Hemos cerrado este mes de enero con datos económicos que no hacen más que reafirmar que nos enfrentamos a los meses más complejos de las últimas décadas.
Lo más preocupante es la gran incertidumbre sobre la duración de este
recorrido por el desierto. Hace unos días se ha confirmado que hemos
entrado en recesión económica con ya dos trimestres de crecimiento
negativo del PIB. Además, tenemos el triste honor de formar parte del
club de países como Reino Unido, Italia o Alemania (mala suerte que sólo
sea para este tipo de cosas) donde el riesgo de deflación está a la
vuelta de la esquina, con el dato de inflación más bajo en España en los
últimas 30 años.
Por si la coyuntura macroeconómica no fuera suficientemente pesimista,
vemos que en nuestro entorno se sufren situaciones muy difíciles cada
día. No sólo en nuestra compañía las cosas se han puesto más complicadas
(en el mejor de los casos). También nuestros clientes y/o proveedores
pasan por situaciones igualmente complejas. Todos tenemos algún familiar
y/o amigo que se ha quedado sin trabajo, cuando no varios.
Es imprescindible que aceptemos la realidad tal y como se presenta y la
asimilemos como primer paso para pasar a la acción. Debemos sacar la
cabeza del agujero, otear el horizonte y actuar, porque la situación que
nos rodea no la podemos cambiar. Sin embargo, sí podemos hacer algo por
mejorar nuestra actitud frente a la coyuntura. Es en este momento de
gran incertidumbre cuando se están rompiendo las reglas establecidas,
las fronteras de lo conocido están desapareciendo y lo que ayer era
dogma hoy carece de sentido. Ahora es cuando van a aparecer
oportunidades donde antes no podíamos ni imaginarlas.
Es el momento de incrementar la tensión, el inconformismo, la audacia,
asumir más riesgos (con control), actuar con humildad, ser ambiciosos,
levantarnos cuando caigamos, pensar de manera diferente y cuestionarse
lo obvio. Es el momento de actuar como equipo en nuestras empresas, que
estemos atentos a las oportunidades que se nos van a presentar cada día.
Y también debemos tener claro que quien no actúe de este modo no puede
tener cabida en una organización que quiera permanecer. Sin duda, no es
momento para reivindicaciones y protestas individuales.
Estamos en pleno temporal, y nos estamos jugando la vida. Quien quiera
permanecer en el barco debe tener claro qué se le pide y quien no se
haya sumado al equipo tiene ahora su última oportunidad. Es necesario
tomar decisiones que pueden ser duras. Sólo los que lo entiendan así
pueden ser valedores de nuestra confianza, no podemos pensar que quien
está en nuestra espalda no es consciente de lo que nos jugamos. La vida
nos va en ello.
Sólo comprometiéndonos e identificándonos con los valores más básicos
(compromiso, esfuerzo, humildad, capacidad de sacrificio, voluntad de
servicio, orientación a resultados, constancia, honestidad,
inconformismo, responsabilidad), se puede no sólo superar el entorno
actual sino crecer y ser más fuertes en el futuro. Por ello, es básico
que las personas que así actúen se sientan reforzadas, apoyadas y
animadas. Deben ser modelos que la organización siga y por tanto debemos
maximizar nuestros esfuerzos para que así se sientan.
A pesar de todas las dificultades, tenemos delante de nosotros grandes
oportunidades de hacer de las empresas en las que trabajamos aquello por
lo que se ha soñado. El equipo debe actuar con sentido de urgencia, ser
más estricto en sus planificaciones y seguimiento de las acciones que se
plantea para lograr los objetivos. Pero debemos ser generosos en el
esfuerzo y rigurosos en el uso de los recursos. Es imprescindible que
optimicemos el uso de los activos que la empresa pone a disposición de
cada uno y debemos ser prudentes en el gasto, apretarnos el cinturón y
minimizar el despilfarro. Más con menos debe ser nuestra máxima en todo
lo que hagamos.
Este espíritu debe estar presente en toda la organización y tenemos la
obligación moral de transmitirla a nuestro entorno. Influyamos en
nuestra familia, amigos o clientes porque es el mejor camino para
recorrer esta tormenta y así estar más preparados para cuando vaya
apareciendo el sol.
Del mismo modo, es importante que se compartan las sensaciones y
sentimientos. Sólo de este modo podremos darnos cuenta que no estamos
solos, somos un equipo. A la vez, cada uno de nosotros debe actuar con
el mayor grado de generosidad, compromiso y cooperación, pues de este
modo la organización aprovechará estos tiempos de incertidumbre.
Prepararnos para sobrevivir nos hará más fuertes, estaremos mejor
adaptados y seremos más competitivos.
