El Perú y la integración comercial

Autor: César Sánchez Martínez

Globalización e integración internacional

11-05-2009

Han pasado ocho años desde que en noviembre de 2001, los ministros de Comercio Exterior, Integración Comercial, y Economía se reunieron en el emirato árabe de Qatar, para celebrar la Cumbre Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y culminar con la liberación del comercio mundial, teniendo como agenda pendiente el tema agrícola, que no pudo negociarse por la entonces llamada Ronda de Uruguay que se inició en 1986.

El objetivo fue negociar la política de aranceles y la liberalización de mercados en el ámbito mundial en lo que se denominó Ronda de Doha, en alusión a la capital qatarí, donde se estableció que en el mediano plazo los 153 países busquen los mecanismos para liberalizar el comercio mundial. De tal manera que se puedan negociar acuerdos comerciales al amparo de las normas establecidas en la OMC.

Sin embargo, hasta la fecha hay pocos avances en ese tema, aún cuando hace unos meses en Ginebra, hubo el compromiso para deponer posiciones extremas y buscar un adecuado consenso en las negociaciones comerciales, especialmente con los subsidios agrícolas. La concepción de las naciones emergentes es que los países desarrollados eliminen o reduzcan en forma significativa la protección que dan a su agricultura, mediante los subsidios directos a los agricultores o a las exportaciones.

Desde el 2001 las diversas reuniones de ministros de Comercio y cumbres de la OMC han tratado este tema con el funesto resultado de haber logrado poco o nada. Incluso, hasta se formó en setiembre de 2003 el G-20 en la mexicana Cancún para acelerar este proceso, teniendo como premisa el plazo establecido en Doha que estableció un límite para eliminar totalmente los subsidios agrícolas a las exportaciones del sector que vence en el 2013.

La principal traba está en la falta de decisión de los países industrializados para reducir sus subsidios. Estados Unidos ha reducido en parte los subsidios, pero eso no es suficiente.

No obstante, hay naciones como Perú y Chile que han avanzando en sus negociaciones, pero principalmente mediante acuerdos bilaterales. Los Tratados de Libre Comercio de Perú con los Estados Unidos, Chile y China son un claro ejemplo de lo que se puede ir haciendo para propiciar cambios en el seno de la OMC y otras instituciones tutelares de la integración mundial y regional. Es decir, las negociaciones de carácter bilateral son ahora más efectivas que los propios acuerdos multilaterales de la Ronda de Doha, que aún no concluyen.

Por cierto que hay entrampamientos válidos y hasta legítimos. El tema de los subsidios agrícolas, los productos con propiedad intelectual, la apertura de los aranceles en materia agrícola, la protección de la biodiversidad y su posible protección mediante patentes, etc. son muchas veces difíciles de negociar. Es necesario que los países depongan sus posiciones para lograr acuerdos concretos, y evitar que los acuerdos de Doha sigan bloqueados. Si algunos no quieren ceder, difícilmente se lograrán consensos.

De ahí que el gobierno peruano, hace bien en tomar la iniciativa en los acuerdos bilaterales, aunque siempre serán más efectivas las negociaciones multilaterales porque el compromiso será mayor en las naciones y habría menos presión para los productos sensibles de negociación.

Los TLC con los Estados Unidos, Chile y China pueden constituirse en mentores para las futuras negociaciones del Perú, que en ese sentido está siguiendo el sendero trabajado por Chile, Japón, Malasia, Indonesia, Singapur, Filipinas, Tailandia, Corea del Sur y Vietnam, curiosamente naciones miembros de foro Asia Pacific Economic Council (APEC). Mirando las cosas desde esta perspectiva, estamos en buen camino.

La ministra peruana de Comercio Exterior y Turismo, Mercedes Aráoz Fernández, hace bien en abrir el mercado local y empezar a negociar con naciones como Japón y la Unión Europea, no obstante la crisis financiera internacional. Precisamente en tiempos de crisis, también se presentan las oportunidades para economías pequeñas como la peruana. Es más, también es una excelente época para que las negociaciones cumplan en parte, los acuerdos de Doha. Cerrar los mercados sería un absurdo para las economías pequeñas. No es qué compras, sino qué vendes.

Se afirma que un posible fracaso afectaría a las naciones pequeñas, pero consideramos que eso no será así. Los acuerdos tomados en Doha podrán fracasar si se mantienen obstinadamente la protección y subsidios a determinados productos, pero la esencia misma de la Ronda, se viene cumpliendo en los acuerdos bilaterales.

El Perú es una nación que respeta los acuerdos internacionales, pero sí estos no contribuyen al desarrollo social, hace bien en celebrar tratados bilaterales.

César Sánchez Martínez

 

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