Quizá, el celular sea emblemático a modo de ejemplo, aunque ni los
jeans ni las bebidas como la Sprite tienen una mirada ingenua sobre el
problema. La versión que se difunde desde los revitalizadores del
mercado es distinta. Los publicistas nos explican que ellos no crean
necesidades, simplemente crean dependencia o fidelidad hacia las marcas
que promocionan al aprovechar necesidades preexistentes. Ellos
transforman la necesidad en deseo, de la necesidad de hidratarse al
deseo de una marca de agua mineral o una gaseosa. De la publicidad como
exponente de nuevos productos a la saturación visual de Coca-Cola un
aviso en la vía pública cada un minuto. Explotan la extendida práctica
del consumo indiscriminado como válvula de escape de las presiones
sociales generadas por las visiones estéticas que marcan la diferencia
entre pertenencia o exclusión. Manipulan la satisfacción de las
necesidades preexistentes con nuevos productos que aseguran sólo un tipo
fugaz de satisfacción. Así, se puede observar en las series importadas
como los adolescentes estresados concurren en rebaño al shopping para
liberar sus nervios.
Genealogía de la sociedad de Mercado
La era de la industrialización trasladó el costo de la extracción de la
materia prima a la producción. La clase obrera creció hasta consolidarse
como actor social poderoso y llevó adelante diversas reivindicaciones
por mejoras salariales y reducciones en la jornada laboral. La máquina y
el neoliberalismo, que no duermen ni se quejan, saldaron el problema que
representó en costos dichas mejoras. Ford patentó su línea de montaje
donde se reducía el tiempo muerto o improductivo y el capitalismo se
encausó hacia otra etapa sin más problemas.
En la actualidad, el sistema se ha terciarizado. Este fenómeno se
desarrolla de forma paralela en dos vías, por un lado, las grandes
empresas en busca de reducir costos destinan la producción hacia
terceros “especializados” en mano de obra barata. Como anverso
necesario, en los países centrales el énfasis en la producción material
ha decaído, y se concentra el flujo productivo en la comercialización
del producto, su diseño y su distribución. Las marcas de las empresas
multinacionales venden, por encima de los productos, estilos de vida y
personalidades. La marca es el nuevo producto de exportación, no el
objeto físico. De esta manera, las grandes corporaciones que producen en
países asiáticos o latinoamericanos sus productos de “primera línea”
pero mantienen el desarrollo de su diseño y la comercialización de la
marca en el país de origen
Llamame ahora
La comunicación humana no es un proceso que nace con la llamada sociedad
de la información junto a sus redes y flujos de gigabytes; somos humanos
porque nos comunicamos, porque construimos nuestro mundo en el lenguaje,
que es el orden en el que nos integramos al otro. En el estado de las
cosas actual, pareciera sin embargo que la comunicación es una sola y
alcanza un sólo nivel. La difundida visión que nos insita a vivir el
momento y olvidarnos de aquello que está por venir, es la misma que nos
invita a comunicarnos en todo momento, como si eso fuera deseable o
posible.
La pantalla televisiva muestra jóvenes bailando aturdidos por la música,
convulsionando sus cuerpos al golpeteo rítmico de los parlantes; el
dogma de mercado dice: ese momento debe ser comunicado. Como la música
impide cualquier diálogo el joven desenfunda su celular y envía un
mensaje de texto a la señorita que se retuerce a pocos metros. La
comunicación se ha concretado, ella sonríe.
En otra escena, una pareja observa la majestuosidad del paisaje de la
Puna salteña pero juzga esa experiencia insuficiente y decide llamar por
teléfono a la Capital Federal para compartir el momento con un tercero y
así vivirlo de forma intensa. El último de los discursos se transmite
emplazado en un formato radial donde un joven le envía una foto del menú
del restaurante al otro joven que está en camino para que gane tiempo en
la elección de su comida.
Debemos tomar en cuenta dos características, la publicidad como género
intentó mostrar una falencia en nuestras vidas y a continuación la
solución correctamente empaquetada junto a la dirección donde podíamos
adquirirla. En segundo término cuando hablamos de jóvenes no
necesariamente está determinado por la edad. La categoría joven es una
posición ideológica frente a la política y al devenir social. La
juventud es entendida como una característica más cercana a una pose
ideológica que a la edad biológica, la rebeldía frente a la aceptación.
