La personalidad creativa

Autor: Arturo Orbegoso G.

Innovación y creatividad

10-09-2008

En la última década, Gardner (1993), afamado estudioso de la inteligencia, ha definido la creatividad como la cualidad de una persona para resolver problemas regularmente, para entregar ideas o productos novedosos que terminan por aceptarse en su respectiva cultura.

Por su parte, Romero (1994) reconoce a la creatividad como una actividad original que produce más de una solución a un problema.

La creatividad supone, entonces, un comportamiento original o nuevo, no convencional, y además con una utilidad práctica. Podría decirse que una de las características distintivas de la humanidad es precisamente su capacidad para desarrollar cosas nuevas, rasgo que la ha hecho evolucionar como especie y progresar como civilización.

Aquí se asumirá una definición de creatividad surgida de los estudios más conocidos sobre el tema, aquella que la entiende como el proceso gracias al cual una persona resuelve un problema de modo original, con una solución –o varias de ellas- desconocida hasta ese momento, y generando una utilidad o producto también novedoso.

Ahondando más en el tema, la creatividad se entiende como proceso y como producto. Esto es, como forma peculiar, interna, subjetiva y por ende desapercibida para el espectador, que una persona tiene de analizar y elaborar situaciones y, de otro lado, como conjunto de resultados objetivos y tangibles del actuar de una persona considerada creativa (Marín, 1980; Novaes, 1973).

Ser creativo significa, para recapitular, ver la realidad de forma diferente, peculiar, de modo distinto a los demás. Una persona creativa es aquella que puede descomponer una situación o problema de forma opuesta a la mayoría y que, a la vez, producto de ese análisis singular, halla respuestas o modificaciones novedosas.

Dicha solución sólo se considerará realmente creativa si resulta útil y productiva, si acarrea más beneficios que los procedimientos anteriormente usados.

Algunos escépticos señalan que es ésta una entidad inabordable o incognoscible, imposible de restringir a determinados parámetros. Es fruto, dicen, del azar, de circunstancias especiales e impredecibles. Responde más al chispazo sorprendente y repentino que a la voluntad o intención de las personas dotadas de ella.

No obstante lo dicho, existe ya una literatura que analiza la personalidad de los sujetos creativos.

Esta vía ha surgido ante lo inseguros que aún resultan los llamados tests de creatividad. Según concluye Gardner (1993), uno de los más célebres estudiosos del tema actualmente, los llamados tests de creatividad no son completamente válidos. Nada garantiza que quien salga airoso en una de estas pruebas, lo sea efectivamente en la vida práctica o real.

Hacia fines del siglo diecinueve surgió el interés por estudiar al detalle las vidas de las gentes brillantes, notables por su intelecto y sus obras. Los primeros trabajos sobre estas personas se deben a Francis Galton, Havelock Ellis y Cesare Lombroso.

Es ya en los años cincuenta del siglo XX que el tema reaparece con otro cariz, es decir, desprovisto de prejuicios racistas, que caracterizaron a los autores decimonónicos. En el Berkeley Institute of Personality Assesment se empieza a estudiar la biografía de artistas y científicos destacados. El objetivo es hallar denominadores o rasgos comunes (Barron, 1976). En jerga psicológica, se asume un enfoque nomotético, aquel que busca establecer leyes generales.

En años recientes, el estudio prolijo de sujetos creativos ha sido encabezado por Howard Gruber, Dean Simonton y Howard Gardner (1993, 2001). Es así como parece haberse llegado a un perfil del individuo creativo.

Varios son los perfiles de la persona creativa que se han expuesto. Gowan, Demos y Torrance (citados por Romero, 1994) presentan su propia lista de rasgos: curiosidad, espíritu inquisitivo; originalidad de pensamiento y de acción; independencia de obra y pensamiento; fértil imaginación; inconformismo; captación de relaciones desapercibidas para los demás; fluidez de palabras y acciones; constancia en sus acciones y aprecio por la complejidad.

Sólo resta aludir al vínculo entre creatividad e inteligencia. De acuerdo a los entendidos, las personas más creativas no son siempre las de más alta inteligencia. Si bien resulta indispensable contar con cierto nivel de inteligencia superior para ser creativo, los hechos muestran que buen número de personas de inteligencia normal promedio hacen gala de ideas ingeniosas y creativas. Aunque parezca curioso, también hay personas inteligentes y muy poco creativas.

Según los entendidos (Ricarte, 1998), el sujeto inteligente ejercita un pensamiento convergente, esto es, en un solo sentido: se esfuerza por hallar la solución correcta a un problema y sólo una. Mientras que la persona creativa practica un pensamiento divergente, es decir, va más allá de lo usual y se esfuerza por producir más de una solución a determinado asunto o dilema.

REFERENCIAS

BARRON, F. (1976), Personalidad creadora y proceso creativo. Madrid: Marova.
DAVIS, G. y J. SCOTT (Compiladores) (1975), Estrategias para la creatividad. Buenos Aires.
GARDNER, H. (1993), Mentes creativas. Barcelona: Paidós Ibérica S.A.
GARDNER, H. (2001), Arte, mente y cerebro. Una aproximación cognitiva a la creatividad. Barcelona: Paidós Ibérica S.A.
MARIN, R. (1980), La creatividad. Barcelona: CEAC.
NOVAES, M. (1973), Psicología de la aptitud creadora. Buenos Aires. Kapeluz.
ROMERO, C. (1994), El estudio de la creatividad en el ámbito de la educación. En: Más Luz, Revista de Psicología y Pedagogía. N° 1, Vol. 2. Pp. 51 – 65.
RICARTE, J. (1998), Creatividad y comunicación persuasiva. Barcelona: Universidad Autónoma de Barcelona.
TORRANCE, P. (1977), Educación y capacidad creativa. Madrid: Marova.

Arturo Orbegoso G.

Peruano – Psicólogo Organizacional.

Docente Universitario y Consultor de Empresas.

aorbegosogarrobayahoo.es

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