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GLOBALIZACIÓN Y PERSONA EN LATINOAMÉRICA

Autor: Nelson Astegher

Otros conceptos de economía

11-12-2007

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¿Es la globalización, una acción aleatoria, casual que no puede evitarse por la acción humana?. Ciertamente no es así, estos hechos son producidos por los hombres en las corporaciones... Toda una serie de fenómenos nuevos cambiaron el rostro de la economía y de la sociedad, configurando un semblante irreconocible para la envejecida doctrina del Estado social y económico. Es más importante maximizar mercados que beneficios.

En la cumbre de la época, se anuncia que el management abreva en todos los conocimientos de las humanidades y las ciencias sociales, en la psicología, la filosofía, la economía, la historia, las ciencias físicas y la ética. Adam Smith intentó introducir un cambio significativo a ese esquema conceptual de tipo dicotómico, al introducir que, a través de la mano invisible del mercado, y con el supuesto de la existencia de la competencia en los mercados, los empresarios buscando realizar sus intereses personales, cumplían el interés colectivo al dotar a la sociedad de bienes y servicios de calidad y de bajos precios. Los procesos de cartelización, la existencia de monopolios, la ausencia de información de libre acceso para todos, la manipulación de la publicidad y la información y el accionar del Estado apoyando determinados intereses particulares constituyeron las reflexiones y avances más significativos para relativizar o criticar la concepción clásica del análisis de la relación positiva entre ética y mercado. En tiempos recientes una amplia reflexión se ha procesado sobre la ausencia de ética en el ámbito de lo público, de lo global. Debemos impulsar un cambio para que se vislumbre un mañana posible.

