Este hecho implicaba que ante la tentación del relativismo y la interpelación de las teorías ganadoras de las revoluciones científicas, el Estado mexicano construía en su marco normativo y en sus propuestas curriculares, los qué, los por qué, los cómo y los para qué. En la actualidad, el Estado se ha retraído de esta responsabilidad y ha dejado a los intereses privados y a las interpretaciones personales, las respuestas a estas preguntas básicas, circunscribiendo su función a un mero contraste de resultados obtenidos en pruebas estandarizadas, reduciendo con ello la educación a un simple proceso de capacitación. Esta simplificación e inacción del Estado en un área estratégica para el país, podría sintetizarse como la ausencia de política educativa.
Lo que es alarmante, al observar los datos de otras áreas clave del país, es que la situación del Sistema Educativo Nacional se inscribe en una tendencia que coloca en el centro, el interés por acumular poder y riquezas, a costa de lo que sea. Esto complica la construcción de escenarios o rutas para la mejora, ya que el problema no se reduce a la reconstrucción de una agenda pública, el diseño de una agenda gubernamental y sus consecuentes políticas, sino que implican reformas estructurales integrales, que coloquen contrapesos ciudadanos a los poderes instituidos.
Esta tendencia que hunde sus raíces inmediatas en la alternancia partidista del poder ejecutivo federal, ha implicado el rompimiento de las ideologías como vías alternativas para la construcción de futuros, que implicaban la agrupación alrededor de ciertos principios básicos.
En la lógica ideológica, con la lucha por el poder público se buscaban implementar estrategias para hacer posible un estado de cosas ideal. Esto posibilitaba, desde el enfoque de la geometría política, por lo menos tres escenarios tipo: izquierda, centro y derecha. Un resultado de este rompimiento, son las actuales alianzas políticas que se están estableciendo entre defensores de la iniciativa privada y aquellos que supuestamente colocan en el centro el beneficio de la mayoría, es decir entre derecha e izquierda. Es necesario puntualizar que no se aspira al regreso de los totalitarismos o dogmatismos, pero tampoco a las decisiones coyunturales, sin visión de futuro.
En educación, el fin de las ideologías se ha traducido en el fin de las actuaciones directivas y docentes desde una perspectiva teórica, se añoran las discusiones entre conductistas y constructivistas respecto de la mejor didáctica o sobre lo que debiera ser la finalidad de la educación.
No es un asunto menor, que la educación sólo se reduzca a lograr un estándar, sin discutir el para qué, el por qué o el cómo, este error histórico lo habrá de pagar caro nuestro país, al tiempo.
Maestro en Políticas Públicas Comparadas por la FLACSO-México.
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