Ahora se imponía convertir en combatiente activo a cada patriota, en el campo político y el de la lucha armada, ante lo que el propio avance de la revolución hacia inevitable: el choque directo con el imperialismo norteamericano, en cuanto se comenzara a cumplir el compromiso contraído con el pueblo. Hoy, en las nuevas condiciones del siglo XXI debemos evaluar con celeridad de una forma desapasionada, con todo rigor y objetividad, nuestras fortalezas y debilidades; además de estudiar profundamente las experiencias de pueblos hermanos, junto a las derivadas de conflictos recientes y de nuestras propias luchas. Todo ello permitirá delinear una concepción política-ideológica y defensiva original, creativa y autóctona: la batalla de ideas y la guerra de todo el pueblo. En Cuba tenemos una fuerte raíz de conocimientos políticos aprovechémoslos desde Cuba y para nuestra América. El socialismo es la única opción real, viable, frente al capitalismo, y el espíritu de lucha como única forma de avanzar en esa dirección. Es urgente la necesidad de dar adecuadas respuestas, teóricas y practicas a los nuevos y complejos problemas que enfrenta y debe resolver el movimiento revolucionario en las actuales condiciones históricas, de ahí la necesidad de la unidad en la diversidad, sin sectarismos ni dogmatismos, como única forma de estructurar alternativas viables para la lucha contra el enemigo común. No hay un modelo único de construcción socialista, pues diversas han de ser las vías y escenarios en que ello tenga lugar, siempre acorde a la realidad nacional, aunque debe primar el interés en la defensa de los principios del marxismo y el leninismo desde una óptica que conjugue la no renuncia a sus principios básicos, con la necesidad de abrir paso a los nuevos desarrollos que la situación y coyunturas en el presente y el futuro demandan, consecuentes con su carácter dialéctico, su oposición a dogmas y su virtud de constituir una guía para la acción en la superación definitiva del capitalismo y la verdadera emancipación de los trabajadores del yugo del capital. La universidad cubana se integra a este esfuerzo de toda nuestra sociedad.
Introducción
En las actuales condiciones internacionales, se reafirma para nosotros que el socialismo es un imperativo provocado no solo como resultado lógico del desarrollo de las fuerzas productivas a escala internacional, sino además como única alternativa para garantizar la supervivencia humana. La constante agudización de los problemas globales pone hoy en evidencia, más que cualquier otro argumento y a gran escala, la limitación histórica del capitalismo.
Resulta evidente que ya hoy son precisamente los problemas globales
factores de gran peso a escala mundial para estimular, unido a las
contradicciones internas de clase, la lucha por un nuevo régimen social.
Se internacionaliza de forma creciente la contradicción capital-trabajo,
lo que obliga a profundizar en el socialismo también más allá de las
fronteras y las contradicciones nacionales, y ratificar la vigencia de
aquella consigna del marxismo clásico: ¡Proletarios de todos los países,
uníos!, que lejos de perder vigencia pudiera ampliarse, incluyendo a
otros sectores y movimientos sociales que también sufren la barbarie del
capital.
Los principios socialistas se resumen en lo ideales excelsos de
libertad, igualdad y fraternidad, los mismo que la burguesía levanto
antes que ninguna otra clase social en la historia y pronto lo arrojo al
suelo, levantado después por el proletariado para reivindicarse de la
explotación asalariada.
Aunque el socialismo tiene sus raíces en los hechos materiales,
económicos; al nacer hubo de empalmar con las ideas revolucionarias de
los grandes pensadores del siglo XVIII que impulsaron a la burguesía a
combatir la injusticia, el privilegio, la superstición, la opresión.
También los grandes utopistas, al igual que los enciclopedistas
estigmatizaban el feudalismo, sin proponerse emancipar primeramente a
una clase determinada, sino al mismo tiempo a toda la humanidad.
Los principios socialistas tienen de portador material a la clase
obrera, la masa explotada en el capitalismo y cuyo objetivo supremo es
que su victoria conlleve la desaparición de todas las clases sociales.
Los principios socialistas no son el descubrimiento casual de un genio,
sino el producto necesario de la lucha entre dos clases formadas
históricamente: el proletariado y la burguesía. Como Engels señala, su
misión no consiste en elaborar un sistema lo más perfecto posible de la
sociedad, sino investigar el proceso histórico económico del que
forzosamente tenían que brotar esas clases y sus conflictos y descubrir
los medios para la solución de este en la situación económica así
creada.
