El decálogo de Pemex (características más relevantes):
1. Pemex es la empresa más grande de México y Latinoamérica
2. Pemex es la tercera empresa petrolera mundial más grande del mundo
(por volumen de producción) y la décimo primera empresa petrolera
integrada a nivel mundial*
3. Pemex representa el 16% del PIB, el 36% del ingreso federal y el 8%
de las exportaciones totales
4. Pemex cuenta con una estructura compuesta de un corporativo y 4
organismos subsidiarios:
• Pemex Exploración y Producción (PEP)
• Pemex Refinación (PREF)
• Pemex Gas y Petroquímica Básica (PGPB)
• Pemex Petroquímica (PPQ)
• PMI Comercio Internacional SA de CV
5. Pemex tiene una infraestructura* constituida por:
• 364 Campos en producción
• 6,080 Pozos en explotación
• 199 Plataformas marinas
• 6 Refinerías
• 8 Complejos petroquímicos con 38 plantas
• 12 Centros procesadores de gas
• 77 Terminales de distribución y almacenamiento de productos refinados
• 20 Terminales de distribución de gas licuado
• 7,940 franquicias (gasolineras o estaciones de servicio)**
• 54 mil kilómetros de ductos (red nacional de ductos)
6. Pemex tiene una base laboral de 141,275 empleados **
7. Pemex tiene ventas totales: 1 billón 134 mil 982 millones de pesos **
8. Pemex tiene activos por 1,042.56 miles de millones de pesos, pasivos
por 1,069.43 miles de millones de pesos y un patrimonio de 39,954
millones de pesos*.
9. Pemex tiene una producción diaria de crudo de 3.082 millones de
barriles y una producción anual de 1,125 millones de barriles**
10. Pemex tiene reservas totales de hidrocarburos por 44,482 millones de
barriles y reservas probadas equivalentes a 9.2 años de producción**
* al 01.01.2007 ** al 01.01.2008
La industria petrolera de México, es uno de los principales generadores
de fuentes de ingresos económicos en el país. La industria mexicana de
exploración y producción petrolera ocupa un lugar significativo entre
los países productores de petróleo en el mundo, gracias a sus reservas y
producción de crudo y gas. Los recursos naturales de México,
proporcionan reservas petroleras importantes que deberían ser
aprovechadas principalmente para satisfacer la demanda nacional. Después
de setenta años de estar apoyando la economía y el desarrollo del país,
se debieron crear las condiciones para terminar con esa dependencia
nociva y dejarle a Pemex más recursos para crecer y modernizarse, es
irracional que la economía de nuestra nación continúe dependiendo en
gran parte de la venta de los recursos petroleros, porque no hay que
olvidar que el petróleo es un recurso natural no renovable y que estamos
muy cerca de la línea que divide los bajos costos de los altos costos de
exploración y explotación.
Desde 1976, la industria petrolera mexicana ha participado
crecientemente en el mercado internacional. Además de satisfacer la
demanda interna de hidrocarburos y en un alto porcentaje la de la
energía primaria, su aportación como generadora de divisas mediante la
exportación de crudo, ha sido fundamental para sostener la economía de
nuestro país.
Por esa razón, los gobiernos posteriores a la nacionalización y
concretamente los surgidos desde la década de los 80’s hasta nuestros
días, muy poco han hecho para construir un país con un crecimiento
económico y un desarrollo tecnológico que termine con la nociva
dependencia del país de la venta de sus recursos petroleros. Petróleo,
remesas, turismo e impuestos, representan ingresos seguros que componen
la fórmula mágica para que los gobiernos posteriores a la expropiación
petrolera no trabajen ni se esfuercen por desarrollar una política
económica que impulse al país a salir del subdesarrollo y del retraso
económico para mejorar las condiciones de vida de los mexicanos.
Pemex ha sido históricamente el soporte económico del país, su excesiva
carga fiscal le deja un raquítico margen financiero para crecer,
modernizarse y financiar sus proyectos exploratorios, entre otros. Pero
esa situación ya no es sostenible, Pemex ya no debe ser descapitalizado
para que pueda alcanzar el crecimiento operativo y tecnológico que
requieren los tiempos actuales de competencia global.
