Según el mismo estudio, entre los principales obstáculos que
impedirían ampliar la citada bancarización se encontrarían, además de la
pobreza y la informalidad, “las deficiencias detectadas en los
mecanismos de evaluación del riesgo de los bancos de la región".
Este último punto me hizo reflexionar sobre algo que por más de 12 años
que tengo vinculado a la banca peruana siempre me llamó la atención y es
la forma en como se evalúan las operaciones de crédito en nuestro
sistema financiero. Si bien la banca local ha evolucionado hasta el uso
de herramientas actuales, tales como, el scoring, scorating y el rating
; siempre me ha quedado la incertidumbre sobre sí realmente existe un
uso correcto de tales herramientas, al pretender que generen criterios
homogéneos de análisis, olvidando que sólo procesan datos cuantitativos
y cualitativos, que no distinguen las diferentes realidades del país
donde se implementan, puesto que no es lo mismo evaluar en el Perú una
empresa de la costa, que otra de la sierra o la selva. La distancia, las
costumbres, la competencia y la informalidad afectan los márgenes de
distintas maneras. El Perú no tiene la uniformidad de un país típico de
Europa. Por lo que la puntuación o dictamen que arrojan tales
herramientas más que constituir un apoyo a la evaluación crediticia,
algunas veces contribuyen a generar dudas en las personas encargadas de
la toma de decisiones.
Otro punto que me genera hasta ahora cierta perplejidad, es el hecho de
que se continúen utilizando hasta ahora ratios, a mi humilde entender,
desfasados de la práctica, que más que ayudar a la resolución, confunden
al analista.
Ambos puntos, creo yo, pueden ser uno de los factores de nuestro actual
nivel de bancarización, que además de frustrar la generación de nuevas
oportunidades de negocio, impactan negativamente en la obtención de un
mayor ROE para los bancos , que sí bien están sobre el promedio de la
Región, podrían incluso ser mejores , sí se incidiera más en el criterio
del capital humano y se ajustara la herramienta a nuestra realidad que;
dígase de paso, no puede reemplazar o semejar el criterio humano.
Durante los varios años de experiencia que tengo en banca, muchas veces
escuché decir cuando una solicitud de crédito para capital de trabajo o
de compra de activo fijo era rechazada, que ésta era denegada, por que:
1. Los ratios financieros del negocio eran demasiados “altos” o “bajos”.
2. EL capital social era “insuficiente”.
3. No existían garantías “reales”
4. El “aporte en efectivo en la operación era muy “reducido”.
5. El cliente era informal.
Cuándo preguntaba: ¿en función a que ratios eran altos o bajos? Se me
respondía: “en base a una tabla “promedio” de ratios”. Obtenidos sólo
Dios sabe de donde o de que base de clientes. Mención aparte, de no
tomarse siquiera, muchas veces en cuenta, el contexto donde se
desarrollaba la operación crediticia.
Para argumentar lo indicado, citaré los casos de las algunas operaciones
denegadas, y los argumentos cliché esgrimidos:
En primer lugar, mencionaremos a una empresa de transportes
interprovincial de pasajeros con rutas autorizadas, con una flota de
unidades importante, con un casi 100% de ocupabilidad de asientos, un
crecimiento de ventas anual superior al promedio del sector y un margen
de utilidad neta nada deleznable; cuya propuesta de compra de nuevas
unidades es denegada por que su “ratio de endeudamiento patrimonial es
muy elevado y su capital social muy reducido”.
Aquí no se evalúa siquiera si su EBITDA o su cash flow de libre
disposición le permite afrontar el pago de la obligación propuesta, peor
aún, ni se considera el contexto donde se desarrolla el negocio, ni el
Flujo de Caja Proyectado y sus supuestos, éstos sólo constituyen un mero
trámite burocrático.
El segundo caso corresponde a una empresa de servicios de alquiler de
maquinaria pesada, que obtiene un Contrato con una empresa minera, pero
que podría ser también con una azucarera o agroindustrial. El Contrato
le asegura un flujo de ingresos constante y, de paso, la fuente de
repago de cualquier requerimiento crediticio, pero que al momento del
dictamen de la operación de leasing solicitada, ésta es denegada, porque
el cliente “no cuenta con la cuota inicial requerida por la entidad
financiera”, que dentro de la lógica de los funcionarios de los bancos
“aseguraría el compromiso del cliente para con la operación”; “quizá
subsanable, si el cliente reemplazara el faltante de efectivo con
garantías reales”, léase, su casa. Aquí no importa la capacidad de pago
sustentada, sólo los rígidos parámetros establecidos por la Entidad.