La revolución cubana, por ser leal a sus propios mártires y al pueblo,
paso de la liberación nacional a la social y se ha empeñado en la
construcción del socialismo, convencida de que será el futuro de toda la
humanidad, aunque los medios de lucha para lograrlo deban trazarse
dentro de las contradicciones históricas concretas por cada pueblo y en
continuación de sus particularidades.
Este trabajo surge por la necesidad de la defensa de los principios
socialista en los educandos de nuestras Universidades y lograr abrir
paso al estudio de los nuevos problemas de hoy; la urgencia de no
separar, en cada país, la ideología marxista de la tradición cultural y
nacional.
Objetivo General
Elevar el trabajo político-ideológico en defensa de los principios del socialismo en nuestras Universidades.
Objetivo Específicos
• Promover el dominio del socialismo como sistema en las nuevas condiciones del siglo XXI.
• Lograr una cultura general de la perspectiva histórica del socialismo, como una opción viable.
Desarrollo
“El peligro de guerra nos amenaza, en cuanto a ciudadanos del mundo,
pero nos toca también en cuanto a pueblos que aspiramos a afirmar o a
conquistar, según los casos, nuestra independencia y desarrollar
nuestras maltrechas economías”, nos decía el compañero Fidel Castro en
marzo de 1983.
En la actualidad, sería más que un lugar común hablar sobre el llamado
complejo militar industrial norteamericano o, con mayor exactitud, del
proceso que con posterioridad a la 2da guerra mundial se despliega a
pasos agigantados, mediante el cual se incrementa el presupuesto de
defensa, se amplía el sistema internacional de alianzas militares de
Estados Unidos, se acrecienta el número de bases militares en el
extranjero y se asume a focos de conflicto en los países
subdesarrollados dentro de ópticas o enfoques intervencionistas.
Además, el mundo homogeneizado por la globalización, impregnado por el
mensaje mediático del capitalismo como única realidad posible y
recorrido de un extremo a otro por transnacionales portadoras de
similares valores donde se privilegia el libre mercado y la especulación
financiera a escala global, es más inestable que nunca.
Por tanto resulta complejo entender la política exterior norteamericana
de la “posguerra fría”, dada la multiplicidad de redes de poder que se
interconectan. La interdependencia generada desde los centros del
capitalismo, particularmente desde Estados Unidos, ha abierto las
fronteras nacionales, los límites internacionales se vuelven difusos,
permeables ante los flujos de capital, información y tecnología. Esta
nueva realidad viene acompañada con el surgimiento de nuevos actores no
estatales, en ocasiones de carácter transnacional que cuestionan desde
sus contrapoderes o antipoderes la hegemonía norteamericana.
Frente a esta realidad que expresa la globalización, las alternativas
para encarar los retos inherentes a ellas son diversas en la óptica de
Casa Blanca.
Desde su surgimiento como nación, Estados Unidos ha tenido en la mente
de sus políticos e ideólogos una vocación de gran potencia. Es algo
enraizado en ese pensamiento, la idea de que la defensa y promoción de
los intereses norteamericanos es una condición consustancial a los
intereses de la humanidad. Ese nacionalismo mesiánico internalizado en
su cultura, explica por qué los estadounidenses buscan legitimizar sus
acciones en el exterior, no invocan las instituciones supranacionales,
sino a propios principios.
Para preservar la superioridad militar norteamericana en las próximas
décadas, el departamento de defensa se mueve más agresivamente para
experimentar con nuevas tecnologías y conceptos operacionales y busca el
aprovechamiento de la emergente revolución en los asuntos militares.
La existencia y potencial uso de armas de nueva generación, están
transformando las concepciones militares con el objetivo de la necesidad
de mantener esta “disuasión preventiva”.
Ese nuevo orden mundial no solo pretende un alineamiento sin fisuras a
la política global norteamericana, sino que se caracteriza por una
profunda indefinición y falta de control jurídico. Este comportamiento
norteamericano parece entre otras razones, destinado a “dinamitar” las
bases del derecho internacional público contemporáneo.
Existe la aviesa intención de conferirle el carácter de legítimo y legal
a estas “acciones armadas preventivas”, el calificativo menos áspero
para sus guerras de agresión. Se desestima desde ya que sean las
instituciones internacionales las que deban garantizar la paz y la
estabilidad internacional.
