En esta nueva economía, emprender el viaje supone para una empresa
enfrentarse con muchos y numerosos desafíos en el mercado, tanto fuera
como dentro de la empresa. Si Ud. estimado lector, piensa por un
momento, seguramente recordará que en una empresa hay capital humano,
hay recursos, hay capital invertido, hay - probablemente - socios, hay
directivos, y por sobre todas las cosas, hay trabajo que hacer. Y no son
pocas las barreras que hay que superar a la hora de encontrar clientes y
que éstos sitúen sus productos o servicios en la categoría de
"imprescindibles".
Todos esos factores, y muchos más que surgen del día a día, nos van
forzando a buscar constantemente el modo de encontrar nuestro "punto de
equilibrio", buscando soluciones a los problemas más diversos y la
satisfacción de los logros más pequeños.
El camino hacia la empresa del mañana es el camino del aprendizaje
continuo y perpetuo, donde la empresa que realmente quiere competir, se
redefine, se adapta y se reestructura con el tiempo buscando salida a
las dificultades más diversas o a los cambios más inesperados.
Esto ocurre en tiempos difíciles, y ocurre en tiempos no tan difíciles.
El mercado se encuentra en continuo movimiento (ya lo hemos vivido), y
la empresa ha de saber cómo actuar ante esas circunstancias. Debe saber
cómo trabajar para construir productos y servicios del mañana, aunque
ese mañana esté algunos meses por delante del almanaque.
Y si Ud. probablemente es de los que ya esté pensando: "¿Es bueno
trabajar pensando en el futuro?", déjeme responderle que todos,
consciente o inconscientemente, todos pensamos en el futuro. Todos
tenemos la extraña costumbre en esta vida de pensar siempre en el
futuro.
Pensamos en el auto que nos podríamos comprar, en la casa que nos
gustaría tener, dónde ir de vacaciones. A veces tomamos un préstamo en
un banco para tener nuestro propio techo, y que no será nuestro hasta
pasados unos 15 ó 20 años. O nos endeudamos para comprar el último
equipo de música que vimos en el catálogo, o un nuevo modelo de teléfono
celular, porque el que tenemos ya pasó de moda...
Lo más curioso de la sociedad en que vivimos es que el tiempo, esa
variable tirana creada por el hombre, nos ata de pies y manos.
Planificamos todo cuanto hacemos a lo largo de los días y de los meses,
y esa bruma con la que nosotros mismos nos atamos, nos impide, la mayor
parte de las ocasiones, vivir el presente.
Y ocurre lo mismo con el pasado. Es como si de la tríada
pasado-presente-futuro sólo viviéramos en los polos. El pasado sirve en
nuestra vida como lección de todo cuanto hacemos. La memoria histórica
ejerce una poderosa influencia a la hora de hacer todo cuanto queremos y
deseamos. Por nuestra cabeza fluyen errores cometidos, éxitos de otros,
consejos aprendidos, y todo aquello que, o bien por cuenta propia o a
través de un tercero, nos ha quedado grabado en la mente. Nuestra propia
educación y nuestra personalidad es un fiel reflejo de toda esa
formación de nuestro pasado, que aplicamos constante o incesantemente.
En el entorno de la empresa, que es, al fin y al cabo, una prolongación
de la suma de todos quienes la forman, ocurre exactamente lo mismo.
Actuamos, de forma inconsciente, pensando siempre en la empresa del
mañana. En momentos de bienestar económico, la empresa solo piensa en
avanzar hacia ese mañana, desarrollando productos, prestando nuevos y
más servicios y actuando impulsada por un mercado que acelera su marcha
marcando el ritmo. En momentos de incertidumbre económica, la tendencia
se transforma. En vez de pensar en el mañana, se frena en seco
regresando a las estructuras vigentes antes de poner la "máquina de la
organización" a trabajar en conceptos intangibles, esto es, hacia el
pasado. Pero, ¿qué ocurre con el presente? No nos damos cuenta, ni lo
hemos hecho nunca, pero es muy probable que si viviéramos más
intensamente el punto medio entre los dos polos, sin dejar de mirarlos
de reojo, nuestra empresa gozaría de mejor salud.
Y para concluir, estimado lector, déjeme aclarar que no estoy hablando
de hacer "futurología", sino de hacer los ajustes de "sintonía fina"
para interpretar el cambio que la empresa necesita, y en definitiva, que
los clientes y/o el mercado quieren. Y como sucede en todo cambio, debe
buscarse la evolución y la generación. Quienes están detrás de él, se
adaptan, pero quienes lo provocan son los verdaderos líderes. No se deje
engañar, solo unos pocos pueden pensar en el futuro. El resto, ha de
vivir el presente aprovechando algunas oportunidades.
Acerca de Marcelo Bonzón: Contador Público, Maestrando en Administración y Dirección de Empresas y Negocios (UCU) y Diplomado en Economía y Comercio Internacional (Master en Comercio y Finanzas Internacionales de la Universidad de Barcelona, España). En el ámbito profesional, se desempeña como Consultor y Capacitador en Pequeñas y Medianas Empresas y Organizaciones Gubernamentales. Es docente universitario de carreras de grado y posgrado. Es instructor de capacitación del Programa Federal de Capacitación y del Programa de Capacitación y Tutorías bajo el régimen de Crédito Fiscal, ambos de la Subsecretaría de la Pequeña y Mediana Empresa y Desarrollo Regional de la Nación. Es consultor individual y capacitador en proyectos de consultoría del BID – FOMIN. Director Consultor de Consultores del Litoral Temas: management, marketing, recursos Humanos.
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