Podemos entonces decir que la labor de las políticas educativas esta orientada por tales aspectos como:
La reducción y eliminación del analfabetismo, la falta de
escolarización, la repelencia, el abandono y el deterioro de la calidad
de la educación, ya que estas debilidades constituyen puntos altamente
vulnerables que pueden hacer improbable el desarrollo óptimo de una
determinada comunidad.
La generación de condiciones educativas (en el ámbito elemental y
secundario) que fomenten técnicas, conocimientos, valores y aptitudes
necesarias que acrecienten las posibilidades de la población para
alcanzar niveles educativos adecuados, sin obviar el principio de
equidad. A través de esta acción, la educación puede contribuir
satisfactoriamente al incremento de la participación del individuo en la
transformación de la sociedad y promover el desarrollo.
Los cambios económicos son fundamentales para la adopción de políticas
educativas complementadas con políticas de empleo que pueden contribuir
a la incorporación de más y más elementos al competitivo mercado
laboral. En otras palabras, la educación debe estar en conformidad con
las necesidades y realidad social de la comunidad para garantizar la
formación de individuos capaces. Por medio de esta acción se puede
incluso constituir una condición que favorezca el incremento de la
productividad y la competitividad.
El aprovechamiento óptimo de los recursos disponibles y el
fortalecimiento de las instituciones de educación superior pueden
definirse como estrategias propicias para el impulsamiento en la
formación integral de los individuos para que sean partícipes del
desarrollo político, económico y social de nuestros pueblos.
Adicionalmente, afirmase que los adelantos en materia de tecnologías
hacen necesaria una constante actualización de las capacidades de la
población. Por tal razón, el proceso educativo no se subordina
únicamente a la formación de la población discente, sino que involucra
el perfeccionamiento continuo de los profesionales. Des esta forma
podemos aspirar a un modelo educativo más efectivo que revierta en el
mejoramiento de la capacidad laboral y el desarrollo socioeconómico.
OPORTUNIDADES EDUCACIONALES Y ASPIRACIONES DE LA SOCIEDAD
Según Marcos A. Molina, las sociedades tratan de ampliar, ante las
exigencias, las oportunidades de brindar más educación y satisfacer así
las aspiraciones sociales. Ciertamente, la ampliación de las
oportunidades educativas es más factible en sociedades desarrolladas;
sin embargo, la misma no ha sido posible en aquellas que no han logrado
un nivel educacional y productivo adecuado. Se habla entonces de una
tendencia que acorta las posibilidades de mejoramiento, en gran parte
debido a factores como la desproporcionada distribución de los ingresos
y riquezas y en la participación de la educación. A pesar de esto,
obsérvese que en los pueblos subdesarrollados se acentúa, desde hace
casi 60 años, un interés marcado en realzar las oportunidades
educacionales y por satisfacer demandas sociales. Este empeño se vincula
con el incremento de la demanda social de la educación, cuya base
fundamental se encuentra en la defensa de los derechos humanos y el
desarrollo de los recursos humanos.
En otras palabras, la creciente demanda por una formación integra en los
pueblos subdesarrollados, como aquellos en la región iberoamericana, se
ve dada en el crecimiento de la población, la necesidad de movilidad
social la necesidad de promover el desarrollo. En particular, es
apropiado afirmar que los pueblos ven en la educación un camino hacia
una preparación acorde con las exigencias del medio y la materialización
del progreso. Sostiénese entonces que la ampliación de las oportunidades
educacionales mediante la demanda social de la educación genera en sí
misma su cabal dinamismo mediante mecanismos que se advierten cuando una
política que ha iniciado un proceso de mayor instrucción,
vertiginosamente requiere y exige más educación.
Lo anterior alude a una reacción colectiva dada en el incremento de las
oportunidades educacionales. Podemos entonces que dichas oportunidades
representan ofertas para la población que consisten en alentadoras
propuestas con respecto a la formación y aumento de las posibilidades de
lograr una decorosa forma de vida, siendo esta última un ejemplo de las
aspiraciones sociales. En cierto modo, se puede percibir un vínculo bien
estrecho entre las aspiraciones sociales y las oportunidades
educacionales, aunque sin embargo, se da un desequilibrio entre ambos
aspectos en gran parte debido a una política de admisión sin
restricciones.
