Oportunidad o fatalidad de la educación en México
04-02-2010
Hemos iniciado el año poniendo énfasis en algunas evidencias que al
observarlas de manera conjunta, perfilan una tendencia en el sistema
educativo que apunta al desastre, sobre todo porque no se circunscriben
sólo a cuestiones curriculares, sino a vacíos, ausencias y componendas
en el diseño e implementación de la política educativa.
Un cuestionamiento interesante a este posicionamiento es hecho desde dos
puntos de nuestro planeta a través de la plataforma Facebook, Arequipa,
Perú y una Universidad en los Estados Unidos de Norteamérica, se
argumenta respecto de que si la ausencia de Estado en la educación, no
se constituiría en una oportunidad para que la sociedad construyera, una
“nueva educación”.
Aunque el ángulo de análisis es interesante, el problema radica en que
para lograr una educación construida por la sociedad, es necesaria la
existencia de organizaciones sociales y gremios especializados con poder
para diseñar una agenda pública y gubernamental. En el caso de México,
esta condición no se cubre, ya que en la práctica la representación de
los intereses sociales ha sido secuestrada por los partidos políticos y
estos la han puesto a disposición de diversos intereses, sin importar a
los ciudadanos que supuestamente representan. Por otro, lado es
necesario precisar que la ausencia de una política educativa de Estado,
se traduce en la práctica, en la delegación de esta responsabilidad
pública a intereses particulares claramente visualizados, en el caso de
la educación básica, se llama SNTE.
Ahora bien, aunque no existan hoy las condiciones para que una sociedad
participativa diseñe el qué, para qué o el cómo de la educación, no es
una ruta que deba cerrarse, me parece que los que nos desempeñamos en la
educación tenemos éticamente la obligación de imaginar mecanismos
innovadores de participación ciudadana y en ese sentido me uno a los
cuestionamientos que hacen público otros maestros como Aurora, Fabio y
Cristino. Así pues, reconocer nuestra insatisfacción con el estado
actual de cosas, nos obliga a pensar y actuar en consecuencia.
En lo personal ante la disyuntiva oportunidad o fatalidad, me quedo con
la oportunidad, aunque por supuesto obliga a pasar de los análisis
académicos a las acciones ciudadanas. Este reto implica colocar en la
agenda pública a la educación, construyendo su finalidad desde la
perspectiva de diversos actores sociales. Con estos insumos, se puede
discutir públicamente con los representantes de grupos de interés que
aspiran a diversos cargos públicos (presidentes municipales, diputados,
senadores y presidente de la república) y obligarlos a posicionarse ante
este tema. La participación ciudadana acotaría la discrecionalidad del
representante y lo obligaría a traducir en política sus compromisos como
candidato. Ya en el ejercicio de la encomienda pública, la sociedad
civil daría seguimiento al programa que aterriza la política e
interpelaría al servidor público por sus resultados. Este círculo
virtuoso dignificaría la política, no tanto por la calidad de los
servidores públicos, sino por la calidad de la sociedad civil.
El reto es de grandes dimensiones porque mientras como sociedad nos
decidimos a participar ¿qué pasará con las actuales generaciones?.
La discusión es de futuro, pero también de presente.
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Oswualdo Antonio González
Maestro en Políticas Públicas Comparadas por la
FLACSO-México.
oswualdoaarrobayahoo.com.mx