Una visión desde el Marxismo para las pequeñas y medianas empresas

Autor: Lic. Manuel Escobar Navarro y Dra.C Evelyn González Paris

Pensamiento económico | Pequeñas y Medianas Empresas PyMEs

21-06-2010

Introducción

El aumento cuantitativo de las pequeñas y medianas empresas (PYMES) en los últimos años está estrechamente relacionado con los nuevos fenómenos que se están presentando en la economía internacional, a saber, la globalización de todas las relaciones, en primer lugar las económicas, y la amplia y profunda crisis capitalista mundial.

La globalización, requiere nuevas formas de organización del trabajo y principios de administración, para enfrentar los cambios originados por la adopción de las nuevas estrategias económicas de liberación comercial dirigidas a la búsqueda de mercados más competitivos y economías abiertas.

Las políticas neoliberales de desarrollo económico, aplicadas en las últimas décadas del pasado siglo, tuvo un carácter contradictorio ya que al mismo tiempo incentivaba la gestión empresarial privada capitalista, en detrimento de la actividad económica del Estado, los más beneficiados resultaron ser los grandes capitales, propiedad de las corporaciones.

Durante estos años la teoría acerca de la necesidad de la actividad de las pequeñas y medianas empresas en la economía tuvo poco desarrollo. Sin embargo, el fracaso del neoliberalismo y la necesidad de buscar vías y métodos para enfrentar y salir de las profundas y reiteradas crisis capitalistas, ha llevado a los economistas, políticos sociólogos y otros teóricos a retomar las experiencias acerca del papel de las PYMES en las diferentes ramas de la economía y en diferentes contextos socioeconómicos.

En la construcción del socialismo desde condiciones del subdesarrollo la existencia del carácter heterogéneo de las relaciones de propiedad es una necesidad atendiendo al bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.

En este sentido es importante el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas y su eficaz y eficiente desempeño.

Sin embargo este es un tema que hoy cobra un amplio espacio e importancia en el contexto cubano de ahí el objetivo del presente trabajo referido al análisis de los fundamentos teórico marxistas de la génesis y principales características de las pequeñas y medianas empresas (PYMES).

Y por otro lado al análisis de los elementos teóricos Marxista-Leninista acerca de la necesidad de su existencia y desarrollo de este tipo de organización empresarial en el período de la construcción del socialismo.

Desarrollo

1.- Un estudio desde el marxismo acerca de la génesis de la pequeña y mediana empresa (PYME).

Las políticas económicas actuales deben estar orientadas hacia la apertura comercial entre lo que de hecho debe impactar severamente a las organizaciones empresariales modernas, las industrias locales y la diversidad de actores sociales.

Sus efectos están dados por la inequidad en la distribución de las riquezas y el extraordinario poder adquirido por las compañías transnacionales, la creciente pobreza del sector agrario, la tendencia hacia la bancarrota de pequeñas y medianas empresas y al aumento de la economía informal.

Las condiciones actuales en las relaciones económicas, comerciales, políticas y tecnológicas que caracterizan la primera década del siglo XXI exigen a las pequeñas y medianas empresas (PYMES) modificar sus estrategias de penetración y permanencia en los mercados actuales, si desean no solo sobrevivir sino convertirse en una fuente importante de empleo y el medio de conservar la identidad, la cultura y los recursos naturales inherentes a su lugar de origen. Las PYMES exitosas de este siglo serán aquellas capaces de interpretar los cambios en el ambiente socioeconómico y aprovechar las oportunidades que la apertura comercial ofrece. La creatividad, innovación y calidad serán las claves que garanticen su éxito empresarial.

El origen de unidades productivas o de servicios que emplean a un grupo de individuos relativamente numerosos está inexorablemente vinculado al surgimiento y evolución de la producción capitalista.

Históricamente, la empresa pequeña y mediana ha ofrecido una alternativa para el proceso de la industrialización. Ellas son el lógico antecedente de la Revolución Industrial de los siglos XV y XVI.

La pequeña industria, surgida años antes de que se originara el capitalismo industrial, tenía como fuente creadora las necesidades primarias del hombre como: el tallado de la piedra, el trabajo de los metales, la manufactura de prendas de vestir y ornamentales, etc. Así, se formó no sólo como fuente de abastecimiento de bienes para el consumo, sino también como motor del desarrollo de las fuerzas productivas, y es básicamente la industria de modestos recursos de donde se apoyó la Revolución Industrial y con ello la tecnología que después desarrollaron y fomentaron las grandes empresas.

A la gran producción maquinizada capitalista, consecuencia de la Revolución Industrial, en su evolución lógica e histórica, le antecede dos etapas: la cooperación y la manufactura.

Contrariamente a lo que piensan algunos, no se debe exagerar al considerar a Inglaterra como la cuna del capitalismo. En su genial obra “El Capital”, hizo Marx un profundo análisis de la historia del surgimiento del mismo, tomando a la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, por significar lo que allí ocurrió como lo más destacado y extraordinario en la historia del modo de producción capitalista hasta ese momento.

