“Señoras y señores, les pido un gran aplauso para el nuevo presidente
de los Estados Unidos: Dany DeVito”, dijo a viva voz el maestro de
ceremonias.
La gente reunida en el pleno del Congreso se levanta al unísono para
darle la bienvenida al flamante mandatario, flanqueado por varios de los
miembros del nuevo gabinete: Secretario de la Defensa: Bruce Willis;
Secretario de Estado: Tom Cruise y Denzel Washington como Secretario de
Justicia.
Aunque esto tenga visos de “ópera bufa” sin probabilidades que suceda
algún día, deberíamos reflexionar un poco más objetivamente tomando en
cuenta lo acontecido en la política norteamericana, precisamente en el
estado de California. Es sorprendente el hecho de que un actor del cine,
con ninguna experiencia política no más allá de ser el esposo de una
descendiente del clan Kennedy, venció a experimentados políticos de
carrera, incluso teniendo la desventaja de poseer un apellido casi
impronunciable, Arnold Schwarzenegger.
Pero el fenómeno de Schwarzenegger, más allá de ser un elemento aislado
de la actual inclinación del electorado por elegir a artistas a puestos
públicos, es un proceso que se ha venido gestando desde hace ya más de
70 años cuando los medios de comunicación audiovisuales secuestraron la
atención de la humanidad primero con el cine y luego la televisión.
A medida que se iban perfeccionando, el mundo real quedaba rezagado para
dar paso a un mundo ideal donde los sueños y esperanzas se hacían
realidad. Historias felices de seres queridos que regresan del más allá;
héroes incorruptibles ante el dinero y el poder; la constante derrota de
los malos por los buenos; se hace cada vez más apetecible para una
humanidad se encerraba más y más en pequeñas burbujas que la
incomunicaban de sus semejantes.
La burbuja del carro con aire acondicionado; las casas con miles de
cerrojos para evitar la entrada de intrusos; oficinas carentes de
ventanas; pasajeros en el tren subterráneo que refugian su mirada en un
libro poco interesante…al final de día lo único que queda es la
televisión.
Con Schwarzenegger se confirman muchos de los vaticinios hechos por
escritores, sicólogos y sociólogos como D.H. Wells, George Owells o
Marshall McLuham, quines afirman que las percepciones del ser humano
superan por mucho la propia realidad.
Este efecto psicológico de la televisión fue avistado casi 400 años
antes de Cristo por el filósofo Platón al escribir el Mito de la Caverna
como parte de su obra máxima La República.
El mito de la caverna describe a personas encadenadas en la parte más
profunda de una caverna. Atados de cara a la pared, su visión está
limitada y por lo tanto no pueden distinguir a nadie. Lo único que se ve
es la pared de la caverna sobre la que se reflejan modelos o estatuas de
animales y objetos que pasan delante de una gran hoguera
resplandeciente. Uno de los individuos huye y sale a la luz del día. Con
la ayuda del Sol, esta persona ve por primera vez el mundo real y
regresa a la caverna diciendo que las únicas cosas que han visto hasta
ese momento son sombras y apariencias y que el mundo real les espera en
el exterior si quieren liberarse de sus ataduras. El mundo de sombras de
la caverna simboliza para Platón el mundo físico de las apariencias. La
escapada al mundo soleado que se encuentra en el exterior de la caverna
simboliza la transición hacia el mundo real, el universo de la
existencia plena y perfecta, que es el objeto propio del conocimiento.
Pero al parecer nuestras ataduras a la caverna se hacen cada vez más
sólidas como escapatoria a un mundo cada vez más violento. El último
refugio son las sombras que se proyectan en la pantalla del televisor,
pero que irónicamente nos subraya la crueldad y caos del mundo actual.
Por ende, aunque sea ficción, buscamos afanosamente a héroes de papel
que dan la percepción de ser la salvación final.
El periodista Dean E. Murphy de The New York Times trataba de comprender
lo que él mismo calificó como “El Embrujo de Arnold”, pero más allá del
hechizo de Schwarzenegger como ente único, podría más bien ser tomado
como vara barométrica de un fenómeno que se viene repitiendo con cierta
frecuencia en el mundo político.
Ante una percepción que las promesas de los políticos son sólo ficción,
los electores están prestos a escoger la percepción de lo que puede ser
real. Escogen las sombras que perciben en sus mentes.