América Latina no esta exenta de la agresividad norteamericana, y en su
versión más reciente de la estrategia de seguridad nacional, define
siete áreas de inestabilidad y tres están enclavadas en nuestra región:
Colombia, Venezuela y Cuba. Y es por ello que expresa “si los vecinos
más cercanos de Estados Unidos no son seguros y estables, entonces los
americanos estarán menos seguros”.
Se dice explícitamente en dicha estrategia que "el desarrollo refuerza
la diplomacia y la defensa, reduciendo las amenaza de largo plazo a
nuestra seguridad nacional ayudando a construir sociedades estables,
prósperas y pacíficas”.
Para lograr esto se proponen cuatro estrategias: sostener la seguridad,
fortalecer las instituciones democráticas, promover la prosperidad, e
invertir en las personas. Lo anterior no implica realizar concesiones
que lesionen sus intereses comerciales y financieros. Por si alguien lo
olvida, el libre comercio viene acompañado de la presencia militar.
En medio de su agenda mundial, los Estados Unidos no han olvidado la
región latinoamericana, que es una región clave para sostenerse como
hegemón mundial, entendiendo esta hegemonía, como “una construcción
social en la que la visión de los actores dominantes se convierte en
visión socialmente aceptada”. Procurará con persistencia alinear la
política externa de los países latinoamericanos con la de los Estados
Unidos, mantener regímenes democráticos o no, que garanticen la libertad
de acción de los intereses americanos y mantener las América como zona
de influencia militar exclusiva; de garantía de acceso preferencial
americano a las materias primas estratégicas de la región. Los intereses
geoestratégicos de los Estados Unidos de América en América Latina, se
articulan con su presencia militar a través del control de posiciones
claves. En otras palabras: la manera de prevenir los conflictos armados
coherentes con el “american way of live” es la militarización total; es
decir la globalización se militariza.
Las elites norteamericanas apuestan hoy a la violencia para imponer su
visión imperial, para ellos lo ideal como misión fundamental para las
fuerzas armadas estadounidenses es “combatir y triunfar decisivamente en
múltiples y simultáneos principales teatros de guerra”. Resulta
imprescindible conocer este pensamiento que se mimetiza tras su discurso
belicista.
Pero de un supuesto conflicto con un adversario superior en recursos
materiales y tecnológicos en nuestro pensamiento militar se ha
incorporado la concepción de “guerra asimétrica”. Ello implica a buscar
a través de un conflicto difuso la victoria estratégica, empleando
creativamente los recursos de inteligencia, limitando las capacidades de
este para emplear estrategias clásicas y métodos convencionales,
reduciendo de esta manera la efectividad del adversario en el empleo de
su arsenal , con el objetivo final de afectad su voluntad de continuar
el conflicto.
Ernesto Che Guevara nos decía”…observar, aprender, pensar, no copiar de
nadie; y después empezar a caminar”
El capitalismo imperialista, mostrando un nuevo nivel y una nueva forma
más alta de su desarrollo, sigue dominado. Ese incremento del dominio
capitalista tiene la particularidad de ejecutarse en el marco de otras
de sus grandes crisis, las cuales se han sucedido una tras otras
provocando transformaciones internas que no han implicado soluciones a
los grandes problemas que afectan dramáticamente a miles de millones de
seres humanos.
Este nuevo estadio del capitalismo mundial, causa y efecto de su nueva
crisis, más allá de las intensas y espectaculares mutaciones que
impulsa, trae consigo el agravamiento de viejos males y el advenimiento
de nuevas tragedias individuales y colectivas. Entre sus viejos males
potenciados hay que subrayar su opresiva cultura patriarcal machista y
su carácter destructor y devastador de la naturaleza y de la vida animal
y vegetal. Así las cosas, la existencia de la vida humana y la
viabilidad del propio planeta tierra están en entredicho, exigen
imperiosamente de nuevas alternativas, de cambio y transformaciones de
otro carácter y de nuevos contenidos. Para romper con sus recetas
“salvadoras” de,- globalización manipulada y fraccionada, -
privatización, - desregulación, - liberalización; que se han concebido
para intentar resolver los límites en el proceso de acumulación y la
caída de las ganancias capitalistas, en función de los intereses del
capital financiero y de los grandes consorcios supranacionales que
manipulan la globalización.
Es, en consecuencia, la savia ideológica de un proyecto que reestructura
los centros del sistema e intenta salvar sus cúpulas dominantes,
golpeando clases, sectores y países subalternos a escala mundial, con
efectos mucho más devastadores en su periferia y semiperiferia: en Asia,
África y América Latina y el Caribe.