Sucede entonces que las aspiraciones sociales están dadas en términos de
obtención de empleos que garanticen una estabilidad económica. Por tal
razón, el aglutinamiento en los centros educativos se vincula a las
necesidades de una población de una preparación que le permita ser
elegible para determinados puestos de trabajo. De hecho, el aumento de
la fuerza laboral favorece en cierta forma al progreso, aunque persisten
modelos conformistas que relegan al individuo a una pequeña élite
educada". En otras palabras, un considerable sector de la población
puede solo hacer uso de las oportunidades educacionales parar satisfacer
aspiraciones de reducido alcance, o sea, particulares.
En definitiva, lo que ocurre es que no hay una correspondencia precisa
entre las oportunidades educacionales, las aspiraciones sociales de un
gran porcentaje de la población y el deseo de desarrollo social y
económico, lo cual se acentúa más en países en vías de desarrollo.
Sugiérase entonces la utilización de estrategias que involucren un
cambio de actitud de los poderes institucionalizados y de la sociedad en
conjunto y la adopción de un sistema administrativo dinámico. De este
modo puede conseguirse la configuración de una perspectiva social más
favorable apoyada en el logro de una preparación que responda a las
aspiraciones sociales y favorezca al desarrollo.
DESARROLLO
¿Por qué educación?
Porque la educación es un Derecho Humano fundamental que está
reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en la
Convención sobre los Derechos del Niño y además es el catalizador más
poderoso para el desarrollo humano (OXFAM INTERNACIONAL). A pesar de
esto la realidad queda muy lejos de una escolarización y una
alfabetización total. Actualmente 125 millones de niños y niñas no
acuden nunca al colegio (la mayoría en África Subsahariana), y otros 150
millones lo abandonan antes de completar 4 años de educación y sin haber
adquirido habilidades básicas.
Por otro lado en todo el mundo 872 millones de personas son incapaces de
leer o escribir Además de estas cifras también se ha de tener en cuenta
los millones de niños y niñas que asisten al colegio en condiciones que
hacen que la educación sea de baja calidad tal como infraestructuras
deficientes, exceso de alumnos i/o mezcla de diferentes niveles en una
misma aula, insuficiencia de profesorado y formación insuficiente, falta
de recursos, programas poco adaptados a las necesidades reales,
discriminación en el acceso según el sexo o nivel económico, etc. (ONU,
1997).
En general la mayoría de esta población corresponde a los países menos
desarrollados con lo que se establece una correlación entre nivel de
escolarización y desarrollo. En la Conferencia Mundial sobre Educación
en Jomtien, (1990) y en la Cumbre sobre Desarrollo Social (Copenhague,
1995) se han ido estableciendo metas a nivel mundial, como una educación
primaria y gratuita para todos los niños en todo el mundo antes del año
2015, pero la cercanía de esta fecha y el ritmo de escolarización en
estos países no parece que se pueda alcanzar este objetivo fácilmente.
Por otro lado la ciencia, que junto con los conocimientos sociales y
humanísticos son el principal activo de un país para afrontar su futuro,
parece que no puede solucionar los problemas de desigualdad, de opresión
o de subdesarrollo que es el contexto de estos millones de habitantes
(Conferencia Mundial sobre la Ciencia de Budapest, 1999). Es el círculo
de la pobreza y la educación puede ayudar a romperlo.
Actualmente parece haber un consenso en que el desarrollo de la
educación favorece directamente el desarrollo social y económico de una
región o un país. También se está de acuerdo en que para que esto tenga
efecto, y lejos de los argumentos de la Royal Society, es básico y
previo el desarrollo de las capacidades personales.
El objetivo fundamental de la educación en general y de la educación
escolar en concreto es proporcionar a los ciudadanos y estudiantes una
formación plena que les ayude a estructurar su identidad y a desarrollar
sus capacidades para participar en la construcción de la sociedad. En
este proceso el sistema educativo debería posibilitar que los alumnos
como futuros ciudadanos, reflexionen, construyan y pongan en práctica
valores que faciliten la convivencia en sociedades plurales y
democráticas, tal como el respeto y la tolerancia, la participación y el
diálogo.