En la ciudad donde resido, Rosario, estado de Santa Fe, Argentina, se instaló hace tiempo una nueva planta de General Motors para la fabricación de automóviles. El gobierno del estado, proveyó sin cargo a la nueva planta, los terrenos, servicios de luz, agua, gas e impuestos, por un plazo inicial de 5 años. Esto incluyó la construcción gratuita del barrio para ejecutivos y las rutas de acceso. Luego de los cinco años, los impuestos y servicios se les brindarán al 30% de su valor real. La razón de estas dádivas, se debió a que la instalación fabril proveería en cambio, trabajo para cientos de empleados, paliando así la desocupación argentina. En la realidad, la empresa justificó el 80% de su plantel de nacionalidad extranjera, bajo la excusa de la especialización. Sólo un 20% fue personal “autóctono”. Lo que diré y ustedes ya imaginan, es que no existen tales facilidades para las empresas argentinas. Esta es una realidad muchas veces repetida en Latinoamérica.
Esta es la realidad de un contexto globalizante, que carece totalmente de cualquier componente ecuánime. Es esta globalización que se nos propuso como algo aleatorio que acaece, como lo que habría de venir, sin la intervención de la mano humana. Ciertamente no es así, estos hechos son producidos por los hombres en las corporaciones...
Si hacemos historia de esta globalización, recordemos que la crisis del petróleo transnacionalizó la economía, impulsó a los países a la ex¬pansión y a la búsqueda de mercados. Especialmente, no hay que olvidar la constitución del nuevo megamercado financiero. Toda una serie de fenómenos nuevos cambiaron el rostro de la economía y de la sociedad, configu¬rando un semblante irreconocible para la envejecida doctrina del Estado social y económico. Es el fin de la experiencia del Estado indicativo que elaboró De Gaulle en Francia, y el Estado japonés en la posguerra. Quedan invalidadas las políticas estatales que sugieren, alientan, retienen, estimulan y desestimulan un Estado es¬tratégico que orienta a la actividad privada.
La búsqueda de beneficios se doblega a la conquista de mercados, a veces se la sacrifica por un tiempo para poder instalarse en espacios competitivos. Es más im¬portante maximizar mercados que beneficios.
La crisis del petróleo da un insólito empujón a una tecnología que estaba en comienzos, la energía informática, totalmente intensiva, cuyo principal soporte material es el conocimiento. Se descubre también que la pobreza no era una urgencia en los primeros tiempos del desarrollo económico, no es una urgencia remediable, que su solución depende del crecimiento y aparece una vez que éste se consolida. Como coronación de este festival de novedades está el management, un nuevo arte liberal, una herencia de los ideales del Renacimiento, en el que el más grande de los artistas era también un creador de aeroplanos y un estudioso de nuestra fisiología. Arte porque es práctica y aplicación, liberal porque se refiere a los fun¬damentos del saber, al discernimiento de uno mismo, a la reflexión como cartabón de las conductas, y al liderazgo como capacidad individual y compromiso social. En la cumbre de la época, se anuncia que el management abreva en todos los conocimientos de las humanidades y las ciencias sociales, en la psicología, la filosofía, la economía, la historia, las ciencias físicas y la ética. Pero el manager, el director, el empresario, no es un académico que se satisface en su erudición, está en las antípodas del espíritu contemplativo. Por el contrario, orienta su saber ha¬cia la eficacia y los logros de proyectos sociales, que pueden ir desde la construc¬ción de un puente hasta la cura de un paciente, la enseñanza o el diseño de un software. A partir de allí el éxito comienza a medirse en pesos o en dólares, el móvil de todas las acciones es el objetivo de una ventaja financiera, y los negocios toman el especto de santos. Quienes se consagran a un ideal, quienes trabajan con desinterés, son considerados como hipócritas o locos. La obtención de lucro se propone por todas partes. Llegamos así a un liberalismo despojado totalmente de sus componentes sociales, y a un hombre descarnado, enteramente subordinado a la economía. Y aquí cabe debatir, sin discursos que nos conformen, bajo una rebelión pacífica, pero firme, porque si el sonido de la trompeta fuere débil. ¿Quién se aprestará para la lucha?
¿Cuáles son los justos términos de la potestad del indi¬viduo sobre sí mismo? ¿En dónde comienza el poder de la sociedad? ¿Qué parte de la vida corresponde administrar al sujeto y qué parte a la sociedad?
Es indudable que cada uno recibirá la que le corresponda, siem¬pre que tenga la que le interese más particularmente. La singularidad debe gobernar aquella parte que interesa principalmente al in¬dividuo; y la sociedad la que interesa principalmente a ella.
Adam Smith intentó introducir un cambio significativo a ese esquema conceptual de tipo dicotómico, al introducir que, a través de la mano invisible del mercado, y con el supuesto de la existencia de la competencia en los mercados, los empresarios buscando realizar sus intereses personales, cumplían el interés colectivo al dotar a la sociedad de bienes y servicios de calidad y de bajos precios. Este concepto de carácter filosófico que está en la base de la economía clásica, sentó las bases para una nueva discusión en el cual el mercado no era definido como un ámbito sin ética, sino como la instancia que, en tanto se producían determinadas condiciones, de información y competencia, no tenía una connotación negativa sino que permitía traducir intereses individualistas –asumidos como egoístas- en intereses colectivos y por ende altruistas. La reflexión intelectual posterior se orientó a la discusión de los mecanismos por los cuales se redistribuían desigualmente los beneficios del mercado a través del desarrollo del concepto de plusvalía promovido por Marx, como por la alteración de los supuestos de competencia e información en los mercados, o sea por la imperfección en el funcionamiento libre y eficiente del mercado. Los procesos de cartelización, la existencia de monopolios, la ausencia de información de libre acceso para todos, la manipulación de la publicidad y la información y el accionar del Estado apoyando determinados intereses particulares constituyeron las reflexiones y avances más significativos para relativizar o criticar la concepción clásica del análisis de la relación positiva entre ética y mercado.
En tiempos recientes una amplia reflexión se ha procesado sobre la ausencia de ética en el ámbito de lo público, de lo global. Conjuntamente a los procesos de democratización que han conducido a que los poderes públicos se han sustentado crecientemente en una legitimación electoral, se desarrolló una reflexión –basada en fuertes informaciones empíricas- sobre el manejo arbitrario de los recursos públicos por parte del Estado como agente asignador de los bienes y servicios de la comunidad. Uno de los debates se orientó a la problemática derivada de la existencia de una decisión en la asignación de recursos que descansaba en un poder y a la subjetividad de los actos de los hombres. Bajo este enfoque, esto contiene elementos de falta de ética en tanto ninguna persona exprese la totalidad de los intereses de la sociedad, sino que siempre estará despojando en sus decisiones, su subjetividad, su información y sus propios intereses. Esta reflexión ha sido introducida primordialmente por Milton Friedman siguiendo las líneas habituales de Von Hayek.
Pero acorde a la ética que necesitamos para convivir en tal sistema, cabe subrayar que el solo hecho de vivir en socie¬dad impone a cada uno una determinada línea de conducta para con los demás, y nosotros quienes nos desempeñamos en una profesión, deberemos legislar los principios para proteger los fundamentos que conforman la doctrina del individuo, de ese hombre ignorado por el progreso, que no tiene celular, Note Book o PC, y que quizás nunca llegue a ellos, pero que ama y necesita de las bonanzas de la vida tanto como nosotros.
El único fin de toda la ciencia, de toda filosofía expuesta debe consistir en aliviar la miseria de la existencia humana.
Si los científicos, si los humanistas, se dejan amedrentar por los autócratas y se limitan a acumular el conocimiento por el conocimiento mismo, la ciencia se convertirá en una invalidación advenediza y los nuevos ingenios sólo servirán para producir nuevas calamidades.
Tal vez, con el tiempo, se llegue a descubrir todo lo que hay para descubrir; pero, ese progreso, si está despojado de sus ingredientes sociales sólo los alejará más y más de la humanidad. Y el abismo entre ella y ellos, los científicos y los gobernantes, puede llegar a ser tan profundo que, cuando griten de felicidad ante un nuevo descubrimiento, el eco les devolverá un clamor de pánico universal.
Este debe ser el comienzo de la ética, de la moralidad que nos guiará a la restauración del hombre común como centro de todas las doctrinas humanas, que lo antepongan a los componentes sociales de este siglo. Solo así habrá un mañana, un nuevo amanecer.

Nelson Astegher

Pedagogo. Licenciado en Matemáticas, Master en Pedagogía. Actual director del Instituto Icep de Enseñanza y de Investigaciones de Rosario, Santa Fe, Argentina. Ex director del la Sociedad Cultural Mexicana en México DF, actual Miembro de la Red Universitaria del Banco Interamericano de Ética y Desarrollo para Ibero América, Es conferencista sobre la temática de sociología y ética conductual del individuo, sus artículos constan en la biblioteca virtual BID, en la OEI, y en el Ministerio de Cultura de España. Web: ar.geocities.com/insticep  

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