Uno de los conflictos con que se encuentran las empresas familiares es el que damos en llamar “El Todopoderoso”.
El fundador o el más antiguo de la empresa suele pensar que la experiencia que lograron a lo largo de la historia no puede transferirse a las siguientes generaciones y que, esta experiencia, es imprescindible por sí sola para conducir los destinos de la organización.
La experiencia tiene mucho valor cuando se presentan problemas que se han manifestado anteriormente o similares, para los que se hicieron análisis de prueba y error y se conocen los resultados de las acciones aplicadas, pero cuando se presentan situaciones nuevas de las que no se tienen antecedentes en la empresa, cobran relevancia los conocimientos para tomar decisiones más acertadas.
En un mundo que cambia a la velocidad de la luz, el valor de los conocimientos, la amplitud mental y la aplicación sistemática de herramientas de gestión garantizan el éxito en la conducción de la empresa.
No obstante, quienes tuvieron la audacia de iniciar una empresa desde la nada, quienes contaron con la perspicacia para mantenerla en actividad durante las épocas de turbulencia e inestabilidad económica, son acreedores al reconocimiento y respeto de los integrantes de la organización.
El dicho recurrente de que “ La primera generación funda y hace grande a la empresa, la segunda generación usufructúa los beneficios y la tercera la funde ” no se basa en la incapacidad de gestión de los herederos sino que, generalmente, se debe a que el traspaso de experiencia, la transición entre las generaciones y el entrenamiento al que se debe someter a los sucesores, no se realiza en la forma más adecuada.
Abraham Maslow, psicólogo que se dedicó al estudio del comportamiento humano en las empresas definió una pirámide de necesidades básicas en la que, la superior estaba definida en primera instancia como “ Autorrealización ”, y finalmente la redefinió como “Autotrascendencia” que significa ir más allá de sí mismo.
Es muy importante que los fundadores internalicen esta necesidad de autotrascendencia y adviertan que el logro de esta necesidad se obtiene cuando los fundadores logran formar y entrenar a los sucesores para que estos puedan conducir la empresa con la misma o mayor eficiencia que lo que se vino haciendo hasta el presente.
Esta transferencia debe hacerse con mucha paciencia y en forma progresiva permitiendo, incluso, que se cometan algunos errores de menor cuantía ya que, en oportunidades, se aprende más de los errores que de los aciertos.
La técnica más adecuada para la transferencia de conocimientos es la “constructivista” que significa crear las condiciones para que, quien tiene que aprender las herramientas de conducción, pueda construir su posición y elaborar su método particular de la mejor forma.
Otra técnica es la “conductista” que lo que hace es conducir al iniciado de forma tal de mostrarle el camino que el que le está transfiriendo los conocimientos supone que es el más conveniente.
La forma más conveniente para transferir conocimientos es la de enseñarle al sucesor como analizar las situaciones y la manera de realizar análisis de problemas y toma de decisiones, sin olvidar de recomendarle evaluar los riesgos de cada alternativa de solución.
Así como en los inicios del emprendimiento el objetivo era de hacer grande a la empresa y fortalecerla para asegurar su continuidad, en la etapa de transferencia de la conducción el objetivo debe orientarse a hacer grande a los sucesores y fortalecerlos para que puedan mantener el crecimiento y solidez en su gestión como empresarios profesionales.
Técnico Superior en Administración de Empresas.
Técnico industrial egresado de Esc.Ind. de la Nación.
Técnico Constructor en Inst. Osvaldo Magnasco.
Técnico en procesos de transformación de plásticos.
Estudios cursados en la Carrera de Ingeniería Mecánica UBA.
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