La burbuja del clima

La burbuja del clima
Por Sandor Alejandro Gerendas-Kiss
Este artículo fue publicado en agosto de 2011. Debido a que mantiene plenamente su vigencia considero
oportuno leerlo nuevamente.
Cuando en 1851 se inauguró la Gran Exposición de Londres, con sede en el espectacular
Crystal Palace, primera edificación de cristal y acero y abuelo de los modernos rascacielos,
miles de visitantes se detuvieron delante del stand de Cyrus McCormick para admirar su
segadora último modelo, tirada todavía por un caballo. Este portento de la ingeniería
realizaba cortes horizontales e incluía un novedoso mecanismo que amontonaba las
espigas de trigo en haces y luego las amarraba automáticamente. Ya antes de que este
pionero de la industria de la maquinaria agrícola estadounidense atravesara el Atlántico,
para mostrarle al mundo su concepción, gran cantidad de innovaciones se habían
introducido en la primera mitad del s. XIX en su país. Para esa fecha había cien mil
trilladoras en Estados Unidos, pero la mecanización de las granjas sólo tomó intensidad
en pleno fragor de la Guerra de Secesión (1861-1865).
La conflagración absorbió gran parte de la fuerza laboral obligando a los granjeros a
sustituir la mano de obra por las recién estrenadas máquinas, puesto que requerían de
pocos operarios y podían ser manejados por una mujer o un muchacho. Además, la guerra
hizo que los productos agrícolas subieran de precio y parte del incremento del capital
fuese invertido en las nacientes tecnologías. Después de acallarse los cañones el auge de
las innovaciones despegó aceleradamente. Sólo hasta 1900 se otorgaron doce mil
patentes de arado y se introdujeron uno tras otro el arado múltiple, la segadora, la
sembradora, la atadora, la desgranadora, la descascaradora, la aventadora de abono, el
arado múltiple, la secadora de heno, la sembradora de papas, la incubadora, la
descremadora y muchas otras maquinarias que aumentaron la eficiencia de las labores
agrícolas. Desde la revolución del Neolítico no se había asistido a cambios tan drásticos
en los procesos del campo. Para tener una idea del incremento de la productividad, basta
pensar que en 1850 se necesitaban 24 horas para segar una tonelada de heno, pero un
siglo después apenas cuatro. Esto se tradujo en el incremento exponencial de la
producción agropecuaria y en sustanciales rebajas de los precios de los alimentos.
Pero el maquinismo agroalimentario trajo consigo la rápida multiplicación de tierras
cultivadas y el consecuente impacto ambiental, aquello que nosotros hemos llamado la
burbuja del clima, afectando cantidad de hábitats constituidos lentamente desde
milenios, borrados del mapa en poco tiempo. En las tres décadas que siguieron a 1860 se
utilizaron para el cultivo más tierras que en toda la historia de los Estado Unidos hasta
ese momento. El número de granjas se incrementó de dos a seis millones, la superficie
sembrada se duplicó, la producción de trigo subió de 173 a 635 millones de búshels y las
cosechas de maíz y algodón se triplicaron. Desde la primera mitad del s. XX algunos
autores, como Samuel Elliot Morison y Henry Steeler Commager (Historia de los Estados
Unidos de Norteamérica, Fondo de Cultura Económica, 1951), de quienes hemos tomado
la mayoría de estos datos, alertaron sobre los daños causados a los ecosistemas. La
extracción excesiva de los productos del subsuelo, el cultivo esquilmador y la destrucción
de los bosques dicen estos autores ocasionaban erosiones, sequías e inundaciones.
Cerca de cuarenta millones de hectáreas, una sexta parte de la superficie total del sur de
los Estados Unidos se había perdido o dañado por las erosiones. Hacia 1930, en algunas
partes, el piedemonte había desaparecido la mitad de la tierra cultivable.
Entrado el s. XX, cuando ya Estados Unidos tomaba de lleno el testigo de la revolución
industrial de manos del British Empire, la producción a escala adquirió nuevas
dimensiones, al igual que la burbuja del clima. Alguos la ha deoiado seguda
revoluió idustrial, araterizada por los grades aios e los patroes eergétios.
La máquina a vapor dio paso al motor de gasolina, diesel y eléctricos. Para 1930 ya
funcionaban en los Estados Unidos un millón de tractores de nuevas tecnologías. También
se introdujeron masivamente cosechadoras y trilladoras mecánicas, camiones y grandes
máquinas combinadas motorizados por los recién estrenados combustibles. Se asistía a
un segundo gran cambio en el modo de producción del campo. Los agigantados pasos con
que avanzaban la ciencia y tecnología, aunados a los grandes capitales, marcaron el fin de
la variedad de cultivos y a la agricultura de sustentación. La pequeña granja familiar ya no
resultaba eficiente y cedió paso a las grandes haciendas especializadas, dedicadas al
monocultivo. Ello produjo un gran éxodo del campo a la ciudad. Entre 1870 y 1930 la
población rural estadounidense disminuyó del 80% a menos del 40% y luego la migración
siguió a un ritmo más acelerado.