No olvidemos que el concepto de juventud es una construcción moderna de
fines del siglo XIX que ha mutando simbólicamente a medida que
evolucionó el capitalismo.
En el primer discurso encontramos a un individuo que se ve impedido de
comunicarse verbalmente y aprovecha las bondades del producto para
hacerlo mediante los mensajes de texto. En el segundo discurso se
muestra el insoslayable deseo de comunicarse en el medio de la Puna para
transmitir la emoción del momento; el tercer discurso se basa en la
bondad del producto le ahorra tiempo a su dueño mediante el envío de un
menú por foto. Las situaciones descriptas, más allá de su dudoso
verosímil, plantean al menos dos cuestiones insoslayables, la primera
decanta ante el sentido común del lector, ¿eso es la comunicación?
¿Decir aquello que dicta la espontaneidad del momento es comunicarse?
Jackobson se revuelca en su tumba. No es deseable ni necesario
comunicarse en todo momento, sólo imaginen las implicaciones en la vida
cotidiana si comunicáramos todo lo que cruza nuestra mente, no habría
relación que aguante.
La segunda cuestión muestra una sociedad narcisista donde se es lo que
se muestra y se muestra lo que se es. No es un juego de palabras odioso
de las Ciencias Sociales como diría Alain Sokal, es una lógica donde se
intenta esconder las falencias detrás de la pompa que se exhibe. Nos
acercamos a la idea de que un celular o una marca hable por mí, si yo
uso bebo Sprite no me importa lo que piensan los demás, si fumo
determinados cigarrillos puedo ser cool, si fumo otros sofisticado o
rudo. Dependiendo de la marca que elija puedo acercarme a un estilo
Metrosexual o cuidadosamente desalineado como Vicentino.
Tampoco es casualidad que el reconocimiento hacia ciertas clases
sociales haya mutado de la posibilidad de tener un automóvil a poder
lucir zapatillas llamativas acompañadas de un celular que suena con un
tono similar a la macarena. El producto no se vende desde sus bondades o
atributos; es un hecho cada vez más evidente. Las publicidades de
Movistar muestran una mujer dentro de una pileta y el slogan “llamame
ahora”, como si eso fuera posible... o necesario. Las características
del celular pasan a un segundo plano, se vende una identidad, no un
producto. Los nuevos aires acondicionados de LG no se venden porque
aclimaten el ambiente sino porque decoran y tienen estilo.
La vieja lógica publicitaria de ruptura-falencia-solución ha caducado,
la mercancía se vuelve secundaria y lo que se vende es una personalidad,
un estilo, un status social, una forma de cubrir las falencias que hacen
al ideal de vida burguesa del capitalismo financiero.
Masificados en segmentos
En las sociedades modernas conviven procesos de masificación en aparente
paradoja con procesos de segmentación cultural. Una primera segmentación
se da por inclusión/exclusión a partir de la capacidad adquisitiva del
sujeto. Aquellos que pueden comprar el derecho a la salud, el derecho a
libre expresión y la libertad de mercado, y aquellos que sólo pueden
anhelarlo. La libertad sin opciones es un regalo del diablo diría Noam
Chomsky. El segmento de los incluidos, cada vez más reducido, se vuelve
a diversificar con una nueva división en grupos por edades, sexo,
ingresos económicos, nivel económico y cultural, con el fin de catalogar
a los públicos para una venta más efectiva de la industria cultural y
sus derivados, llámese películas, libros o lugares de encuentro.
Aquellos incluidos dentro del segmento ABC1 son masificados hacia
ciertas prácticas culturales que en su uso mismo los definen, así como
capas de menor poder adquisitivo se auto-revindican bajo otras prácticas
sociales que los unen al borrar la especificidad del individuo. Un claro
ejemplo es cuando el gesto que reprime una clase se vuelve estigma, ergo
ya que me han catalogado sin posibilidad de cambio, me vuelvo orgulloso
de ser chorro.
Otra operación de homogenización la realiza Benetton cuando logra hacer
de su multiculturalismo un arma de venta en cualquier sector del mundo.
La publicidad no se adapta al medio o la región, la absorbe borrando las
peculiaridades conflictivas y la devuelve con una operación que invierte
el respeto por la oportunidad de venta.