Por otro parte, es necesario reactivar la industria petroquímica, que
después de su etapa de crecimiento con grandes centros petroquímicos y
de su auge en los 80’s, se rezagó y la balanza comercial de
petroquímicos se volvió deficitaria. Este saldo negativo ha aumentado en
forma alarmante en los últimos años, ante la falta de grandes
inversiones, lo que resulta en una falta de competitividad frente a las
grandes industrias petroleras internacionales.
Tampoco hay que perder de vista que, aunque la economía del país depende
en gran medida de los recursos de hidrocarburos, el petróleo no es un
recurso renovable. Por esa razón, se deben crear las condiciones para
que la economía del país no dependa exclusivamente de la venta de
petróleo al extranjero y se destine la mayor parte de la producción de
los recursos petroleros para el consumo nacional para fortaleciendo con
esto la industria mexicana, que ayudaría a revitalizar la generación de
empleos y mejorar las condiciones de vida de todos los mexicanos,
impulsando el desarrollo económico del país y dando lugar así a una
economía nacional más fuerte.
Vender materia prima barata para después comprarla procesada a precios
elevados o vender petróleo barato para luego comprar gasolinas caras no
es un buen negocio en ninguna parte del mundo. Es necesario aumentar la
capacidad de refinación de la paraestatal y reactivar la industria
petroquímica en México para satisfacer la demanda nacional y acabar con
la importación de productos petroquímicos y petrolíferos, operando las
refinerías existentes a su total capacidad o creando otras nuevas
refinerías.
La paraestatal petrolera también requiere urgentemente de grandes
transformaciones estructurales y organizacionales. La cultura
organizacional puede ser un impulsor o un inhibidor del desarrollo de la
empresa, puesto que su influencia incide en la habilidad de toda la
organización para ser capaces de innovar y adoptar cambios. La cultura
existente contiene creencias y valores que muy a menudo son un obstáculo
para generar iniciativas hacia la innovación y un nuevo ambiente
organizacional.
Los puntos más sustanciales de ese cambio son (por orden de
importancia):
1. Extirpar totalmente la corrupción (el más grave de los problemas)
2. Modificar su régimen fiscal (que reduzca sus aportaciones al fisco)
3. Darle autonomía de gestión
4. Reestructurar el Consejo de administración
5. Un nuevo modelo de Gestión de los recursos humanos
Sin estos cambios sustanciales sería más que complicado transformar a
Pemex en una empresa tecnológicamente moderna y competitiva, que no
requiera de ningún tipo de alianzas estratégicas y mucho menos de
apertura a la inversión privada, dos temas de grandes controversiales
que representarían un alto costo para la soberanía y los recursos
petroleros de la nación.
1. Exterminio de la corrupción en Pemex
La eliminación de la corrupción, el peor de los males que aqueja a
Pemex, permitiría que la paraestatal mantenga su patrimonio más
consolidado, obtenga más ingresos y sea mucho más eficiente al operar
bajo principios estrictamente de negocios o empresariales. También
ayudaría a que los proyectos e iniciativas del cambio den los resultados
esperados. La corrupción esta anidada en todos los niveles,
departamentos y sectores de Pemex, influenciados de alguna manera por la
corrupción oficial que llega desde los Pinos. Es una práctica cotidiana
y bien arraigada, que abarca desde los distintos niveles de la alta
dirección hasta los empleados de niveles inferiores. La corrupción está
presente en todos los sectores, en todas las subsidiarias, en los
servicios médicos, en los contratos subrogados, en los proveedores de
obras y servicios. Está presente desde los concursos, licitaciones y
otorgamiento de contratos hasta en el saqueo de productos y recursos de
la paraestatal.
En este sentido, Pemex es una copia fiel de nuestro país. A lo largo de
la historia moderna, México ha padecido los más ominosos saqueos y
defraudaciones, sexenio tras sexenio, derivados de las prácticas
corruptas oficiales y de la falta de capacidad para administrar nuestra
nación. Sin embargo, a pesar de todo estos saqueos y sangrías, México se
ha mantenido de pie, se cae pero se levanta y se dobla pero no se
quiebra, gracias principalmente a la abundancia y calidad de sus
recursos naturales y humanos. En la paraestatal sucede lo mismo, sexenio
tras sexenio Pemex representa uno de los más jugosos negocios del
presidente y sus amigos, es una fábrica de nuevos millonarios. Entre los
más recientes están los surgidos del sexenio pasado: los Fox, Mares,
Sahagún o Bribiesca y como se está empezando a ver en la presente
administración con los Calderón o los Mouriño. Por esa razón, la
corrupción en Pemex es el último de los temas a tratar, el menos
preocupante y el menos discutido en la administración actual, a pesar de
que representa la más grave de las condiciones en que se encuentra la
paraestatal y el punto de partida para gestar todos los cambios
importantes que necesita.