Con el tiempo, las súper-máquinas llegaron a muchas partes del mundo y la historia fue
similar a la estadounidense: cantidad de bosques desaparecieron y las ciudades se
nutrieron de oleadas de gentes que llegaban del campo en busca de mejores
oportunidades. La creciente cantidad de maquinaria agrícola, transportes de cargas,
automóviles y aviones que utilizaban combustibles fósiles fueron incrementando la
emisión de gases de CO2 a la atmosfera. Las alarmas no tardaron en dispararse, y de
pronto la acumulación de gases de dióxido de carbono empezó a relacionarse con el
calentamiento global por causas antropogénicas. Después de la década de 1950
comenzaron a levantarse voces por el futuro de la sustentabilidad de la vida en la Tierra.
En las últimas décadas del s. XX se hablaba cada vez más de los patrones energéticos
alternos, y entre los más populares se destacaban los biocombustibles. El problema con
los combustibles biológicos es que requieren de enormes superficies de tierras para su
cultivo. Si su uso se masificara, además de competir con la producción de alimentos, se
incrementarían los sembradíos, agravando el problema, ya que invadiríamos mayor
cantidad de biotopos en bosques, selvas, llanuras, ciénagas y regiones semidesérticas en
todo el mundo, habitados por cientos de miles de especies de plantas y animales que
ocupaban estos espacios desde milenios.
En cuanto a los ríos, lagos y océanos, además de los daños que sus aguas sufren por
efectos de la contaminación y del cambio climático, van perdiendo su fauna natural en
beneficio de la alimentación de cada vez s miles de millones de seres humanos que
habitan el planeta. En estos días leíamos que España había agotado en tan sólo cuatro
meses el 100% de su cupo de pesca para 2011. Las ballenas están mermando su población
por constituir un importante alimento en Japón, Noruega y en otros países. Es indudable
que la burbuja poblacional, mediante las crecientes necesidades de consumo y
transportación de la gente, tendrá un impacto cada vez mayor sobre el equilibrio de la
diversidad biológica, con consecuencias impredecibles.
Llegado a este punto, consideramos oportuno recordar a Thomas Malthus y su clásico
euiado: ietras la polaió ree e progresió geoétria, los edios de
susisteia lo hae de fora aritétia, tesis iluida e su poléio Ensayo sobre el
principio de la población, publicado en 1798, en la que afirmó que llegaría el momento en
que la población no podría obtener recursos suficientes para subsistir, debido a una gran
escasez de alimentos. Nos preguntamos: en qué se equivocó Malthus y si en verdad erró
en todo. En primer lugar, su desacierto fue que no vislumbró la revolución
agroalimentaria que echó por tierra su enunciado, y mucho menos el espectacular
crecimiento poblacional que vino después de su muerte. Sin embargo, consideramos que
Malthus no se equivodel todo, ya que la escasez de alimentos por él preconizada y la
cantidad de hábitats naturales destruidos para satisfacer las ingentes necesidades
nutricionales de las enormes poblaciones, son dos caras de la misma moneda. El desastre
por él vaticinado no se materializaría por insuficiencia de alimentos, que también pudiera
agravarse en un futuro próximo, como ya ocurre en algunos países, sino por su exceso de
producción, que contribuye de manera importante a la generación de la burbuja del
clima. En un escenario en el que la catástrofe ambiental tomase características
apocalípticas, al punto que se produjera la extinción del homo sapiens sapiens que
equivaldría, con creces, al corolario de la tesis de Malthus.
En conclusión, no caben dudas de la interacción mutua de las cuatro burbujas del
apocalipsis. El crecimiento de la burbuja poblacional continuará presionando a la burbuja
de los commodities y ésta, principalmente la de los alimentarios y energéticos, a la
burbuja del clima o burbuja ecológica. Si la burbuja del dinero estallara, probablemente
comprometería los acuerdos y protocolos sobre el cambio climático y retrasaría la
entrada de las energías alternas.
Luego de concluir nuestros análisis, las preguntas que caben son: ¿Cuál de las cuatro
burbujas estallará primero? ¿Cómo nos imaginamos el estallido de la burbuja
poblacional? ¿La de los commodities? ¿La del clima? ¿Podremos impedir estos estallidos?
¿Tendremos la capacidad de evitar el apocalipsis? Las respuestas se las dejamos a
ustedes, nuestros lectores.
Este artíulo foró parte de la serie Las uatro urujas del apoalipsis: diero,
polaió, oodities y lia, que estuvo conformada por cinco piezas publicadas
en el año 2011.

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Gerendas Kiss Sandor Alejandro. (2016, febrero 3). La burbuja del clima. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/la-burbuja-del-clima/
Gerendas Kiss, Sandor Alejandro. "La burbuja del clima". GestioPolis. 3 febrero 2016. Web. <http://www.gestiopolis.com/la-burbuja-del-clima/>.
Gerendas Kiss, Sandor Alejandro. "La burbuja del clima". GestioPolis. febrero 3, 2016. Consultado el 3 de Diciembre de 2016. http://www.gestiopolis.com/la-burbuja-del-clima/.
Gerendas Kiss, Sandor Alejandro. La burbuja del clima [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/la-burbuja-del-clima/> [Citado el 3 de Diciembre de 2016].
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