Cuando el año pasado decidimos encarar el seminario-taller "Construyendo puentes de oro" la idea respondía a lo poco comprendido y por ende poco desarrollado, que estaba el concepto de Networking entre la comunidad latina. Dicha práctica va "tomando carne" a medida que viajamos rumbo al norte, ya que el peso de la cultura anglosajona va incidiendo más en la manera de encarar los negocios y la gestión de carrera.
La primera comprobación de este fenómeno la experimenté en un viaje a
Puerto Rico (sí, sí, ya lo digo: la isla del encanto) que realicé a
mediados de 1999.
Otra "novedad" que comprobé en el Congreso al que asistí fue la
extraordinaria cantidad de empresarias que había en el área del Caribe.
Tal vez suene inocente pero nunca había visto tal cantidad de
empresarias juntas; no había notado como se había incrementado el número
de empresas conducidas por mujeres.
Una características sobresaliente de dichas empresarias era el manejo
fluido de los contactos y el espíritu de colaboración. De vuelta al sur,
ya alertada, empecé a notar que era indudable que había cada vez más
empresarias tratando de llevar a buen puerto sus emprendimientos. Pero
lo que faltaba era ese uso conciente y sistemático del trabajo de redes.
Luego en el Global Summit que se realizó en Buenos Aires en el año 2000,
tuve nuevamente oportunidad de visualizar el fenómeno y de comprobar las
diferentes culturas a la hora de hacer negocios. Tal vez a esta altura
pensarás: ah, ahora sé de dónde sacó la idea de hacer MdE. Sí, comencé a
pensarlo en ese momento y también decidí que si hacía algo, como
efectivamente hice, trataría de colaborar a concientizar y a brindar
herramientas que permitieran un Networking más eficaz y eficiente.
Y ahí llegamos al seminario del 2002. Porque en los 2 años de desarrollo
de MdE, algo era seguro, el Networking nos había ayudado mucho. Al armar
los contenidos del seminario, la primer tarea fue trazar un plano de
nuestra red para tratar de entender los procesos por medio de los cuales
la habíamos ido construyendo. Debo confesar que fui la primera
sorprendida por los resultados; al comparar el material teórico con la
práctica efectuada, fue evidente que en el proceso de construcción de
nuestra red, luego de una serie de errores que costaron bien caros, fue
primando el concepto de posicionamiento estratégico y de diversidad.
Esto no está relacionado en forma directa con la cantidad de usuarias
del site, sino con el valor de cada nodo (contacto que puede ser una
persona o una institución) que se agrega. Valor que es un mix de
posicionamiento (con quiénes me relaciono) y de diversidad (cuán
diferente es).
Uno de los puntos que analizamos en dicho seminario fue, precisamente,
la forma de las redes y la desventaja del modelo que habitualmente, por
cuestiones culturales, adoptamos las mujeres. Esas redes cerradas, donde
nos conocemos todas y todas compartimos generalmente la misma posición,
se agotan rápidamente ya que lo que sabe un nodo de esa red es más o
menos lo mismo que lo que sabe otro. El asunto es por supuesto mucho más
amplio y complejo y quienes nos acompañaron en el seminario, realizaron
análisis de diversas redes posibles.
Diversidad e innovación
Durante la historia de la humanidad las innovaciones se fueron
produciendo a partir de la recombinación de ideas pre-existentes, al
menos creo que todavía no inventamos nada partiendo totalmente de cero.
Tomamos un poco de acá, lo juntamos con un poco de allá, descubrimos una
conexión insólita; produciendo, la mayoría de las veces, una mejora.
Otras veces la cuota de genialidad es mayor y descubrimos un atajo,
producimos un salto, una verdadera revolución en el saber.
Indudablemente la innovación es un bien muy preciado.
Las empresas innovadoras atraen a la mejor gente, valen más que otras
porque lideran los mercados, y la gente deseosa de invertir las
prefiere. Podemos decir entonces que la innovación agrega valor.
Pero para que suceda una innovación debemos partir de elementos
diferentes, pues si mezclamos y recombinamos siempre lo mismo,
dificilmente ocurra algo distinto.
Las redes no escapan a esta regla, por muy placentero que pueda ser
trabajar con un grupo homogéneo, donde todos piensen más o menos lo
mismo, donde no se armen esas discusiones tremendas; reitero, de lo
mismo dificilmente obtengamos algo diferente.
En una nota que aparece el en Center for Business Innovation (El Cap
Gemini Ernst & Young Center for Business Innovation, ver nota al pie),
leemos que jugar con dos moléculas de H es menos divertido que observar
qué pasa cuando se agrega O a esa mezcla.
En resumen, si en los nodos de tu red no hay diversidad, dificilmente
ocurran cosas interesantes.
El poder de la comunidad
La creciente conectividad que permite Internet impacta directamente
en la producción de innovación. Y por lo tanto afecta la creación de
valor.
Por supuesto que Internet por sí sola no genera gran cosa; podemos tener
correo electrónico, navegar algun sitio para buscar información, ir a
algun otro por entretenimiento, ver las noticias del mundo, etc, etc.
Eso no garantiza que saquemos partido de las enormes potencialidades de
la conectividad.
Pero, ¿qué pasa cuando la gente se reune a trabajar en un proyecto
conectados virtualmente? En principio la distancia geográfica tiene nula
incidencia en la reunión, también los horarios, asegurar la tan desea
diversidad es sólo cuestión de proponérselo. Los costos son bastantes
bajos, casi tendientes a cero: una computadora sin mayores pretenciones
y una conexión a Internet; y si no hay, bueno, es cuestión de tener los
conocimientos mínimos y encaminarse a un cibercafé, locutorio,
telecentro comunitario, o como se llame por tus tierras.
