La educación en valores desde el pensamiento social contemporáneo Cubano

Autor: Niriam Ana Peña Valdés, Lídice Álvarez Pérez y Maité González Cruz

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07-03-2011

Introducción

Los valores son una parte importante de la vida espiritual e ideológica de la sociedad y del mundo interno de los individuos, los mismos son una producción de la conciencia (social e individual) y existen en unidad y diferencia con los antivalores.

La mayor parte de los hombres cree que sabiduría y virtud son dos cosas distintas, que el saber no posee ningún poder directivo sobre el hombre y que el hombre, aun cuando sabe lo que es el bien, puede verse subyugado por el placer y alejarse de la virtud…”. “Quien verdaderamente sabe, fórmula bien sus cálculos, escoge en cada caso el goce mayor, aquel que no pueda ocasionarle ni dolor ni daño; y sólo es tal el goce de la virtud.

Para cualquier esfuerzo encaminado a la educación en valores es necesario tener un conocimiento teórico determinado que posibilite la comprensión de la complejidad del fenómeno y de esta forma orientarse en cómo debemos accionar para lograr los resultados esperados, teniendo siempre en cuenta que es una tarea de toda la vida.

Desarrollo

Como parte esencial de la estructura de la personalidad del individuo se encuentran un sistema de valores políticos, jurídicos, estéticos, filosóficos e incluso, religiosos que rectorados por los valores morales con una orientación humanista y progresista tiene una función personalizada y movilizativa de la personalidad.

Los valores son una expresión de la sociedad en la que fueron creados y estos reflejan sus aspiraciones y propósitos en la política que se traza, defendiendo así qué tipo de hombre es necesario formar para que responda a sus intereses y necesidades.

Se aspira a un modelo de hombre en el que se aprecie: concepción del mundo, amplia cultura, valores de la ciudadanía y de la conciencia nacional, actitud emprendedora y transformadora de la vida y la realidad, búsqueda de soluciones y respuestas a los problemas con inteligencia, creatividad e independencia, constancia y voluntad, espíritu de sacrificio, fe en la fuerza racionales y morales de los hombres, flexibilidad ante los cambios y disposición de romper con viejos esquemas, insatisfacción y actitud constante, limpieza moral, orientación hacia la ideología que representa los intereses de los trabajadores y masas populares con un sentido humanista, reconocimiento y defensa de las conquistas del socialismo cubano, rechazo a lo inhumano del capitalismo, la explotación y la injusticia social, reconocimiento del lugar y papel del trabajo en la vida del hombre y para el desarrollo del país.

La educación en valores desde la escuela tiene sus raíces en la labor pedagógica de destacadas personalidades que han ejercido el magisterio desde fines del siglo XVIII. Los principales aportes teóricos sobre esta temática se encuentran en las obras de eminentes patriotas y pedagogos, entre los que se destacan José Agustín Caballero (1762-1835), Félix Varela (1788-1853), José de la Luz y Caballero (1800-1862), José Martí (1853-1895), Enrique José Varona, (1849-1933) Alfredo Aguayo, (1866-1948), entre otros.

El análisis del pensamiento y la obra pedagógica de estas eminentes figuras permitió determinar sus principales criterios con respecto a la formación de valores.

• La unidad entre lo instructivo y educativo en el proceso docente, como eje fundamental para potenciar la dimensión axiológica.

• El ideario martiano y marxista – leninista. Su Influencia.

La obra y el ejemplo de José Martí constituyen fuentes insuperables para los combates del presente y del porvenir de la nación cubana. Él diseñó la estrategia y la táctica, basadas en la unión nacional y continental como expresión de la continuidad del pensamiento y acción de Bolívar.

Él confió en la capacidad humana para influir, a través de un gran movimiento renovador, en los cambios que liberarían a los habitantes, sobre todo de Latinoamérica, de la ruina moral y social del colonialismo y de las peores consecuencias resultantes de la opresión del poder imperial que se avecinaba. Su constante "... fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud... “(Martí Pérez, J., 1881: 270)," constituyen expresiones nítidas de su concepción del mundo.

