La necesidad de transformar la educación

  • Otros
  • 10 minutos de lectura

Cada tanto me pasa de plantearme qué estoy haciendo y cómo lo hago. Probablemente sea un ejercicio heredado que me ha dado resultados en la vida y que me ha llevado a tomar los grandes rumbos por donde aconteció y acontece mi vida.

Alberto, hace un año más o menos perdió su trabajo, lo despidieron, experiencia dura si las hay y que repercute en la totalidad del entorno de uno hasta en lo más nuclear que es la familia. Uno escucha y ha repetido en algunas circunstancias que “las cosas son oportunidades”, que “nada sucede porque sí”, “algo mejor te espera”… a decir verdad estas frases irritan bastante en un primer momento y realmente hay que dejar de escucharlas y pasar el trago amargo para poder seguir viviendo…

Es común que el despedido se levante a la mañana siguiente a la misma hora, se vista de la misma manera y se pregunta para qué… es que la rutina, los ritos, estructuran nuestra vida indefectiblemente. La repetición de esos ritos nos da un marco de seguridad, nos ordenan, nos permiten desarrollarnos… pero en algunos momentos se vuelven sin sentido, molestos y hasta agresivos. Qué pensaría usted de una persona que todas las mañanas se levanta a la misma hora, se baña, desayuna, prepara su portafolio, se despide de los suyos y camina las seis cuadras hasta el transporte que lo deja frente a su lugar de trabajo. Probablemente que es una persona ordenada y cumplidora de sus responsabilidades. Bueno ahora que diría si sabe que esa persona hace todas esas cosas pero llega a la puerta de su ex trabajo y se va a un bar a pasar la mañana…

Cuando era chico me enseñaron que las abejas eran unas genias porque trabajaban eran limpias y la colmena era un sistema productivo altamente eficiente. En cambio, las moscas eran sucias, inútiles y molestas, como diría Machado, son “inevitables golosas que ni labráis como abejas, ni brilláis cual mariposas; pequeñitas, revoltosas”. La abeja es laboriosa, tiene un objetivo, cumple sus metas, en cambio, las moscas… Si bien este conocimiento tiene algo de cierto, las moscas tienen algo que les permite seguir viviendo. Revaloricemos a las moscas como sugiere Belén Varela, en su libro ‘La Rebelión de las Moscas’: “Se ha calumniado a la mosca, suponiéndola más tonta que la abeja. Un famoso escritor dice que si meten en una botella con el fondo hacia la luz y la boca abierta en el opuesto sentido, las abejas, buscando la luz siempre, no hacen sino agitarse contra el cristal del fondo, sin poder convencerse de aquel invisible obstáculo, mientras que las atolondradas moscas, revoloteando de una a otra parte, hallan cuando menos lo esperan la salida. Lo cual es decir que la abeja es más lógica, es decir, más estúpida que la mosca, y está más estética, es decir más espiritual que aquella. La imbécil de la abeja se está rasca que rasca contra el cristal y hacia la luz, sin convencerse, mientras que la alegre mosca, convencida desde luego de que ha caído en una prisión, o más bien convencida de que es prisión todo o que nada lo es, la explora por todas partes, se pasea para divertirse sin importarle volar de trasero a la luz, y así por volver a la luz el trasero logra, jugando, la libertad”.

Nuestro personaje de estudio, el despedido, tiene que aprender a ser mosca. Durante mucho tiempo fue abeja y de las buenas. Bueno ahora si no quiere sucumbir encerrado en la botella tiene que aprender a ser mosca…

La pregunta que me hago hace tiempo es porque no nos enseñaron a cambiar, a pasar de abeja a mosca. O mejor dicho y esto sería lo ideal, a ser abejas moscosas o moscas abejosas.

La educación que recibimos es la de las abejas pero el mundo en el que vivimos es el de las moscas. Y lo peor que el sistema que enseña a nuestros hijos hoy día es el que hace buenas abejas.

