En la cumbre de la época, se anuncia que el management abreva en
todos los conocimientos de las humanidades y las ciencias sociales, en
la psicología, la filosofía, la economía, la historia, las ciencias
físicas y la ética. Adam Smith intentó introducir un cambio
significativo a ese esquema conceptual de tipo dicotómico, al introducir
que, a través de la mano invisible del mercado, y con el supuesto de la
existencia de la competencia en los mercados, los empresarios buscando
realizar sus intereses personales, cumplían el interés colectivo al
dotar a la sociedad de bienes y servicios de calidad y de bajos precios.
Los procesos de cartelización, la existencia de monopolios, la ausencia
de información de libre acceso para todos, la manipulación de la
publicidad y la información y el accionar del Estado apoyando
determinados intereses particulares constituyeron las reflexiones y
avances más significativos para relativizar o criticar la concepción
clásica del análisis de la relación positiva entre ética y mercado. En
tiempos recientes una amplia reflexión se ha procesado sobre la ausencia
de ética en el ámbito de lo público, de lo global. Debemos impulsar un
cambio para que se vislumbre un mañana posible.
En la ciudad donde resido, Rosario, estado de Santa Fe, Argentina, se
instaló hace tiempo una nueva planta de General Motors para la
fabricación de automóviles. El gobierno del estado, proveyó sin cargo a
la nueva planta, los terrenos, servicios de luz, agua, gas e impuestos,
por un plazo inicial de 5 años. Esto incluyó la construcción gratuita
del barrio para ejecutivos y las rutas de acceso. Luego de los cinco
años, los impuestos y servicios se les brindarán al 30% de su valor
real. La razón de estas dádivas, se debió a que la instalación fabril
proveería en cambio, trabajo para cientos de empleados, paliando así la
desocupación argentina. En la realidad, la empresa justificó el 80% de
su plantel de nacionalidad extranjera, bajo la excusa de la
especialización. Sólo un 20% fue personal “autóctono”. Lo que diré y
ustedes ya imaginan, es que no existen tales facilidades para las
empresas argentinas. Esta es una realidad muchas veces repetida en
Latinoamérica.
Esta es la realidad de un contexto globalizante, que carece totalmente
de cualquier componente ecuánime. Es esta globalización que se nos
propuso como algo aleatorio que acaece, como lo que habría de venir, sin
la intervención de la mano humana. Ciertamente no es así, estos hechos
son producidos por los hombres en las corporaciones...
Si hacemos historia de esta globalización, recordemos que la crisis del
petróleo transnacionalizó la economía, impulsó a los países a la
ex¬pansión y a la búsqueda de mercados. Especialmente, no hay que
olvidar la constitución del nuevo megamercado financiero. Toda una serie
de fenómenos nuevos cambiaron el rostro de la economía y de la sociedad,
configu¬rando un semblante irreconocible para la envejecida doctrina del
Estado social y económico. Es el fin de la experiencia del Estado
indicativo que elaboró De Gaulle en Francia, y el Estado japonés en la
posguerra. Quedan invalidadas las políticas estatales que sugieren,
alientan, retienen, estimulan y desestimulan un Estado es¬tratégico que
orienta a la actividad privada.
La búsqueda de beneficios se doblega a la conquista de mercados, a veces
se la sacrifica por un tiempo para poder instalarse en espacios
competitivos. Es más im¬portante maximizar mercados que beneficios.
La crisis del petróleo da un insólito empujón a una tecnología que
estaba en comienzos, la energía informática, totalmente intensiva, cuyo
principal soporte material es el conocimiento. Se descubre también que
la pobreza no era una urgencia en los primeros tiempos del desarrollo
económico, no es una urgencia remediable, que su solución depende del
crecimiento y aparece una vez que éste se consolida. Como coronación de
este festival de novedades está el management, un nuevo arte liberal,
una herencia de los ideales del Renacimiento, en el que el más grande de
los artistas era también un creador de aeroplanos y un estudioso de
nuestra fisiología. Arte porque es práctica y aplicación, liberal porque
se refiere a los fun¬damentos del saber, al discernimiento de uno mismo,
a la reflexión como cartabón de las conductas, y al liderazgo como
capacidad individual y compromiso social. En la cumbre de la época, se
anuncia que el management abreva en todos los conocimientos de las
humanidades y las ciencias sociales, en la psicología, la filosofía, la
economía, la historia, las ciencias físicas y la ética. Pero el manager,
el director, el empresario, no es un académico que se satisface en su
erudición, está en las antípodas del espíritu contemplativo. Por el
contrario, orienta su saber ha¬cia la eficacia y los logros de proyectos
sociales, que pueden ir desde la construc¬ción de un puente hasta la
cura de un paciente, la enseñanza o el diseño de un software. A partir
de allí el éxito comienza a medirse en pesos o en dólares, el móvil de
todas las acciones es el objetivo de una ventaja financiera, y los
negocios toman el especto de santos. Quienes se consagran a un ideal,
quienes trabajan con desinterés, son considerados como hipócritas o
locos. La obtención de lucro se propone por todas partes. Llegamos así a
un liberalismo despojado totalmente de sus componentes sociales, y a un
hombre descarnado, enteramente subordinado a la economía. Y aquí cabe
debatir, sin discursos que nos conformen, bajo una rebelión pacífica,
pero firme, porque si el sonido de la trompeta fuere débil. ¿Quién se
aprestará para la lucha?