Y si las cosas resultan y hay que agregar sofisticación a la red,
siempre los recursos serán compartidos y costeados por un mayor grupo de
gente, sin contar, claro está, que se pueden aprovechar las diferentes
ubicaciones geográficas para reunir cada recurso en el lugar que más
convenga.
Veamos algunos ejemplos de comunidades virtuales trabajando en un
proyecto:
Linux. Es el sistema operativo alternativo a Windows. Su principal
diferencia consiste en ser un software de "código abierto", lo que
significa que cualquiera puede abrir el programa y modificarlo,
agregarle capacidades, etc.
La historia comienza con Linus Torval, un estudiante deseoso de desafiar
al software comercial, al que se fueron uniendo, Internet mediante, más
y más desarrolladores independientes que colaboraron voluntariamente en
el desarrollo del código. La comunidad de Linux no es chiste, existe,
esta viva, es activísima, sus miembros están muy orgullosos de
pertenecer a ella.
¿Sabés cuánta gente se involucró en el desarrollo de ese software? Más
de 40,000 personas de todo el mundo! Ah, un detalle, el sistema
operativo y los programas derivados de el son de uso gratuito, no es un
emprendimiento comercial, la comunidad de Linux está unida por el
orgullo de hacer software bueno, y por el rechazo a Microsoft.
WSI: esta empresa justamente es anunciante en nuestro site. WSI es una
enorme comunidad trabajando bajo el sistema de franquicias. Básicamente
esta empresa reúne una cantidad enorme de talento alrededor del mundo,
gente de tecnología y diseño que se encargan de desarrolllar los
trabajos y gente de perfil comercial que se ocupa del desarrollo de
clientes. Hasta aquí no difiere en una empresa tradicioal, sin embargo
WSI tiene una amplia gama de clientes distribuidos en todo el mundo y
precios sin competencia porque básicamente hace uso intensivo de la
conectividad.
En principio, su equipo técnico (programadores y diseñadores) es
riquísimo en cuanto a la diversidad de perfiles y puntos de vista, un
problema específico, es enfocado desde una multitud de puntos de vista,
con lo cual se puede llegar a la solución que el cliente requiere
rápidamente y al precio más económico pues se buscan los recursos en el
lugar del planeta donde se encuentre. El staff fijo de Wsi es bajísimo,
su capital intelectual está distribuido mundialmente, en personas que
trabajan en la mayoría de los casos desde sus casas, con costos
operativos mínimos.
Sin embargo, WSI es un enorme reservorio de soluciones almacenadas, que
pueden ser reutilizadas y adaptadas las veces que se requiera. ¿Y cómo
puede una empresa ubicada geográficamente en Canadá atender clientes de
Singapur; New York o La Paz? Pués porque tiene un sistema que conecta el
talento alrededor del planeta. Y sus equipos de venta pueden trabajar
con costos operativos mínimos (la mayoría también en oficinas hogareñas)
y compartir estrategias y conocimiento con colegas alrededor del mundo.
¿Querés otro ejemplo? Veamos el caso de Women in Consulting. Esta
comunidad fue fundada por 12 mujeres que se desempeñaban en las
gerencias de diversas compañías de primer nivel del legendario Sillicon
Valley: Apple, NeXt, Palm, etc. No es novedad que una de las tendencias
que se acentúan día a día es que las mujeres están abandonando sus
empleos en las grandes corporaciones. Cansadas de que el entorno
corporativo siga siendo tan hostil, estas las mujeres formaron sus
propias empresas y se unieron en una comunidad, WIC, en la que ya son
128 miembros.
WIC, no trabaja a fondo las ventajas de las diferentes localizaciones
(sus negocios se enfocan en el Sillicon Valley y en San Francisco Bay
Area) ni de la diversidad cultural pero sí de la diversidad de perfiles.
Sus miembros han realizado varias alianzas estratégicas y exploran
negocios en forma conjunta y con la suficiente flexibilidad para
permitirse diferentes combinaciones. Algunas han decidido desarrollar
algunos negocios bajo un nombre común porque comprobaron que presentarse
con la misma tarjeta comercial y mostrar diversidad de perfiles les
redundaba en un 50% más de ingresos en promedio. Además no están sujetas
a los vaivenes del mercado, todas sabemos en que en muchos negocios hay
épocas en que no hay trabajo y otras en donde debemos rechazar algunos
trabajos porque las manos no alcanzan para todo. Con la comunidad
trabajando, se toman todos los trabajos que interesen. Y, de hecho, el
aumento en los ingresos, da fuerza a lo que sostengo: las comunidades de
trabajo son generadoras de valor, las comunidades virtuales lo son
todavía mas, ya que potencian las conexiones, los alcances de las mismas
y la diversidad de sus componentes.
Como siempre estos cambios culturales son más una cuestión de actitud
que de aptitud. Se requiere pasar de la actitud contemplativa a la
actitud activa, interactuar con otros, más que mirar a otros.
Las herramientas tecnológicas existen y además un comunidad de trabajo
virtual puede comenzar a operar con muy pocos requisitos e ir aumentando
la sofisticación de sus recursos a medida que la experiencia, los
resultados y el trabajo lo requieran. El mercado ofrece hoy toda una
serie de sofware muy completo que facilita el trabajo de las comunidades
conectadas por internet, cuando la ocasión así lo exige.
Hay un enorme potencial en la formación de equipos de trabajo integrados
por personas estratégicamente ubicadas y suficientemente diversas. ¿Lo
vamos a aprovechar?.