El fin de la historia regional

Autor: Juan Achútegui Giraldo

Otros conceptos de economía

06-06-2008

La historia de Ancash, es una parte de la historia del Perú, y en este contexto, están comenzando a aparecer elementos de diversa dinámica que muchas veces tienen que ver con las megatendencias económicas imperantes en el mundo como modernidad de procesos, acercamiento urbano global al proceso de globalización mundial, exportaciones casi sin fin de los recursos primarios como también un aceleramiento de la desglaciación y una deforestación muy acelerada de la cordillera negra y los diversos distritos de las provincias biogeográficas que componen a Ancash.

Es natural que suceda ello, porque así se presentan las cosas. El fin de la historia es como el corsi o el ricorsi de las ciudades, es porque ha habido crisis ambientales insoportables lo que han permitido el fin de alguna civilización humana.

Sin embargo, al compás de la efervescencia mundial, en el Perú estamos por la privatización sin fin como marco teórico del actual gobierno central (una tendencia en la cual somos los últimos y los más rezagados en su aplicación porque ahora ello no es una megatendencia del mundo actual), donde los principales países capitalistas de Europa como Francia o Inglaterra y Alemania hoy en día controlan parte con su economía con la actividad implicante e interviniente del Estado, donde controlan en promedio la mitad de su siderúrgica como la industria que pasó de industrializante a industrializadora, donde controlan los medios de telecomunicación en el 40 % de su formación bruta de capital, donde se están dando límites nunca antes vistos a la emisión del CO2 a la atmósfera; mientras que los grandes culpables del calentamiento global como lo son USA y la China Continental, siguen con la arrolladora destrucción de la capa de ozono por tener el combustible y prácticas seudo antrópicas del carbón y la abusiva forma del uso del petróleo. En este contexto en Ancash, se están derritiendo los glaciares ancashinos, el mar de Huarmey se está contaminando, la población rural de casi todos los distritos rurales ancashinos de 0 a 40 años está emigrando silenciosamente a las urbes de Ancash o engrosar los cinturones de pobreza de Lima, donde a la falta de mano de obra masculina en Conchucos o en Sihuas la mujer hace el trabajo rudo del hombre en las obras públicas, donde la población adulta mayor se está incrementando porcentualmente en el área rural (gracias a su poca movilidad espacial) requiriendo mas servicios y por supuesto mayores necesidades de empleo dentro de una economía regional que está recibiendo abultados indicadores financieros tanto para el gobierno regional como para los gobiernos locales. Es decir hay una fractura en el desarrollo regional. Hay más recursos financieros para invertir pero hay más migración y hay más pobreza.


El fatalismo de los economistas y de los analistas del desarrollo, indican que hay que seguir invirtiendo mas y mas, porque por allí se desliza la crucial ecuación a mayor inversión mayor empleo. Pero los dicotomistas andan mal, a mayor inversión de menor calidad comienza a aparecer mayor expresión de la brutal expoliación de la identidad regional, de la migración campo-ciudad, de mayor pobreza en contraste con la mayor acumulación de la riqueza en unos cuantos sin mayor redistribución de los ingresos. Como ejemplo, solo en el asentamiento de Cutamayo del distrito de Huayllabamba en la provincia de Sihuas de 76 viviendas habitadas, se han reducido a tres ocupadas en el período de 1993 al año 2005. Esta es la fiera expresión del fin del campo rural si es que las cosas siguen así, donde los hay y habemos culpables de todo tipo, especialmente los de cuello y corbata. El campo ancashino a través de la mayoría de sus distritos tiene ahora varias fuentes de financiamiento, el gobierno central con sus multimillonarios programas ministeriales o “ministeriables” de agua para todos y de vivienda amén de electrificación, el gobierno regional y su frondosidad presupuestaria canonesca y los gobiernos locales en forma abultada por sus recursos del canon. Pero a pesar de que los brillantes economistas y los antojadizos hablan de demandas históricas reprimidas o de estructuras mal hechas para favorecer el mercado, las cosas siguen de igual o peor para los pobladores campesinos, de aquellos que nos dan de comer casi gratis con su sudor, mientras que unos comerciantes son los grandes beneficiarios de lo desigual del intercambio entre el campo y la ciudad. Por aquí se cimenta el fin de la historia regional de una parte de Ancash, y ello es grave.

Si seguimos en la profundidad de Ancash, observamos que se tiene cerca de una cuarto de millar de comunidades campesinas, donde con excepciones, la mayoría aparte de sus costumbres ancestrales siguen en situaciones de extrema pobreza y con el languidecimiento de sus fortalezas productivas, la mayoría de ellas son quechuahablantes pero nunca han contado con programas públicos antropológicos que permitan fortalecer la lengua materna y la enseñanza acorde a su realidad, al contrario los “especialistas en educación” siguen con la estúpida occidentalización antinatura contra la identidad comunal como parte de una política de Estado. No hay que olvidar que a veces una comunidad campesina solo necesita la construcción de un icono representativo de ellos para que empiecen a andar toda una maquinaria humana de construcción de trochas, puentes o edificaciones. Antropológicamente estamos yendo al fin de la historia de otra parte escondida de Ancash si es que no corregimos el actual modelo de desarrollo regional. Como información adicional, se puede decir en Ancash, que las comunidades campesinas son las propietarias de la mitad de las tierras utilizables para producir en la agricultura, en la protección de bosques, en la conservación de pastos o para el uso de las actividades mineras.

También, podrán haber millonarias inversiones en supercarreteras al campo rural andino, podrán haber grandes edificaciones de instituciones educativas, podrán haber lujosos hospitales en el área rural (si es que los hay algún día), pero no habrán personas campesinas y agricultores que las transiten, no habrán niños estudiando porque han migrado, o, no habrá pacientes en los establecimientos de salud porque la densidad demográfica ínfima harán que se “optimicen” los recursos de la oferta sanitaria y se deriven los humanos a las urbes mas densas. Sencillamente, lo que falta a cualquier modelo de desarrollo es la fortaleza y desarrollo de las capacidades de los seres humanos como la mas brillante e importante manera de hacer desarrollo integral, integrado, sostenible o sustentable. Otro ejemplo, por lo increíble que parezca en la ciudad de Chimbote, la mayoría de centros educativos desde la Plaza 28 de Julio hasta El Trapecio o 27 de Octubre han visto reducidas sus poblaciones estudiantiles públicas de educación primaria en el período 2000 - 2008 con peligrosas tendencias, a pesar de los esfuerzos diversos por mejorar las infraestructuras educativas y el desarrollo o capacitación no óptima de los profesores.

Urge entonces, cambiar el modelo de desarrollo regional de Ancash, que quizá nadie entiende el actual, pero que funciona a la perfección para seguir haciendo más ricos a unos cuantos y más pobres a los más pobres, por mas lujos de información estadística que nos muestran los que están interesados en decir que Ancash es un paraíso terrenal. El cambio de modelo es una percepción sociológica de la mayoría, no de unos cuantos iluminados, sino el colectivo de una sociedad que no quiere hambre y pobreza como el signo fatalista de lo que ya no puede dar. Para que Ancash finalice una parte de su historia de oprobio e injusticia y tenga una nueva de aliento y esperanzas es necesario que termine el cáncer que lo está liquidando todo.

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Juan Achútegui Giraldo

Apoderado del Consorcio CESCA Ingenieros SAC.

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