Globalización y competitividad

  • Economía
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Los consumidores se van estandarizando a nivel mundial, con lo que la división ya no es conveniente efectuarla por naciones, sino por niveles sociales, culturales y económicos. Los consumidores modernos se han convertido en individuos sin nacionalidad, a los que hay que satisfacer a como dé lugar. Debido a ello, la contienda entre las empresas se ha ido tornando brutal, con dos aspectos que deben ser considerados: la obsolescencia y la caída de los márgenes.

La estandarización de los consumidores, la necesidad de innovación tecnológica, la velocidad de los ciclos comerciales y el aumento de los costos, fuerzan a transformar los rasgos culturales de las empresas.

Las empresas son objeto de la presión a la que se ven sujetas para mantenerse en un mundo altamente competitivo, en el que el éxito depende de una elevada productividad y eficiencia. El objetivo de buscar la expansión internacional es lograr el armado de la cadena de valor más competitiva.

En el pasado las corporaciones actuaban en múltiples mercados nacionales y, desde una sede central, establecían las estrategias para cada país. Ahora, la moderna empresa, concibe sus actividades mundialmente, adaptándose para funcionar en un mercado globalizado con una única estrategia.

La competencia se basa en la lucha por disminuir los costos o por la diferenciación de productos. Esto ha generado una nueva y original división del trabajo, donde los países no se especializan en productos o sectores, sino en partes de la composición de un producto, en valores agregados que, junto con el coste aceptado por el mercado, componen el precio final de venta.

Es el momento de los productos mundiales, que deben ser flexibles a los requerimientos de los consumidores y de canales de comercialización establecidos en cada territorio. Operar a nivel mundial obliga a pensar y actuar a nivel mundial. Es por eso que las empresas ligan sus estructuras a otras empresas, en aquellos lugares de los que pueden capturar valor.

Entres las PyMEs se está difundiendo un “clima” competitivo más intenso y las empresas industriales han comenzado a reaccionar. Los empresarios dejan de lado “viejas” formas de organización de la producción a medida que aprenden a utilizar los principios de la fabricación flexible, con métodos de producción sincronizados con la demanda y el control para la calidad cero defectos.

Una mayor subcontratación de servicios de apoyo a la producción, aparece hoy como una estrategia corriente.

Por todo esto, a muchas PyMEs les ha sido imposible sobrevivir en esta atmósfera mucho más competitiva de los últimos veinte años y, como consecuencia, han crecido las compras y absorciones, así como las quiebras y los cierres.

Muchas sobrevivieron mediante una significativa modificación de sus prácticas. Otras subsistieron porque se transformaron en subcontratistas de grandes firmas transnacionales o se mantuvieron aisladas en pequeños nichos de mercado. Y otras tuvieron éxito gracias a que pudieron y optaron por mejorar considerablemente sus plantas de producción y sus capacidades tecnológicas, en formar a su personal y transformar sus sistemas de gestión y administración.

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Aguelo Alberto. (2010, noviembre 16). Globalización y competitividad. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/globalizacion-competitividad/
Aguelo, Alberto. "Globalización y competitividad". GestioPolis. 16 noviembre 2010. Web. <http://www.gestiopolis.com/globalizacion-competitividad/>.
Aguelo, Alberto. "Globalización y competitividad". GestioPolis. noviembre 16, 2010. Consultado el 5 de Julio de 2015. http://www.gestiopolis.com/globalizacion-competitividad/.
Aguelo, Alberto. Globalización y competitividad [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/globalizacion-competitividad/> [Citado el 5 de Julio de 2015].
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