¿Qué pasa si no alcanzan mis ingresos para sostener mis gastos?. ¿Qué ocurriría con mi familia si yo no pudiera trabajar?. ¿Podré jubilarme algún día?. En algún momento de nuestras vidas nos hacemos estas preguntas. Y muchas veces, lamentablemente, en momentos dolorosos.
Pero lo mejor es no esperar a que nos sucedan las cosas para
reflexionar, sino pensar la respuesta en una etapa de distensión, porque
todos estos cuestionamientos merecen una reflexión profunda, en el lugar
y el instante adecuados.
La eventualidad de que el presupuesto de gastos supere a los ingresos, o
la posibilidad real de que, en algún momento, se produzca una
discapacidad (transitoria o permanente) para trabajar y que ello afecte
a nuestra familia, son contingencias factibles en una economía
capitalista. Pero se tornan especialmente dramáticas en un país como
Argentina, donde no existe ninguna red de protección frente a
imprevistos, y donde los equilibrios económicos siempre son inestables.
A esto se suma el funcionamiento del sistema jubilatorio que
históricamente ha funcionado como variable de ajuste para disimular el
déficit del Estado, o para que los que realizan sus aportes,
representados por las AFJP, se conviertan en el mascarón de proa de la
renegociación de la deuda.
Cuando nos preguntamos por las incertidumbres del futuro es porque
estamos en condiciones de transitar un nuevo camino ordenador: el de la
Planificación Patrimonial.
¿Cómo funciona en la práctica la Planificación?
Supongamos que una persona se plantea la relación entre su grupo
familiar y su patrimonio, o su nivel de ingresos, y llega a la
conclusión de que debe revisar algunas cuestiones, para ordenarlas de la
mejor manera. Por otro lado, decide mantener una entrevista con un
consultor en Planificación, a quien le habrá de relatar cuáles son las
cuestiones que le preocupan, y los temas que, según considera, debería
encarar para resolver esas preocupaciones.
El consultor en Planificación, luego de escucharlo atentamente, y de
hacerse un panorama respecto de la composición de la familia, del
patrimonio y de las finanzas, propondrá a quien realiza la consulta las
problemáticas a resolver.
Desde ya la visión del profesional puede resultar divergente de la que,
en un principio, tenía la persona que se acercó a requerir sus
servicios. Será esa la oportunidad para que ambos se pongan de acuerdo,
lo que significa una posibilidad interesante para que esa persona revise
su propia realidad desde otra óptica. Quizás, de esa manera, pueda
descubrir nuevas soluciones para viejos problemas. O, por el contrario,
esa charla tal vez lo termine de persuadir de que viene encarando cada
una de las situaciones de la manera más adecuada, y entonces se irá de
la consulta con la certeza de que su gestión es la mejor en función de
los objetivos planeados.
¿Debo mantener el negocio?. ¿Me convendría hacerlo crecer ahora, que
todavía soy joven y tengo energías?. ¿Llegó el momento de conseguir un
socio?. ¿Es preferible ahorrar a comprarme algo?. Todas estas respuestas
merecen respuestas éticas y expertas, es decir, basadas en la
experiencia y la observación de muchos casos similares.
El trabajo de planificación se realiza sobre la base de la realidad del
consultante y su grupo familiar, y mediante la utilización de los
instrumentos adecuados para cada caso concreto: en algunas situaciones
es posible que al solución principal pase por la contratación de algún
seguro o plan de retiro; en otros casos, se tratará de replantear las
inversiones de manera de cumplir con ciertos objetivos de rentabilidad,
sin descuidar la seguridad, en tanto a veces la persona que realiza la
consulta se verá enfrentada a la confección de sui testamento, como una
forma de indicar el destino de sus bienes frente a la a la eventualidad
de una sucesión.
En los últimos años se ha desarrollado una herramienta particularmente
útil para la Planificación: se trata del fideicomiso, figura legal que
permite las administraciones complejas a largo plazo, y ayuda a resolver
una de las problemáticas más comunes en los casos de familias que deben
proteger a alguno de sus miembros con necesidades especiales.
Otra figuras muy útiles en materia de Planificación son la renta
vitalicia, que permite garantizar un ingreso de por vida; o las
donaciones que realizadas con al moderación necesaria permiten cubrir
objetivos de protección. Los logros que se obtienen mediante la
Planificación son: previsión (ver antes) y prevención (anticiparse a los
problemas) con equidad, es decir, aplicando el arte de “dar a cada uno
lo suyo”. Esto nos permite proteger a los que queremos, y aportar
nuestro granito de arena para un mundo mejor.