El proceso de individualización está relacionado con el estilo, la marca
o la personalidad, lo muestra una reciente publicidad de accesorios para
autos bajo el slogan los accesorios hacen la personalidad, cuando en
realidad los accesorios son accesorios en cuanto se dan naturalmente
como consecuencia de una personalidad definida. Pareciera que la
publicidad inspira, ante la falta de personalidad, a fabricarse una a
partir de los accesorios de un producto o del producto mismo y en otro
nivel por los usos de un estrato social o la explotación de las crisis
relacionadas a la edad. Los procesos de masificación encarados, en
parte, por la industria publicitaria, se vinculan con la necesidad casi
primaria del individuo a integrarse.
El mismo estilo que lo diferencia es el límite a la especificidad del
individuo, lo marca como pasivo de ser reconocido, en cambio el exceso
de estilo conlleva a la marginación. Aquello que no se comprende cae en
la tendencia a la segregación represiva. Se asemeja a un comentario de
Beatriz Sarlo en cuanto al concepto de tácticas que propone Michel De
Certau, uno puede recorrer diferentes caminos del que le propone el
mercado, pero esos caminos ya han sido tomados en cuenta por el
capitalismo. Entonces el individuo puede diferenciarse del consumo
sugerido pero hasta cierto punto, al cruzar ese límite deja de ser
original para ser marginal.
A nuestro auxilio acude el fundamento publicitario que propone mediar
esta masificación intercalando pequeños detalles, como explica la
propaganda de celulares “diferenciate por tu ring ton”, porque también
existe el otro polo y si no se logra un equilibrio y se masifica por
completo pierde el carácter personal y tampoco es reconocido.
Pareciera que la publicidad inserta la idea de hablarle al individuo, lo
interpela personalmente, cuando en realidad interpela a todos en masa y
al mismo tiempo. Entonces se articulan dos líneas, por un lado, el
sujeto se ve interpelado a comprar algo porque todos lo hacen, podría
resumirse en una motivación en la aceptación, por otro lado, la
publicidad le dice que está decidiendo comprar el producto porque es muy
inteligente y capaz de separar cualquier influencia foránea. Aquel que
piensa que no es influido por pensamiento alguno, es el más alienado de
todos, no toma conciencia de la influencia que se ejerce sobre él. Las
supuestas decisiones personales carecen de sentido cuando el individuo
nota que todos poseen el mismo peinado, el mismo celular con colores y
que saca fotos abrochado al mismo tipo de jean.
Quizá, el fenómeno más interesante que produce la publicidad es la
cooptación de grupos antagónicos a sus fines. No es extraño ver como se
trivializa a los grupos que marcan su pertenencia por un profundo
desprecio por la estética imperante al vender accesorios o colores que
marcan su pertenencia. Estos productos al popularizarse destruyen
automáticamente una parte fundamental del grupo. Un claro ejemplo es la
estética post-punk, neo hippie, gótica o las remeras de los grupos de
música que se declaran en contra del capitalismo que son vendidas en
cadenas de locales que explotan a sus empleados pagando magros sueldos
por excesivas horas detrás de un mostrador. Hoy es posible comprar el
espíritu combativo del Che estampado en remeras y gorras. Bienvenido a
aquel que se articula como potencial representante de una oposición, hoy
puede ser aceptado con gusto como consumidor de remeras y gorros –de
esta forma se destruye bajo un supuesto halo democrático–.
La pregunta que resta es ¿Contra quién despotricamos cuando decimos el
mercado nos está homogenizando?
Editor de la Revista "Esperando a Godot" www.godot.323.com.ar Publicación creada por profesores y estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.
Cedido por: RRPPnet - Portal de RRPP - www.rrppnet.com.ar - infoarrobarrppnet.com.ar RRPPnet es el principal centro de referencia en internet en Relaciones Públicas y Comunicación Institucional. Brinda un servicio de información, noticias, publicaciones y secciones especiales de Relaciones Públicas, que promueven el conocimiento de la materia en el mundo, fomentando los intercambios entre los profesionales, docentes y/o estudiantes. El portal fue desarrollado en el año 2001 por la Licenciada Natalia Martini. A lo largo de este tiempo el portal fue creciendo y consolidando su posición en el sector de la comunicación.
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