Un tercer caso corresponde a una empresa comercial de productos de
rápida rotación, con necesidades de capital de trabajo, producto de un
ciclo operativo negativo o crecimiento del sector; pero cuyo
requerimiento de efectivo es limitado por los Bancos, por la carencia de
“garantías reales”, a pesar del impecable cumplimiento de pagos que
registra el cliente, las visitas al negocio que corroboran la
efectividad del negocio y lo más importante, las perspectivas del
sector.
Un cuarto caso, también muy común, corresponde también, a una empresa
comercial, que no necesita activos fijos para realizar su actividad, que
explica, en parte, su reducido capital social que, de paso, nunca se
incrementa, a pesar de que pueden capitalizarse las utilidades que
genera el negocio; pero que al momento de solicitar un crédito, se le
condiciona tal capitalización. No interesan los gastos registrales que
implicaría tal petición ¿Acaso tener un mayor capital social redundará
en una mayor capacidad de pago del cliente?.
El quinto caso corresponde a una empresa fabricante de carrocerías, en
pleno boom del transporte de carga, por el incremento de la demanda del
sector transporte, producto del auge de la minería, agro-industria y
comercio, entre otros, cuya demanda de capital de trabajo es limitada
por las “elevadas obligaciones que mantiene”, sin tomar en cuenta que
son obligaciones de largo plazo; cuyo EBITDA del negocio le permite
cubrir satisfactoriamente y, el hecho de que el plazo del capital de
trabajo es máximo a 90 días cancelable.
¡Que manera de limitar el crecimiento de las empresas! y después nos
preguntamos: ¿Por qué el grado de bancarización en nuestro país es tan
bajo?.
El sexto caso corresponde a una empresa de transporte de carga pesada
con un importante volumen de activos fijos, provenientes de las unidades
en operatividad que cuenta, que fueron adquiridas, tanto con recursos
del negocio, como a través de financiamiento; pero con la “debilidad”,
al igual que en el primer y anterior caso, de no contar con un
“importante” capital social, por no haber capitalizado sus utilidades.
En este caso, no se toma en cuenta que los resultados acumulados fueron
reinvertidos, ni se preguntan, cómo es que la empresa se hizo de sus
activos fijos. ¿Acaso no fueron productos de las utilidades del
negocio?. El tecnicismo es lo que manda.
El último caso corresponde a un cliente medianamente informal, que al
solicitar un préstamo su propuesta es denegada por que las cifras
confidenciales de su negocio difieren de las cifras oficiales. No
importa que puedan sustentarse con la verificación in situ del negocio o
los activos adquiridos con las utilidades generadas. La desconfianza es
lo que prima.
Análisis menos rígido
Situaciones como las descritas implican una pérdida de oportunidades de
negocio para los bancos, que podría ser diferente, sí se dejara de lado
la utilización de parámetros rígidos y estandarizados, que si bien
permiten “evaluar” un mayor volumen de operaciones crediticias y dar
cumplimiento a las exigencias de una mayor productividad de los
analistas; sólo consiguen sacrificar rentabilidad para el banco.
El análisis de ratios y la importancia del EBITDA y del free cash flow o
cash flow de libre disposición.
Sí el objetivo final de la evaluación de una operación crediticia es
determinar sí un negocio puede asumir o no la obligación propuesta, la
evaluación de los ratios financieros debería apuntar en la misma
dirección y no centrarse en el uso de los ratios tradicionales, tales
como, las de liquidez y endeudamiento patrimonial.
Un ratio relevante sería calcular y evaluar el EBITDA (Utilidades
Operativas + Depreciación – Impuestos), para conocer sí el negocio
genera las utilidades suficientes para el pago corriente de sus
obligaciones vigentes y de los compromisos crediticios que pretende
asumir.
Así podríamos calcular el EBITDA de sus EE.FF. históricos y proyectados
y verificar sí éstos le permiten cubrir sus obligaciones corrientes
actuales y la parte corriente de la deuda propuesta.
En el caso de que la empresa tuviera gastos de capital relevantes,
debería utilizarse, en vez del EBITDA, el free cash flow, que a grandes
rasgos es el EBITDA menos los gastos en capital (adquisiciones de
activos de larga vida útil como maquinaria, equipos y otros bienes que
aparecen en el balance en lugar de aparecer en la cuenta de resultados).
Un análisis de tal naturaleza seria más realista, puesto que nos
permitiría calcular la real capacidad de pago del cliente.
