La singular anatomía de nuestras emociones

Neocortex, amígdala, sistema límbico, noradrenalina, son elementos fisiológicos que intervienen en nuestras emociones, y que hasta ahora habían resultado desconocidos para quien suscribe y, en realidad, para muchos del común de los mortales.

El diseño biológico que rige nuestro espectro emocional no lleva cinco ni cincuenta generaciones evolucionando; se trata de un sistema que está presente en nosotros desde hace más de cincuenta mil generaciones y que ha contribuido, con demostrado éxito, a nuestra supervivencia como especie. Por ello, no hay que sorprenderse si en muchas ocasiones, frente a los complejos retos que nos presenta el mundo contemporáneo, respondamos instintivamente con recursos emocionales adaptados a las necesidades del Pleistoceno.

Es muy fácil condenar a quien no tiene la capacidad de controlar sus emociones ante determinado estímulo, también es muy fácil para muchos decir que, debido a los golpes de la vida, han llegado a un punto de carecer de emociones y sentimientos. Incluso personas con un Coeficiente Intelectual muy superior pareciera perder el control de sus emociones, este artículo trata de entender lo que entra en juego, cuando ese cúmulo de “cosas extrañas” entran en juego… las emociones.

Alrededor del tallo encefálico, que constituye la región más primitiva de nuestro cerebro y que regula las funciones básicas como la respiración o el metabolismo, se fue configurando el sistema límbico, que aporta las emociones al repertorio de respuestas cerebrales. Este sistema se ajusta a las exigencias cambiantes de la vida, este complejo sistema es el que hace que el ser humano pueda reconocer peligro, rabia, alegría y, a lo que muchos le huyen, la pasión y el enamoramiento.

El neocórtex es la región cerebral que nos diferencia de todas las demás especies y en que reposa todo lo característicamente humano. Este produjo un sinnúmero de combinaciones insospechadas y de gran sofisticación en el plano emocional, pues su interacción con el sistema límbico nos permitió ampliar nuestro abanico de reacciones ante los estímulos emocionales y así, por ejemplo, ante el temor, que lleva a los demás animales a huir o a defenderse, nosotros los seres humanos podemos optar por tomar otras decisiones, decisiones que muchas veces simplemente suceden y que, luego de suscitado el evento podemos reconocer con asombro.

Asimismo, con el neocórtex emergió en nosotros la capacidad de tener sentimientos sobre nuestros sentimientos, inducir emociones o inhibir las pasiones, entonces, gracias a este tejido blando guardado en nuestro cerebro podemos aseverar que es imposible que una persona sana pueda no tener sentimientos sobre sus sentimientos, pues según reza la literatura consultada, esto solo es posible si hay una patología de base en la amígdala.

Un dibujo infantil, un análisis adulto

La singular anatomía de nuestras emociones
La singular anatomía de nuestras emociones

Tomaremos como punto de referencia y similitud el dibujo de una peculiar flor dibujada por una nena de 7 años, en lo que pudiera tomarse como un despliegue de creatividad pura y el uso de todos los elementos cerebrales de los que dispone el ser humano y que, ella, por la inocencia de su edad, aún no se ha dado a la tarea de tratar de manipular.

El dibujo en cuestión está cargado de vibrantes colores, a simple vista pareciera ser un rostro de un solo ojo, una especie de caricatura de los primeros pininos de Matt Groening, pero en cambio es la más pura expresión de la actividad cerebral de esta pequeña niña.

El dibujo, al que llamaremos “Génesis” por lo que pudiera representar, representa la dicotomía entre lo emocional y lo racional, se asemeja a la distinción popular entre el corazón y la cabeza. La flor “Génesis” pertenece a un orden de convicción distinto al racional o al real, es decir, a lo que es una representación real de una flor. Los colores intensos usados para “Génesis” pudieran representar la intensidad de las emociones de lo irreal, aquello que escapa de nuestra mente lógica, y que nos sumerge en la más profunda y fascinante irrealidad que, cuando opera en colaboración con la mente racional nos guían adecuadamente a través del mundo.

