El gigante egoísta
27-08-2008
Inspiradas en el modelo Wall-Mart del magnate Sam Wallton, las empresas
que concentran el 70% de la propiedad del sector, tienen pendiente
resolver varios problemas. De acuerdo a una investigación que sirvió de
base a un duro informe de la Cámara de Diputados sobre las prácticas del
mundo supermercadista, D&S y Cencosud aplican dumping laboral, tienen
acusaciones de maltrato a sus trabajadores y cobran intereses
exorbitantes a los usuarios de sus tarjetas de crédito.
Dos razones sociales, D&S y CENCOSUD, concentran el 70% del mercado
del negocio supermercadista. Pero lo manejan con más de 160 razones
sociales, “para restringir la actividad sindical”, asegura la economista
y socióloga Alicia Gariazzo en el estudio que realizó en 2007 a pedido
de la Comisión Investigadora de la Fiscalización de la Dirección del
Trabajo en el rubro de los supermercados.
El documento de más de cien páginas incluido en el informe final de la
Comisión (aprobado el viernes pasado en la Cámara de Diputados) es una
radiografía al retail y a las grandes cadenas de supermercados que
detalla su modelo de negocios, calificado como heredero del empresario
norteamericano Sam Walton (calificado como el “inventor” del
supermercado moderno) y su cadena transnacional Wallmart, cuestionada en
Estados Unidos por maltrato laboral reiterado y por haber barrido con el
comercio minorista en las comunas pequeñas donde se instalaron locales
de la cadena.
La pesadilla de los chicos
Según Gariazzo, las cadenas dominantes (Cencosud y D&S) se han
caracterizado por ampliarse geográficamente hasta alcanzar la casi total
dominación del negocio afectando al comercio minorista, aunque el
proceso de concentración de propiedad no es exclusivo de las grandes
cadenas de supermercados sino “una característica común a toda la
actividad económica de nuestro país, donde el 1% de las empresas
chilenas concentra más del 80% de las ventas totales nacionales”, señala
la investigadora.
El sector ha tenido una progresiva rentabilidad (su aporte al PIB en
2004 alcanzó a US$ 8 mil millones, en 2005 llegó a US$ 25 mil millones,
en 2006 sus ventas fueron de US$ 33.900 millones) y emplea alrededor de
1,1 millones de personas. Pero detrás de las cifras y los argumentos de
generar sinergias y ahorrar costos con la promesa de precios más bajos
para los consumidores, su expansión en las diferentes regiones del país
ve “decrecer y morir toda la pequeña actividad comercial aledaña y la
tendencia inevitable es el aumento de su participación en el comercio
del área y el desaparecimiento definitivo de los comercios más
pequeños”.
Su elevada participación en el total de las ventas unida al proceso de
concentración, también “coloca a los hipermercados en una situación de
dominio respecto a sus proveedores, la mayor parte de ellos pequeñas
empresas con débil organización gremial”. Algo que es rechazado por
representantes de D&S, citados en el informe, que aseguran que un 51,02%
de los abarrotes vendidos por la cadena son adquiridos a los proveedores
agrupados en la Asociación Gremial de Industrias Poveedoras (AGIP). “Sin
embargo –concluye el estudio- esta organización representa sólo el 1,43%
de los proveedores, estando conformada por 29 grandes empresas, la
mayoría trasnacionales”. ¿Qué pasa con el resto? “Sólo los más fuertes
pueden sobrevivir”.
“La mayor parte de los proveedores está sometido a los arbitrios de los
grandes supermercados, que les imponen los precios, reciben su
mercadería sólo a consignación, les aplican gastos de administración,
publicidad y ubicación en los escaparates, les traspasan los costos de
las rebajas, liquidaciones o promociones, e incluso de aquéllos
vinculados a derrames, pérdidas, antigüedad, obsolescencia o
desestacionalidad cuando el producto no se vende. Se estima que entre el
20% y el 25% de los ingresos de los supermercados proviene de los pagos
que reciben de sus proveedores”, asegura Gariazzo. Por lo mismo se
calcula que 850 mil trabajadores de pequeñas y medianas empresas (Pymes)
han quedado cesantes en los últimos cinco años.
El tema pasa, según un proveedor de la cadena Tottus, por exigencias
difíciles de sostener en el tiempo para las Pymes. “Cuando abren un
nuevo local, nos mandan una factura para financiarlo, sin consultarnos.
Y cuando se les ensucia la mercadería la devuelven sin más. Es tremendo,
pero uno tiene que aguantar y agachar el moño, porque si no nos quedamos
sin nuestros principales clientes”, explica. Además los pagos a fecha,
con períodos de espera de hasta 90, 120 y más días, pueden hacer
colapsar los planes de pequeños proveedores. De hecho, en un informe
sobre las Pyme citado en la investigación de la Cámara de Diputados “se
indica que la mayor dificultad que enfrenta el sector no son las deudas
tributarias y previsionales, sino las condiciones que imponen los
grandes clientes”.
Dumping laboral y denuncias de maltrato
El reporte de Gariazzo contó además con los testimonios de dirigentes
sindicales citados por los parlamentarios a las sesiones de la comisión
a lo largo de 2007. En él se detalla el modus operandi detrás del uso de
diversas razones sociales, conocido como rutificación, usado en mayor
medida por D&S, holding de propiedad de Nicolás y Felipe Ibáñez.
“Cuando un trabajador se sindicaliza se hace efectivo su traspaso a
alguna de estas razones sociales, a través del finiquito de traslado. En
la legislación laboral no existe el finiquito de traslado, pero sí en
esta empresa. Al traspasar a los trabajadores a otra razón social se
deja sin base social al sindicato y después se resuelve el tema vía
entendimiento con los dirigentes”, se asegura, indicando que la
ratificación dificulta la fiscalización del cumplimiento de los derechos
laborales y sindicales.
