Los determinantes biológicos y sociales de los individuos se estima sean tres. Los primeros opinan que el desarrollo personal se basa constitucionalmente en la eugenesia, una figura sobresaliente F. Galton.
Los otros asumen una posición antípoda, afirman que todo desarrollo de la personalidad se constituye con la sociedad y mediante la sociedad, J. Mill, amparado bajo el precepto de que el desarrollo de la personalidad viene atado a los factores sociales previamente dados, y los últimos, o terceros, los que concilian ambas teorías. Por tanto si las dos primeras teorías son parciales y totalitarias y contienen verdad fundamentada, la tercera se beneficia de las fortalezas de las dos anteriores descartado lo necesario de cada una de ellas, pero aprovechando los esencial. Esa conciliación nutre sustancialmente a la última. Si bien es cierto que las dos posturas se simplifican en una, también es cierto que la tercera es la conciliadora de las anteriores. A.K.C. Ottaway es una figura destacada de dichas posturas, partidario de la sintetizacion entre genetistas y ambientalistas.
“Si la cultura es conducta aprendida, esto implica, que todas las sociedades tienen que desarrollar unos medios de enseñar la conducta a sus miembros. Aquí vemos la íntima relación que existe entre la educación y la cultura. El programa educativo de una sociedad consiste principalmente en enseñar y aprender la cultura. Este proceso educativo se conoce con el nombre de socialización. La educación no se lleva a cabo en las escuelas únicamente. La vida social misma, con todas sus múltiples interacciones humanas, sirve como agencia educativa. Otras agencias también participan en esta tarea, tanto activa como pasivamente”. (Cáceres, 1994, p.70).
En el Génesis de la mayor de las Antillas Menores, los procesos de la socialización, la de la construcción de una sociedad han estado subordinados a los debacles de dos grandes colonos del 1493 al 1898 y del 1898 al 2007. España y Estados Unidos de Norte América respectivamente y analizamos lo anterior en términos de que si la cultura Puertorriqueña se ha constituido por la balanza colonialista y evangelizadora de Castilla y por una báscula imperialista hegemónica del Imperio Americano. Podríamos entonces pensar que el producto de ello es una cultura constituida esencialmente en su principio por formas de conductas no normativas el cual resultan imposible de determinar su valor y que tampoco se puede medir con ningún sistema científico. !Si lo anterior es cierto, entonces como se configura el cuadro sociológico de la cultura de la menor de las antillas mayores¡ ¿Cómo se ha forjado ese imaginario proceso de enculturación? ¿Estará moldeada por una serie de recetas dualmente coloniales? ¿Quiere decir entonces que podríamos evidenciar que nuestra idiosincrasia es producto de una asimilación? ¿Acaso será por preservación de los símbolos o de sabiduría?
Si en los inicios de la conquista los factores educativos estaban en mano de los hombres inmortales, y si estos estaban enteramente marcados por propósitos meramente evangelizadores para lograr que los aborígenes fueran fieles, es muy probable que el sentimiento y el miedo inculcado por los dogmas socaven al realización de un individuo y por ende de toda una sociedad. Si la socialización primaria marca la formación de un individuo también marca la formación de una sociedad, y si la socialización secundaria presupone un proceso de socialización primaria, para tratar con un yo formado, entonces hemos estado en una especie de desequilibrio desde nuestros comienzos como sociedad.
El poblador, Cristóbal Colón, recibe instrucciones muy precisas de los reyes católicos de la educación de los indios por medio del evangelio, para lograr este fin era necesario el aprendizaje de la lengua castellana. A finales del siglo XVI desaparece el afán evangelizador pero no en cambio así el evangelio. O´ Reilly dijo en un informe que Puerto Rico en el 1765 no era una sociedad. No es hasta el 1739 que se menciona el término de educación pública con el acompañamiento de las consignas propias de una educación por la educación, a cargo del Gobernador Miguel de Museas, estas consignas permiten entre ver signos de sociología. Acto seguido en el 1805 Toribio Montes, reafirmó su posición igualmente, pero el sosegado Miguel de la Torre echó por el piso todos los esfuerzos de los dos anteriores. Aquí vemos como se desintegran las consignas sociológicas. Otro argumento que nos ayuda a comprender el desasosiego que imperaba en la isla Sanavitis (2007) nos menciona la falta de interés y diligencia de parte del gobierno de España por desarrollar la instrucción pública y la falta de interés de los criollos. En este punto, es preciso mencionar a algunos de los pocos paradigmáticos hombres, el anticipado, Maestro Cordero, anticipado porque según Ferrer Canales su notoria participación antecede al preludio de la enseñanza primaria, y Padre Rufo, aunque sus presencias fueron notorias sus participaciones fueron micro societal. Todo este contenido nos permite entrever que en la génesis de la sociedad criolla ni existía un borrador para un ideal social basado en principios internos ni externos.
