Educación, emprendedores y el efecto pigmalión

Autor: Alejandro Schnarch

Herramientas para emprendedores

20-11-2009

La dificultad de la relación educación-emprendimiento comienza con nuestros modelos educativos, ya que durante mucho tiempo se creyó que aprender era acumular datos en la memoria y la enseñanza estuvo basada en la clase tradicional o textos, donde el protagonista era el erudito profesor, poseedor de la sapiencia, guardián de las verdades del pasado que se dignaba a transmitir a sus alumnos, quienes asumían una actitud pasiva, sólo escuchando, ejercitando la percepción y memoria. Se le daba más importancia a saber cosas que a saber hacer cosas.

La concepción de la educación estaba basada en un profesor, que al igual que el padre de familia, enseñaba durante años de forma autoritaria. Las normas, mandamientos y prohibiciones eran la base del mecanismo unilateral de socialización; la autoridad hacía que se mantuviera el orden y conducía a una adaptación más rápida. El educando debía ser enseñado y controlado por aquellos que poseían la autoridad. El sistema jerárquico, impregnado en nuestra cultura, estaba inherente en todo.

En la escuela tradicional no se fomenta la capacidad de soñar. Los métodos clásicos están más basados en la obediencia, en ajustarse a unas reglas y en memorizar unos datos, pero NO a desarrollar la creatividad, a cuestionar lo establecido y mucho menos a soñar con poner en juego el potencial que toda persona lleva dentro… Por ello, no extraña que cuando somos adultos nos cueste montar empresas o ser innovadores. Nuestro entorno educativo no ha sido el más adecuado… Pero se puede comenzar a soñar ahora y pensar en los proyectos que nos gustaría hacer o en lo que nos gustaría convertirnos.

Dentro de esto, es muy importante saber que los sueños pueden hacerse realidad y que para hacerlo debe tener el coraje y la motivación suficientes además del concepto personal de que sí puede lograrse, así como ciertas competencias y conocimientos que debe desarrollar un emprendedor.

Mark Twain, decía: “Un hombre no puede sentirse cómodo si no cuenta con su propia aprobación”. Se refiere naturalmente al autoconcepto: lo que piensa el emprendedor que es, condiciona lo que haga y lo que de hecho sea en un futuro próximo. Se comporta como cree que es… (En esto también influyen los roles que ha desempeñado, la comparación social, los juicios de los demás, las experiencias de éxitos y fracasos, la cultura e incluso influencias genéticas).

Esto está relacionado con la adecuada actitud mental positiva. Como dice Sun Tzu, en su libro el Arte de la Guerra: “El vencedor antes de entrar en la batalla ya ha ganado”. Y es cierto. Si piensas que vas a perder, pierdes. Si crees que puedes ganar, tienes muchas más posibilidades de conseguirlo. Por ello, si el emprendedor desea desarrollar su talento, el punto de partida ha de comenzar en él mismo y en su lenguaje interior.

Y como decíamos, este autoconcepto está influenciado por lo que piensen los demás del emprendedor; el llamado Efecto Pigmalión, que Robert R. Merton denominó profecía autocumplida según la cuál, las personas se comportan de modo tal que tienden a confirmar sus deseos, miedos y temores; es una predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad. En las palabras de Goethe: “Trata a un hombre tal y como es y seguirá siendo lo que es. Trata a un hombre como puede ser y debe ser y se convertirá en lo que puede y debe ser”.

Es decir, el emprendedor será lo que sea capaz de soñar y lo lejos que pueda llegar depende del alcance de sus deseos; lo que sea capaz de conseguir obedece a sus expectativas. Su futuro está escrito y lo escribió él mismo con sus sueños y confianza en lo que pueda hacer.

En consecuencia, podemos ayudar a los emprendedores dándoles el apoyo y seguridad que requieren, mediante el Efecto Pigmalión, pero la confianza, seguridad, deseo, motivación y esfuerzo necesario para emprender los debe desarrollar él mismo… Esto último se puede graficar con el siguiente ejemplo del Efecto Pigmalión: Si alguien le dice que le hará cosquillas, sólo con pensarlo le cogerá la risa tonta y hasta podrá darle un espasmo de la alegría…pero trate de hacerse cosquillas a sí mismo…

Nada reemplaza la importancia del esfuerzo y la constancia, con ilusión suficiente para aliviar la fatiga del camino y saborear anticipadamente el triunfo.

Alejandro Schnarch

De nacionalidad chilena, es catedrático en varias universidades latinoamericanas y autor, entre otros, de los libros: Desarrollo de Nuevos Productos y Empresas (McGraw-Hill, 2009), Creatividad Aplicada (Ecoe Editores, 2008) y Marketing Estratégico para Pymes (Cámara de Comercio de Bogotá, 2007).

Schnarcharrobacable.net.co

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