La política de la anti política… no pedir… tampoco rendir cuentas
01-04-2008
“… Todo pueblo tiene el gobierno que se merece…” sentencia que algunos
ilustrados han atribuido a Jorge Ruiz de Santayana otros, ilustrados o
no, al propio Adolfo Hitler. De este último tomemos también la
referencia que de él hace el padre de la tercera escuela vienesa de la
psicoterapia Victor E. Frankl cuando le imputa haber dicho o anotado en
alguno de sus borradores mientras preso en Munich escribía Mein Kampf:
“… a nadie le gusta pensar, le gusta que le den todo pensado…”.
Son sanciones de momentos distintos en la historia del hombre y de la
política pero que, a los efectos nuestros e independiente de autores,
vienen a encajar casi a la perfección tanto en lo que tenemos como
manifestación de esto que se dice gobierno, como y en cuanto a lo que se
refiere a la expresión y a la reacción de la llamada sociedad civil.
Allí precisamente, en ese inseparable vínculo entre las expresiones
materiales de un gobierno y las derivadas equivalentes manifestaciones
de los gobernados, mediando o no sus órganos intermedios, donde adquiere
brutal vigencia el contenido de una y otra cita con las que se inicia
esta nota.
Eventos y derivados
Por razones de espacio y tan sólo para ilustrar el punto, centraremos la
atención en quizás una de las más importante y trascendentes de todas
las atribuciones y responsabilidades de un Estado occidental en el
moderno concierto de naciones y como lo es, la Administración de
Justicia. En ese específico ámbito acaba de hacerse público ayer, y
puesto sin tapujos al descubierto, el drama del cual todos y cada uno de
los que habitamos al interior de estas fronteras, víctimas o no,
conocedores o no de la materia, hemos sido testigos por años, y sin que
jamás, entiéndase bien, jamás, se hayan producido por parte de la
sociedad civil, víctimas incluidas, reacciones individuales y colectivas
suficientemente sostenidas y consistentes, como para embalar, perturbar
o detener lo que es ya una eficiente maquinaria de delito en manos de
delincuentes; menos aún, para poner coto y modificar en lo más mínimo lo
que es ya por costumbre una reiterada y reiterativa conducta social;
conducta que por la misma y simple dinámica de los hechos ha escalado y
ha sido llevada al terreno de: una Política de Estado sino soportada, si
tolerada por la sociedad venezolana.
Parodiando en consecuencia una de las sentencias citada, tenemos como
derivado entonces: la justicia que nos merecemos. De eso, nadie puede
dudar.
Sustentemos la apreciación
Ya en una reciente nota anterior hicimos la comparación entre la carrera
del magistrado Iván Rincón Urdaneta quien iniciado en su carrera
judicial con el caso de Los Pozos de la Muerte en el Zulia (1985),
dieciséis años después ya ocupaba una curul como miembro del tribunal
más alto de la República, el Tribunal Supremo de Justicia y hasta
alcanzar no sólo a presidir la Sala Constitucional sino hasta ejercer la
presidencia de ese máximo tribunal. Sin embargo, recordábamos que su
carrera comenzó justamente dando cumplimiento a cabalidad y desde su
posición como recién designado juez de causa, a las precisas, verbales y
directas instrucciones políticas del propio jefe del Estado: cerrar el
caso Pozos de la Muerte sin señalamiento, mucho menos sentencia.
Políticamente negada investigación, juicio y sentencia en contra de los
criminales que desaparecieron y asesinaron a múltiples seres humanos,
inocentes o no, menores incluidos, quienes fueron secuestrados o
desaparecidos, luego torturados, muertos a palos o a tiros y al final de
cada orgía criminal, lanzados amarrados y de cabeza, vivos o no aún, al
fondo de un aljibe de un radio no mayor a sesenta centímetros y de no
menos de treinta metros de profundidad.
Sobre esa reconocida obsecuencia se edificó el mérito de Iván Rincón
Urdaneta; el mérito para que esta “Revolución” no más llegar al poder,
lo llevase a tan alto cargo y luego, jubilado ya, lo designara Embajador
en El Vaticano, cargo que aún desempeña.