El uso de múltiples razones sociales incluso ha sido cuestionado por
Bernardo Matte, presidente de Colbún y miembro de uno de los tres grupos
económicos más importantes del país. “No es razonable que una empresa
tenga 150 RUT”, dijo en una entrevista de fines del año pasado, en
directa referencia a D&S, compañía que tiene cien razones sociales más
que Cencosud, de propiedad de Horst Paulmann.
Una de las cuestiones dadas a conocer por los dirigentes sindicales de
supermercados que dieron su testimonio a la Comisión es la alta rotación
de personal y reemplazo por trabajadores de jornada de medio tiempo
(part-time). Uno de los consultados contó que denominaban este modelo
como “la santa yapa”, “porque se va un trabajador full time y llegan dos
o tres part time por el mismo sueldo, lo cual debilita al movimiento
sindical”.
El modelo part-time, establecido originalmente como una labor remunerada
para estudiantes, asegura el informe, es usado en muchos casos para
contratar con menor sueldo a empleados que han sido despedidos de los
mismos supermercados. “Si un recepcionista gana 441 mil pesos en
Economax, el empresario lo despide y luego lo contrata por un sueldo de
180 mil pesos. Es decir, por el valor de un trabajador que gana 400 mil
pesos, pueden contratar a dos trabajadores. Se están especializando en
contratar mano de obra barata”, dice una de las dirigentes sindicales de
los trabajadores de esa compañía.
Otro de los temas puestos en tela de juicio es el trabajo de los
empaquetadores, en muchos casos niños y jóvenes menores de edad que
están en situación de precariedad laboral. En su agenda legislativa, el
ministerio del Trabajo tiene un proyecto que buscará normar la
contratación infantil para resguardar los derechos y deberes de los
empaquetadores que apenas trabajan por la propina, sin resguardo ante
accidentes laborales.
Las denuncias de maltratos y precariedad laborales cruzan el sector,
dice la economista en su informe. En base a los testimonios se enumeran
casos de de panaderos que deben trabajar en la noche encerrados con
llave, el acto de desnudar cajeras ante la sospecha de un posible robo,
prohibir a las cajeras ir al baño en días “peak” de ventas, despidos
masivos en fechas como Navidad y Año Nuevo, infracciones al cumplimiento
de la jornada laboral y humillaciones como la narrada por el dirigente
de un hipermercado de Temuco: “Ha habido casos en que nuestros
compañeros son acusados de robos por los guardias y a uno de ellos le
hicieron sacarse el pantalón delante de todas sus compañeras, quedando
solamente en ropa interior. ¡Estas situaciones las hemos visto!”, contó.
A ello se suman denuncias por despidos masivos de empleados
sindicalizados y “mobbing”
En síntesis, “al igual que en el modelo Wall-Mart, las cadenas
nacionales señaladas pagan directa o indirectamente salarios muy bajos y
externalizan a la comunidad costos laborales, de seguridad social, de
desechos y desperdicios”, asegura la investigación. Es la cifra negra de
las ganancias anuales, que la pagan trabajadores y clientes. Estos
últimos son el otro eslabón de la cadena.
Tarjetas, cuotas y sobrendeudamiento
Como en la práctica los grandes del rubro funcionan como megamercados
con operaciones a gran escala, que venden todo tipo de productos
(vestuario, bicicletas, línea blanca, marcas propias, computadores),
expandiéndose al negocio de los seguros, agencias de viajes y los
servicios financieros, la competencia se hace virtualmente imposible
para el comercio al detalle, debido a los bajos precios y la oferta
indiscriminada de crédito para consumidores no aceptados por el sector
bancario y que debido a sus bajos sueldos sobreviven a costa del
endeudamiento.
Según el informe de Gariazzo “las tiendas prácticamente obligan a los
consumidores a tener tarjeta de crédito, amarrando a éstas promociones y
rebajas o vinculándolas a otras compras. Las posee casi el 80% de la
población consumidora y pagan tasas de interés anuales de entre 40 y
60%. (Pese a que) las cadenas reciben del sistema financiero créditos
con tasas de interés como máximo de un 7% anual. Por lo tanto, aunque
estas cadenas no vendieran nada, ya tendrían ganancias sólo por el costo
del dinero”.
Además, del análisis se desprende que se aplican cargos fijos por
administración y mantención de las tarjetas de crédito de casas
comerciales y supermercados “que fluctúan entre los $ 495 mensuales o $
5.940 anuales y $1.706 mensuales o $ 20.472 anuales. Así mismo, la mitad
de las tarjetas efectúan cargos por cada transacción o compra
realizada”.
Esta expansión crediticia, agrega la investigadora, tiene su contraparte
en el endeudamiento doméstico. Las estadísticas de la VI Encuesta de
Presupuestos Familiares, del Instituto Nacional de Estadísticas (INE),
publicado en mayo pasado revelaron que salvo el quintil de más ingresos,
el resto de los chilenos gasta más de lo que gana.
“Aunque su orientación primitiva fue netamente comercial, enfatizando la
alta rotación de inventarios y la mantención de elevados índices de
liquidez (privilegio del pago al contado), desde la década del 1980 el
negocio del retail fue derivando hacia la venta a crédito y la obtención
de ingresos adicionales por intereses y comisiones. Es decir, se
evolucionó desde la actividad comercial hacia la financiera”, concluye
la investigadora.
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Miguel Paz
coiquenchearrobahotmail.com