2. Nuevo régimen fiscal
Los ingresos de la paraestatal son enormes. En 2007, Pemex se ubicó
como la firma petrolera más rentable en el mundo, por encima del gigante
petrolero Exxon Mobil. Sus utilidades fueron superiores a la suma de las
utilidades de las treinta empresas más grandes de México, sólo para
darnos una idea. Sin embargo, la carga fiscal a la que se le somete
propició que registrara pérdidas por 16,127 millones de pesos. Este
balance negativo fue ocasionado por el pago de impuestos al Fisco, que
superaron a las utilidades, en otras palabras, Hacienda cobró a Pemex
impuestos por una cantidad mayor a la de sus utilidades. Así, la imagen
que se tiene de Pemex es que año tras año registra pérdidas, en lugar de
utilidades; que sus pasivos ya superan sus activos; que su patrimonio se
va reduciendo a nada. Obviamente, eso impacta en la opinión pública y
crea una falsa percepción de que Pemex es una empresa en quiebra. Es
cierto que la paraestatal petrolera tiene que aportar ingresos al país,
pero no tiene que ser la única que financie al gasto público, ni la que
cargue con el más pesado régimen fiscal que la convierta en una empresa
ineficiente. Lo que se requiere, es que Pemex tenga autonomía financiera
y que el Estado deje de depender en su política fiscal sólo de los
ingresos que obtiene Pemex por la extracción de crudo.
No es verdad que Pemex esté en quiebra y que necesite abrirse a la
inversión privada o hacer alianzas estratégicas con petroleras
internacionales. En estos tiempos donde la carrera alcista de los
precios del petróleo parece no tener fin, si a la paraestatal se le
redujera sustancialmente su carga fiscal, con los ingresos excedentes
generados de la renta petrolera, Pemex podría invertir en tecnologías
emergentes, mantener en buenas condiciones su infraestructura, reducir o
liquidar su deuda, adquirir las habilidades profesionales y la
tecnología para desarrollar trabajos de exploración, ampliar la
inversión en trabajos exploratorios para acrecentar sus reservas o
aumentar su capacidad de refinación construyendo nuevas refinerías para
dejar de importar energéticos.
3. Autonomía de gestión
Pemex requiere de una autonomía de gestión, en el sentido de que se
convierta en una administración autónoma y efectiva de sus propios
recursos, capaz de diversificar sus inversiones y que pueda manejarse
con libertad para que sus ingresos se apliquen en proyectos de expansión
y modernización de la industria petrolera, en lugar de que los
excedentes del petróleo sean retenidos por la Secretaría de Hacienda. No
se trata de una autonomía de gestión mal enfocada, que signifique
cambiar el estatus jurídico de Pemex para convertirla en sociedad
anónima o para abrir las puertas a la iniciativa privada. No una
autonomía de gestión que signifique libertad para gastar sin rendir
cuentas a nadie, contratar créditos, asociarse o migrar poco a poco de
la propiedad estatal a la privada; ni que realicen negocios donde los
eventuales socios privados decidan unilateralmente, sin obligación de
rendirle cuentas a nadie.
Se trata de una autonomía de gestión que le de a Pemex más independencia
en la toma de decisiones estratégicas y que impulse a la paraestatal
petrolera para que tome el control sobre sus recursos y pueda realizar
las inversiones necesarias para la modernización de su infraestructura y
la adquisición de nuevas tecnologías y del know-how de las grandes
compañías petroleras. Con esto, Pemex podría solucionar su situación
actual y volver a figurar entre las petroleras más eficientes y
productivas del mundo.