“Los californianos aparentemente están tan hartos de lo que ellos
perciben como incompetencia de los políticos que creen que cualquiera lo
puede hacer mejor, incluso Arnold Schwarzenegger”, dijo Henry Brady,
experto político al periódico USA Today.
El derrotado gobernador de California Gray Davis centró su estrategia en
puntualizar la “realidad” de sus méritos. “Yo sí fui a una verdadera
guerra [en Vietnam]. Arnold sólo ha estado en una guerra en las
películas”, dijo Davis durante una aparición ante los medios.
Pero la pregunta es ¿a quién le interesa su realidad, si la percepción
que pesa sobre él es la de un político inepto?
Mientras que Arnold es capaz de aniquilar un batallón de narco-guerrilleros
colombianos con un revólver de seis balas y desbaratar sus intenciones
de inundar a Estados Unidos con cocaína. Posiblemente eso es lo que más
atraiga al público, más acción y menos palabras a diferencia de los
políticos que hablan mucho y hacen poco.
Ahora, cuando estamos en las vísperas de una nueva elección presidencial
en Estados Unidos, vemos como los dos contendores demócratas con mayor
probabilidades de ocupar la Oficina Oval, Hillary Clinton y Barack Obama,
apelan a todos las herramientas comunicacionales a su alcance para
llegar más y efectivamente a sus potenciales electores, sobre todo el
uso intensivo del internet y el sitio de videos Youtube.com.
La percepeción es que Hillary lleva la delantera en su manera de atraer
la atención de los videntes, aunque Obama ha colocado un mayor número de
videos, 138, mientras que en el comando de Clinton “colgaron” sólo 115.
Otro factor muy utilizado por el bando de la ex primera dama es un gran
sentido del humor y la capacidad de reirse de sus errores, tal como
sucedió cuando desafinó horriblemente mientras cantaba el himno de los
Estados Unidos durante un rally en Iowa.
“Prometo que antes de llegar a la Casa Blanca mejoraré mi canto” dijo
Clinton con una gran sonrisa entre labios en otro de sus videos.
“Se percibe entre el electorado norteamericano que ella es más sencilla
e informal, mientras que Obama se muestra demasiado acartonado”, dijo
Virgil Scudder, de la firma de Relaciones Públicas Scudder y Associates,
en Nueva York. “Los norteamericanos ya están cansados de tanto
formalismo que ha perdurado durante estos últimos años en la Casa
Blanca”.
El efecto de la percepción la aprendí hace un tiempo cuando ejercía la
función de relacionista público de un artista latinoamericano quien
también coqueteó con la idea de ser presidente de Venezuela, y hoy es
promotor de una droga para la disfunción eréctil masculina.
Mis notas de prensa eran constantemente rechazadas por su “manager”,
hasta que uno de sus compositores de nacionalidad uruguaya notó mi
preocupación. Al leer mi trabajo dijo en su peculiar acento: “Ché viejo,
esto está macanudo si escribís para la sección de economía o tribunales,
pero en farándula debes ofrecerles (a los lectores) sueños, ya que ellos
tienen su realidad, que en realidad es una tremenda porquería”.
Posiblemente esa sea la fórmula de “marketing político” que utilizaron
los estrategas de Schwarzenegger al dar prioridad a los periodistas que
cubren la fuente de farándula, obteniendo la doble ventaja de aparecer
en las páginas de política y en la sección de espectáculos. Es un hecho
que más venden las revistas de farándula que las especializadas en
política.
Aunque la política cada vez se asemeja al mundillo artístico por los
“dimes-y-diretes” y promesas huecas, probablemente sería aconsejable que
los políticos se bajen de sus tribunas de líderes y analicen con mayor
atención las percepciones de sus públicos.
Héctor Héreter - hhereter arroba yahoo.com
Héreter es periodista graduado de la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas, Venezuela, con más de treinta años de experiencia en el campo de las comunicaciones. Ha trabajado en periódicos locales como El Mundo, El Diario de Caracas, Radio Caracas Radio y Venezolana de Televisión. En Puerto Rico fue Editor Jefe de la sección de Negocios y Director de Publicaciones Especiales en The San Juan Star. En Estado Unidos laboró en El Nuevo Herald y se desempeñó como asesor de Relaciones Públicas en América Latina para empresas como Exxon-Mobil, American Airlines y American Express.
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