Tampoco la globalización neoliberal puede mostrar en su favor
estabilidad política, después de la desaparición de la URSS y el llamado
socialismo real.
Por el contrario, la fuerte oleada de explosiones étnicas, de disputas
territoriales y fundamentalismos religiosos, de desaparición y
surgimientos de estados en fragor de guerras locales, ponen de
manifiesto que el triunfo momentáneo sobre el socialismo no eliminó los
conflictos inherentes al sistema capitalista, y que esta sale a flote
desde su núcleo profundo de explotación, exclusión e iniquidad,
asumiendo formas nuevas, sorprendentes y también formas viejas y
peligrosas como el renacer del fascismo.
No se trata solamente de un mundo más inestable, disgregado y más
políticamente explosivo que nunca, sino además de la destrucción del
medio ambiente. No sería difícil demostrar que depredación ambiental y
globalización capitalista neoliberal marchan inexorablemente unidas, por
razones que tienen que ver más con la búsqueda del máximo beneficio del
mercado que con el raciocinio.
En estas condiciones, no nos cabe la menor duda de que el mundo tiene
dos caminos: por la continuidad de barbarie capitalista, o la búsqueda
de alternativas a ese estadio. Para nosotros los cubanos, como para
millones de seres humanos la alternativa sigue siendo socialismo.
En el derrumbe del socialismo en Europa del Este y la URSS, no es la
verdad socialista la que falló. Erraron quienes tenían la
responsabilidad histórica de llevarla adelante, de encauzarla con la
creación cotidiana y las experiencias particulares. Es este un tema muy
sensible pues esta en juego el futuro de la humanidad.
El comandante en jefe ha advertido: …”hay que estar muy claro en lo que
queremos y si sabemos explicarlo, en ello nos acompañara siempre nuestro
pueblo porque nuestro pueblo no quiere el pasado”.
En América Latina actual han surgido o resurgido los procesos populares
revolucionarios en Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, etc, donde
están construyendo también sus propios caminos. Será complejo y difícil;
pero se puede hacer.
Hoy las fuerzas progresistas asistimos a una nueva situación
geopolítica, en las actuales condiciones internacionales, se reafirma
para nosotros que el socialismo es un imperativo provocado no solo como
resultado lógico del desarrollo de las fuerzas productivas a escala
internacional, sino, además como única alternativa para garantizar la
supervivencia humana. La constante agudización de los problemas globales
pone hoy en evidencia, más que cualquier otro argumento y a gran escala,
la limitación histórica del capitalismo.
Esta aspiración necesariamente trasciende los marcos de clase, los
marcos nacionales y se convierte en una necesidad de la comunidad
mundial. Lo anterior no ha de significar reincidir en el viejo error de
diseñar un único modelo abstracto de socialismo para todos los países.
La aspiración ha de ser la de un socialismo que se desarrolle a partir
de las características específicas de cada nación o región.
Ante la generalizada crisis de valores que impera en el mundo, se hace
imprescindible, en el diseño de nuevos proyectos emancipatorios,
demostrar no solo la posibilidad y viabilidad del socialismo, sino
también lo deseable. No habrá cambio social posible si los valores
objetivos, que dicha modificación ha de generar, no son asumidos antes
subjetivamente como valores deseables.
Asumimos el socialismo como la única y verdadera opción para moralizar
las relaciones sociales, y no puede cejar en el empeño por demostrar, en
el plano teórico y en el plano práctico, su clara superioridad en la
plasmación de los mas altos valores humanos: justicia, igualdad,
equidad, libertad, democracia, respeto de los derechos humanos,
soberanía nacional, solidaridad.
Esa sociedad sigue siendo una alternativa clara no solo al capitalismo,
sino también a las frustradas experiencias de Europa del Este y la URSS.
Es necesario proyectar una imagen nueva, fresca, basada en un diseño de
sociedad plena de justicia y libertad, que atendiendo a las
particularidades de cada caso, presente una adecuada correlación entre
plan y mercado, igualdad y eficiencia, centralismo y democracia, que
entrañe una verdadera relación de propietarios en los trabajadores con
respeto a los medios de producción, que respete y tome en cuenta las
diferencias, que preserve el entorno natural, y sea la genuina expresión
de la voluntad popular.
Que sea en suma, lo que destacó el compañero Fidel cuando apuntó: “Para
mi el socialismo es un cambio total en la vida de la gente, el
establecimiento de nuevos valores, de una cultura nueva, que tiene que
estar fundamentado esencialmente, en la solidaridad entre los hombres y
no en el egoísmo y el individualismo”.
