La idea de Progreso es relativamente reciente y sólo puede emerger a partir del momento en que sociedad, cultura e historia logran ser comprendidos como obra humana y no como un mero producto fabricado por los dioses. La unidad de desarrollo social y tecnológico-económico y la realización humana fue lo que definió históricamente la secularización moderna. El orden racional del progreso, y la síntesis de acumulación económica y el enriquecimiento cultural (que se suponía garantizaba) quitó para sí los valores de una plenitud humana.
Sin duda, el momento clave en la historia de occidente se produce
cuando nace la ciencia moderna. A partir de allí se recurre al
experimento, al método científico, y por primera vez, se entiende que el
mundo puede ser descifrado. Cualquier cosa que deba ser dicha debe estar
primero estar comprobada por el método científico, de lo contrario, sólo
será un mero oscurantismo religioso irracional. Aparecen personajes como
Newton, Galileo, Descartes; luego hará su aparición en este escenario
una palabra mágica: Progreso. El progreso fue, de alguna manera, la
nueva religión. Su emblema: la Maquinaria y la Gran Industria. Su
divisa: el Orden Racional.
La palabra Técnica estuvo hace muy poco asociada a la noción de
Progreso, pero basta repasar acontecimientos ocurridos en este siglo
(lanzamiento de la bomba atómica, por ejemplo) para darnos cuenta de que
esta palabra también puede estar asociada al terror. Hoy la palabra
Progreso contiene un juicio de valor dudoso. Esto no redunda en bien de
las innovaciones tecnológicas; éstas están asociadas ala palabra
“eficacia”. Cuando uno logra entender esto, es cuando se descubre que
los discursos pronunciados por los políticos y los economistas redundan
en la banalidad. Antes se valoraba al ser humano por lo que era, es
decir, por sus cualidades. En cambio, en el caso de la eficacia, se
valoriza de acuerdo a la administración de un territorio. Las
tecnologías pueden cambiar, pero siguen teniendo la misma función:
controlar a las personas; como el Panóptico que tan bien fuera explicado
por Michel Foucault en su momento. Para este autor, lo fundamental es
estudiar esa gran mutación del poder que se opera en Occidente entre los
siglos XVII y XVIII, ese nivel de transformación de las tecnologías
políticas que es condición de posibilidad del estudio de la
transformación de las tecnologías industriales y que opera como un
control minucioso sobre el cuerpo, aumentando la docilidad, el
sometimiento, y por otro lado, aumentando la fuerza del cuerpo, en
términos de utilidad, de rendimiento y de eficacia. En Vigilar y
Castigar Foucault decía: “La disciplina aumenta la fuerza en términos
económicos de utilidad y disminuye esa misma fuerza en términos
políticos de obediencia”
Con respecto al concepto de racionalidad, se verá que en “Ciencia y
Técnica como Ideología” Habermas retoma el concepto weberiano de la
creciente racionalización de la sociedad moderna.
Habermas dice que en el siglo XX se observan dos tendencias evolutivas:
1) El incremento de la actividad intervencionista del Estado que tiende
a asegurar la estabilidad del sistema, y que elabora mecanismos de
coerción o de consenso cada vez más burocráticos que permiten una
permanente estabilización del sistema
2) Por otro lado, empieza a darse fundamentalmente a fines del siglo XIX
una creciente interrelación entre Ciencia y Técnica y ésta última se
transforma en una fundamental fuerza productiva.
Habermas manifiesta que la Ciencia Occidental, desde Galileo en adelante
permite un conocimiento del uso técnico en los avances científicos. Este
uso no se da hasta fines del siglo XIX, ¿por qué no antes? Porque hasta
entonces los procesos de innovación tecnológicas, que significan una
inversión de Capital y crecimiento de las fuerzas productivas se da sólo
de manera esporádica, tal como ocurrió con la Primera Revolución
Industrial. Peor a fines, del siglo XIX, se produce una relación
estrecha entre ciencia y Técnica, en general, avalada por el Estado y
vinculada con el creciente desarrollo de la tecnología en materia
armamentista. Cada etapa de innovación técnica desde fines del siglo XIX
aparece como un proceso que trata de evitar las crisis de acumulación
del Capitalismo.
¿Cuáles son las consecuencias derivadas de la Organización técnica del
mundo en el siglo XX? La tecnología tiene como función ofrecer confort
al hombre, pero ¿realmente es así? El desarrollo de la técnica y el
crecimiento de las ciudades han alienado al hombre de la naturaleza,
provocando su total separación de ella. El hombre está encerrado en un
medio urbano esencialmente artificial se encuentra físicamente alejado
de la tierra y la máquina se interpone en su relación con el mundo
natural. Amén de desconocer de dónde proviene y cómo se producen la
mayoría de los bienes que consume, le presentan su alimento de manera
tal que conserva poco o nada de la forma animal o la planta con que ha
sido preparado.
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