La madurez y consolidación de las sociedades democráticas en gran medida
viene dada por el desarrollo de las capacidades individuales y por la
capacidad que tenga la sociedad para integrarlas y hacerlas funcionales
en los proyectos colectivos. Por esto cuando la sociedad en general o un
país concreto se preocupa y se plantea la mejora de su educación, en
realidad está confiando en su potencial para generar progreso social y
en su potencial transformador en todas las dimensiones, la personal, la
política, la cultural y la tecnológica, económica y productiva. Y de
forma más inmediata se le está asignando el papel de catalizador para
que se de la adaptación de la sociedad a los acelerados cambios que se
producen en cada uno de ellas.
Estamos de acuerdo en que una educación que potencie las capacidades
personales y sociales para hacer frente a las rápidas transformaciones
de la tecnología, de la producción y de la cultura es fundamental para
el desarrollo de un país. Pero quizá deberíamos preguntarnos a qué tipo
de desarrollo nos referimos.
El concepto de desarrollo también está evolucionado y ha pasado de una
concepción estrictamente economicista a una concepción más humana,
ecologista y sostenible en el futuro incorporando a este concepto el
derecho de las futuras generaciones a vivir en un planeta o un país más
equilibrado y más justo (tomando como referente la Conferencia de Río,
1991). Esta interpretación supone la necesidad de un cambio de
mentalidad progresiva en todos los ámbitos sociales, en el individual y
en el económico, un cambio que fundamentalmente supone entender la
educación, formal y no formal, como parte intrínseca e indisociable del
desarrollo. Un cambio en el que la educación tiene una función
constructora. Y es por ello que se plantea la necesidad de una Educación
para el desarrollo, humano (aunque parezca paradójico), y sostenible en
sus planteamientos.
¿Por qué desarrollo?
La revisión de este modelo, iniciada en los años setenta, fue
consecuencia de la dinámica Norte-Sur en las relaciones internacionales
y del surgimiento de una corriente de pensamiento que rechazó la
posibilidad de un crecimiento puramente económico.
Se consideró entonces que el desarrollo consiste también en mejoras de
carácter social, en políticas de distribución que priman la equidad
social, en una mejora de la calidad de vida para toda la población y, en
definitiva, en procesos que además de conciliar el crecimiento económico
con el desarrollo social, traducen el crecimiento económico en
desarrollo social.
Pero esta revisión conceptual tuvo como resultado no sólo definir
alternativas de crecimiento que englobaran los aspectos sociales con los
económicos y los políticos, sino también el reconocimiento de su
carácter específico y la importancia de tomar en cuenta en los procesos
de desarrollo la cultura de cada país y región.
Sobre esta base se generaron otras propuestas, como las teorías
estructurales del desarrollo y la teoría de la dependencia, que
aportaron una fuerte crítica al modelo liberal al destacar la
vulnerabilidad política, financiera y comercial de los países
subdesarrollados, y la necesidad de una transformación de las relaciones
Norte-Sur.
Los años ochenta permitieron contemplar el renacimiento del liberalismo
económico, con su estrategia de reducción del Estado y de la
desregulación, que parece desatender las enseñanzas históricas. De nuevo
estamos ante políticas económicas que ponen el énfasis en el crecimiento
económico, aunque sea a costa de la equidad y el incremento de las
desigualdades sociales. Según muchos especialistas, los «planes de
ajuste», las «terapias de choque», las privatizaciones masivas y la
flexibilización de los mercados de trabajo, se basan en políticas
monetarias y de oferta que han desplazado radicalmente a las políticas
fiscales y de demanda, sin que se conceda su justo valor al coste social
de esas políticas, lo que amenaza, por otra parte, la estabilidad
democrática de los países.
