Dentro del campo de la ciencia económica hay temas que dividen aguas, es decir, que seccionan la doctrina en escuelas, hecho que también ocurre en muchas otras ciencias sociales, esto no es ninguna novedad. Y el tema de las restricciones al comercio internacional es uno de ellos.
Por un lado están los ultra-liberales (ortodoxos), cada vez más
minoritarios, que opinan que todos los derechos aduaneros (erradamente
ponen en la misma bolsa tanto impuestos a la impo como a la expo)
distorsionan por igual las señales de mercado y por lo tanto traban el
libre comercio dentro de una Unión Aduanera, alejando a la economía del
óptimo. Pero por el otro lado estamos los más heterodoxos, que opinamos
que las verdaderas trabas al libre comercio dentro de una Unión Aduanera
como el Mercosur están dadas principalmente por los aranceles a la
importación y en menor medida por los subsidios a las exportación (por
ejemplo cuando son aplicados a la brasilera, es decir, de forma muy
asimétrica comparado con el resto de los países del Mercosur), pero que
jamás atacaríamos las retenciones a las exportaciones (aplicadas “a la
argentina”) que lejos de distorsionar el libre comercio y las señales
del mercado, han venido a permitir que el país pudiera “manejar” un poco
más el nivel de precios internos y los niveles de producción con que se
abastece el mercado interno. Es más, hasta me animo a decir, sin temor a
equivocarme, que los heterodoxos somos hoy en Argentina muchos más que
los ortodoxos, en nuestra visión con respecto a este útil instrumento de
política económica llamado retención a la exportación.
Es que los economistas ultra-liberales no se dan cuenta que sin derechos de exportación, después de la fortísima devaluación que tuvimos en Argentina, los precios internos se habrían disparado aún más, obligando a los argentinos a pagar la carne, los combustibles, los aceites, entre varios otros, a precio de oro, es decir, a un precio similar al que se recibe hoy por exportar. Eso no lo entienden, parece que ellos no viven y no consumen dentro de nuestro país. Y sin embargo, se siguen llenando la boca predicando que las exportaciones dentro y fuera del Mercosur van a disminuir debido a este tributo, pero las estadísticas durante los últimos 4 / 5 años le vienen dando la espalda, nuestras exportaciones crecen y crecen, sin parar. Y como nuestro país aplica aranceles bajos a la exportación y sin discriminar por países, en modo alguno puede ser esto atentatorio contra el Mercosur, como sí fue el caso de la aplicación de retenciones por parte de Brasil para con sus exportaciones de derivados del tabaco a Uruguay hace un par de años atrás, donde allí sí hubo alevosía en la alícuota (150%) y una total discriminación entre destinos dentro del Mercosur, por ejemplo Argentina quedaba exceptuada. Pero el caso argentino es muy distinto, el nuestro respeta el estandar internacional, es imposible que una medida así afecte hoy el flujo comercial dentro del Mercosur, ya que con el gran aumento del tipo de cambio real bilateral de nuestro país con respecto al Mercosur, las retenciones a las exportaciones no afectan casi nada la rentabilidad exportadora.
Por supuesto que las retenciones a las exportaciones no deben ser para siempre, son útiles en estos casos de emergencia económica (devaluación muy grande de la moneda en el caso argentino), y nuestro país deberá sacarlas aproximadamente dentro de 2 a 5 años (a más tardar el 2011), cuando el efecto de la devaluación haya sido plenamente absorbido por nuestra economía.
En síntesis, el tema de que las retenciones a las exportaciones restringen el comercio internacional, tanto dentro como fuera del Mercosur, es un verdadero mito que hay que derribar, ya que muy por el contrario, en situaciones de emergencia como el caso argentino, lejos de distorsionar y restringir, las retenciones ayudan al logro de un equilibrio sustentable entre comercio interno e internacional.