Los emprendedores y emprendedoras nacen y se hacen. El desarrollo del emprendedurismo ha demostrado en el mundo su validez como estrategia para superar la pobreza y desarrollar en plenitud a las personas y familias que participan de proyectos de este tipo.
La mujer emprendedora, caracterizada por un espíritu activo y
positivo, que la lleva a asumir riesgos y compromisos, desafía al
mercado y al sistema, se levanta y vuelve a empezar asumiendo los
inconvenientes y fracasos como aprendizajes. Es esta mujer la que con
valentía ha sabido enfrentar la crisis terrible que vivimos hacen tan
pocos años.
El autoempleo constituye, en muchos casos, la única oportunidad de la
que disponen muchas mujeres para ganar un ingreso de subsistencia,
debido a que el empleo pago se encuentra fuera de su alcance.
El desarrollo de actividades emprendedoras no es fácil y vuelven a
demostrar el ingenio y la capacidad de trabajo que estas mujeres,
algunas como único sostén de sus familias, demuestran al sortear las
múltiples dificultades que se le presentan.
Algunas de las barreras y obstáculos relativos al género pueden resumirse en:
- Barreras de rol: Se espera de ellas otro rol y no el que implica su participación en el espacio público y en el mundo de los negocios.
- Barreras sociales y culturales: Actitudes negativas hacia las mujeres que participan en negocios, falta de apoyo familiar, escasas posibilidades de movilidad.
- Barreras educacionales: la falta de preparación técnica o conocimientos insuficientes, educación incompleta y parcial, acceso limitado a la capacitación por el sin número de responsabilidades familiares.
- Barreras ocupacionales: menos oportunidades para algunos oficios y para el empleo formal.
- Barreras legales y de infraestructura: problemas de acceso al crédito, a la tierra, a servicios de apoyo, a la información.
Estas barreras, algunas de las cuales hoy van lentamente encaminadas
hacia cambios que tienden a disminuirlas, tienen fuertes raíces
socio-culturales, lo que supone un proceso a largo plazo, en el cual, la
sociedad toda, hombres y mujeres, debemos involucrarnos y participar.
Las mujeres que lideran empresas y microemprendimientos no pueden ser
pensadas aisladas del contexto económico y social en el que se
desenvuelven. Los valores sociales, tales como la subvaloración del rol
económico de la mujer, los estereotipos basados en el sexo, el acceso
limitado de las mujeres a ciertos tipos de capacitación vocacional, las
políticas y la legislación, impactan considerablemente en las
condiciones de la Creación, Supervivencia y Crecimiento de los
emprendimientos productivos liderados por mujeres.
Desde las áreas gubernamentales, en sus diferentes niveles, nacional,
provincial y municipal, en conjunto con las organizaciones de la
sociedad civil, se deberían ajustar las políticas de genero,
desarticulando estratégicamente los compartimentos estancos, centrando
los esfuerzos en socializar el poder, en cuanto a lograr un compromiso
con las mujeres a quienes se representa, monitoreando acciones,
revisando y decidiendo estrategias de desarrollo que tengan en cuenta
las necesidades de las mujeres y sus esfuerzos por superar la pobreza,
revisando leyes y prácticas administrativas, sensibilizando y
capacitando permanentemente en la perspectiva de género y trabajando con
una real articulación de las áreas, para que esa actitud y las acciones
que devengan de las mismas, sean coherentemente sostenidas y realmente
promotoras del desarrollo humano en pos de la equidad de varones y
mujeres.