Pero, ya en el siglo XVII en algunas potencias coloniales europeas se dieron los primeros elementos del capitalismo. Marx apreció justamente el papel de los mismos en la historia económica de Europa al señalar que “las diversas etapas de la acumulación originaria tienen su centro, por un orden cronológico más o menos preciso, en España, Portugal, Holanda, Francia e Inglaterra”.

Las primeras formas de producción capitalista, encarnadas en el sistema manufacturero, surgieron en Italia, en los siglos XIV y XV, pero la auténtica patria del capitalismo manufacturero fueron los Países Bajos, en los siglos XVI y XVII. A ello se debe que Marx subrayara que los holandeses del siglo XVII constituían la nación más desarrollada en el sentido capitalista. Pero Inglaterra fue la cuna del sistema fabril, una fase más madura del capitalismo, que posibilitó el triunfo general de este sistema.

Las primeras empresas capitalistas, creadas por comerciantes, usureros, maestros y artesanos ricos, eran por lo general antiguos talleres artesanales.

En ellos, al mando de los “primeros” capitalistas, trabajaban obreros asalariados, aquellos que fueron artesanos más débiles o se arruinaron e incluso una oleada de campesinos pobres arruinados que acudían a los centros urbanos en busca de empleo. “Los usos y los telares, que antes se distribuían por toda la comarca, se aglomeran ahora, con los obreros y la materia prima, en unos cuantos caserones grandes, que son como cuarteles del trabajo” . Esa era la cooperación capitalista simple, la primera etapa en el desarrollo del capitalismo caracterizada por Carlos Marx.

Al definir a la cooperación simple como forma de producción capitalista, Marx expresa que “la producción capitalista comienza, en realidad, allí donde un capital individual emplea simultáneamente un número relativamente grande de obreros; es decir, allí donde el proceso de trabajo presenta un radio extenso de acción, lanzando al mercado productos en una escala cuantitativa relativamente amplia. La producción capitalista tiene, histórica y lógicamente, su punto de partida en la reunión de un número relativamente grande de obreros que trabajan al mismo tiempo, en el mismo sitio (o, si se prefiere, bajo el mismo techo de trabajo), en la fabricación de la misma clase de mercancías y bajo el mando del mismo capitalista” . Y define a la cooperación como ”la forma del trabajo de muchos obreros coordinados y reunidos con arreglo a un plan en el mismo proceso de producción o en procesos de producción distintos, pero enlazados.”

“Aunque los muchos obreros congregados –continúa diciendo Marx- ejecutan simultáneamente el mismo trabajo o un trabajo de la misma clase, puede ocurrir que los trabajos individuales de los distintos obreros, considerados como parte del trabajo colectivo, representen diversas fases del proceso de trabajo, fases que el objeto elaborado recorrerá más rápidamente gracias a la cooperación”.

La cooperación capitalista tiene sus peculiaridades que la diferencian de la existente en procesos similares existentes en el régimen feudal, y es que ésta, en primer lugar, la organiza el capitalista, el propietario del capital, con el fin de obtener plusvalía. En segundo lugar, la cooperación capitalista agrupa a los obreros asalariados que son incorporados al proceso de producción por medio de la compraventa de la fuerza de trabajo. En tercer lugar, el capitalista dirige el trabajo conjunto. En cuarto lugar, el producto del trabajo cooperativo pertenece por entero al capitalista, que es el propietario de los medios de producción.

La cooperación capitalista surge como oposición a la producción individual de los productores simples de mercancías. La cooperación capitalista constituye la condición absoluta del modo de producción capitalista y sin ella no puede convertirse la producción mercantil simple en producción capitalista. “Es la forma organizativa inicial de la empresa capitalista” donde el dueño en muy breve tiempo dejará de participar en el proceso de producción, convirtiéndose en un propietario verdadero, cuando deje incluso, de vigilar a los obreros al contratar a un capataz o contramaestre, que se encargará de hacerlo, convirtiéndose él mismo en una clase cada vez más parásita, alejada del proceso económico directo.

Es la cooperación capitalista simple el antecedente histórico de las pequeñas y medianas empresas que se desarrollaron posteriormente dando lugar a grandes agrupaciones capitalistas, las que en la fase de desarrollo imperialista se convirtieron en monopolios.

A través de la cooperación, los primeros empresarios capitalistas consiguieron diversas ventajas con relación a los pequeños productores individuales de mercancías, ya que la fuerza cooperada en el trabajo contribuye a la elevación de la productividad del trabajo y, por ello, al abaratamiento de la unidad de la mercancía. En este mismo sentido, actúa también la emulación entre los trabajadores, elevando la actividad laboral de cada trabajador en las condiciones del trabajo conjunto de muchas personas.