Permítanme que me explique mejor. Cuando leemos, escuchamos, que la sociedad actual se caracteriza por el conocimiento, que el futuro de la diferenciación productiva, que al trabajador se lo cualificará por el conocimiento, todos hablan de la sociedad del conocimiento y de la información. Pero con el conocimiento nos puede pasar de ser moscas o abejas. Nadie puede negar que las abejas poseen un conocimiento de matemáticas, lengua, administración, organización, vuelo en escuadra, etc., etc. altísimo y de probada eficiencia. Este conocimiento las ha llevado al éxito de la supervivencia en la lucha biológica. La educación ha seguido este modelo desde la ilustración: el modelo de la repetición y el machaque. Hacíamos palotes iguales renglón tras renglón hasta que adquiríamos la destreza de manejar el lápiz, repetíamos las tablas hasta que soñábamos con ellas y hasta las podíamos repetirlas cantadas y con entonación, pero el tono no era de la cumbia o el regee, sino ese cadencioso ritmo del coro áulico que repetía “uno por uno, uno….” Nos enseñaron a ser buenas abejas, acumulamos genéticamente gran información, datos, guerras, clasificaciones, fórmulas que como las abejas nos sirvieron para ingresar a la universidad o a un estudio terciario para seguir acumulando “cosas”. Nuestra cabeza se parecía al desván de la abuela que guardaba la foto de mi papá cuando hizo la primera comunión en el 68 y el microondas que dejó de funcionar la semana pasada y no se anima a tirar (porque aprendió que no hay tirar nada, no se desperdicia nada). Esto servía en una sociedad estable, cuando el conocimiento se generaba y aprendía cual línea de producción.

La abeja en la botella repite una y otra vez lo que ha aprendido, aplica sus conocimientos pero no logra salir de la botella, probablemente esté enojada con ella misma y se critique que no aplica bien lo que sabe y por eso falla. Lo que no sabe la abeja es que va a morir en la batalla contra la botella. Si la abeja imitase a la mosca quizás sobreviviría.

El conocimiento es como la mosca errático, impreciso en el modo de generarse y adquirirse. Hoy es imprescindible entender que no encontramos el conocimiento que necesitamos en un anaquel de una biblioteca… la red nos transmite quizás mucha más información y conocimiento que la mejor biblioteca. Hoy el conocimiento está en el entorno y tengo que tomarlo. La mosca no sabe cómo se construye un panal, no sabe producir miel, no sabe ser abeja, pero es la que sale de la botella ¿por qué? Sale de la botella porque se anima a pensar de otro modo, a probar y equivocarse. Está “convencida…que ha caído en una prisión, o más bien convencida de que es prisión todo o que nada lo es…” Conoce de otro modo y usa su conocimiento, lo que ya sabe, de modo diverso hasta que lo logra.

Mosca o abeja no se nace se hace

Muchas veces se escucha frente al éxito de una persona en los negocios, en la vida, es que tuvo suerte, que algunos nacen “con estrellas y otros estrellados”…, lamentablemente este modo de pensar es el certificado de mediocre. Probablemente haya una cuota de suerte, de estar en el lugar adecuado, en el momento justo… Pero a diferencia de Rawls yo no creo en la “lotería de la vida”. Creo que si la mamá de Camus hubiese pensado así jamás habría ganado el premio nobel y nos habría privado del placer de leer “La Peste”.

Todo radica en nuestro modo (como sociedad) de entender el aprender, y por lo tanto el enseñar. Mucho se ha escrito en y sobre pedagogía, teorías y métodos de enseñanza, muy lejos estoy de meterme en ese terreno. Simplemente voy a relatar experiencias, hechos facticos, que quizás sean disparadores de pensamiento. Éste es el fin de estas líneas que pensemos juntos…