Hacíamos esta referencia para sustentar las ya, consecuencialmente,
“legítimas” aspiraciones manifiestas por quien durante años ejerciera el
cargo de Fiscal General de la República, abogado Julián Isaías Rodríguez
Díaz. Y visto que, al igual que el caso anterior citado, su grado de
sumisión y de obediencia ante el líder de la “Revolución”, bien se
merece tal calidad de reconocimiento o premio a su devoción y sumisión
puesto que, no sólo, entre otras, convalidó con su presencia física en
la escena del crimen –acompañando tanto al vicepresidente de la
República como al más de un ciento de funcionarios de gobierno que se
hicieron presentes, pateando, modificando, alterando, sembrando y
destruyendo reales y potenciales evidencias desde muy pocos minutos
después de ocurrida la detonación e incendio que acabó con la vida del
Fiscal en funciones Danilo Anderson, y bajo el argumento que luego, de
viva voz, expondría a sus subalternos: “… ya que esa investigación era
un problema de Estado…” (Hernando José Contreras Pérez dixit)– el hacer
y dejar de hacer técnico necesario, sino que además, ejecutó e hizo
expresamente ejecutar por sus subalternos todas y cada una de las tareas
necesarias para sustentar y complementar lo que ha quedado evidenciado
como una expresa decisión y voluntad política del poder central. Tal
como queda al descubierto en el escrito, la reciente comunicación
oficial del Fiscal Quincuagésimo Sexto a Nivel Nacional con Competencia,
Plena Hernando José Contreras Pérez, fechada en Caracas el día 17 de
marzo de 2008.
Aspira Julián Isaías Rodríguez Díaz, tan leal ex funcionario, el
merecido premio a su devoción, a ser recompensado por la “Revolución” al
igual que lo fuera en su momento Iván Rincón Urdaneta. Premiado con una
posición como miembro del máximo tribunal de la República, y con el
tiempo, quizás, como debida y agregada recompensa a la obsecuencia que
demostrará en sus hechos y sentencias, la presidencia de ese alto
tribunal.
Así las cosas
Son muchos los hechos en el ámbito de esta aberrante dinámica que con el
tiempo, una tras otro evento, han convertido de hecho y de derecho a la
Administración de Justicia en una “justicia administrada” por el
Ejecutivo. Y conste que tan sólo hemos mencionado hasta ahora, dos
hechos de ocurrencia al interior de la maquinaria. Existen otros de no
menor importancia que se gestan y ocurren en su periferia y que nos
señalan que si bien el monstruo de la “justicia administrada” se ha
movido y se mueve con soltura al interior de los órganos del Estado,
también lo hace abierta o soterradamente con igual o equivalente
presteza desde fuera de este limitado ámbito.
Una muestra
Recordemos que cuando se organizó la “Comisión Coordinadora de
Evaluación y Concurso para Ingreso y Permanencia en el Poder Judicial”,
una de sus primeras actividades fue la publicación de una “Lista
Nacional de Jurados” (El Mundo 07/04/00, página 15 Deportes). En esa
lista, además de conocidos y respetables juristas, nos encontramos sin
sorpresa entre ellos con otros que, pareciera, no lo son tanto. En la
línea nueve de la tercera columna se registra el nombre de Horacio
Márquez Moreno. Abogado en ejercicio quien para el mes de enero del año
1970 se había ya juramentado y ejercía como titular del cargo de Fiscal
Quinto del Ministerio Público. Hasta ahora, nada anormal a señalar en
cuanto a los Actos Administrativos del Estado en proceso y ejecución
para el mes de abril del año 2000.
Pero, aún y a pesar de las respuestas oficiales a las correspondencias y
preguntas, por parte la Comisión y por órgano del Inspector General de
Tribunales abogado René Molina Galicia, se desconoce aún quién postuló
al abogado Horacio Márquez Moreno para formar parte de esa “Lista
Nacional de Jurados”, siendo que, para la fecha en que él ejercía como
Fiscal Quinto del Ministerio Público, enero de 1970, la Jefatura de
Operaciones de la Disip ordenó y ejecutó su detención policial, por
estar el abogado y Fiscal Quinto del Ministerio Público Horacio Márquez
Moreno, directamente involucrado, convicto, en la planificación y en el
secuestro del menor de trece años León Laurel (“… Tres jefes
guerrilleros y un Fiscal del Ministerio Público son los
secuestradores…”, El Nacional 27/01/70 página D1). Es más, las
investigaciones ulteriores evidenciaron que la noche anterior al día del
secuestro, en su propia oficina y escritorio, la Oficina del Fiscal
Quinto del Ministerio Público, en presencia y con la coordinación del
titular del Despacho, se ejecutó la última reunión de planificación del
secuestro; reunión donde participaron los coordinadores de tareas y
demás actores del crimen.
