Radiografía del fanatismo

Autor: Héctor Heréter

Tipos de mercado y su comportamiento

16-12-2007  

 

¿Qué es lo que motiva a que una persona entregue su individualidad intelectual a una sola forma de pensar convirtiéndose en un gran intolerante a cualquier otra corriente de pensamiento?

“El fanatismo es la única salida a las dudas que no cesa de generar el alma del ser humano”.
El Zahir, Paulo Coelho

“Hoy tendré suerte” se dice a si mismo mientras recorre el estacionamiento del descomunal centro comercial en busca de un puesto lo más cercano posible a las tiendas. Y “¡¡¡zap!!!” encuentra el parqueo perfecto a unos cuantos pasos del mall y frente por frente a la garita del guardia lo cual evitará que su automóvil sea robado; convirtiéndose así en una estadística más de la policía.

De ahora en adelante todo su pugilato existencial es escoger el color de traje que combine mejor con sus zapatos nuevos o cuánto está dispuesto “castigar” su tarjeta de crédito.

El fanatismo es parecido a una visita al centro comercial donde sus angustias existenciales dejan de ser “preocupantes”, la única diferencia es que en vez de un automóvil lo que se estaciona es su conciencia bajo la estricta vigilancia de un guardián, bien se llame caudillo, líder, sacerdote o amante manipulador.

Miramos con asombro cómo este fenómeno de fanatismo resurge en la actualidad con fuerza alrededor del planeta, desde los fundamentalistas árabes dispuestos a volar a todo el mundo en nombre de su fe; los estadounidenses que propugnan la supremacía de la raza blanca al modo de Timothy Mcveigh; el resurgimiento del nazismo en Europa; la ciega adhesión a un caudillo latinoamericano que desestabiliza a toda la región; son algunos de los focos más preocupantes en este “showcase” de fanatismo global.

Pero de dónde sale esta palabra que abarca gran parte de nuestro vocabulario, desde lo deportivo a lo farandulero llegando al tenebroso terreno del terrorismo mundial.

Pues precisamente de la religión, de tiempos tan antiguos como los Romanos que denominaban Fanum al templo donde acudían para adorar sus deidades. Por lo tanto fanatismo en la adhesión a un templo particular y un fanático es aquel que protege el templo y aniquila otras “desviaciones” religiosas.

Recordemos que previo a los grandes acontecimientos políticos de la era moderna: la guerra de independencia en los Estados Unidos (1776) y la Revolución Francesa (1789), la conformación del poder era una sola: Iglesia=Estado. Aunque habían reyes en cada uno de los países, todos se proclamaban “escogidos de Dios” para guiar sus pueblos mientras que el Vaticano era una especie de vigilante irrestricto que “corregía” de inmediato cualquier señal que su ojo inquisidor detectase.

Por lo tanto no es de extrañar que esta forma de pensar tenga sus raíces en los terrenos religiosos y que en nombre del amor a Dios se haya convertido en una de la razones para el mayor derramamiento de sangre en la historia de la humanidad.

Ahora la otra pregunta es: ¿qué es lo que motiva a que una persona entregue su individualidad intelectual a una sola forma de pensar convirtiéndose en un gran intolerante a cualquier otra corriente de pensamiento?

La respuesta: comodidad existencial. Al igual que el conductor queda tranquilo al conseguir el puesto “ideal” en el estacionamiento del centro comercial, el fanático “parquea” su conciencia y deja de buscar otras respuestas a su razón de existir.

Desde un punto de vista psicológico, lo propio del fanatismo es el ansia de seguridad total de quienes, en el fondo, se sienten existencialmente inseguros. En este sentido lo interpretan algunos psicólogos. Sigmund Freud, en El malestar de la cultura, afirma que el hombre es jalado por dos tendencias contrarias: el ansia de felicidad y el ansia de seguridad. Nuestra conciencia de individuos es la causa de que nos sintamos solitarios, así como la corporalidad es la fuente de males como las enfermedades. Por eso, para buscar la felicidad puede imponerse la exigencia de abolir ambas facetas.