Erróneamente quienes presumen ser intelectualmente más cultivados que el resto del mundo dicen tener control total sobre las emociones sin embargo, estudios neurológicos echan por tierra esta creencia, pues es el tálamo el responsable de llevar los estímulos recibidos por los sentidos y transmitirlos al neocortex, desde donde viajan al sistema límbico y este elabora una respuesta.

Se puede decir que solo un 20% logran un mayor dominio sobre las emociones ya que tal como sucede con las matemáticas o la lectura, la vida emocional constituye un ámbito que pueden dominar con mayor o menor pericia. Quienes gobiernan adecuadamente sus sentimientos, y saben interpretar y relacionarse efectivamente con los sentimientos de los demás, gozan de una situación ventajosa en todos los dominios de la vida, sin embargo, se debe estar al pendiente de que el control sobre ello, de manera consiente, debe ser constante, pues es usual que la parte meramente biológica del cerebro tome las riendas.

De autores e investigadores

El poder de manejar nuestras emociones inteligentemente ha causado furor desde que en el año 1995 David Goleman publicara su libro “Inteligencia Emocional”. Este best seller logró calar tanto en la población que desde ese momento el manejo de las emociones del ser humano se convirtió en una arma para triunfar o fracasar en la vida.

Antes de que Goleman hablara de la Inteligencia emocional y enseñara al mundo como esta puede ser una herramienta para que los empleados triunfen en las organizaciones y para que el individuo tenga una vida plena, otros personajes habían hablado de inteligencia emocional, aunque no habían recibido mayor reconocimiento por ello.

El denominado Desafío de Aristóteles había impulsado desde hace largos años la idea de que las emociones podían controlarse y aquello podría ser el inicio de una vida plena.

“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.” (Aristóteles)

Desde entonces la inteligencia emocional empezó a ser tema para algunos autores, quienes bajo perfil hacían severas críticas sobre la inteligencia tal y como era concebida tradicionalmente. Uno de ellos fue Howard Gardner (1983), quien veía la inteligencia como un abanico de habilidades, destacando dos tipos: la inteligencia interpersonal que permite comprender a los demás y la inteligencia intrapersonal que permite configurar una imagen fiel de sí mismo. (Goleman, 1995).

Es en 1990 cuando dos psicólogos Peter Salovey y Jhon Mayer presentaron el termino Inteligencia Emocional, que cinco años más tarde llevaría a la fama el trabajo de David Goleman.

Desde ese momento la inteligencia emocional es vista como la capacidad de controlar y regular nuestros sentimientos y los de los demás y además usarlos como guías de acción. Si nos detenemos un poco en los conceptos que se han presentado desde entonces sobre inteligencia emocional, todos coinciden en esta inteligencia como una habilidad que podemos desarrollar todos los seres humanos y usarla para nuestro beneficio.

Desde que Goleman desestimó la importancia que se le daba al coeficiente intelectual para definir el futuro de un individuo, se le ha prestado un poco más de atención a la forma en que se manejan las emociones y como ello sí puede definir el éxito que un determinado individuo puede tener en la vida.

La inteligencia emocional determina la manera en que nos relacionamos con los demás y comprende cuatro grupos de habilidades como: la autoconciencia, la autorregulación, la motivación y la empatía.

A manera de conclusión

Las emociones, eso a lo que muchos le huimos, tenemos la capacidad para mantenerla a raya, pero no se debe olvidar que son producto de una compleja anatomía formada por siglos de evolución, se podría decir entonces que MI PUNTO ES QUE lo más inteligente es instruirse en ellas.

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Sanabria Mélida. (2015, julio 3). La singular anatomía de nuestras emociones. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/la-singular-anatomia-de-nuestras-emociones/
Sanabria, Mélida. "La singular anatomía de nuestras emociones". GestioPolis. 3 julio 2015. Web. <http://www.gestiopolis.com/la-singular-anatomia-de-nuestras-emociones/>.
Sanabria, Mélida. "La singular anatomía de nuestras emociones". GestioPolis. julio 3, 2015. Consultado el 3 de Diciembre de 2016. http://www.gestiopolis.com/la-singular-anatomia-de-nuestras-emociones/.
Sanabria, Mélida. La singular anatomía de nuestras emociones [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/la-singular-anatomia-de-nuestras-emociones/> [Citado el 3 de Diciembre de 2016].
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