En el 1834 el presupuesto español para la educación era de 33,542 pesos para una población de 358,836 habitantes, en adición a ello las pocas escuelas estaban desperdigadas por toda la isla, esto marcaba un evidente ausentismo de los estudiantes y evidentemente una falta de intercomunicación social, hecho que se constata con el informe de O ´Reilly. En 1782, Fray Iñigo Abbad y Lasierra relatan una historia muy parecida a la de O´ Reilly en términos sociales. Cabe señalar que en el ensayo La Educación en Puerto Rico (1503-1900) Rodríguez Meléndez (2007), hace mención de la Sociedad Económica de Amigos del País fundada en el 1813, y argumenta, que esa sociedad realizó incontables esfuerzos, pero tenemos por otro lado a, Sanavitis (2007) donde afirma que esa sociedad no pudo desarrollar ninguna gestión, y sólo se reúnen en dos ocasiones. A su vez Sanavitis (2007) nos aclara que, la Academia de Buenas Letras se funda en el 1851 y es el organismo que sustituye la Sociedad Económica de Amigos del País, en el 1883 abre el Ateneo Puertorriqueño, ninguna de éstas se ocupó de las escuelas.
Aunque desapareció el auge de evangelizar, durante el siglo XVIII la educación primaria en España continuaba al cuidado de la iglesia. Veamos algunos signos de esta presencia de la iglesia, las cuales algunas a pesar de incontables vicisitudes continúan en el escenario gracias a Dios hasta el sol de hoy. Para el 1522 se inició la construcción del Convento de los Dominicos y su presencia se remonta desde el 1509 al presente. Estos crearon escuelas donde se enseñaba materias de gramática y artes liberales. Los Franciscanos tenían escuelas de perceptores de gramática, lectores de arte, lectores de teología entre otros. Solo las instituciones religiosas gozaban de cierta estabilidad, probablemente se debió en cierta medida a su auto financiamiento, diezmos y donativos. Según Scarano (2000), “El padre Rufo promovió desde un principio la apertura de una institución de estudios universitarios en el país.
Convencido de que al gobierno no le interesaría sufragar semejante gasto, persuadió a la mencionada Sociedad y a altos funcionarios gubernamentales de la necesidad de recaudar previamente los fondos necesarios” (p.561). En el 1865 mediante decreto orgánico el gobernador Félix María Messina, ordenó la reestructuración del sistema educativo. Para el 1880 existían 556 escuelas con 25,000 estudiantes en toda la isla para la enseñanza de escuela elemental y superior. Es evidente que el secular gobierno Español continuaba con sus emancipaciones por medio de la religión y la enseñanza. Como es de suponer a nivel macro societal lo anterior no tiene repercusiones sustanciales para la formación de una sociedad. Para que no quede duda, Cuesta (1946) en Historia de la Educación en el Puerto Rico Colonial dedica más de ciento y tanto de folios mencionando legiones de sotanas, en su índice, dedicado la mayor parte de éste a maestros primarios con cuarenta y siete notoriedades o distinciones, 129 distinciones de Franciscanos, diez sotanas de Santo Tomás de Aquino entre muchas otras más notoriedades incluyendo maestros y estudiantes Puertorriqueños.
Hasta aquí podemos observar que los elementos cognitivos de la sociedad criolla aún en formación, carecía de los elementos sociales primarios para poder discernir hacia una identidad propia y en consecuencia sus valores. Valores que a su vez le permiten acercarse a la realidad y a las normas de deseabilidad, de aceptación o de rechazo. Todo lo anterior sirve para dejar ver tanto las altas y bajas de la educación y por ende el ideal de un pueblo ávido de la socialización pero imposibilitado y desposeído de las herramientas ideológicas propias del pueblo y para el pueblo. Por, tanto y en cuanto, solo los símbolos culturales de la criollización más importante y efectiva que enraizaron en esa primera camada de autóctonos, marcados ya no con carimbo pero si con agua bendita, se estima es la lengua vernácula. Entonces podríamos reconocer que el sentimiento y la fantasía entorpecen, en parte, la realización de una realidad social.
