Pero la culpa de este triunfo de la ortodoxia creo, no es atribuible sólo a los gurúes económicos modernos que trabajan en cada city financiera de cada país; ellos se educaron y formaron académicamente con estas ideas, y obviamente se encargan de hacerlas proliferar, porque en la mayoría de los casos están convencidos de ellas: las estudiaron en la universidad, deben ser las correctas!! Y de esta forma, dicha manera de pensar ortodoxa con respecto al dinero se ha hecho tan extendida, que amplias capas de la población hoy piensan de esa manera, y lo que es peor, actúan en consecuencia.
Y si bien dicha visión ortodoxa sobre el rol del dinero (especialmente dañinas en economías alejadas del pleno empleo) va a ser dura de cambiar, bueno… por suerte ya hay algunos economistas notables, que a pesar de venir de la ortodoxia, están cambiando su visión y por suerte, expandiendo dichas semillas del cambio, al menos a nivel académico, que es por donde debe empezar el cambio de pensamiento. Veamos el ejemplo de Bernard Lietaer, uno de los arquitectos del euro.
El pensamiento de Lietaer, el arquitecto del euro
Más que a Economistas Inoxidables, Bernard Lietaer (autor del libro
“El futuro del dinero”, año 2001) pareciera pertenecer a una rara
especie en vías de aparición de economistas que, después de trabajar
toda su vida para el Capitalismo Salvaje, terminan confesándonos toda la
verdad, que la mayoría de las veces sospechábamos, pero que dicho por
ellos, a algunos les suena más a una confirmación.
Cinco años Presidente en el Banco Central de Bélgica donde su primer
proyecto fue el diseño e implementación del ECU, el sistema de
convergencia por el que se creó la moneda única de la Comunidad Europea
(Arquitecto del Euro), fue presidente del sistema de pago electrónico de
Bélgica, desarrolló tecnologías para empresas multinacionales para ser
utilizadas en ambientes de múltiples monedas nacionales. Bernard Lietaer
fue también gerente general y broker de una de las grandes empresas de
inversión.
También actuó en países en desarrollo para mejorar sus ahorros y enseñó
finanzas internacionales en la Universidad de Lovaina en su Bélgica
nativa. Actualmente es profesor visitante en el Centro para el
Desarrollo Sustentable de la Universidad de California en Berkeley.
En su libro publicado en 2001 (“El futuro del dinero”), Bernard Lietaer,
antiguo ejecutivo del banco central de Bélgica, explica la situación
inestable del sistema financiero internacional y presenta los distintos
tipos de moneda complementaria que proliferarán si reciben el apoyo
necesario.
Según Lietaer, las tendencias principales que dominarán en la primera
parte de este siglo son el cambio climático y la pérdida de
biodiversidad, el crecimiento sin precedentes del número de ancianos, la
inestabilidad monetaria y una auténtica Revolución de la Información.
El autor afirma que los desafíos y problemas que debemos solventar son
exacerbados por las deficiencias de nuestro sistema de dinero
convencional.
Los valores que dieron forma al sistema de dinero actual fueron los de
la época colonial en Gran Bretaña, cuando el progreso significaba
nacionalismo, competencia, crecimiento económico sin tregua y
aprovechamiento de abundantes recursos materiales en las colonias. Hoy
día, en la Era de la Información, cuando el desarrollo sostenible parece
nuestra única esperanza, los desafíos son muy distintos y se requiere un
sistema monetario más completo.
El sistema actual, basado en los préstamos bancarios y el cobro de
intereses, fomenta la competitividad, el crecimiento económico forzoso y
la concentración de riqueza material en una minoría. En este contexto,
el papel de las monedas complementarias ya fue fundamental en distintos
momentos del siglo veinte, como durante el desplome bursátil del 29.
Cuando el dinero convencional ha escaseado hasta el punto de causar
graves problemas económicos, la población se las ha ingeniado para salir
del apuro inventando su propio dinero.
El caso es que el dinero no es más que un acuerdo entre sus usuarios
quienes lo aceptan como medio de pago. De hecho, el sistema monetario
del futuro ya se está fraguando en las soluciones complementarias que
han puesto en marcha miles de comunidades en todo el mundo. Estas
comunidades están creando nueva riqueza al tiempo que resuelven
problemas sociales sin necesidad de impuestos ni reglamentos.
Se autogestionan para aumentar la estabilidad social y económica,
comerciando con sus propias monedas con el objeto de crear el
imprescindible capital social sin caer en las trampas del proceso
capitalista.
Al igual que el dinero convencional, una moneda complementaria puede
existir en forma física (bono, vale) o en forma electrónica (fichero
informático). La diferencia principal con respecto al dinero
convencional estriba en que la mayoría de monedas complementarias se
crean mediante un sistema de crédito mutuo en el que los participantes
crean el dinero al efectuar la transacción, sin que existan deudas ni
intereses, a diferencia del dinero oficial que es emitido por una
autoridad central paralelamente con una deuda.
El autor distingue entre dos categorías principales de moneda
complementaria: la moneda que fomenta empleo y la moneda comunitaria,
que refuerza el tejido social.
En la primera categoría, el sistema más utilizado es el LETS (local
exchange trading system) o sistema local de intercambio comercial.
El primer LETS se creó en Canadá en 1983 en una zona muy afectada por el
desempleo. Tras demostrar su eficacia a la hora de generar empleo, el
sistema se reprodujo en otras regiones de Canadá y luego en otros
países. En el Reino Unido ya existen más de 500 LETS y el gobierno ha
reconocido su utilidad en la reconstrucción de zonas urbanas deprimidas.
Sin embargo, la verdadera creatividad de los LETS sigue limitada por una
legislación fiscal ambigua que dificulta la participación de
profesionales y empresas pequeñas.
En la segunda categoría, las monedas comunitarias desempeñan un papel
complementario pero distinto al de las monedas que fomentan el empleo.
Abordan el cuidado de ancianos y niños, la educación, la salud, la
delincuencia y la calidad de vida en general. La antropología afirma que
una comunidad se crea sobre la base de intercambios de regalos, y los
sistemas de moneda comunitaria se inspiran en este concepto, que sigue
vivo en algunas sociedades tradicionales y órdenes monásticas, además de
ser omnipresente en la cultura japonesa.
Varios ejemplos reales de monedas que consolidan la noción de comunidad
son los Time Dollars, las Ithaca Hours y la moneda sanitaria japonesa.
En el caso de los Time Dollars o dólares de tiempo, los participantes
prestan servicios que benefician a otros miembros de la comunidad, como
puede ser cuidar de ancianos o hacer cola para sacar entradas. Se
contabiliza por ordenador el tiempo dedicado a estas actividades y los
participantes tienen derecho a gastar las horas acumuladas en servicios
que ellos necesitan recibir.
Mientras el dinero convencional fomenta la competencia por su escasez,
las monedas complementarias estimulan la cooperación y el bienestar. Las
innovaciones monetarias actuales no suponen una amenaza para el sistema
oficial, lo complementan; de hecho, ya han demostrado la capacidad de
resolver problemas fuera del alcance del dinero oficial. Además, la
disponibilidad de las tecnologías de la información es suficiente para
permitir crear cada vez más monedas complementarias a un coste muy bajo.
Aunque muchos gobiernos han reconocido la utilidad social de estos
sistemas, los medios de comunicación convencionales parecen reacios a
divulgar sus logros.
Economista
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