Sin embargo, quede también dicho en esta remembranza, Horacio Márquez
Moreno y sus cómplices en el secuestro del menor León Taurel, a pesar de
haber sido detenidos todos, recuperado el rescate, recopiladas e
incorporadas a los informes policiales y las confesiones y declaraciones
oficiales de los implicados y testigos, del acumulado de todas las
evidencias pertinentes al caso, jamás fueron juzgados, menos aún
sentenciados y condenados por ese crimen. Tan es así, que de la
detención preventiva y puesta a la orden del Juez de Instrucción
competente, la causa se desacelera y de allí, en algunos pocos años,
definitivamente mientras el asunto perdía interés y vigencia en los
medios de comunicación, tanto el abogado Horacio Márquez Moreno como
todos y cada uno de sus cómplices en el secuestro del menor León Taurel,
y por expresa decisión política del Ejecutivo, quedaron todos en
libertad plena, sin condena, y, como es de observar, en ejercicio pleno
de todos sus derechos, hasta el punto de esta evidenciada pretensión del
citado Horacio Márquez Moreno, de formar parte de una Junta Calificadora
de Alto Nivel Profesional para la verificación de credenciales y
selección de candidatos a cargos en el Poder Judicial venezolano.
La Sociedad Civil
Salvo las informaciones de prensa sobre uno y otro crimen y las
opiniones que a instancia de los periodistas uno u otro profesional y
ciudadano individualmente haya emitido, silencio en la Sociedad Civil;
no recordamos reacciones en ese ayer del secuestro del menor León Laurel
y de la liberación de los secuestradores; tampoco en aquel de las
múltiples desapariciones y crímenes alrededor del secuestro del menor
Rafael Antonio “Macho” González, luego de los Pozos de la Muerte, y las
ulteriores decisiones ejecutivas tomadas y ejecutadas para silenciar
estos crímenes; menos aún recordamos alguna derivada de la designación
como miembro y luego como Presidente del Tribunal Supremo de Justicia
del abogado Iván Rincón Urdaneta y luego, jubilado éste, con su
designación como Embajador en El Vaticano. Insistimos, no observamos
ante aquellos hechos reacción adversa alguna en esa llamada Sociedad
Civil; pero es que tampoco la observamos en su momento con el brutal
asesinato del Fiscal Danilo Anderson y tampoco ahora en este momento,
tanto con las evidenciadas manipulaciones de aquellos momentos y por
años por parte del titular de la Fiscalía General de la República, como
con las más recientes pretensiones manifiestas del ex Fiscal General
abogado Julián Isaías Rodríguez Díaz, de ocupar una posición al interior
y como miembro del Tribunal Supremo de Justicia.
¿Puede entonces esa Sociedad Civil, pretender y menos aún exigir una
justicia distinta a la que a diario queda evidenciada como “justicia
administrada” con y en las decisiones del Ejecutivo?
Y “llegamos al llegadero”
Quizás sea éste, entonces, el verdadero fondo del indiscutido asunto de
la política de la anti política.
Dijo en su momento Casamayor “… Nadie está dispuesto a acabar con la
maquinaria de la cual ha de servirse cuando llegue al poder…”.
Válida en todo su sentido y connotación la expresión, en cuanto a los
mecanismos llamados intermedios; aquellos que interpretando y
aglutinando intereses comunes vinculan estrechamente a gobierno y
gobernados; entre ellos, como los más conocidos y reconocidos actores:
los partidos políticos.
Sin embargo, antes que éstos, otros mecanismos intermedios existen y
deberemos mencionar; nos referimos a las organizaciones colegiadas,
gremiales o profesionales que en toda comunidad humana se estructuran
alrededor de muy determinados intereses; si se quiere, específicos en su
expresión material. Se trata de las organizaciones colegiadas que
aglutinan en su seno a individualidades de una misma profesión,
actividad e intereses al interior de la sociedad; que por esa misma
razón responden a sus intereses comunes entre ellos y que cooptando los
mejores dentro de sus agremiados organizan los mecanismos y medios de
acción que tanto les representan como les dan vida pública y política,
tanto frente a la sociedad como frente al Estado y más específicamente,
frente a las decisiones de sus funcionarios.