Es cierto que nada contribuye menos a la cultura que la riqueza y que nada contribuye más que el proceso de aprendizaje. Si la socialización primaria marcada por el carimbo de los colonos inicializó de alguna manera esta primera gesta de puertorriqueños, tal vez solo fue por lo más rico, el habla. La socialización básica contribuyó en esta primera etapa en el proceso simbólico más importante, el lenguaje y probablemente todos sus componentes de sabiduría.
En el 1898, llega el tan esperado régimen autonómico, el primer sistema de auto gobierno y con él llegan las comisiones de Instrucción Publica, la Junta de Educación Superior, pero todo se vino abajo con la invasión de los norteamericanos en ese mismo año. El destino de los criollos tomó un reverso en medio de una emergente consigna social. Señala Scarano (2000) un dato importante que no queremos pasar por alto sobre la poca cantidad de puertorriqueños que habían obtenido acceso a la educación formal al concluir el dominio español diciendo: “El pueblo seguía siendo mayormente analfabeta” (p. 559). Muy interesante también es el comentario que hace acerca del retiro y de la apatía de los puertorriqueños. Suponemos se refiere a la apatía de la educación Española, la cual no emanaba del propio ideal colectivo mestizo. Si en los inicios de la inmigración los factores educativos estaban en mano de los Españoles, y si estos estaban enteramente marcados por propósitos meramente evangelizadores para lograr que los criollos fueran fieles, es muy probable que el sentimiento y el miedo inculcado por la religión socavara en la mente mestiza impidiendo la sublevación y en consecuencia la realización de un individuo y por ende de toda una sociedad.
Un cambio de clima y de adaptaciones se presentó después de la ocupación americana, entre las medidas que el nuevo imperio tuvo que tomar como resultado del nuevo régimen se encuentra el cierre de muchas escuelas y la suspensión de maestros, 1898. Asume la administración educativa en 1900 un comisionado de educación nombrado por el presidente de los Estados Unidos, este cargo tuvo vigencia hasta el 1921. En esa fecha se nombra al cargo el primer puertorriqueño Juan B. Huyke con la desventaja de que este tenía sentimientos proamericanos. Se importaron cientos de maestros estadounidenses, las buenas intenciones no faltaban, pero al no dominar la lengua vernácula no entendían las costumbres y la idiosincrasia de los puertorriqueños. Eaton nombrado por el gobierno americano recomienda al gobernador una serie de estrategias basándose en un sistema escolar norteamericano. En el 1899 se proclama la ley escolar, la cual se fundamentaba y se establecía en políticas anglosajonas con maestros americanos. Según Rodríguez Meléndez, ello trajo consigo el que se intituyeran juntas municipales con una serie de medidas nesesarias para el buen funcionamiento de las escuelas (AGPR, Fondo: Municipal, Serie: Intruccion Publica, Legajo 69) cosa que en el sistema español no existían medidas para reglamentar y tampoco existían certificaciones de maestros.
No es difícil vaticinar que ante tan buen panorama, algo podría derrumbar lo alcanzado hasta el momento. Las leyes escolares municipales quedaron sin efecto ese mismo año cuando el general Guy V. Henry abandonó su puesto. El nuevo gobernador George W Davis nuevamente desmantela lo que ya estaba en proceso. Con la instauración del gobierno civil del 1900, Martin G. Braumbaugh organiza el Departamento de Instrucción Pública. Bajo Braumbaugh también se inaguró la escuela normal e industrial en Fajardo, la cual era la preparatoria para maestros de toda la isla. La distancia hizo que solo un puñado de maestros se matriculara en sus inicios y mas tarde la escuela normal se trasladó a Río Piedras. En el 1908 un grupo e maestros se reúne y constituyen un organismo que se hizo llamar Asociación puertorriqueña de maestros. Entre dicho año y el 1911 se constituyen más de dos grupos y al final se originó la Asociación de Maestros de Puerto Rico. En el 1915 el comisionado de educación implementó un cambio de método de enseñanza, en donde el idioma español se enseñaba en los primeros cuatro grados y no es hasta el 1934 cuando se hace otra defensa en pro del idioma español.