Podemos entrar a un aula de cualquier punto del país, de cualquier sector de la sociedad y el esquema físico que encontramos es una cantidad de bancos alineados o no destinados a los alumnos un espacio un escritorio para el docente, al frente un pizarrón (de tiza, fibra o virtual), algunas ilustraciones en las paredes… Más o menos es lo que encontramos en nuestras aulas. Los espacios institucionales, al igual que las posturas del cuerpo, dicen más que los planes y diseños curriculares. Dicen cómo entendemos el proceso enseñanza aprendizaje. Hoy todavía entendemos enseñar como una acumulación y repetición de conocimientos, el espacio áulico como una usina de conocimiento. Medimos acumulación de conocimiento…

En una escuela, Laura, es una alumna de 2º año del secundario que ya entendió como es el sistema, cómo funciona. Ella sin mucho método experimental, comprobó que durante el año escolar puede ocuparse de cosas que para ella son importantes y no estudiar. A fin de año Laura se lleva a coloquio 4 materias: matemáticas, historia, plástica y biología. Sabe que sus padres refunfuñaran un rato pero luego se les pasa. Ella va a pasar de año porque en plástica hay que entregar 11 dibujos que sus amigas le ayudan a hacer en una tarde, historia tiene que saber una unidad que es lo que le dijo la profe, se le complica con biología y matemáticas pero tiene buena memoria y una noche de estudio le basta para saber las eras geológicas, las diferencia entre células pro y eucariota… si no lo puede explicar bastan los ejemplos. Matemáticas se complica pero tiene hasta diciembre del próximo año para aprobarla…

Durante los coloquios de diciembre el cuerpo docente de la escuela realiza un taller sobre evaluación continua de los procesos educativos…

Efectivamente Laura pasó de año y el sistema le confirmó que no interesan los procesos sino lo que ella recordó y acumuló. Además le confirmó que hay cosas más importantes que la escuela y son las que ella eligió hacer durante todo el año…

En otra escuela en un retiro-taller de docentes, se preguntaban qué egresados queremos para dentro de 5 años. En casi todos los grupos de trabajo figuraba en primer lugar (en algunos en el segundo o tercer puesto) queremos que “sean personas críticas” disputando el puesto con la creatividad. Una maestra histórica del nivel primario se preguntaba internamente (porque hacerlo en voz alta equivalía a un suicidio institucional): realmente queremos alumnos creativos y críticos, si basta ver los actos patrios enlatados que hacemos y que repetimos año tras año para ver que no es así. Y encima el estado provincial privilegia la oportunidad turística y no estamos en la escuela para celebrar el 9 de julio.

Nadie niega al valor pedagógico de la celebración de nuestras fechas patrias, pero tenemos que reconocer que no somos muy creativos en ellas y cada año le hacemos repetir el cruce de los Andes de San Martín y ¡guay, que no hagan las nubes o las nieves eternas con algodón!

Cuánto hace que venimos repitiendo y repitiendo los mismos esquemas. Educamos a nuestros docentes con tiza y pizarrón y nuestros alumnos están con el blackberry, el lphone, internet, wii, SMS, etc. Los medios no van a reemplazar la relación interpersonal del hecho pedagógico, pero me pregunto si estamos educando a nuestros docentes para ser nuevas abejas o serán las moscas que necesitan nuestros hijos.

Un día le pregunté a un profesor europeo (Alemán) si me podía dar el programa del curso que iba a desarrollar el próximo semestre, él me contestó:

“No sé quiénes serán mis alumnos así que no podría contestar a su pregunta. Sé cómo voy a empezar no como voy a terminar”.

Si entendemos la educación como acumulación o repetición, este hombre no enseña, es un chanta. Pero, era un excelente docente. Él creía que cada grupo de sus alumnos hacía un camino propio en el aula. Para él cada alumno elegía lo que quería aprender con él. Era un facilitador del conocimiento.

Hace poco escuché esta frase que me hizo pensar mucho lo que vengo haciendo desde hace 32 años, enseñar es brindar espacios de seguridad para que el otro se equivoque. Me hizo recordar a mis hijos empezando a caminar, qué es lo que uno hacía: les brindaba contención, seguridad, pero no podíamos evitar todos los golpes que se dieron.