4. Consejo de Administración
Pemex es propiedad del gobierno mexicano y lo administra mediante un
consejo formado por seis secretarios de estado y cinco representantes
del sindicato petrolero y lo regula a través de la Secretaría de
Energía. Este es el mejor ejemplo de lo que no se debe hacer en una
empresa petrolera internacional. No es conveniente ni saludable la
participación de un número elevado de representantes sindicales, es
demasiada la participación sindical que entorpece y quebranta la
autoridad del corporativo. Los consejos de administración en todas las
empresas están para velar por el patrimonio de la empresa y por los
derechos de los accionistas. En cambio en la paraestatal, los consejeros
de Pemex son miembros del sindicato o reguladores en su mayor parte, con
intereses encontrados. El principal interés del Secretario de Hacienda
será asegurarse que Pemex pague todos los impuestos y que salga bien el
presupuesto. Su preocupación no es si la petrolera está invirtiendo lo
suficiente o no, sino que no deje de pagar los impuestos.
El consejo de administración de Petróleos Mexicanos debería estar
integrado en su mayor parte por miembros especialistas en materia
energética y petrolera, con una fuerte visión empresarial y no por una
mayoría formada por miembros que sirven sólo a intereses políticos, o
por representantes sindicales que no tienen como prioridad la eficiencia
y el desarrollo competitivo de la empresa.
5. Modelo de Gestión de recursos humanos
Una gestión moderna de recursos humanos haría que Pemex deje de ser una
agencia de empleo familiar o político para convertirse en una
organización rentable, moderna, exitosa y competitiva que promueva la
selección de personal basada en sistemas de competencias, en la
capacidad y el conocimiento y no en el compadrazgo o en el vínculo
familiar o político. Sólo así Pemex se transformará en una empresa de
clase mundial, que considera fundamental el conocimiento, la destreza y
la capacidad de acción de sus empleados.
Las organizaciones modernas y altamente competitivas, promueven la
selección de personal basada en sistemas de competencias, en la
capacidad, la experiencia y el conocimiento y no en el compadrazgo o en
el vínculo familiar o político. Pemex debe emular a las empresas
exitosas y de clase mundial, que consideran fundamental el conocimiento,
la destreza y la capacidad de acción de sus empleados. La paraestatal
debe administrar sus recursos humanos con métodos más congruentes a los
tiempos modernos y con los modelos de las organizaciones competitivas de
hoy.
Pemex y el Sindicato petrolero
Es necesario que se desaparezca el control del sindicato sobre la
paraestatal. Tanto la administración del sindicato petrolero como la
dirección de la misma paraestatal, han contribuido a establecer una
serie de patrones de conducta y malos hábitos en gran parte de los
trabajadores sindicalizados y de confianza. El sindicato petrolero, con
sus 32 secretarios seccionales, ha sido un pesado y costoso lastre para
la paraestatal y como la mayoría de los sindicatos de nuestro país, ha
servido para transformar a hombrecillos grises en poderosos personajes,
dueños de grandes fortunas y poseedores de un gran poder político que
los convierte en favoritos del presidente de la República en turno, lo
que les da un blindaje a prueba de cualquier intento de auditoría o
sospecha de enriquecimiento ilícito. Además de que el organismo sindical
sirve para desvíos millonarios de recursos destinados a financiar
campañas políticas. El sindicato representa un costo para Pemex de tres
dólares por barril de petróleo extraído.
Inversión privada
Si bien es cierto que las privatizaciones dentro de las organizaciones
son sin duda un fenómeno de alcances notables alrededor de todo el
mundo, hay que tomar en cuenta que la inversión privada en la actividad
petrolera, en muchos casos es equivalente a concesiones, contrato
riesgo, explotación o extracción de recursos. Esto significaría
privatizar las decisiones más importantes y las responsabilidades, pero
principalmente las ganancias obtenidas de la renta petrolera. Aunque las
empresas privadas son, en general, más eficientes y exitosas que las
empresas públicas, pues las primeras se conducen por intereses más
empresariales que políticos, es la falta de inversión en la empresa la
que magnifica esa diferencia. Esta falta de inversión en Pemex se debe a
su elevada carga fiscal. Si a la paraestatal no se le retiraran sus
recursos obtenidos de la renta petrolera y los ingresos excedentes
generados por el alza en el precio del petróleo, la paraestatal tendría
la capacidad de inversión suficiente para cubrir sus necesidades básicas
de mantenimiento y contaría con capacidad para crecer y adquirir
infraestructura tecnológica que la posicione como una de las petroleras
más modernas y eficientes en el mundo. Hay otros caminos que se pueden
tomar donde pudiera participar la empresa privada, sin que esto
signifique privatizar Pemex o comprometer los recursos petroleros de la
nación, relacionados con la venta y comercialización de sus productos
terminados. México no requiere de nuevos o más acaudalados empresarios
millonarios surgidos de la renta petrolera, que figuren en el top ten de
los más ricos del mundo, México necesita que los ingresos generados por
la extracción y comercialización del petróleo se traduzcan en mejorar
las condiciones de vida de todos los mexicanos.