También reduce el valor de las mercancías el ahorro o economía de medios de producción, que se logra gracias al aprovechamiento colectivo de esos medios. Si la reducción del valor de los productos o mercancías lo alcanza uno o varios capitalistas, consolidan su posición en la lucha competitiva al obtener temporalmente la plusvalía extraordinaria. Como argumentara el propio Marx al citar a G.R.Carli cuando expresó “La fuerza del hombre individual es muy pequeña, pero asociadas, estas pequeñas fuerzas dan una fuerza total superior a la suma de todas las fuerzas parciales que la forman, bastando la simple unión de estas fuerzas para reducir el tiempo y extender el espacio de su eficacia”.

La cooperación simple supone el principio de la cooperación capitalista, la que alcanza una forma desarrollada como manufactura capitalista.
La manufactura es la etapa que sucede a la cooperación en el desarrollo del capitalismo y no es más que la propia cooperación basada en la división del trabajo.

El surgimiento de la manufactura aparece de dos formas: primero, un taller o pequeña empresa, bajo el mando del capitalista donde se agrupan obreros de oficios heterogéneos e independientes para producir cierta clase de mercancías, donde el obrero se especializa en una sola operación; y segunda, en la agrupación por el capitalista en un taller común de artesanos de una misma especialidad con la consiguiente distribución del trabajo entre ellos, donde paulatinamente, cada operación va pasando a ser exclusiva de un determinado obrero. “De producto individual de un artesano independiente, que lo hace todo, la mercancía se convierte en producto social de una colectividad de artesanos, especializados cada uno de ellos en una operación parcial distinta”.

La división del trabajo en la manufactura es engendrada por la producción capitalista y tiene un acusado carácter capitalista. Antes no existió tal división del trabajo con esas características y desproporciones tan exacerbadas.

La elevación de la productividad del trabajo alcanzada con la manufactura, origina la reducción del valor de la fuerza de trabajo; produciéndose un abaratamiento de la capacitación del obrero parcial, constituyendo una forma particular de producción de plusvalía relativa para el capitalista.

El desarrollo de la producción manufacturera en el capitalismo contribuyó extraordinariamente al desarrollo de las fuerzas productivas y a la elevación de la productividad del trabajo social.

Sin embargo, la manufactura no estaba en condiciones de abarcar la producción social en todo su volumen y transformarla; con una base técnica limitada solo a pequeñas y medianas empresas con relativa amplitud y desarrollo muy determinados por condiciones específicas de la rama o sector económico, los capitales invertidos en él y la capacidad productiva de la fuerza de trabajo. La manufactura se caracteriza sólo como una original superestructura sobre la producción de pequeños y medianos productores de mercancías.

Al continuar desarrollándose el capitalismo, la manufactura, como forma de la producción capitalista, resultó ser insuficiente.

El papel histórico de la manufactura al igual que la cooperación consiste en que dieron lugar al surgimiento de las pequeñas y medianas empresas capitalistas y creó las condiciones para el paso a la producción maquinizada, es decir, a la gran industria, como resultado de la continuada especialización de los instrumentos de trabajo y a la adaptación para ejecutar determinadas operaciones creándose importantes premisas para la aparición de las máquinas.

La prolongada especialización de la fuerza de trabajo al ejecutar ciertas operaciones, formó a los obreros especializados para la industria maquinizada. “la manufactura no podía abarcar la producción social en toda su extensión, ni revolucionarla en su entraña. (…) Al alcanzar cierto grado de desarrollo, su propia base técnica, estrecha, se hizo incompatible con las necesidades de la producción que ella misma había creado (…) Uno de sus frutos más acabados era el taller de fabricación de los propios instrumentos de trabajo, y sobre todo de los aparatos mecánicos complicados, que ya comenzaban a emplearse.”

De acuerdo con este análisis el nacimiento de este núcleo de empresas denominadas PYMES, en lo esencial aparecen dos formas fundamentales de surgimiento: las que se originan como empresas propiamente dichas, es decir, en las que se puede distinguir correctamente una organización y una estructura, donde existe una gestión empresarial por un propietario capitalista dueño de la misma donde es explotado el trabajo de los obreros asalariados. Ellas en su mayoría, resultado de los procesos de cooperación y manufacturero, se desarrollaron dentro del sector formal de la economía con atención a un proceso de reproducción capitalista ampliada, más o menos intensivo. Por otro lado, aquellas que tuvieron un origen familiar, caracterizadas por una gestión a la que solo le preocupó su supervivencia, sin prestar demasiada atención a los costos, la inversión destinada a la reproducción ampliada y a la búsqueda de mayor eficiencia en su gestión empresarial. Siendo esta forma la más endeble por su estructura, y por lo tanto, con más escasas probabilidades de subsistencia en la lucha competitiva capitalista.

Hasta aquí el análisis del proceso de surgimiento de las pequeñas y medianas empresas, estrechamente vinculado al nacimiento y desarrollo de la producción capitalista.

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Lic. Manuel Escobar Navarro - manuel.escobararrobamatanzas.copextel.com.cu

Especialista en ahorro de portadores energéticos Corporación COPEXTEL División Matanzas.

Dra.C Evelyn González Paris - Evelyn.gonzalezarrobaumcc.cu

Metodóloga de la Vice rectoría de la Universidad de Matanzas “Camilo Cienfuegos”.

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