Ser docente, educador para mí es despertar a otros al mundo del conocimiento y despertarme yo mismo con ellos. Es increíble la experiencia de plenitud que se experimenta cuando junto con un alumno llegamos a una síntesis nueva.

Sabemos que el pensamiento grupal es más creativo que el individual, pero seguimos teniendo a nuestros alumnos sentados en bancos individuales o a lo sumo de a dos, pero el trabajo siempre es individual. No preparamos a nuestros niños y jóvenes a moverse en un mundo en red, que trabaja en equipo y piensa globalmente.

Nos preocupamos por el desinterés de nuestros alumnos en aprender, desinterés por los temas de las asignatura, pero nunca nos preguntamos si lo que propongo, el modo, los medios que uso son los adecuados. No se pretende que el docente sea un payaso, un gurú que capte casi hipnóticamente la atención del alumno. Es necesario que el docente despierte el interés de conocer. Que sea capaz de despertar en el otro las ganas de saber, no un cúmulo de fórmulas y fechas, sino que sea capaz de despertar en el alumno el interés de sumar conocimiento para su proyecto personal. Entusiasmar a otro en el conocimiento quiere decir que primero estoy entusiasmado como docente en conocer. Por eso insisto que la repetición mata la educación. Si nos limitamos a repetir lo del año anterior, lo de otro, lo que me sirvió hace 4 años, estoy matando la educación.

Lo peor que nos puede pasar en educación es creer que estimular para conocer es darle al otro lo que quiere. Ello simplemente reduciría más su mundo y sus posibilidades futuras. O, que estimular es dejarlo siempre contento, nunca con ganas de más. El ser humano avanza en la vida moviéndose de lo que tiene a lo que no tiene. Si esto no fuese así el virólogo Sabin se hubiese conformado con la vacuna intramuscular para la polio, nunca la hubiese modificado al punto de unas gotas en un terrón de azúcar. Ser inquieto es la base del conocimiento y de los avances en él, pero nosotros queremos a nuestros niños estáticos y limitados a 48 cm2 que es la superficie de la silla donde deben permanecer al menos 4 horas al día.

Creo que cada vez es más profunda la necesidad de cambiar el modo de enseñar, lo vemos todos, lo experimentamos como docentes, pero nos falta voluntad para buscar cómo. Lamentablemente la educación se encuentra como la abeja encerrada en el frasco, espero que se susciten muchas moscas que nos ayuden a encontrar el camino para crecer.


Como complemento a lo expuesto hasta aquí queremos recomendarte un par de geniales charlas de Sir Ken Robinson, experto en asuntos relacionados con la creatividad, la calidad de la enseñanza, la innovación y los recursos humanos, en las que expone algunas de las razones por las que se hace necesaria una transformación del sistema educativo para que sirva como propulsor de la creatividad (y la felicidad) de los estudiantes y no como freno a sus potencialidades.

Hazle saber al autor que aprecias su trabajo

Estás en libertad de marcarlo con "Me gusta" o no

Tu opinión vale, comenta aquíOculta los comentarios

Comentarios

comentarios

Compártelo con tu mundo

Escrito por:

Cita esta página
Mello Gabriel. (2014, agosto 27). La necesidad de transformar la educación. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/la-necesidad-de-transformar-la-educacion/
Mello, Gabriel. "La necesidad de transformar la educación". GestioPolis. 27 agosto 2014. Web. <http://www.gestiopolis.com/la-necesidad-de-transformar-la-educacion/>.
Mello, Gabriel. "La necesidad de transformar la educación". GestioPolis. agosto 27, 2014. Consultado el 9 de Diciembre de 2016. http://www.gestiopolis.com/la-necesidad-de-transformar-la-educacion/.
Mello, Gabriel. La necesidad de transformar la educación [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/la-necesidad-de-transformar-la-educacion/> [Citado el 9 de Diciembre de 2016].
Copiar
Imagen del encabezado cortesía de 28703188@N02 en Flickr