Los criterios de la innovación educativa

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El “buen profesor” innovador en la enseñanza se preocupa enfáticamente en cómo mejorar sus formas de enseñanza, debe ir más allá, adentrándose en un proceso que ocurre casi fuera de su control: el proceso de aprendizaje.

Aprender es algo muy personal, ocurre dentro del individuo, quién es el único capaz de activarlo. El proceso de aprendizaje está controlado principalmente por el sujeto que aprende no por el profesor. Las personas aprenden cuando se involucran personalmente en el proceso de aprendizaje.

Una propuesta innovadora de la educación parte de concebir el proceso de educación como un proceso de desarrollo de potencial, más que un proceso de transmisión de información. Educar es facilitar aprendizajes significativos acerca de lo que necesitan los estudiantes, no prepararlos para los exámenes, sino prepararlos para la vida. El aprendizaje tiene que ser un puente entre la escuela y la vida.

En estos países en desarrollo como lo menciona Havelock Huberman (1977), que las innovaciones como procesos de solución de problemas en un sistema se encuentran dentro de otro sistema, y que el éxito en una innovación depende de la capacidad para articular la dependencia. Recordemos que la solución de algunos problemas, surgen en la vida de las innovaciones.

Por supuesto esto supone hacer cosas distintas a lo que hacemos, ir abandonando el esquema clásico tradicional de clases expositivas, magistrales, etc., seminarios reproductivos, para ver si se entendió o no, y prácticas simples que ponen muy poca exigencia a la creatividad estudiantil. El estudiante tiene que dejar de ser objeto de la enseñanza para convertirse en sujeto de aprendizaje. Esto también supone una confianza básica en el potencial del estudiante.

Se podría decir que actualmente la mayoría de los enfoques sobre innovación educativa coinciden en que no existe un único modelo innovador para los maestros, sino que existen múltiples innovaciones culturalmente determinadas. Los profesores tenemos que convencernos en que nosotros somos y nadie más, los responsables de que los estudiantes aprendan.

Para ser líderes en nuestras aulas, nosotros los profesores debemos cambiar nuestra forma de pensar, cambiar ese esquema mental que se ha venido formando en la actualidad, comenzar a sentirnos importantes y dejar de sentirnos funcionarios. Y una visión optimista de la educación es fundamental para formar estudiantes con mística. Podría afirmar que en la actualidad ni las redes sociales ni un computador o una calculadora de última generación reemplazarán jamás la palabra bien dicha de un maestro.

Se formulan doce criterios en los que debemos enfocarnos para un nuevo modelo de innovación educativa, dichos criterios se basan de la Red Innovemos de la UNESCO y en los que proponen Blanco y Messina (2000) en su Estado del arte en América Latina, publicado por la UNESCO.

Para estar dispuestos a ser innovadores en la educación como docentes actuales, tendríamos primeramente que tener una intencionalidad para realizar las cosas, que nos lleve a realizar alguna situación áulica y que nos permita ir en busca de esos tan esperados resultados, en busca un cambio que deliberadamente se propone lograr como una mejora, orientada, bajo una ruta pertinente innovación.

Tendríamos que retomar la novedad en donde el docente actual deberá tomar como algo nuevo alguna situación que propicie una mejora con respecto a una situación bien definida, con pertinencia, podría ser cualquier tema o situación nueva o reciente, que se realice de tal manera que llegase a ser admirable para los demás, con creatividad, motivadora e interesante que incentive realizarla y culminarla.

La profundidad tendría que acuerparla, esto debido a que nos ayuda a adentrarnos a detalle al tema, es decir desmenuzarlo, estudiar un todo por partes, también anticiparnos a posibles escenarios, esto debido a que debemos reconocer que siempre existen los improvistos, dicha anticipación tendría que venir en dado momento a atender dichas situaciones. La sistematización también juega un papel importante porque nos permitirá generar información contextualizada, que nos sirva de base a la toma de decisiones.

La diversidad en agentes implícitos en una innovación tendría que ser los implicados en la educación del niño o bien en este caso la sociedad misma, por ello tendríamos que buscar la participación activa de cada agente implícito, que apoye al docente, en aras de mejorar su participación hacia una innovación.

Un buen profesor sabe lo que enseña y sabe transmitirlo. Si a eso se agrega la capacidad de encantar al alumno con el aprendizaje, entonces tendremos a un docente efectivo que cumple las metas que todos esperamos”, esta tendría que ser una de las nuevas culturas, que debemos comenzar a formar. Recordemos las palabras de Gabriela Mistral cuando afirmó que si ella fuese la Directora de una Escuela Normalista no le daría el título a alguien que no tuviese “… algo de encantamiento”. Seducir es la clave de la enseñanza y la mejor manera de lograr resultados dentro del aula.

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Rodríguez Martínez Oscar. (2014, julio 17). Los criterios de la innovación educativa. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/los-criterios-de-la-innovacion-educativa/
Rodríguez Martínez, Oscar. "Los criterios de la innovación educativa". GestioPolis. 17 julio 2014. Web. <http://www.gestiopolis.com/los-criterios-de-la-innovacion-educativa/>.
Rodríguez Martínez, Oscar. "Los criterios de la innovación educativa". GestioPolis. julio 17, 2014. Consultado el 2 de Diciembre de 2016. http://www.gestiopolis.com/los-criterios-de-la-innovacion-educativa/.
Rodríguez Martínez, Oscar. Los criterios de la innovación educativa [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/los-criterios-de-la-innovacion-educativa/> [Citado el 2 de Diciembre de 2016].
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