El crimen organizado, los desórdenes sociales y las tensiones culturales prosperan en esta pobreza y desigualdad, sobre todo en las áreas urbanas en constante expansión.
Por otro lado, la globalización financiera ha permitido que el Caballo de Troya de la alta criminalidad entre en el mismo corazón de las democracias y las mafias simplemente se han adaptado al cambio.
Hoy el delito se ha convertido en una de las formas de funcionamiento de la sociedad global, y requiere la utilización de nuevos métodos y tecnologías para que tenga éxito. Y lo está teniendo, sin duda.
Pero, independientemente de cuáles sean los costes económicos de la violencia y delincuencia, hay razones sociales, morales y éticas para combatirlas, aunque no necesariamente a cualquier precio. La violencia y la delincuencia afectan a la convivencia y a la calidad de vida, como lo reconoce la opinión pública y las actitudes políticas.
En última instancia, es necesario el reconocimiento por parte de los gobiernos de que las actuales medidas y métodos de seguridad contra el delito y la violencia son ineficaces a largo plazo y de que, desde hace mucho tiempo, se impone un replanteamiento radical de lo que significa el amplio concepto de «seguridad».
La expansión desbordante del crimen organizado globalizado viene pues a cuestionar los dispositivos tradicionales de control y lucha contra la criminalidad.
Las actuales respuestas a esas amenazas pueden conceptuarse como la implantación de un «paradigma del control», un intento de mantener el statu quo a través de medios militares y policiales para controlar la inseguridad sin abordar las causas subyacentes.
Lo cierto es que las actuales políticas de seguridad son contraproducentes a largo plazo, y es necesario un nuevo enfoque.
Ese nuevo enfoque, respecto a la seguridad global, puede y debe conceptuarse como un «paradigma de seguridad sostenible».
La principal diferencia entre éste y el «paradigma del control» es que este nuevo enfoque de la seguridad no pretende controlar unilateralmente las amenazas a través del uso de la fuerza, sino que más bien tiene como objetivo resolver de manera cooperativa las causas subyacentes de esas amenazas utilizando los medios disponibles más efectivos.
Hoy en día, es necesaria una seguridad integral y colectiva que promueva una responsabilidad compartida y sostenible para gestionar estas nuevas amenazas, y que se fundamente en el respeto de las leyes internacionales y los derechos humanos constitucionales.
En definitiva, lo que se necesita para sustituir el actual «paradigma del control» es un sistema de «seguridad sostenible» que aborde las preocupaciones sobre seguridad de todos los pueblos y haga frente tanto a las antiguas como a las nuevas amenazas.
Partiendo de esta base, los gobiernos tendrán que tomar como punto de partida el enfoque sostenible respecto a futuras amenazas que se vislumbran y se deben desarrollar nuevas políticas de seguridad totalmente viables.
En efecto, teniendo en cuenta un contexto inestable e inseguro, resulta conveniente razonar e incorporar un estudio amplio sobre seguridad y el surgimiento de un nuevo concepto o una nueva variable, la sostenibilidad que, entendida como un sistema de redes políticas, integrara a los múltiples actores tanto públicos como privados.
Lo interesante es que es posible ponerle números al valor que los ciudadanos le dan a la seguridad. El enfoque conceptual consiste en calcular la pérdida de satisfacción en la vida que sufre la gente por cuenta de la inseguridad, y encontrar cuál es la pérdida de ingreso que produciría la misma disminución en la satisfacción con la vida.
Esta información existe ya en muchos países gracias a las encuestas de opinión sobre qué tan satisfecha está con la vida e indaga sobre los ingresos y otras variables que afectan la calidad de vida, pero no es suficiente puesto que la seguridad es un estado de ánimo y lo más importante es la percepción de seguridad o la también llamada seguridad subjetiva.
Cuando se trata de valorar las responsabilidades públicas como la seguridad lo que importa es la opinión, la percepción de los ciudadanos. El éxito de los buenos políticos radica en su capacidad de interpretar esas opiniones.
Uno de los retos de las autoridades locales, así como de las instituciones que en el ámbito nacional son responsables de garantizar la seguridad, es convertirse en instancias preventivas, proactivas, planificadoras y al mismo tiempo en ejecutores de programas de reacciones eficientes y eficaces.
Para lograr lo anterior, y reconociendo que la razón fundamental de ser de estas instituciones es garantizar el derecho a la seguridad a todos los ciudadanos, se están creando Observatorios de Seguridad Ciudadana o de Violencia y Delincuencia que es un medio que proporciona información estadística procesada, a través de la publicación de informes periódicos, de los hechos delictivos y de violencia que ocurren en las ciudades.
Esto permite y permitirá contar con información precisa, confiable y oportuna, indispensable para la toma de decisiones acertadas, principalmente políticas, en un tema de vital importancia como la seguridad ciudadana pero, esto es otra historia.
Primero veamos que somos capaces de asumir y cambiar nuestro actual paradigma del control por el de seguridad sostenible.
Aportado por: Jenny Patricia Montes
Analista de Calidad Seguridad Atlas Ltda.
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