La conciencia de la individualidad se suprime mediante la atenuación de la conciencia del yo, por una parte, y mediante la acentuación del sentimiento de pertenencia a lo otro. Para lo primero sirve el alcohol y otras drogas, el éxtasis sexual, etc. Para lo segundo se procede a la adhesión incondicional a sectas y facciones totalitarias políticas o religiosas, la entrega a un líder o a un amante posesivo. La conciencia corporal se disminuye mediante la reducción de las vivencias corporales y la desvalorización del mundo en donde la vida corporal se desarrolla.

Incluso uno de los grandes anhelos del hombre moderno como es su propia libertad se puede convertir en un elemento de angustia existencial. Erich Fromm, en su libro El miedo a la libertad, señala que todo fanatismo es un intento regresivo de escapar del surgimiento del individuo y la libertad, debido al miedo que ello causa. El miedo se da ante la angustiosa sensación de separatidad y aislamiento (soledad) al crecer, que no se resuelve de una manera sana estableciendo vínculos afectivos horizontales con los demás. Se trata, en suma, de la incapacidad de amar por el miedo que produce la propia libertad.

Ahora, dentro de este fenómeno del fanatismo moderno surge un personaje que le da dirección y sentido a esta forma de pensar y por tanto actuar: el caudillo. Volvamos al símil del paqueo en el centro comercial. El guardián en la garita, mientras que promete guardar su preciada propiedad sobre ruedas, también exige adhesión a las normas establecidas de estacionar dentro de parámetros establecidos y observar una conducta apropiada mientras esté a bordo del automóvil.

Pues lo mismo es el caudillo que exige una subordinación total del pensamiento individual a su “magna causa” que no es otra cosa que la satisfacción narcisista de su ego político, enmascarado la más de las veces bajo la promesa de justicia social y mayor poder para el pueblo.

La historia está plagada de estos personajes tan antiguos como Pisístrato en Grecia pasando por Jean Paul Marat en la Francia de 1789 hasta llegar al más emblemático de todos, el Führer Adolfo Hitler.

Pero cómo es posible que en nuestros tiempos donde contamos con mayor información sobre los estragos que inflingieron estos históricos personajes hoy hay un gran número de personas a seguir incondicionalmente a otros capaces de inferir tanto daño o más que sus predecesores.

Un factor, y a la vez una gran paradoja, son los propios medios de comunicación de los países democráticos donde se respeta la libertad de expresión. En su afán de llamar la atención de sus audiencias recogen aquellos acontecimientos, hechos o discursos que atraigan la atención de sus públicos. Es como una espada de Damocles, ya que resaltan las acciones y pensamientos de aquellos que desearían acabar con la propia existencia de estos medios.

Tal como señala muy certeramente el periodista-novelista cubano Carlos Alberto Montaner, “si uno accede al podio de Naciones Unidas y pronuncia el millonésimo discurso sobre la conveniencia de preservar la paz y alimentar a los pobres, no hay forma humana de aparecer en el New York Times. Eso se logra, en cambio, declarando que el diabólico George W. Bush dejó una perceptible fetidez a azufre cuando pasó por la tribuna previamente”.

Los Neocaudillos (si cabe el término) saben el poder que tienen los medios de comunicación –aunque les producen urticaria las empresas independientes de información- y apuntan directo hacia su talón de Aquiles: la manifestación estridente vende más que el discurso pausado y diplomático.

Para aquellos que diariamente informamos a los públicos a través de la difusión de la noticia de manera profesional debe ser un llamado a la reflexión: ¿estaremos creando los propios monstruos que nos devorarán más adelante?

Ya las señales fueron claramente lanzadas el 11 de septiembre de 2001, cuando un hombre que había permanecido en muy bajo perfil, su nombre se convirtió en icono mundial de terrorismo: Osama bin Laden, gracias a los propios medios de comunicación pertenecientes a los países considerados “enemigos infieles”.