En el primer caso, de la empresa de transportes interprovincial, sí bien
su grado de endeudamiento era del 89% y su endeudamiento patrimonial de
8.2 veces, sí se hubiese utilizado el EBITDA como herramienta de
análisis, se hubiese descubierto que la empresa podía cubrir la
totalidad de su deuda financiera y con proveedores (por la compra de
activos fijos) en un plazo de 2.99 años: 50.69% en los siguientes 12
meses, 33.69% en los sub-siguientes 24 meses y 15.61% a los 36 meses.
Por lo que el efecto mediático de un ratio de endeudamiento de 8.2 veces
hubiese sido menor. Más aún sí se tomaba en consideración que en tres
años la empresa ya sería propietaria de todas sus unidades financiadas.
Por otra parte, según su Flujo de Caja Proyectado, la empresa estaba en
capacidad de cubrir la totalidad de la nueva deuda sin afectar las
obligaciones contraídas. Además de quedar un saldo provisionado para la
compra de nuevas unidades, que dentro de las proyecciones de crecimiento
de la empresa representan 5 unidades como mínimo al año.
Entonces: ¿Qué ratios eran más útiles de analizar? ¿El endeudamiento
patrimonial o el EBITDA?
Por otra parte, no debe dejarse de evaluar el Estado de Flujos de
Efectivo y el Flujo de Caja Proyectado, éste último, considerando los
supuestos en que se basa, acorde con perspectivas de la empresa y del
sector.
Estado de Flujos de Efectivo
El Estado de Flujo de Efectivo nos permite conocer de donde provienen
los fondos que utiliza la empresa y en que se están invirtiendo. Quizá
la empresa no está generando los suficientes recursos de su actividad
principal y está recurriendo a actividades de financiamiento o venta de
activos para cubrir sus necesidades operativas; o quizá genera los
suficientes recursos por actividades de operación, pero los reparte vía
dividendos y la inversión la efectúa vía financiamiento. Esto sólo lo
podemos ver claramente a través del Estado de Flujos de Efectivo.
Flujo de Caja Proyectado
Una herramienta adicional, que no debe dejar nunca de lado el analista,
es el Flujo de Caja Proyectado, preguntándose siempre: ¿En qué supuestos
se fundamenta? ¿Está acorde con la actual evolución del negocio?,
¿Coincide con las perspectivas del sector? ¿Qué escenarios podrían
afectarle?. De ser necesario, cabría complementar el análisis con el
Diamante de Porter.
Principio del devengado
Como sabemos, los ingresos se registran independientemente de los pagos,
no teniendo por tanto nada que ver con su cobranza. Por lo que, al no
medir las utilidades el dinero que recibe la empresa, se haría necesario
complementar el análisis del EBITDA con un herramienta que nos permita
determinar los ingresos en efectivo que realmente genera el negocio para
el pago de sus obligaciones. Una alternativa que se podría utilizar
sería el siguiente ratio (elaborado por el autor de la nota):
EBITDA = Utilidad Operativa ajustada + Depreciación – Impuestos
Utilidad Operativa ajustada = U.O (1 – DPC/360)
donde:
U.O. = Utilidad Operativa
D.P.C. = Días promedio de cobro
Este nuevo ratio, netamente empírico, nos permitiría considerar
únicamente las ventas al contado para el cálculo de las Utilidades
Operativas, a reemplazar en la fórmula del EBITDA, lo cual nos acercaría
más a la capacidad real de pago del cliente.
CONCLUSIÓN
Una manera de contribuir a la bancarización de nuestros países es
corregir los cabos sueltos que aún existen en materia de análisis de
riesgo. Uno de ellos es ajustar las herramientas de scoring, scorating y
rating a la realidad de cada país y otro es centrar el análisis de los
ratios en la evaluación de la capacidad de pago del cliente, dejando de
lado todo aquellos que no contribuye a lo que se pretende conocer: sí el
cliente puede pagar a o no el préstamo que está solicitando. Lo demás
creo yo es innecesario
En un próximo artículo comentaré otra parte importante del análisis, que
una verdadera evaluación no debe dejar nunca de lado, el análisis del
entorno donde se desenvuelven las empresas solicitantes del crédito,
puesto que éstas no son sistemas cerrados, al contrario, interactúan con
el medio, tanto interno como externo.
Egresado de CENTRUM de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
El autor es Economista de la Universidad Nacional de Trujillo del Perú, egresado de la Maestría en Administración de Negocios del Centro de Negocios de CENTRUM de la Pontificia Universidad Católica del Perú, con Especialización en Mercado de Valores y Diplomado en Comercio Exterior, con más de 12 años de experiencia en banca, como Gerente de Oficina, Gestor Comercial y Analista de Riesgos Regional, en el BBVA Banco Continental e INTERBANK. A la fecha labora como Gestor Comercial en la Oficina Trujillo del BBVA Banco Continental.
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