechosa para el educando, siempre que sea de calidad y él haya aprendido a interpretarla: los alumnos “entran” en la historia y la piensan, la reviven enfatizando con los personajes, entienden su lógica interna, buscan alternativas, y esa experiencia de vida les da luz para comprender su propia realidad. Si enseñamos a los niños y jóvenes a leer la honda vida humana que encierran las obras, les enseñamos al mismo tiempo a interpretar la vida en general, y, por consiguiente, a reflexionar sobre sus propio conflictos vivenciales.

Cada acción será una nueva experiencia de vida, una nueva exigencia de interpretación y elaboración de juicios de valor. De este modo, el “método lúdico-ambital” de análisis que propone la Escuela de Pensamiento y Creatividad no queda limitado a una actividad que solamente pueda realizarse en una etapa concreta; se convierte en un valioso recurso pedagógico para todos los niveles de la escolarización.

Por lo tanto y para concluir con este ensayo considero que hoy más que nunca reside en la acción y en la participación de todas las personas a través de las cuales podremos equilibrar el desarrollo de nuestro mundo, y en ese nuevo contexto la educación continuará jugando un papel fundamental, ya que recaerá en nuestra disciplina el compromiso de preservar y transmitir los valores más significativos de la experiencia humana, mismos que permitan el desarrollo de seres humanos consientes de su pasado histórico y a su vez comprometidos con los cambios y necesidades del futuro en la globalización.

Referencias

1.- Alfonso López Quintás, Inteligencia creativa. El descubrimiento personal de los valores, BAC, Madrid, 1999.

2.-Cómo formarse en ética a través de la literatura, Rialp, Madrid, 1994.

3.- Para el tema del amor personal, véase A. López Quintás, El amor humano. Su sentido y su alcance. Edibesa, Madrid, 1992.

4.-Reyes Hernández Oscar, globalización y educación, primera revista electrónica en América latina, razón y palabra, julio 1999.

5.-Sep, libro para el maestro Formación Cívica y Ética, 2006.

Luis Moreno Cruz - chivas_1973arrobalive.com

Docente de educación telesecundaria.

Maestrante en Pedagogía. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México.

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