Así como Bin Laden, han surgido desde esa fecha en otras latitudes caudillos que arrastran con su carisma y demagogia populista a grandes masas de fanáticos dispuestos a defender “el templo” con sus propias vidas.

Tal como lo expuso George Orwell autor de 1984: “no se establece un dictadura para defender una revolución, uno hace una revolución con el fin de establecer una dictadura”.
 

¿Te gustó? Compártelo con tu mundo

Héctor Héreter - hhereter arroba yahoo.com

Héreter es periodista graduado de la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas, Venezuela, con más de treinta años de experiencia en el campo de las comunicaciones. Ha trabajado en periódicos locales como El Mundo, El Diario de Caracas, Radio Caracas Radio y Venezolana de Televisión. En Puerto Rico fue Editor Jefe de la sección de Negocios y Director de Publicaciones Especiales en The San Juan Star. En Estado Unidos laboró en El Nuevo Herald y se desempeñó como asesor de Relaciones Públicas en América Latina para empresas como Exxon-Mobil, American Airlines y American Express.

 

Cedido por: RRPPnet - Portal de RRPP - www.rrppnet.com.ar - infoarrobarrppnet.com.ar RRPPnet es el principal centro de referencia en internet en Relaciones Públicas y Comunicación Institucional. Brinda un servicio de información, noticias, publicaciones y secciones especiales de Relaciones Públicas, que promueven el conocimiento de la materia en el mundo, fomentando los intercambios entre los profesionales, docentes y/o estudiantes. El portal fue desarrollado en el año 2001 por la Licenciada Natalia Martini. A lo largo de este tiempo el portal fue creciendo y consolidando su posición en el sector de la comunicación.

Compartir ideas impulsa el desarrollo

Difunde las tuyas entre miles de latinoamericanos

¿Qué hay de nuevo?

Lo que se está compartiendo

Otros artículos que te van a interesar

Explora todas las publicaciones por tema

Presupuestos Empleo, contratación y despido Liderazgo Costos Tecnología e internet Responsabilidad Social Empresarial Economía pública Formación y capacitación Estrategia y dirección estratégica Inteligencia emocional Compensación y salarios Gestión del talento Auditoria y control interno Autoayuda y superación personal Evaluación de proyectos y economía matemática Herramientas para emprendedores Gestión por competencias Economía política Pensamiento económico Ventas y administración de ventas Posicionamiento y marcas Contabilidad Negociación Canales de distribución y administración logística Gestión de la calidad Motivación e incentivación Estados financieros Microeconomía Comunicación organizacional Gestión financiera Producción, procesos y operaciones Competitividad Marketing estratégico SIM e Investigación de mercados Marketing directo y en línea Análisis, descripción y diseño de puestos Teoría de la organización Análisis financiero Entorno financiero y los mercados Comercio internacional Gestión del conocimiento Publicidad, promoción y Relaciones Públicas Estrategia de productos y servicios Pequeñas y Medianas Empresas PyMEs Tipos de mercado y su comportamiento Plan de negocios Macroeconomía Gestión del cambio Espíritu emprendedor Globalización e integración internacional Fundamentos de economía Innovación y creatividad Instrumentos, inversiones, riesgo y financiamiento Clima laboral Mejores prácticas Gestión ambiental y sostenibilidad Satisfacción y servicio al cliente Trabajo en equipo Reclutamiento y selección Matemáticas financieras Política económica

"Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana e intercambiamos las manzanas, entonces tanto tú como yo seguiremos teniendo una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea e intercambiamos ideas, entonces ambos tendremos dos ideas" George Bernard Shaw

Contenidos publicados con licencia CC BY-NC-SA 3.0 a excepción de los casos en los que se indican derechos de autor específicos. Sugerimos contactar a los autores al usar material públicamente.