Los valores que deben considerarse fundamentales en la actualidad y que como todos requieren para su formación un tratamiento coherente e integrado son: dignidad, patriotismo, humanismo, solidaridad, responsabilidad, laboriosidad, honradez, honestidad y justicia. Esto no quiere decir que se abandone la influencia educativa sobre otros valores que se corresponden con nuestra ideología y que junto a estos forman el sistema de valores que demanda la construcción de la sociedad socialista.

Esta objetividad del valor trasciende los intereses particulares, para ubicar en el centro al hombre como género. Pero ello no es suficiente, pues su objetividad depende de la subjetividad y su carácter social, de la individualidad, y viceversa; quiere decir, que en el centro de la comprensión de los valores están las relaciones entre lo objetivo y lo subjetivo y entre lo individual y lo social.

La dialéctica de lo objetivo y lo subjetivo se explica en que la naturaleza espiritual e ideológica de los valores expresa en forma de concepciones, sentimientos, puntos de vistas, ideales, cualidades y actitudes, las condiciones objetivas en que viven las personas. Son una manifestación subjetiva (construcción interna en forma de principios, normas, escalas de valores, convicciones) de las condiciones materiales de su existencia (situación socioeconómica, de vida, posición de clase), las que generan en el individuo necesidades, intereses, motivos e intenciones de sus relaciones, de su actuación y en buena medida aportan el matiz de la significación social positiva o negativa que tienen los fenómenos de la sociedad para el propio individuo.

Los valores que se forman en la conciencia del individuo son el resultado de la influencia por un lado de los valores objetivos de la realidad con sus constantes dictados prácticos y por el otro de los valores institucionalizados que le llegan en forma de discurso ideológico, político, pedagógico, etc. Una u otra influencia se realizan a través de diferentes mediaciones: la familia, la escuela, el barrio, los colectivos laborales, la cultura artística, los medios de comunicación, las organizaciones sociales; por tanto, los valores se forman en el proceso de socialización bajo la influencia de diversos factores.

La clave para cualquier trabajo de educación en valores a través de cualesquiera de las mediaciones antes mencionadas está en la formación de una alta conciencia valorativa (Plano Subjetivo); pero para ello es necesario la armonía y consecuencia entre el discurso político y la práctica revolucionaria, entre los valores reconocidos e instituidos oficialmente y la realidad social. Porque si ocurre una ruptura significativa entre los sistemas de valores pertenecientes a los tres planos: valores objetivos de la realidad – valores socialmente instituidos y los valores de la conciencia- se produce una crisis de valores.

Las consideraciones antes expuestas inciden en la formación en valores a partir de la labor de los asesores; lo que nos permite establecer determinados principios, requerimientos y procedimientos metodológicos.

Conclusiones

• Integrar los valores al aprendizaje de manera intencionada y consciente significa no sólo pensar en el contenido como conocimientos y habilidades, sino en la relación que ellos poseen con los valores.

• Así el aprendizaje de un conocimiento matemático, físico o profesional debe ser tratado en todas sus dimensiones: histórica, política, moral, etc. es decir, subrayando la intencionalidad hacia la sociedad, donde se exprese la relación ciencia, tecnología, sociedad, y estén presentes los análisis cualitativos, los enfoques de procesos y la motivación.

• La reflexión del profesor sobre el valor educativo de las acciones en el proceso, significa de igual modo intencionar y valorar el método de aprendizaje no como simple procedimiento, sino pensar en la comunicación, las relaciones interpersonales; es analizar el componente socio - humanista de la ciencia que se enseña y de cómo hacerlo, lo que representa brindar un enfoque integral, holístico, complejo y dialéctico al aprendizaje; es reconocer que no existen “dos culturas” separadas, sino reflexionar sobre la totalidad de ésta, en su historia, en sus contradicciones, en su actualidad, en sus métodos, en sus consecuencias e impactos y, por supuesto en su ética.

MsC Niriam Ana Peña Valdés - niriam.penaarrobassp.desoft.cu

MsC Lídice Álvarez Pérez

MsC Maité González Cruz

Cuba.

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