¿Cuáles son los justos términos de la potestad del indi¬viduo sobre sí
mismo? ¿En dónde comienza el poder de la sociedad? ¿Qué parte de la vida
corresponde administrar al sujeto y qué parte a la sociedad?
Es indudable que cada uno recibirá la que le corresponda, siem¬pre que
tenga la que le interese más particularmente. La singularidad debe
gobernar aquella parte que interesa principalmente al in¬dividuo; y la
sociedad la que interesa principalmente a ella.
Adam Smith intentó introducir un cambio significativo a ese esquema
conceptual de tipo dicotómico, al introducir que, a través de la mano
invisible del mercado, y con el supuesto de la existencia de la
competencia en los mercados, los empresarios buscando realizar sus
intereses personales, cumplían el interés colectivo al dotar a la
sociedad de bienes y servicios de calidad y de bajos precios. Este
concepto de carácter filosófico que está en la base de la economía
clásica, sentó las bases para una nueva discusión en el cual el mercado
no era definido como un ámbito sin ética, sino como la instancia que, en
tanto se producían determinadas condiciones, de información y
competencia, no tenía una connotación negativa sino que permitía
traducir intereses individualistas –asumidos como egoístas- en intereses
colectivos y por ende altruistas. La reflexión intelectual posterior se
orientó a la discusión de los mecanismos por los cuales se redistribuían
desigualmente los beneficios del mercado a través del desarrollo del
concepto de plusvalía promovido por Marx, como por la alteración de los
supuestos de competencia e información en los mercados, o sea por la
imperfección en el funcionamiento libre y eficiente del mercado. Los
procesos de cartelización, la existencia de monopolios, la ausencia de
información de libre acceso para todos, la manipulación de la publicidad
y la información y el accionar del Estado apoyando determinados
intereses particulares constituyeron las reflexiones y avances más
significativos para relativizar o criticar la concepción clásica del
análisis de la relación positiva entre ética y mercado.
En tiempos recientes una amplia reflexión se ha procesado sobre la
ausencia de ética en el ámbito de lo público, de lo global.
Conjuntamente a los procesos de democratización que han conducido a que
los poderes públicos se han sustentado crecientemente en una
legitimación electoral, se desarrolló una reflexión –basada en fuertes
informaciones empíricas- sobre el manejo arbitrario de los recursos
públicos por parte del Estado como agente asignador de los bienes y
servicios de la comunidad. Uno de los debates se orientó a la
problemática derivada de la existencia de una decisión en la asignación
de recursos que descansaba en un poder y a la subjetividad de los actos
de los hombres. Bajo este enfoque, esto contiene elementos de falta de
ética en tanto ninguna persona exprese la totalidad de los intereses de
la sociedad, sino que siempre estará despojando en sus decisiones, su
subjetividad, su información y sus propios intereses. Esta reflexión ha
sido introducida primordialmente por Milton Friedman siguiendo las
líneas habituales de Von Hayek.
Pero acorde a la ética que necesitamos para convivir en tal sistema,
cabe subrayar que el solo hecho de vivir en socie¬dad impone a cada uno
una determinada línea de conducta para con los demás, y nosotros quienes
nos desempeñamos en una profesión, deberemos legislar los principios
para proteger los fundamentos que conforman la doctrina del individuo,
de ese hombre ignorado por el progreso, que no tiene celular, Note Book
o PC, y que quizás nunca llegue a ellos, pero que ama y necesita de las
bonanzas de la vida tanto como nosotros.
El único fin de toda la ciencia, de toda filosofía expuesta debe
consistir en aliviar la miseria de la existencia humana.
Si los científicos, si los humanistas, se dejan amedrentar por los
autócratas y se limitan a acumular el conocimiento por el conocimiento
mismo, la ciencia se convertirá en una invalidación advenediza y los
nuevos ingenios sólo servirán para producir nuevas calamidades.
Tal vez, con el tiempo, se llegue a descubrir todo lo que hay para
descubrir; pero, ese progreso, si está despojado de sus ingredientes
sociales sólo los alejará más y más de la humanidad. Y el abismo entre
ella y ellos, los científicos y los gobernantes, puede llegar a ser tan
profundo que, cuando griten de felicidad ante un nuevo descubrimiento,
el eco les devolverá un clamor de pánico universal.
Este debe ser el comienzo de la ética, de la moralidad que nos guiará a
la restauración del hombre común como centro de todas las doctrinas
humanas, que lo antepongan a los componentes sociales de este siglo.
Solo así habrá un mañana, un nuevo amanecer.
Pedagogo. Licenciado en Matemáticas, Master en Pedagogía. Actual director del Instituto Icep de Enseñanza y de Investigaciones de Rosario, Santa Fe, Argentina. Ex director del la Sociedad Cultural Mexicana en México DF, actual Miembro de la Red Universitaria del Banco Interamericano de Ética y Desarrollo para Ibero América, Es conferencista sobre la temática de sociología y ética conductual del individuo, sus artículos constan en la biblioteca virtual BID, en la OEI, y en el Ministerio de Cultura de España. Web: ar.geocities.com/insticep
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