El socialismo no aparecerá en la perspectiva histórica por una
modernización de la sociedad actual, sino de sus estructuras dominantes.
En este sentido, el planteamiento de la toma del poder sigue
constituyendo un requisito básico, aunque asuma formas multivariadas en
las condiciones de cada país o región del mundo.
Nunca antes ha sido más necesaria la alternativa socialista, pero la
paradoja de nuestros días está en que el capitalismo ha sabido sacar
provecho de la derrota reciente, y aún posee un consenso que tiene que
ser revertido por las fuerzas de la izquierda.
En la concepción cubana del socialismo, ha sido y es fundamental el
humanismo revolucionario aplicado creadoramente en cada etapa de acuerdo
con las condiciones concretas. Continuamos leales al Che al caracterizar
nuestra sociedad como “(…) un sistema marxista, socialista, congruente o
aproximadamente congruente, en el cual se pone el hombre en el medio, se
habla del individuo, se habla del hombre y de la importancia que tiene
como factor esencial en la Revolución”.
Sin cambiar la esencia socialista, en nuestro país se han introducido
elementos capitalistas y de mercado, lo cual significa un riesgo que
sabemos afrontar con inteligencia y moderación, sin que nos haya
encandilado la engañosa receta del neoliberalismo avasallador.
En las actuales condiciones, a pesar de de la difícil coyuntura
económica, se mantienen los rasgos esenciales de nuestro socialismo. Se
trata de la preeminencia de la propiedad social, de la justicia social y
del mantenimiento de políticas que beneficien a las grandes mayorías. La
dirección inalterable que ejerce el partido en la sociedad, la
estructura y funcionamiento del estado socialista, de las organizaciones
de masas, en función de promover el desarrollo económico, el
mejoramiento del nivel de vida, la reanimación de los programas de
desarrollo social, en suma, la lucha por mantener y consolidar los
valores de la vida material y espiritual de la sociedad socialista.
En correspondencia con los cambios producidos en el país y el incremento
de la acción enemiga contra Cuba, con la finalidad de minar la unidad de
nuestro pueblo, de dividirnos, de erosionar la sociedad, de promover en
ella patrones que no se corresponda con los del socialismo, es necesario
fortalecer el trabajo político- ideológico en la universidad cubana de
hoy.
Para desarrollar su acción e influencia nuestra universidad concentra
sus esfuerzos en el trabajo político-ideológico a todos los niveles, de
forma sistemática y diferenciada, es decir, a nivel de toda de la
sociedad hasta cada ciudadano, hombre a hombre y según las
características y complejidades del centro laboral o lugar de influencia
y condiciones del momento.
Fidel al respecto a referido que hay que trabajar con los estudiantes y
trabajadores en concreto, uno por uno, no es solo a través de la prensa
y de la televisión, o de las conferencias, o de los actos políticos, que
deben constantemente mejorarse, sino uno por uno.
La acción ideológica que proyecta la universidad se pronuncia por la
ruptura de esquemas, de formulaciones generales, buscando concentrarse
en el convencimiento de los estudiantes y trabajadores de modo que
comprendan las razones de la política del partido y los medios para
realizarla, y la asuman y actúen en estrecha unidad con la vanguardia.
El tono de la argumentación es un elemento indispensable hoy. A cada
estudiante y trabajador corresponde ser ejemplo de abnegación,
laboriosidad, eficiencia y conducta política y moral verticales, y
también asumir activamente la responsabilidad de convencer a los demás
acerca de las verdades de la revolución, tanto en el seno de su familia
y entre sus amigos y vecinos, como en el centro de estudio y trabajo y
donde quiera que se encuentren.
Para lograr que las concepciones político- ideológicas de la revolución
se conviertan en posiciones y actuaciones hay que trabajar e influir en
todo, pero hay que hacerlo de manera diferenciada, e incorporar los
estudiantes y trabajadores en la realización de matutinos y vespertinos
en que se realicen y traten temas políticos-ideológicos, el empleo de
conferencias u otras actividades que propicien intercambiar sobre temas
en que existan dudas, preocupaciones, estado de opinión, etc. También
efectuar actividades para conmemorar efemérides.
El trabajo político-ideológico debe ser organizado como un conjunto de
acciones que influyan en las emociones y sentimientos de las personas y
propicien formar, desarrollar y consolidar los valores y convicciones
revolucionarias.
