Esta difícil interrelación del pensar, con el decir y el hacer, ha
sido merecedora de las más diversas opiniones a lo largo del tiempo por
parte de especialistas de numerosas disciplinas. Muchas veces se ha
dicho que las personas no pensamos y que inclusive, la actividad de
pensar, y el hecho de pensar bien es tan importante, que debería
enseñarse a la par de muchas otras asignaturas que forman parte de
nuestra educación formal. En lo particular, considero este razonamiento
correcto, ya que muchas otras habilidades de poco nos sirven, si no
sabemos pensar.
La importancia de pensar
Las personas pensamos (o al menos deberíamos hacerlo) con diferentes
propósitos: recordar, comprender, analizar, sintetizar, establecer
conexiones, tener ideas, tomar decisiones, solucionar problemas, etc.
Este ejercicio de nuestra mente, contribuye a nuestro desarrollo
personal y profesional, y a la mejora de nuestra comunicación con otras
personas. Pensando nos entendemos mejor a nosotros mismos, y entendemos
mejor a los demás. Podemos, por otra parte, pensar solos y también, en
cierto modo, pensar en equipo (con sus ventajas y riesgos). Y muchas
empresas se beneficiarían si todos pensáramos mejor las cosas cada día.
No tengo dudas que hay profesionales y empresas que piensan, y que lo
hacen bien: analizan con esmero y cuidado los problemas que encaran,
atienden a las causas y las consecuencias de cada actuación, ubican cada
parte en el todo a que pertenecen, leen entre líneas, escuchan con
atención, descubren los problemas subyacentes, parecen ver más allá del
horizonte, abren espacio a su intuición, reflexionan sobre sus actos,
poseen un sentido crítico constructivo, se anticipan a los
acontecimientos, crean modelos inteligibles para abordar la complejidad,
generan valiosas ideas innovadoras, perciben la evolución de los
sistemas, advierten conexiones escondidas, concluyen y sintetizan con
facilidad y precisión, toman decisiones adecuadas, enfocan bien sus
planes, manejan rigurosamente los conceptos estableciendo sus
dependencias jerárquicas, deducen y diagnostican con acierto… Pero hay
que admitir que no siempre es así, y que no siempre (casi nunca)
utilizamos satisfactoriamente nuestra capacidad de pensar.
¿Qué es eso de pensar?
“¿Pensar qué?”, “¿Pensar cómo?”, o incluso más filosóficamente: “¿Qué es
eso de pensar?.” El verbo castellano “pensar” proviene del latín
pensare, que significa pensar, calcular, pesar. El seudónimo de “Mr.
Internet” que me ha conferido una persona muy cercana me motivó “a
pensar” un concepto entendible para todos sobre lo que es pensar. Y me
pareció oportuno establecer así, una analogía con Internet. La actividad
de pensar es como una navegación por esa web que es nuestra mente, para
acceder a aquellas direcciones que necesitamos y establecer las
conexiones precisas. Simbólicamente, podríamos decir que las distintas
modalidades de pensamiento demandan diferentes trayectorias de la
navegación de nuestras neuronas.
“Es cierto que todos los hombres, a diferencia de los animales, piensan.
Pero no cualquiera es pensador.”
Y esta navegación por esa suerte de red de neuronas, muchas veces nos
lleva a destinos errados (y ni siquiera aceptamos que nos hemos
equivocado). Además de pensar, y decir lo que pensamos, también que
tenemos que hacer.
Hay una frase un tanto “trillada” para quienes vivimos este maravilloso
mundo del management, pero que bien vale la pena citarla en este
artículo: “Por hacer, podemos equivocarnos. Pero el que no hace, ya está
equivocado.” Debemos tener la madurez suficiente para desarrollar
nuestra capacidad de reconocer los errores, a priori o a posteriori,
pero sobre todo y para evitarlos, tenemos que desarrollar nuestro
pensamiento, en cualquiera de las modalidades que podamos imaginarnos:
analítico, conceptual, sistémico, estratégico, holístico, crítico,
divergente, reflexivo, sintético, proactivo, convergente, conciliador…
Cada intervención de nuestra mente, requiere de determinadas
competencias cognitivas (y seguramente también algunas emocionales), y
para ello, como un buen menú, debemos utilizar la combinación correcta
con la dosis precisa de ingredientes.
Muchas herramientas
Hay numerosas técnicas y metodologías que nos pueden ayudar a pensar y a
encontrar mejores soluciones a problemas cotidianos. Y de paso, ya que
nos ponemos a pensar, no estaría mal que lo hagamos de un modo creativo,
viendo las cosas de diferente manera, haciendo algo nuevo, y llevándolo
a la práctica. Pensamiento, creatividad, inspiración. Póngale el nombre
que Ud. quiera, pero empiece ya.
Hay una infinidad de técnicas (muchas ya las hemos tratado en números
anteriores): Entradas Aleatorias (Random Input), Reversión del Problema
(Problem Reversal), Imaginación Aplicada (Resumen de Preguntas),
Pensamiento Lateral, Los Seis Sombreros del Pensamiento, CPS, Scamper,
El Principio de Discontinuidad, Lista de Chequeo, Tormenta de Ideas,
Relaciones Forzadas-Analogías, Lista de Atributos, Conexiones
Morfológicas Forzadas y Análisis Morfológico, Imitación, Mapas Mentales,
Historietas (Storyboarding), Sinéctica, etc.
Cualquiera que emplee, será de mucha ayuda. Y le sumamos hoy una nueva
técnica, que tuve la posibilidad de conocer hace algún tiempo: La Prueba
Cuádruple Rotaria, esta técnica fue desarrollada por el Rotario Herbert
Taylor en 1932 cuando le pidieron que asumiera el mando de la empresa
Aluminum Company en Chicago, que estaba al borde de la bancarrota y
buscó la forma de salvar a esta empresa hundida en una depresión por
motivos financieros.
La Prueba Cuádruple fue adoptada por Rotary International en enero de
1943, y desde esa fecha, ha sido traducida a más de 100 idiomas e
impresa en miles de formas. Esta técnica no proporciona respuestas sino
que formula preguntas, que quien la utiliza debe contestar. Gestionar el
pensamiento pasa también por prepararse antes de ponerlo en marcha: por
disponer de la información suficiente para que nuestra navegación mental
nos lleve a buen puerto y no se convierta en divagación.
En suma, hemos de gestionar bien nuestro “hacer”, también nuestro
“decir”, y desde luego nuestro “pensar.”
Contador Público, Maestrando en Administración y Dirección de Empresas y Negocios (UCU) y Diplomado en Economía y Comercio Internacional (Master en Comercio y Finanzas Internacionales de la Universidad de Barcelona, España). En el ámbito profesional, se desempeña como Consultor y Capacitador en Pequeñas y Medianas Empresas y Organizaciones Gubernamentales. Es docente universitario de carreras de grado y posgrado. Es instructor de capacitación del Programa Federal de Capacitación y del Programa de Capacitación y Tutorías bajo el régimen de Crédito Fiscal, ambos de la Subsecretaría de la Pequeña y Mediana Empresa y Desarrollo Regional de la Nación. Es consultor individual y capacitador en proyectos de consultoría del BID – FOMIN. Director de Consultores del Litoral.
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