En el 1937 cambia nuevamente la visión por medio del comisionado de educación poniendo la enseñanza del inglés por encima de la enseñanza castellana. Esto provocó grandes protestas a nivel nacional involucrando a la Asociación de Maestros y los estudiantes de secundaria y universitarios. Los opositores planteaban que la imposición del inglés en vez de ayudar en su aprendizaje lo retrasaba. En lo sucesivo los puertorriqueños irían ganando terreno en los años venideros. El gobierno colonial en el 1948 incorpora un nuevo modelo que por decreto administrativo incorporó el idioma español en el sistema educativo. Lo que está en discusión hasta el momento es totalmente unísono con lo que Vargas Llosa (1993) argumenta en su artículo en donde nos: “La lengua española sobrevivió en Puerto Rico a una prueba dificilísima, medio siglo de enseñanza obligatoria en inglés en las escuelas públicas. Esta política no “americanizó” a la isla; cuando se restableció el español como primera lengua en los planteles, el pueblo puertorriqueño seguía utilizándola como único medio de expresión” (p. 13-14).
¡Se podría afirmar que en el proceso primario de socialización los signos, o sea el lenguaje, fue lo más importante! ¡Si eso es falso entonces se hubiese desvanecido la estructura social! ¿Acaso es cierto que los puertorriqueños prescindieron en lo sucesivo de la génesis, de una idiosincrasia? Tampoco es menos cierto que en la socialización secundaria presentada hasta el momento se haya prescindido de los procesos primarios de socialización, por que después de todo, esa primera socialización siendo sometida a la impostura pudo asimilar y recodificar los complejos signos del lenguaje para la confección de una idiosincrasia propia.
En los inicios de una inadaptación, un cambio sin estudiar bien las coartadas, o mejor dicho, las repercusiones de esas coartadas, los desafortunados jamás sentirán un bienestar armónico, ni socialmente aceptable. Mucho menos aun si en el segundo intento por alcanzar un ideal sin dirección, no es de extrañarse que ese proceso, además de no ser inherente, no puede ser codificado dentro de su simbología. Henríquez refiriéndose al ciudadano de América aporta en este sentido algo muy valioso, en torno a los ideales universales de un mentor de bien y verdad diciendo, “No ignora tampoco los valores prácticos: quiere que se dirijan las actividades del educando para ayudarlo a adaptarse al medio ambiente y contribuir a su bienestar en esta vida, que “es un combate por el pan, por el principio, por el puesto”, es una disonancia y nos pide que aprendamos a concertar una armonía” (p. 228).
La premisa que da paso aquí a lo planteado de que si existen determinantes que permean los aspectos biológicos, no se desvanece en tanto y en cuanto los símbolos que quedaron constituidos en el génesis se fundamentaron en una muy asimilada conciencia superflua, la cual queda formada por conocimientos inconexos de una especie de sabiduría cultural. Entonces, si es yuxtapuesto que la socialización secundaria puede prescindir de una carga emocional. ¡Acaso se prescindió del lenguge!
O sea que la lengua en su constancia del devenir ha minimizado la absorción del imaginario ajeno. Gracias a esa absorción de signos culturales, idioma, los segundos también, por medios no normativos e inconexos, ofendieron de igual forma y de esa manera la deshonra nada contribuye menos a la cultura ni en lo cognitivo, del ya subordinado.
“Entre el Génesis y el Apocalipsis no reina más que la impostura. Es
importante saberlo, pues semejante evidencia vertiginosa, una vez
asimilada, hace superfluas todas las recetas de la sabiduría”. (Cioran,
1987, p. 76).
Bibliografía
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Cuesta, A. M. (1946) Historia de la educación en el Puerto Rico
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Cioran, E.M. (1987) Ese maldito yo. Barcelona España: Tusquets Editores,
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Ferrer, C. J. (2000) significación de Rafael Cordero, maestro
puertorriqueño. Cuadernos de Cultura, 3, 8-26.
Henríquez , U. C. América y Hostos. Habana Cuba: Cultural S. A. Obispo y
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Rodríguez, M. R. La educación en Puerto Rico (1503-1900). Recuperado el
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Agosto de 2007 de http://antillania.com/La_educacion_en_tiempos_de_espana.htm
Scarano, F. (2000) Puerto Rico Cinco Siglos de Historia. México: McGraw-Hill/Interamericana
Editores, S.A. de C.V.
Vargas, Ll. M. ( 1993, 13 de Abril). ¿Espejo del mundo? El País,
p.13-14.
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