Por razones del ámbito del tema nos referiremos a uno en particular, a
este tenor nos dice Alberto M Herranz (Omeba III, Buenos Aires, 1992):
“… Colegio de Abogados… organismo integrado por abogados que ejercen sus
funciones en un determinado ámbito territorial (provincia, departamento,
circunscripción, etc.), y que tiene por finalidad la de propender al
ejercicio digno, honrado y eficiente de la profesión, cuidando que sus
miembros cumplan estrictamente con los deberes y obligaciones que su
alto ministerio les impone y propendiendo por todos los medios posibles
a la jerarquización del mismo… se asimilaría al Colegio dentro del campo
profesional, a lo que es un sindicato dentro obrero… ejercer una cierta
función de control sobre el ejercicio de la profesión tendiendo a su
práctica honesta, ética y leal… dentro de la tendencia oficialista se
asignan a los Colegios funciones importantísimas:… 1 gobierno de la
matricula profesional; 2 potestad disciplinaria sobre sus miembros
respecto a las faltas de ética en el ejercicio de la profesión…”.
Si el órgano intermedio de relación entre gobierno y gobernados,
denominado o registrado como Colegio de Abogados primero, existe en
Venezuela; segundo, si uno y otro de los abogados citados están
inscritos en una u otra de sus distintas oficinas regionales o
centrales; tercero, si los hechos, decisiones, el hacer y el dejar de
hacer referido de uno u otro, por cualesquiera sean las circunstancias
pudiere ser o fuere considerado, ayer, hoy o mañana, como actos
violatorios de principios, normas, acuerdos o de simples y tácitas
normas de conducta profesional, resulta evidente que, con sujeción a la
definición que hemos trascrito y aceptamos del término Colegio de
Abogados, debió existir y debe ahora existir, algún pronunciamiento de
quienes, en función de sus intereses profesionales, representan a los
ciudadanos que tiene como profesión y actividad, el Derecho.
Esa es cuando mínimo la primera reacción que se espera al interior de
una sociedad moderna ante hechos que, además de escandalizarla, en
términos generales la lesionan tanto como colectivo, como en las
individualidades de cada uno de sus integrantes; más aún, la
materialidad de esa grave lesión se expresa definitivamente en una
inexistencia del Estado de Derecho; por tanto potencial o realmente,
lesionan derechos humanos, políticos, sociales y de cualquiera sea otro
el género que podamos seleccionar en la relación del ciudadano con el
Estado y de éste con sus gobernados.
En cuanto los partidos políticos, órganos llamados a concitar intereses
comunes a un significativamente mayor número de individualidades que
aquellos unidos alrededor de los particulares intereses de los Colegios
Profesionales y Sindicatos, nos basta con observar el silencio y la
incapacidad manifiesta, cuando no la cobardía con la que se presentan y
operan al interior de la sociedad y especialmente, frente al Estado y
sus funcionarios. La Sociedad Civil espera de ellos, lo que no están,
por la propia voluntad de sus dirigentes, en capacidad de dar; no tienen
mensaje porque, son y representan quizás, la más depurada expresión de
la anti política. Esa es su tragedia, que no comprenden, pero también es
cierto no quieren comprender por tanto no pueden explicarse ni explicar.
En cuanto a ellos, los partidos políticos, la citada expresión de
Casamayor, es la mejor explicación y su mejor definición, sólo que,
parodiando la otra cita, les cuesta pensar y prefieren todo pensado. De
allí estos partidos políticos y su sempiterna evasión al conflicto y la
ya habitual aplicación de ley del menor esfuerzo; si no hay que rendir
cuenta, lo demás viene siendo a lo sumo un desempeño exquisito, cuando
menos necedad. Juntas, eslabonadas y aplicadas las tres principales
características del hacer y del dejar de hacer de la política y del
político venezolano contemporáneo.
Y esto vienen impuesto por la aberrante práctica a la cual los partidos
políticos, luego de grandes, enormes avances políticos propios a una
dirigencia que sabía qué, cómo, dónde y cuando durante el primer período
luego de la caída de Pérez Jiménez, substituida esta dirigencia por
otros que no calzaron las botas para atender el reto; huérfana la
sociedad puesto que sus dirigentes se acostumbraron y es su consistente
conducta política tanto de su hacer como de su dejar de hacer frente al
país, a no pedir… tampoco a rendir cuenta. Y ese es el texto y el
contexto donde se ha movido y se mueve la llamada izquierda venezolana;
para limitar geográficamente el tema de la nota.
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Rafael Rivero Muñoz
Caracas
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