Alianzas estratégicas
En cuanto a las alianzas estratégicas con compañías petroleras
internacionales, también tiene su riesgo. Parte central de las
actividades de estas petroleras consiste en evadir el pago de impuestos,
depredar yacimientos ajenos, contaminar el medio ambiente
irresponsablemente, pasar por encima de las comunidades o financiar la
exploración de alto riesgo con renta petrolera extraída de otros países
y que no fue entregada a los países contratantes. En lugar de formalizar
alianzas, con unas finanzas fortalecidas por la reducción de su carga
fiscal, el exterminio de la corrupción y políticas de reducción de
costos, se podría adquirir la tecnología más moderna y el conocimiento y
la experiencia para incursionar en aguas profundas.
El reto de Pemex es migrar hacia un nuevo entorno, conformado por los
grandes cambios mencionados, que le permitan fortalecer sus finanzas,
que le sirvan de impulsor para transformarse en una empresa exitosa,
moderna y competitiva y con esto terminar con las inadmisibles
propuestas de la apertura a los capitales privados.
Hoy Pemex es codiciada por los grandes capitales nacionales y
extranjeros, está en la mira de la inversión privada. La paraestatal
tiene en la actualidad los ingresos más elevados desde su fundación
gracias a los elevados precios del petróleo. Pero sus finanzas no gozan
de la salud que sus altos ingresos podrían suponer. Se requieren grandes
cambios en Pemex. Se habla mucho de la inversión del capital privado y
las alianzas estratégicas como únicas alternativas para obtener los
recursos financieros y la tecnología para enfrentar grandes retos, como
son ampliar su capacidad de refinación y desarrollar proyectos de
exploración en aguas profundas que le permitan restituir o aumentar sus
reservas. Pero son mas bien los grandes cambios en su régimen fiscal, en
la administración de sus operaciones y en la erradicación de la
corrupción, donde esta la solución a su situación actual.
En estos tiempos, donde la carrera alcista del precio internacional del
petróleo parece no tener limites, la mezcla mexicana de exportación se
cotizó en 112.06 dólares por barril (21/05/2008), superando en un 128.7%
el precio de 49 dólares por barril fijado por el Congreso en la ley de
ingresos para 2008. Es por eso que Pemex y el oro negro mexicano, o el
“tesoro de la nación” -como le han llamado aquellos que abogan por abrir
las puertas de la industria petrolera a los capitales privados
nacionales y extranjeros-, está en los ojos de la codicia de aquellos
que, como piratas modernos, quieren arrancar ese tesoro de oro negro de
las manos de su legítimo propietario, la nación mexicana.
El mensaje de los arribistas sexenales, de los oportunistas del sexenio,
de los amigos del gabinete o piratas del oro negro, es claro: tomar por
asalto la industria petrolera nacional y apoderarse del codiciado
“tesoro nacional” y convertirlo en botín de unos cuantos oportunistas.
El pueblo mexicano tiene la última palabra, la solución está en sus
manos: resguardar el patrimonio petrolero como un verdadero tesoro de la
nación oponiéndose a toda acción encaminada a privatizar Pemex o
entregarlo al los grandes capitales privados, transformándolo en un
botín de oportunistas.
Esa es la disyuntiva actual: tesoro de la nación o botín de
oportunistas. Transformar a Pemex en una empresa exitosa, competitiva y
financieramente fuerte, mediante acciones como el combate real a la
corrupción, la reducción de su carga fiscal y la autonomía de gestión; o
por el contrario, ceder la actividad petrolera nacional a la empresa
privada.
Referencia bibliográfica
“Pemex y el petróleo en México. Tesoro de la nación o botín de oportunistas”.
Investigador, Conferencista y Consultor de Negocios y Tecnologías de Información.
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