Pero también estos años han permitido ver cómo el modelo de
crecimiento cuantitativo es revisado como consecuencia de sus efectos
sobre la contaminación y el agotamiento de los recursos naturales no
renovables. En ese sentido, va a producirse una ruptura del dilema o de
la dicotomía entre desarrollo y medio ambiente, acuñándose un nuevo
concepto: «desarrollo sostenible», es decir, aquel que satisface las
necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones
futuras.
Desarrollo sostenible y desarrollo humano
El desarrollo sostenible es un concepto antropocéntrico, completado por
aspectos sociales, culturales, políticos y ético-morales, que dan
sentido a largo plazo y en conjunto al desarrollo humano, con una
perspectiva de continuidad que lo hace sostenible. Se considera que el
desarrollo, a partir de un punto crítico, supone crecimiento sobre todo
en calidad, en «inteligencia» y conocimiento, en sabiduría, y no
simplemente en términos económicos o materiales.
Con este nuevo modelo se busca un desarrollo sistémico, tanto a nivel
nacional como internacional. Un desarrollo en el que ninguna parte de la
sociedad crece en detrimento de las demás, ya que el progreso de una
parte no es real si no es respaldado por el progreso de las demás
partes. Su plasmación legal se encuentra en los derechos humanos
llamados de tercera generación, como un nuevo derecho a una vida
sostenible y productiva, en armonía con la naturaleza; el derecho a un
entorno de calidad y la exigencia de un código ético de comportamiento.
El concepto de sustentabilidad se puede representar por un eje vertical,
definido por la interacción entre hombre y naturaleza, y por un eje
horizontal, en el que se encuentran las relaciones entre seres humanos y
comunidades y que condiciona el anterior. En este espacio y con estos
condicionantes debe buscarse el desarrollo.
Desde un punto de vista conceptual el paso siguiente consiste en añadir
un nuevo factor al proceso de definición. Una vez considerada la
necesidad de establecer una armonía entre el crecimiento económico y la
naturaleza se produce un nuevo avance al considerar que el centro de
cualquier política de desarrollo debe ser el propio hombre, y su
principal regla la inversión en las personas, en el capital humano.
Surge, de esta manera, una nueva conceptualización: el desarrollo
humano, que supone una integración de todas las concepciones anteriores.
El desarrollo humano exige un proceso de ampliación de toda la gama
de opciones de las personas, brindándoles mayores oportunidades de
educación, salud, ingresos y empleo. El concepto abarca el espectro
total de opciones humanas, desde un entorno físico en buenas
condiciones, hasta las libertades económicas y políticas. Es, por lo
tanto, un concepto amplio e integrado al servicio de las generaciones
actuales y futuras.
Con esta nueva conceptualización, el crecimiento económico debe proveer
justicia y oportunidades para todos, sin destruir los recursos naturales
finitos ni poner en entredicho la capacidad de sostenimiento del
planeta.
El desarrollo humano, considerado a lo largo de la historia, consiste en
un proceso educativo gradual, fruto de enseñanzas, aprendizajes y
experiencias, vivido en el contexto de circunstancias concretas y de
valores asumidos propios de cada época y de cada cultura. Es un
desarrollo en función de un entorno familiar, social, cultural y
medioambiental.
Por otra parte, este modelo de desarrollo exige un replanteamiento de
las relaciones entre lo económico y lo social, cuyo pretendido
antagonismo debe ser metódicamente puesto en tela de juicio no sólo por
razones éticas, sino también prácticas, ya que el coste directo e
indirecto de las tensiones y desórdenes sociales es superior a las
inversiones preventivas. En ese sentido, el desarrollo humano necesita
un compromiso político en torno a valores y criterios compartidos. Su
objetivo puede resumirse, según algunos especialistas, en la llamada
«trilogía del bienestar», que promueve la estabilidad política, el
crecimiento sustentable y las políticas sociales orientadas a la
igualdad de oportunidades.
En síntesis, comienza a producirse un cierto grado de consenso sobre la
necesidad de conciliar la inserción internacional con la construcción de
un tejido productivo y social articulado, de tal manera que el
crecimiento económico permita atender a las necesidades básicas de la
población. Por otra parte, la evidencia disponible sugiere que ni la
integración económica mundial ni el aislamiento pueden garantizar el
desarrollo económico por sí solos. Lo importante es la capacidad de
adaptación y de transformación, para lo que es necesario un liderazgo
político y económico. El papel del Estado resulta aquí incuestionable.