La eficacia del trabajo político-ideológico se mide ante todo por la
actitud que asumen las personas, por su actuación, pero también por sus
criterios, sus opiniones, sus concepciones.
Una situación político-ideológica favorable en un colectivo estudiantil
estará vinculada a actuación consciente de sus miembros en el
cumplimiento de las tareas asignadas, en la defensa firme y decidida en
cualquier campo y circunstancia de las posiciones y la política de la
revolución y de su partido de vanguardia.
Para lograr esto necesitamos de la actitud social y ética de la mayoría
del pueblo en defensa de los valores humanos, patrióticos y morales.
Conclusiones
1. Nuestros estudiantes deben estar convencidos de que la unidad revolucionaria ha sido un factor decisivo para llegar hasta aquí. En nuestro socialismo, el papel de la política, la ideología, la ética, junto a la paulatina atención de la esfera social, en correspondencia con las posibilidades económicas, constituyen momentos del desarrollo dialéctico de la sociedad cubana, bien diferente de aquellas sociedades vencidas por las injusticias, desvalorizadas de solidaridad humana, agobiada de miseria, sometida a la corrupción política, la ingobernabilidad y victimas de la brutal opresión del capital transnacional.
2. Si el socialismo – expresó Fidel - es la ciencia del ejemplo, la
ética guía las actitudes de mejoramiento de los hombres y mujeres ante
la vida y la sociedad. El concepto hecho realidad de ese hombre nuevo,
ya lo tenemos como obra impresionante de la revolución, en médicos,
maestros, obreros vanguardias del trabajo, en sencillos combatientes,
estudiantes, científicos, profesionales e intelectuales, que se inspiran
en su obra y lo emitan a diario con grandes gestos de sacrificio y
heroísmo.
3. Nos enorgullecemos de contar hoy con un pueblo nuevo en cuyos seno se
forman hombres y mujeres nuevos, no como ideal irrealizables o
correspondientes exclusivamente a un futuro lejano, sino como ideal
alcanzable mediante la práctica revolucionaria transformadora de la
conciencia social y en cuyo centro se sitúa: “perpetuar la dignidad
humana y convertirla, según reclamo Martiano, en la ley primera de la
sociedad”.
4. La democracia es otro elemento que caracteriza y potencia nuestro
socialismo. Nada mejor para exponer la esencia de los principios en que
se fundamenta nuestra democracia, que las ideas expuesta por Fidel
cuando aseveró: “La democracia para mi significa que los gobiernos,
primero, estén, íntimamente vinculados con el pueblo, emerjan del
pueblo, tenga el apoyo del pueblo y se consagren enteramente a trabajar
y luchar por el pueblo y por los intereses del pueblo. Para mí
democracia implica la defensa de todos los derechos de los ciudadanos,
entre ellos, el derecho a la independencia, el derecho a la libertad, el
derecho a la dignidad nacional, el derecho al honor, para mí democracia
significa la fraternidad entre los hombres, la igualdad verdadera entre
los hombres, la igualdad de oportunidades para todos los hombres, para
cada ser humano que nazca, para cada inteligencia que exista”.
5. La revolución ha sabido resistir, que estamos aquí defendiendo el
socialismo y nuestra independencia, dispuesto a conquistar el desarrollo
económico del socialismo. Así, los cubanos, proclamamos que trabajaremos
por demostrar en la vida, en la realidad, que el socialismo, con la
justicia social como elemento consustancial a sus principios, es
eficiencia, y que es esa sociedad la única opción viable de los pueblos
en la búsqueda de su genuina felicidad.
BIBLIOGRAFÍA
Bernal, Jorge C: Realidades y mitos: Notas sobre la utilización de la
fuerza en la política militar de Estados Unidos, Revista Cuba
Socialista, 3ra época, número 27, 2003.
Alemán, Pavel: Estados Unidos: Unilateralismo y Poder Militar, Revista
Cuba Socialista, 3ra época, número 41. octubre-diciembre, 2006.
Balaguer, José R: El socialismo: Una opción viable: Revista Cuba
Socialista, 3ra época, número 8, 1997.
Martín, Jorge: Medio siglo de pueblo uniformado, Revista Cuba
Socialista, 3ra época, número 41, octubre-diciembre, 2006.
Lic. Georgina Marilyn Basanta Marrero
Lic Laura Díaz Rodríguz
Lic Jorge Battle Mesa
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