Vinculación conceptual entre desarrollo y educación
La consideración del desarrollo humano (entendido como un proceso de
aprendizaje y de aplicación de lo aprendido para mejorar la calidad de
vida) como el eje de todo proceso de crecimiento, ha puesto de
manifiesto la necesaria vinculación entre desarrollo y educación.
Desde que en los inicios de los años sesenta se acuñara el término
«capital humano» como la capacidad productiva del individuo incrementada
por factores como la educación, la teoría económica ha buscado evidencia
empírica sobre la relación entre educación y crecimiento económico.
Los resultados logrados por las investigaciones son ambiguos. Los que
niegan cualquier tipo de relación se apoyan en ejemplos como el sueco o
la paradigmática primera revolución industrial británica para aducir que
el desarrollo se produjo sin necesitar apenas de la educación formal. En
el extremo opuesto se sitúan los que enfatizan el caso alemán en el
siglo XIX o el modelo japonés más reciente, caracterizados ambos por el
impulso decidido a la educación como elemento clave para el desarrollo
económico.
Ello es así porque la relación entre educación y desarrollo es compleja
y se ve afectada por muchos factores, tanto endógenos como exógenos. Su
importancia no se ha podido verificar ni medir con exactitud, pero, como
ya se señaló previamente, existe un notable grado de acuerdo en
resaltar, como ya lo hiciera la Conferencia Mundial sobre Educación de
1990, que la educación es condición indispensable, aunque no suficiente,
para el desarrollo económico, social y cultural.
En consecuencia, existe un acuerdo generalizado en considerar que cuando
existe una estructura social que permite la movilidad ascendente y un
contexto económico favorable, la educación produce un capital humano más
rico y variado y reduce las desigualdades sociales, endémicas en los
países no desarrollados. Una política educativa puede, por lo tanto,
convertirse en fuerza impulsora del desarrollo económico y social cuando
forma parte de una política general de desarrollo y cuando ambas son
puestas en práctica en un marco nacional e internacional propicio.
Por lo tanto, para que la educación pueda cumplir ese papel clave, es necesario vincularla a las políticas de desarrollo. Es imprescindible tomar decisiones sobre el desarrollo socio-económico que se desea impulsar, sobre el tipo de sociedad que se quiere construir y, consecuentemente, sobre qué educación promover. La educación puede ser hoy la llave para un nuevo tipo de desarrollo, basado en una concepción revisada del lugar que ocupa el hombre en la naturaleza, y en un fuerte sentido de la solidaridad.
CONCLUSIONES
1- La política educativa de un país está llamada a ser el motor
impulsor del desarrollo económico y social de un país por lo que
constituye un reto lograr que la educación potencie no solo las
capacidades personales, si no las capacidades sociales para poder
resolver las distintas problemáticas a las que se enfrenta cada
individuo en el quehacer diario.
2- Resulta importantísimo el papel que debe desempeñar la Educación
Superior por formar parte de la estrategia de desarrollo del país donde
deben estar presentes sus funciones de socializadora y transformadora.
3- Los factores que inciden en la relación educación-desarrollo deben
ser tomados en cuenta así como el modelo de desarrollo al que responde
el país.
BIBLIOGRFÍA
1. V Conferencia Iberoamericana de Educación, Buenos Aires
(Argentina), 7 y 8 de septiembre de 1995.
2. Fabré Contreras, M. (2007) Para aprender mejor. Una estrategia
didáctica para contribuir a un mejor y mayor aprendizaje. Colección
Educación.
3. Mazuelas, P. (2002) El éxito y el fracaso académicos. Colección
Educación.
4. Cabero Almenara, J. (2006) Nuevas tecnologías aplicadas a la
educación. Editorial McGrawHill.
Jeanne Cadet Ochoa
Dirección de Deportes.
Universidad de las Ciencias Informáticas.
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